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EJECUCION DEL PROYECTO

In document Rezagos de una cultura (página 93-111)

Al terminar el molde en caucho silicona de la pieza (de 15 cm. x 11 cm. x 9 cm. mencionada en anteriores capítulos) realice una prueba obteniendo un positivo en hielo, con esta obtuve la duración proporcional de congelación y posterior descongelación en una pieza a escala real. Este fue el resultado:

Finalmente, la pieza es una escultura en hielo a escala real de una mujer indígena con rasgos de la cultura Embera sentada de piernas cruzadas, con las manos abiertas en disposición de recibir una limosna, la pose que normalmente estas personas toman cuando están sentadas en la calle. Como lo mencione en los capítulos anteriores, el procedimiento fue modelar la figura en arcilla, y sacar el molde, en este caso como iba a ser a escala real y tenia que soportar la temperatura y el peso del agua/hielo, opte por la resina y la fibra de vidrio como materiales para el molde.

Luego de tener el molde terminado, saque un positivo para observar el comportamiento del molde y saber el tiempo real de congelación y cuanto duraba este en derretirse. En un cuarto frió aproximadamente duro 46 horas en congelarse a una temperatura aproximada de -35°C y 18 horas en descongelarse a temperatura ambiente. Luego de ver el comportamiento del material decidí realizar tres positivos en hielo, para que se pudiera percibir tres momentos de descongelación y así observar claramente mi posición frente a la situación planteada en la presentación final.

Las piezas se colocaron en un costado de la carrera séptima con la avenida Jiménez en frente de la Iglesia San Francisco de Asís; el propósito de colocar las esculturas en el espacio publico, tenia como fin que el espectador pudiera percatarse de lo que sucede en este entorno, no solo con los indígenas en condición de desplazamiento, sino también a quienes diariamente transitan por estas calles, los vendedores ambulantes, los policías, es decir, puedan percibir el “paisaje” en este corto recorrido por la carrera séptima.

Lo que sucedió ese día (7 de diciembre de 2011) con los transeúntes fue una serie de reacciones inesperadas. Al principio de mi llegada con las esculturas, la primera reacción fue de los indigentes y vendedores ambulantes que estaban en ese lugar, al preguntarme si mi intención era pedir dinero pues aparentemente alguien había hecho una escultura de un indigente con la mano estirada haciendo el ademán de mendigar una limosna, colocando frente a ésta un recipiente para que le depositaran allí el dinero, como consecuencia esta persona obtuvo en un solo día aproximadamente $100.000 pesos (cien mil pesos) afectando a aquellos que estaban a su alrededor con el mismo propósito; esta información me la dio una vendedora de libros que se sienta en una de las entradas a la Iglesia sobre la carrera séptima. Aunque esa no era mi idea, uno de los habitantes de la calle que normalmente se sitúa allí se marcho diciendo que le había arruinado el negocio y por eso se tenía que ir en busca de otro lugar; en cambio otros muy amablemente se ofrecieron para “cuidar” las esculturas.

Por otro lado, una segunda reacción por parte de un transeúnte fue de abordarme con preguntas acerca de la escultura, me pregunto si era una escultura de La Virgen, cosa que me pareció curiosa por que no lo había visto como tal, cuando le mencione que era una indígena me pregunto que por que lo había hecho, por que en hielo, por que una indígena, respondiéndole mi intención de evidenciar la

situación que muchos desplazados viven día a día, convirtiéndose en una especie de fantasmas de la calle, ignorados, maltratados por toda una sociedad; al decirle esto, me contó que el era un desplazado indígena, un Pijao que procedía del Tolima, quien había sentido todo lo que yo le había comentado a través de mi investigación, y le sorprendía que alguien se hubiera interesado en pensar que era lo que la mayoría de los desplazados sentían, alejándose un poco de tantas cifras que llenan archivos anualmente. Fue una experiencia muy bonita, ya que sentí que por lo menos una persona que estaba directamente afectada por la situación de desplazamiento veía reflejada su condición de indiferencia.

Durante el tiempo que estuvieron las piezas exhibidas en la calle, pude percibir que las personas que iban transitando en frente de ellas se detuvieron a observar las esculturas, otros la tocaron, algunos mas se preguntaban realmente que era, pues con el paso del tiempo se iban derritiendo e iban perdiendo el detalle del rostro, quedándose en rasgos simplificados, haciendo que la lectura de su cara fuera un poco difícil de identificar como indígena, comprendiendo por que muchos la confundían con La Virgen.

Como las esculturas no se pusieron todas seguidas, si no a varios metros entre ellas, la que estaba más descongelada, fue pateada por las personas que venden la Lotería que se sitúan en una entrada lateral de la edificación, pues les estorbaba para el negocio, y como veían que era un pedazo de hielo no les importo quitarla abruptamente, esto es algo importante para mi experiencia, pues en la calle no se puede controlar nada, es un lugar público y allí estas expuesto a la intemperie.

Otro momento curioso fue cuando una persona, una mujer de la tercera edad paso, la observó, la tocó y se dio la bendición, me sorprendí y reflexione sobre la importancia de las imágenes religiosas en nuestra sociedad, como estas tienen tanto poder en la Fé de las personas. Otra persona pregunto quien era el dueño de las esculturas, y al decirle que era yo, me dio un billete de 1.000 pesos (mil pesos), en ese momento estaba hablando con los jurados y me comentaron que había recuperado algo de la inversión.

Ese día llovió por un buen rato, en cuanto las esculturas perdieron los rasgos, y se iban deshaciendo cada vez mas, los espectadores comenzaron a especular que ese hielo era producto de una granizada, y se había caído del techo de la Iglesia; aunque las esculturas ya habían perdido todo detalle, todavía se percibía la silueta de una persona.

In document Rezagos de una cultura (página 93-111)

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