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2 1 D EFINICIÓN DE VOCABLOS RELACIONADOS CON EL VESTIR

2.3.6. EL TRAJE EN LA E DAD M ODERNA : SIGLO

2.3.6.2. R EINADO DE F ELPE II (1556-1598)

Durante la segunda mitad del siglo, en el reinado de Felipe II (1556-1598), es el traje español el que va a influir en las cortes europeas. Es importante la producción de libros de sastrería, en los que se pueden apreciar los primeros patrones. Se tenderá al uso de trajes que comportan poca flexibilidad corporal.

Las prendas serán muy estrechas y forradas, lo que llevará a limitar los movimientos, dando como resultados ademanes y gestos graves y orgullosos que bien interpretaban el carácter del español en la época (Sousa Congosto, 2007: 125). Las braguetas, en el traje de hombre, se abolirán; sigue el uso del coleto, la cuera y la ropilla; la lechuguilla aumentará de tamaño cada vez más, por lo que será necesario recurrir al “alzacuello” y para armarlo se usarán alambres y varilla.

Ya no se usarán sobretodos anchos y largos, sino prendas cortas sin mangas (capas, herreruelos y bohemios); los zapatos serán muy lujosos y de terciopelo. A propósito de la moda sobria femenina del período, Sousa Congosto concluye (2007: 130):

Es resultado de un espíritu austero, no lejos de los ideales del Concilio de Trento, que va a perdurar con pocos cambios hasta los últimos años del reinado del Felipe II, y estas modificaciones, sobre todo circunscritas a cuellos, peinados y tocados, van a ser importantes para fechar obras de arte. Se trata de una indumentaria que determina empaque y gravedad en movimientos y actitudes, y que sistemáticamente disimula las formas del cuerpo de la mujer, al contrario del ideal de los últimos años del siglo XV y las primeras décadas del XVI, que las realzaba.

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Nos hemos detenido un poco más en el análisis de este momento histórico, puesto que a este siglo pertenece la obra de Hernán Núñez, Refranes o Proverbios en Romance (1555).

Carmen Bernis (1962: 7-12), al realizar su estudio sobre la vestimenta, se detiene, fundamentalmente, en tres aspectos importantes: primero aborda las diferentes clases sociales y sus formas de vestir, después hace una clasificación de las prendas y naturalmente tiene en cuenta la atención y dedicación de la persona por las prendas que utilizaba. Nosotros estamos analizando solo el primero, puesto que los otros dos se analizarán en el capítulo tres. Bernis, por su parte, llega a la siguiente afirmación (1962: 7):

El Renacimiento, con su exaltación del individualismo y con su amor por la magnificencia, las fiestas, los torneos y los deslumbrantes atavíos, ha sido una de las épocas que mayor importancia ha concedido al traje. La preocupación de distinguirse por el vestido y la pasión por los lujosos atavíos fueron generales, pero en aquella diversa sociedad se dieron grandes diferencias en el modo de vestir.

La sociedad estaba formada según un orden jerárquico bien definido: alta nobleza; caballeros, hidalgos, burgueses; letrados; artesanos, obreros y labradores, y moriscos. Por debajo de la alta nobleza, estaban los caballeros, hidalgos y burgueses, quienes cuidaban mucho de su indumentaria, siguiendo la moda y copiando el traje de los nobles.

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Fig. 9. Gorguera masculina y sombrero con plumas usado por los nobles73.

Fig. 10. Calzado masculino con adornos. Fig. 11. Cuello en forma de abanico.

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Fig. 12. El dibujo muestra el vestido femenino durante la primera mitad del siglo XVI. Las mujeres llevan un corpiño y falda cosidos en una sola pieza debajo de un vestido, ajustado a la cintura, que llegaba hasta el suelo. Las mangas eran amplias, con puños de piel, y el escote bajo y de corte cuadrado74.

Sus trajes, como hemos dicho, eran de brocados de seda y estaban adornados con ricos bordados. En este punto, cabría abrir un paréntesis para aludir a las leyes suntuarias.

Las leyes suntuarias (Bernis, 1978: 55 ss.) se proponían controlar los gastos excesivos en las prendas de vestir, y a su vez, establecían diferencias sociales. En todas las clases sociales, durante la Baja Edad Media y el Renacimiento, no solo en España, se desencadenó un deseo irrefrenable por vestir lujosamente con trajes de seda, terciopelos, joyas, perlas, etc.

Mucha gente del reino era capaz de dilapidar su patrimonio para poder adquirir telas lujosas para realizar sus trajes; todo esto hizo que en varias ocasiones se promulgasen diferentes pragmáticas para contener tales derroches.

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Fig. 13. Niña vestida según la moda del Renacimiento75.

En 1499, los Reyes Católicos decretaron severas prohibiciones, aunque haciendo concesiones solo a quienes tuviesen caballos; dicha pragmática se perdió con las disposiciones publicadas durante el reinado de Carlos V, con las que nobles y burgueses tenían los mismos derechos en cuanto a vestimenta: solo ellos podían usar seda, telas de oro y plata.

También los letrados se vieron afectados por estas leyes: la pragmática pronunciada en Valladolid en 1537, les autorizaba a llevar ropa de paño, forros, capillas o delanteras de seda. Los trajes de los letrados no sufrían transformaciones frecuentes; de hecho, sus prendas principales eran las siguientes: la loba, el balandrán, la gramalla y el manteo, prendas medievales talares y holgadas.

Como era de suponer, en las pragmáticas había siempre disposiciones que afectaban a artesanos (sastres, zapateros, tejedores, herreros, zurrador, etc.), obreros y labradores; dentro de este grupo social, en las pragmáticas de 1544 y en las de 1552 se incluyen también a tenderos y a los especieros; ellos, fueran ricos o pobres, solo podían llevar una prenda de seda: los hombres solo la caperuza o el jubón y las mujeres el sayuelo, el gonete o un ribete.

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Fig.14. Indumentaria del habitante de las ciudades76.

No hay que olvidar que en la sociedad española del siglo XVI se encontraban otros grupos sociales: gitanos, esclavos moros, argelinos o turcos y los moriscos. A ellos se les concedió mantener sus formas de vestir.

Fueron muchas las disposiciones que se proponían combatir este mal social que afectaba, de hecho, a todos las capas sociales sumergidas en una perniciosa aspiración al lujo; si por un lado era grande el deseo de vestir con riqueza y ostentación, por otro lado, las penas que se aplicaban a quienes no acataban tales pragmáticas, al parecer, no eran tan severas y no se sabe hasta qué punto se aplicaron.

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Fig. 15. Isabel la Católica y su atuendo. Modo de vestir con riqueza y ostentación77.

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A partir del siglo XVI, Europa impone su moda también en tierras americanas, a pesar de que los indígenas americanos, en el momento del contacto con los españoles, también utilizaban prendas de vestir diferentes, como lo cuentan los cronistas en sus narraciones.

Pedro Pizarro (1515?-1587), el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), Juan de Santa Cruz Pachacuti (1613-1630?) y Pedro Cieza de León (1518-1560), entre otros, describen en sus obras la diversidad de vestimentas que los indígenas utilizaban según las circunstancias. Muchos historiadores y etnohistoriadores investigan actualmente sobre este aspecto, que es tan importante para el mejor conocimiento de una cultura.

En estas crónicas del siglo XVI y principios del XVII, se estudian los patrones discursivos que pudieran existir en la vestimenta y que permitan identificar la función que tenían para los naturales de América. Buscan la identidad de una población a través de su vestimenta en los contextos sociales y políticos.

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Fig. 16. Diego de Silva y Velázquez, 1599-1660

Las hilanderas, hacia 1657

149 2.3.7. EL TRAJE EN EL SIGLO XVII

Se trata de un siglo complejo por diferentes aspectos. Durante el reinado de los Austrias, se va a producir una crisis política bastante notable, debido a factores como la Guerra de los Treinta Años, la presencia de los validos en el gobierno del Estado, la Guerra de Devolución, las pérdidas territoriales, etc.; desde el punto de vista económico, se va a evidenciar la bancarrota y producir un incremento elevado de los impuestos; asimismo, desde el punto de vista social, se producirán fenómenos determinantes como la expulsión de los moriscos (1609), las revueltas en Cataluña (1640), etc. (Sousa Congosto, 2007: 135).

España impone su estilo hasta la llegada de Carlos II (1665-1700). En el período barroco ya no impondrá la moda en Europa, como lo hiciera anteriormente.

Ahora le tocará a Francia ser la potencia que se imponga en los gustos de las cortes europeas, sobre todo, durante la segunda mitad de la centuria.

Fig. 17. Rubens (1577-1640) y su primera esposa vestidos según los dictámenes de la moda78.

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Este siglo XVII ofrecerá variaciones de estilo según la zona geográfica, su tradición o tendencia religiosa. En España va a destacar la sobriedad del traje masculino, excepto durante el reinado de Felipe III (1598-1621), que se caracterizó por el lujo excesivo.

El traje masculino se caracteriza por cierto apego al color negro y en general hacia los colores austeros. La moda femenina, en cambio, tiende siempre a complicarse con desmesura y a sufrir cambios repentinos.

En los años iniciales del siglo, las prendas siguen siendo las mismas, aunque tienden a aumentar el volumen. Las ropillas son más largas, las lechuguillas adquieren bastante volumen, los encajes79 aumentan, los puntos se enriquecen con piedras preciosas, las calzas se amplían y se abomban (llamadas “de muslos tendidos”). Los colores son más vivos, abundan sedas y brocados (como los trajes de las clases populares).

Resulta paradójico que, durante el reinado de Felipe III, se promulgaran varias pragmáticas (como por ejemplo en 1600) para frenar el lujo excesivo; sin embargo, nacen fábricas de galones y tiras de plata y oro (González Mena, 1994: 411) 80. Habrá que esperar hasta el reinado de Felipe IV (1621-1665) para que la sencillez vuelva a tener cabida en la moda española.

Sousa Congosto (2007: 142) sostiene que fue el conde-duque de Olivares quien creó una Junta de Reformación que produjo los Capítulos de Reformación con el objetivo de refrenar el lujo. El rey mismo será un ejemplo con la sobriedad de su modo de vestir.

79 Se llaman encaje cuando la pieza se “encajaba” entre las telas, pues se hacía aparte y no en la misma tela base. El vocablo “encaje” aparece en inventarios y documentos de finales del siglo XVI. El encaje español se cotizaba mucho y se exportaba a Inglaterra, donde estaba muy difundido con el nombre “Puntos de España”, en García, Maganto y Merino (2000: 117).

80 Véase a este respecto M. A. González Mena, “Bordados y encajes eruditos” en Bartolomé Arraiza, Summa Arias. Vol. XLV. Artes Decorativas II, Madrid, 1994.

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Fig. 18. Rubens, retrato de Suzana Fourment (1665) con trajes de moda81.

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Durante el reinado del último de los Austrias, Carlos II (1665-1700), la moda en España será marcadamente francesa. En el último tercio triunfa el pantalón, que se vuelve más ajustado y se abrocha debajo de la rodilla; la capa se lleva de forma desahogada, asimétrica, caída y se lleva echada sobre un hombro; la casaca, que viene del atuendo militar, es corta y suelta.

El calzado más usado es la bota, corta y ensanchada, que dará origen a la bota de embudo. Las medias son de seda y de diferentes colores; durante el invierno se llevan de lana; las medias de botas son de tela y enteras, sin punta en el pie ni en el talón. Los calcetines casi desaparecen, pero quedan las jarreteras o cañones que se despliegan en anchos volantes debajo de las rodillas.

Los calcetines se emplean para proteger la media del roce de la bota, pero, sobre todo, para protegerlas del fango. Las botas se combinan con los zapatos, con tacón, y se adornarán con lazos o rosetas, de puntas anchas y cuadradas.

El sombrero de la época es de ala ancha, va adornado con plumas de avestruz y se lleva altivamente diagonal a una oreja. Hacia 1690 aparecerá la corbata, de encaje o de hilo, que se lleva al cuello formando una especie de adorno bajo el mentón, y podía sujetarse con un broche de piedras preciosas, como el diamante (piedra favorita que se usaba incluso como botones de jubón o de jaqueta).

La indumentaria de las mujeres, al igual que la masculina, va a evolucionar mucho a lo largo del siglo. Desaparecerán el corsé y el verdugado. La silueta se encontrará más definida, gracias a unos hombros alargados y a la cintura alta.

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Fig. 19. Dama y caballero con atuendo a la moda del siglo XVII82.

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Fig. 20. El letrado y su atuendo83 Fig. 21. El Caballero del Verde Gabán

Tras este recorrido histórico de la indumentaria, vamos a ocuparnos a continuación de la vestimenta popular, típica, tradicional o regional.

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