4. O RIGINALIDAD , APORTACIÓN , BIBLIOGRAFÍA
1.1. REPERTORIOS DE PAREMIAS EN LA EDAD MEDIA
En realidad, no se puede afirmar que los repertorios citados sean verdaderos repertorios paremiológicos, pues son listas de refranes anotados al margen de la obra o en calidad de
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complemento a la lectura de una obra. Para encontrar un verdadero refranero, se tendrá que esperar a mediados del siglo XV, cuando ve la luz el manuscrito titulado
Seniloquium4, y, casi contemporáneamente, se hallará publicado el conjunto de Refranes
que dizen las viejas tras el fuego (Sevilla, 1508), atribuido al Marqués de Santillana5. Estamos ante la “verdadera floración del refrán en suelo hispánico” (Bizarri, 1995: 5).
1.1.1. El Seniloquium
El Seniloquium es una colección alfabética de 497 refranes castellanos seguidos de sus respectivos comentarios en latín acerca de su sentido jurídico, moral, histórico y, a veces, anecdótico. Los refranes van acompañados de otros tantos refranes y proverbios con la explicación latina de la glosa. La importancia de este repertorio reside en que presenta “un corpus organizado” (Bizarri, 1995: 5). El autor concede al refrán el mismo prestigio que gozaban las sentencias. Así pues, no es una simple colección de refranes, como se demuestra en el prólogo mismo del autor, que explica el mecanismo de la construcción de la obra. Por otra parte, el autor considera el proverbio como “ley antigua” que debe ser respetada porque como todo lo que es antiguo es digno de “reverencia” y “Derecho”. El autor destaca el valor normativo del refrán, como explica Hugo Óscar Bizzarri (2008: 29-30):
Los refranes para el comentarista y compilador del Seniloquium son normas legales que es necesario desentrañar y que nos ayudan a interpretar la realidad, pero normas al fin y, como tales, expresiones unívocas. En este sentido, el autor del Seniloquium es un fiel representante de
4 El Seniloquium se conserva en dos manuscritos que se hallan respectivamente en la Biblioteca Nacional de
Madrid y otro en la Biblioteca Universitaria de Salamanca. Actualmente existen cuatro ediciones: Francisco Navarro Santín, “Colección de refranes del siglo XV”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1904), pp. 434-477. Louis Combet, “Un refranero du XV siècle: le Seniloquium em Recherches sur le «refranero» castillan. Paris: Les belles letres, 1971, pp. 461-471. Jesús Cantera y Julia Sevilla, Los 494 refranes del Seniloquium, Madrid: Guillermo Blázquez, Editor, 2002. Esta edición proporciona numerosas informaciones y adaptaciones útiles que permiten una lectura clara y completa, como la fuente, indicaciones acerca del significado de las paremias, variantes, un glosario léxico al final, y modificaciones ortográficas. Fernando Cantalapiedra Erostarbe y Juan Moreno Uclés, Diego García de Castro, Refranes que dizen los viejos “Seniloquium”, 2006, Universitat de València. Disponible en la red,
http://parnaseo.uv.es/Editorial/Seniloquium/Seniloquium.pdf [26-09-2011].
5 Cfr. su edición: Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, Refranes que dizen las viejas tras el fuego. H. O. Bizzarri (ed.). Kassel: Ed. Reichenberger, 1995.
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lo que el refrán había significado en la tradición medieval. Autores como Sem Tob, Juan Ruiz o Juan Manuel toman al refrán por su valor normativo, como representantes de una serie de valores éticos con los que comulgan.
Uno de los méritos de esta colección radica en que presenta otra vía de transmisión del refrán distinta de la tradición oral, como comenta Bizarri (1995: 5): “La aparición de esta colección marca el punto en el cual el refrán dejó como vehículo de difusión únicamente la oralidad para sumarse a la gran cantidad de producción escrita”. En cuanto a la autoría de la obra y dado que el manuscrito está firmado ante testigos y ante notario, puede que el autor sea el doctor Diego García de Castro, tal y como se lee en la firma final.
1.1.2. ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MARQUÉS DE SANTILLANA (1398-1458)
Estamos ante una figura de máximo relieve en la política y en la literatura de su época, pues Íñigo López de Mendoza es hijo del almirante Diego Hurtado de Mendoza y sobrino del canciller de Ayala. Nacido en Carrión de los Condes, fue un poderoso señor feudal, con grandes dominios y posesiones; encarna los valores del ideal cortesano renacentista, distinguiéndose de la ruda educación guerrera de la mayoría de los nobles de su tiempo.
El 8 de agosto de 1445, Juan II le nombró marqués de Santillana, para premiarle no solo por ser un hombre de armas de gran talante, sino también como reconocimiento del valor que daba a sus poemas6. Conocedor de la poesía italiana, de Dante y de Petrarca, e imitando el
itálico modo, a partir del año 1430 escribe varias obras como Comedieta de Ponza o Infierno de los enamorados, aunque reúnen más interés sus poesías ligeras, como Canciones y dezires y,
especialmente, las Serranillas (Bizarri, 1995: 59).
Es autor, además, del primer tratado de crítica literaria en español, La Carta proemio al
Condestable Pedro de Portugal y de obras de tipo didáctico-moralista a la manera senequista,
6 Véase M. de Santillana, Obras completas. Edición, introducción y notas de Gómez Moreno, Á. y M. Kerkhof, Planeta, Autores Hispanos, 1988; Julio Rodríguez Puértolas ed, Poesía crítica y satírica del siglo XV, Madrid: Clásicos Castalia, 1989.
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como el Diálogo de Bías contra Fortuna. Pero lo que nos interesa para nuestra investigación es el hecho de que se le ha atribuido la recopilación conocida con el título Refranes que dicen las
viejas tras el fuego7.
El refranero del Marqués, si bien se refiere a “refranes”, no recoge solo esta categoría paremiológica, pues en él se mezclan otras unidades fraseológicas, como dichos o fórmulas comparativas: callar como negra en baño, erguido como gallo de cortijo, tanto pan como
queso; unidades fraseológicas de sentido incompleto8: adelante es la casa del abad, agua tras
harina va, harre allá por çepas; entre otras.
El refranero del Marqués de Santillana contiene alrededor de 700 refranes, artísticamente estructurados para ser leídos en las Cortes. La primera edición aparece medio siglo después de la muerte de Santillana, es decir, en el año 1508 (de Jacobo Cromberger); a esta, seguirán otras, como la del filólogo hispanista R. Foulché-Delbosc (1911) o la de Hugo Bizarri (1995).
Se trata de una mera recopilación de paremias sin glosas, pero su valor es extraordinario por su contenido y por ser la primera colección conocida impresa en castellano. Entre los méritos de Santillana hay que reconocer el haber reunido un repertorio de refranes empleados con frecuencia en la época, muchos de los cuales como señala Sevilla Muñoz (1987: 68) están aún vigentes, como: cría el cuervo, sacarte ha el ojo; una golondrina, no hace verano; más
vale pájaro en mano, que el buitre volando; por el dinero, baila el perro; los perros de Zorita, pocos y mal avenidos.
7 Hasta la edición de Foulché-Delbosc no se había puesto en duda la atribución de esta obra al Marqués de Santillana; el hispanista francés señaló algunas contradicciones que, en cambio, le suscitaban algunas perplejidades, como el origen aristocrático de Santillana, que contrasta con el apego a este tipo de material popular, entre otras cosas. Esta hipótesis ha sido fuertemente contrastada por otros estudiosos como O‟Kane y Pérez Priego que en cambio rescatan con ímpetu la paternidad de Santillana. Sin embargo, Bizzarri añade que es muy extraño que Santillana nunca haya incluido este refranero en ninguna de sus compilaciones, que fueron varias. Otros estudiosos como Pérez Priego, José Mattoso, han intentado dar una respuesta a esta incógnita; hoy resulta mayoritaria la atribución de la autoría a Santillana (Bizzarri, 1995: 59).
8 Véase la definición de O‟Kane “emparentada con él [es decir, el refrán] está la frase proverbial, que solo difiere del refrán en que, siendo gramaticalmente incompleta, depende, para alcanzar plena significación de su contexto” (O‟KANE, S. E., (1959), Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media, Boletín de la Real Academia Española, Madrid: Aguirre Torre Editor), cit. en Bizzarri, 1995: 13.
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Santillana confiere al refrán el reconocimiento que merece: primero por empleo de la voz refrán, pese a que aún se usaban indistintamente varios términos para referirse a las formulaciones populares; segundo, Santillana en su obra usa la palabra refrán y recoge solo estructuras de carácter popular (aunque no solo refranes), sin añadir paremias de carácter culto (Bizzarri, 1995: 12). Por tal motivo, se puede considerar a Santillana, sin duda alguna, uno de los precursores más notables de los grandes paremiólogos humanistas, como Pedro Vallés, Hernán Núñez o Juan de Mal Lara.
1.1.3.REFRANES FAMOSÍSIMOS Y PROVECHOSOS GLOSADOS (1509)
Cabe recordar aquí el repertorio conocido con el título Refranes famosísimos (Reyes Gómez, 2005), de autor desconocido, si bien se atribuye al capellán Dimas, puesto que aparece como glosador en la cita de Tamayo de Vargas de la edición toledana de Juan Valera (Reyes Gómez, 2005: 18). Su impresor fue Fadrique de Basilea, quien escribe la introducción de la edición de Burgos, de 1509. El libro no lleva prólogo (excepto una breve introducción), ni otros tipos de preliminares legales9. La obra contiene los refranes que le dice un padre a su hijo para que le sirvan de consejos y normas de conducta sobre aspectos muy concretos, como señalan Cantera y Sevilla (cit. en Reyes Gómez, 2005: 35):
Se trata más bien de una serie de consejos y de normas de conducta que da un padre a su hijo diciéndole que ha de ser muy prudente al hablar, advirtiéndole cómo se ha de comportar con las mujeres en general y, de manera especial, con la suya propia cuando se case; recomendándole orden en la casa y mirar por crear hacienda y administrarla bien, aconsejándole hacer limosnas, obrar con prudencia, guardarse de vicios, ser constante y guardarse de malos amigos.
En total son 289 paremias (sobre todo, refranes y locuciones), pero, en realidad, en el libro no hay refranes glosados (o son muy pocos), sino que sucede al contrario: después de los
9 De esta edición se conocen otros dos ejemplares: el de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (natura I-98), que pertenecía a la colección paremiológica de Melchor García Moreno y del que se hizo la edición facsímil en 1923 y el de la Biblioteca Nacional de París (Rés.Z.1846). Se conocen varias ediciones de esta obra, como las siguientes: a) Burgos, Fadrique de Basilea, 1515; b) Burgos: Alonso de Melgar, 1524; c) Barcelona, s.i., 1511; d) Sevilla: Jacobo Cromberger, 1519 y e) la que estamos siguiendo como fuente, Castilla y León: ed. Fermín de los Reyes Gómez, 2005 (basada en la edición de 1509).
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consejos se aduce un refrán para confirmar lo antes expuesto. Se trata de refranes conocidos y famosos.