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El ejem plo de la percepción p erm ite distinguir e n tre lo efectivam ente visto, lo que está presente, y lo que no

Segunda meditación

26 El ejem plo de la percepción p erm ite distinguir e n tre lo efectivam ente visto, lo que está presente, y lo que no

está dado de m odo intuitivo, sino sólo «hecho presente», «presentificado». P ara lo p rim ero usam os precisam ente las palabras «presencia» y sus derivados (Gegenwartigung); para lo segundo, «presentificación» y sus derivados (Vergegenwar­

objetivo del cogitatum correspondiente; así, pues, no sólo las vivencias actuales, sino también las potenciales, como las que están implícitas, pre-delineadas en la intencionalidad efectuante de sentido de las viven­ cias actuales, y que, al ser expuestas, poseen el carácter evidente de explicitar el sentido implícito. Sólo de este modo puede el fenomenólogo comprender cómo en la inmanencia de la vida de la conciencia y en qué modos de la conciencia, pertenecientes al fluir ininterrumpido de la conciencia, puede llegar a ser consciente de algo así como unidades objetivas estables y permanentes, y, en particular, cómo tiene lugar esa maravillosa efectuación de la constitución de objetos idénticos para cada cate­ goría de objetos, esto es, qué aspecto tiene y ha de tener necesariamente la vida constituyente de la conciencia para cada una de esas categorías, de acuerdo con las correlativas transformaciones noéticas y noemáticas del mismo objeto. La estructura de horizonte de toda inten­ cionalidad prescribe por tanto al análisis y a la descrip­ ción fenomenológica un método totalmente nuevo — un método que entra en acción por todas partes, allí donde conciencia y objeto, mención y sentido, efectividad real e ideal, posibilidad, necesidad, apariencia, verdad, pero también experiencia, juicio, evidencia, etc., se presentan como títulos de problemas trascendentales (y, paralela­ mente, de problemas puramente psicológicos) y deben ser elaborados como auténticos problemas del «origen» subjetivo— . Mutatis mutandis es evidente que lo mismo vale para una psicología interior o puramente intencio­ nal, que hemos expuesto sólo a modo de indicación como paralela a la fenomenología constitutiva y al mismo tiem­ po trascendental. La única reforma radical de la psico­ logía yace en la pura formación de una psicología in­ tencional. Ya Brentano exigió tal psicología, pero lamen­ tablemente sin haber reconocido todavía el sentido fun­ damental del análisis intencional y, por tanto, del mé­ todo que ante todo hace posible una psicología seme­

to, descubre a través de aquél sus auténticos proble­ mas, verdaderamente infinitos.

Por cierto, la posibilidad de una pura fenomenología de la conciencia parece en un prim er momento muy cues­ tionable, cuando se considera que el reino de los fenó­ menos de la conciencia es con tanto derecho el reino del fluir heracliteano. En efecto, sería un intento vano querer en este caso proceder con un método de la for­ mación de conceptos y juicios como el que es compe­ tente para las ciencias objetivas. Sería una locura pre­ tender determinar una vivencia de conciencia como ob­ jeto idéntico en base a la experiencia, tal como si se tratase de un objeto natural — o sea, en suma, bajo la presunción ideal de una posible explicación por me­ dio de elementos idénticos y captables en conceptos fir­ mes— . Y ello es así no sólo en virtud de nuestra im­ perfecta facultad de conocimiento con respecto a tales objetos, sino porquerías vivencias de conciencia no tie­ nen a priori elementós ni relaciones últimas que puedan subsumirse bajo la idea de objetos determinables en con­ ceptos fijos, en cuyo caso sí sería racional plantear la tarea de una determinación aproximativa en conceptos

fijos. Pero precisamente por ello subsiste legítimamente la idea de un análisis intencional. Pues en el flujo de la síntesis intencional que crea unidad en toda concien­ cia y constituye noética y noemáticamente la unidad del sentido objetivo, prevalece una esencial tipología, apre- hensible en conceptos rigurosos.

§ 21. E l objeto intencional como « hilo conductor tras­ cendental»

El tipo más general en el que, como forma, está in­ cluido todo lo particular, es designado por nuestro es­ quema general ego-cogito-cogitatum. A él se refieren las más generales descripciones que hemos esbozado so­ bre la intencionalidad, sobre la síntesis que le corres- 97

ponde a ésta, etc. En la especificación y descripción de ese tipo, por razones fácilmente comprensibles, el ob­ jeto intencional que está del lado del cogitatum es el que desempeña el papel de hilo conductor trascendental

para el descubrimiento de los múltiples tipos de cogita­ tiones que, en una síntesis posible, llevan en sí conscien- cialmente ese objeto como mentado en su identidad. El punto de partida, en efecto, es necesariamente el ob­ jeto dado en cada caso de modo directo, a partir del cual la reflexión retrocede al correspondiente modo de conciencia y a los modos de conciencia potenciales im­ plícitos en el primero como horizontes, y, finalmente, a aquellos en los cuales el objeto podría ser consciente como él mismo en la unidad de una posible vida de conciencia. Pero si nos mantenemos todavía dentro del marco de la universalidad formal, si pensamos un obje­ to en general como cogitatum, dejando al arbitrio el con­ tenido del mismo, y si lo tomamos en esta generalidad como hilo conductor, entonces, la multiplicidad de po­ sibles modos de conciencia de él — el tipo formal ge­ neral— se especifica en una serie de tipos particulares

noético-noemáticos netamente diferenciados. La posible percepción, la retención, el recuerdo, la expectativa, la significación, la representación intuitiva por analogía son, por ejemplo, tipos de la intencionalidad que per­ tenecen a todo objeto concebible, lo mismo que los ti­ pos de conexión sintética que les corresponden. Todos

estos tipos se particularizan, a su vez, en su total com­ posición noético-noemática, tan pronto como especifica­ mos la generalidad del objeto intencional hasta ahora mantenida vacía. Las especificaciones pueden ser en pri­ mer lugar lógico-formales (ontológico-formales); es de­ c ir, modos del algo en general, tales como lo particular y en últim o término lo individual, lo universal, la plu­ ralidad, el todo, el objeto lógico, la relación, etc. Aquí se presenta también la distinción radical entre objeti­ vidades reales (realen) (en un sentido amplio) y obje­ tividades categoriales; estas últimas remiten a su origen

en operaciones, en una actividad del yo progresivamente generadora y constructiva; las primeras remiten a efec­ tuaciones de una síntesis meramente p asiva27. Por otra parte tenemos las particularizaciones ontológicas mate­ riales, que se conectan con el concepto de individuo real (real), que se divide en sus regiones reales (realen),

$50r ejemplo (mera) cosa espacial, ser animal, etc., lo que entraña las particularizaciones correspondientes de las modificaciones lógico-formales correlativas (propie­ dad real, pluralidad real, relación real, etc.).

Cada uno de estos tipos, hallado siguiendo ese hilo conductor, ha de ser interrogado acerca de su estruc­ tura noético-noemática, ha de ser sistemáticamente ex- plicitado y fundamentado según sus modos del flujo intencional y según sus horizontes típicos y sus im pli­ caciones, etc. Si se fija un objeto cualquiera en su for­ ma o categoría, y se mantiene constantemente en eviden­ cia la identidad del mismo en medio de las variaciones sus modos de conciencia, se muestra entonces que éstos, aunque sean muy fluyentes e inaprehensibles en sus elementos últimos, de ninguna manera son arbitra­ rios; permanecen siempre ligados a un tipo estructural

que es inquebrantablemente el mismo, tanto cuanto per­ manezca consciente la objetividad precisamente como ésta y como conformada de tal suerte, y tanto cuanto ella deba poder persistir en la evidencia de la identidad a través de la variación de los modos de la conciencia.

La tarea de la teoría trascendental consiste justamente explicitar sistemáticamente esos tipos estructurales, ^uando esta teoría toma como hilo conductor una uni­ versalidad objetiva, se llama teoría de la constitución trascendental del objeto en general, en cuanto objeto ■ de la correspondiente forma o categoría o, en el punto | más alto, de la región en cuestión. Así surgen, ante i°do como distintas, muchas teorías trascendentales, una teoría de la percepción y de los otros tipos de intui-