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La Quinta m editación responde a la objeción de solip ^»Ismo trascendental y puede p o r tanto ser considerada —se-

Quinta meditación

17 La Quinta m editación responde a la objeción de solip ^»Ismo trascendental y puede p o r tanto ser considerada —se-

¡COMO

Examinemos la cuestión más detenidamente. La reduc­ ción trascendental me liga a la corriente de mis puras vivencias de conciencia y a las unidades constituidas por

sus actualidades y potencialidades. Parece obvio, pues, que tales unidades son inseparables de mi ego y que, por ello, pertenecen a la concreción misma del ego.

Pero, ¿qué sucede entonces con los otros egos, que no son mera representación ni algo representado en mí, unidades sintéticas de una posible verificación en mí, sino que son justamente, de acuerdo con su sentido,

gún opina Ricoeur— com o el equivalente y el sustituto de la ontología que Descartes introduce en su ///'"' M éditation p o r m edio de la id ea de lo infinito y p o r el reconocim iento del ser en la presencia misma de esta idea. M ientras que D escartes trasciende el cogito gracias a este recurso a Dios, H usserl trasciende el ego p o r el a lte r ego; así, pues, busca en una filosofía de la in tersu b jetivid ad el fundam ento supe­ rio r de la ob jetividad que Descartes buscaba en la veracitas

divina. Cf. Paul Ricoeur, Étude su r les «M éditations carté-

siennes» de Husserl, en «Revue Philosophique de Louvain»,

53 (1954), p. 77.

El problem a de la intersu b jetivid ad en realidad y a se le había planteado a Husserl con m otivo de la introducción de la reducción. Unos cinco años después extiende la reducción a la intersubjetividad, en las lecciones sobre Grundproblem e

d e r Phänomenologie, dictadas en el sem estre de invierno de

1910/9111 en Gotinga. En varias ocasiones alude Husserl a estas lecciones, publicadas a h o ra en el tom o X III de la

Husserliana, sobre tod o cf. Form ale und transzendentale Logik, p. 215, nota. A llí anun cia la b rev e exposición de las

investigaciones que aparecerá en las M editaciones cartesia­

n a s; pero señala que hay m uchas y difíciles investigaciones

especiales, explícitas, que espera pu blicar el próxim o año. Como es sabido, H usserl no llegó a pu blicar estas investi­ gaciones explícitas sobre temas especiales de la intersubje­ tividad. L a ta re a de publicarlas, como h a sucedido con otros m anuscritos, fue asum ida p o r el H usserl-Archiv representa­ do en esta oportunidad p o r Iso K ern , quien ordenó los inéditos en to m o a este tem a en los tres grandes tomos

Z ur Phänomenologie der In tersu b jek tivität, en Husserliana,

tom o X II I (escritos de los años 1905-1920), tom o X IV (escri­ tos de los años 1921-1928) y tom o X V (escritos de los años 1929-1935).

otros? ¿No hemos cometido, por tanto, una injusticia con el realismo trascendental? Pudiera ser que éste ca­ rezca de fundamentación fenomenológica, pero, a fin de cuentas, tendría por principio razón, en la medida en que busca un camino que va desde la inmanencia del ego

a la trascendencia del otro. En cuanto fenomenólogos, ¿podemos hacer otra cosa que no sea seguir las huellas de éste y decir que la naturaleza y el mundo en general, constituidos de modo inmanente en el ego, tienen de­ trás de sí, antes que nada, el mundo que es en sí mismo, y que, en primer lugar, hay que buscar justamente el camino hacia ese mundo? Y de acuerdo con esto pode­ mos decir aún que ya la cuestión de la posibilidad de un conocimiento realmente trascendente — ante todo, la cuestión de la posibilidad de que yo, saliendo de mi

ego absoluto, llegue a los otros egos, los cuales, en cuan­ to otros, no existen realmente en mí, sino que tan sólo son algo de que tengo conciencia en mí— no puede plantearse desde un punto de vista puramente fenomeno- lógico. ¿No es de antemano obvio que mi campo tras­ cendental de conocimiento no va más allá de mi esfera trascendental de experiencia y lo sintéticamente com­ prendido en ella? ¿No es de suyo comprensible que todo· esto está indicado y se agota en mi propio ego trascen­ dental?

Sin embargo, quizá no todo sea tan exacto en tales pensamientos. Antes de decidirse en favor de ellos y vle las «obviedades» por ellos utilizadas, y antes de entrar en argumentaciones dialécticas y en hipótesis pre- lendidamente «m etafísicas», cuya posibilidad quizá se levele como un perfecto absurdo, sería más adecuado emprender en primer lugar la tarea de la explicitación lenomenológica, indicada aquí con la noción de alter ego,

v llevada a cabo sistemáticamente, en un trabajo concre­ to. Tenemos que procurarnos una visión que penetre en lii intencionalidad explícita e implícita en la que, sobre lii base de nuestro ego trascendental, el alter ego se anun- j^ u y verifica: tenemos que ver cómo, en qué inten-

'cionalidades, en qué síntesis, en qué motivaciones se configura en mí el sentido alter ego y, bajo el título de una experiencia concordante del extraño, se verifica como siendo e inclusive como estando presente ahí él mismo en un modo que le es propio. Esta experiencia y sus efectuaciones son, en efecto, hechos trascendenta­ les de mi esfera fenomenológica. ¿Cómo, si no exami­ nándolos, puedo explicitar en todos sus aspectos el sen­ tido del ser de los otros?

S 43. E l modo de darse óntico-noemático del otro como hilo conductor trascendental de la teoría consti­ tutiva de la experiencia del extraño

Ante todo tengo un hilo conductor trascendental en el otro experimentado, tal como él se me da directa­ mente, cuando profundizo su contenido óntico-noemá­ tico (puramente como correlato de mi cogito, cuya más precisa estructura aún debe ser descubierta). Lo nota­ ble y múltiple de ese contenido indica la multiplicidad de aspectos y la dificultad de la tarea fenomenológica. Por ejemplo, yo tengo experiencia de los otros, en cuan­ to otros que realmente son, en las multiplicidades varia­ bles y concordantes de la experiencia y, por una parte, los experimento como objetos del mundo, no como me­ ras cosas naturales (si bien, en algún respecto, también como tales cosas). En efecto, ellos son experimentados también como gobernando psíquicamente en sus corres­ pondientes cuerpos orgánicos naturales. Así, ligados de un modo peculiar a los cuerpos orgánicos, como objetos

psicofísicos, los otros son en el mundo. Por otra parte, -yo los experimento al mismo tiempo como sujetos para «se mundo, como experimentando ese mundo — el mis­ mo mundo que yo experimento— y como teniendo tam­ bién experiencia de mí al hacerlo, justamente de mí, tal como yo experimento el mundo y, en él, a los otros.

De tal modo, yo puedo aún explicitar noemáticamente muchas cosas, continuando en esa dirección.

En todo caso, por tanto, en mí mismo, en el marco de mi vida de conciencia pura, trascendentalmente re­ ducida, experimento el mundo, incluyendo a los otros; y, de acuerdo con el sentido de esa experiencia, no como mi configuración sintética, privada, por así decir­ lo, sino como un mundo extraño a mí, como intersub­ jetivo, existente para cada uno, accesible a cada uno en sus objetos. Y, sin embargo, cada uno tiene sus apariciones y unidades de aparición, su fenómeno del mundo, mientras que el mundo experimentado es en sí, frente a todos los sujetos experimentantes y sus fenó­ menos del mundo.

¿Cómo se explica esto? Tengo que atenerme, imper­ turbable, a lo siguiente: todo sentido que algún ser tiene y puede tener para mí, tanto según su «q u é», como según su «es y es en realidad», es un sentido en

0 bien desde mi vida intencional, desde las síntesis cons­ titutivas de esa vida; un sentido que se aclara y se des­ cubre para mí, en los sistemas de verificación concor­ dantes.

Así, pues, para procurar un campo de solución a to­ das las preguntas imaginables que puedan tener senti­ do aquí — más aún, para plantearlas y resolverlas paso a paso— , hay que comenzar con un desarrollo siste­ mático de la intencionalidad abierta e im plícita en que el ser de los otros se hace para mí y se explícita res­ pecto de su contenido legítimo, esto es, su contenido de plenificación.

El problema está planteado en primer lugar, por tan­ to, como un problema especial, es decir, el del ahí para mi (für-mich-da) de los otros y, consecuentemente, como lema de una teoría trascendental de la experiencia del extraño, de la llamada impatía (Einfühlung) 38.

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18 Al plantearse el problem a de la intersub jetividad, estre-