4.8 Ejemplos de conglomerados africanos
4.8.1 Sudáfrica Naspers: del apartheid sudafricano al control del espectro
4.8.1.3 Un ejercicio práctico de globalización de los medios a la
A continuación, se detallará un breve ejemplo práctico en el que se podrá constatar la transversalidad del conglomerado sudafricano a través de la vida de cuatro personas ubicadas en cuatro regiones diferentes del mundo. Monic se encuentra en Lagos (Nigeria) viendo la final de la Champions entre el Barcelona y el Manchester. Laura se ha comprado la última novedad de su escritor favorito en una de las playas de Florianópolis (Brasil). Oxana viaja cada día al trabajo leyendo las noticias desde su móvil en el metro de Moscú (Rusia). Y Daniel, un español que vive en San Francisco, se acaba de comprar una moto de segunda mano por Internet. ¿Cuál es su vinculación? (Ver Gráfico 1)
televisión y su impacto son más atractivos para las empresas que operan exclusivamente en digital como Trivago, Blablacar o Amazon.
234www.craigslist.org 235www.ebay.es 236https://es.letgo.com/es 237 Recuperado de https://techcrunch.com/2015/09/03/mobile-app-letgo-raises-100-million-from-naspers- to-take-over-classifieds-in-the-u-s/ 238 Recuperado de http://www.businesswire.com/news/home/20160512005113/en/letgo-Wallapop-Merge- U.S.-100M-Funding
152 La solución es que todos estos personajes ficticios están engordando los dígitos del conglomerado sudafricano NASPERS. Monic ve el fútbol a través de SuperSport, un canal propiedad de Multichoice que pertenece a su vez al gigante de la televisión de pago DStv. Laura ha comprado un libro de la editorial Ática, que pertenece al conglomerado Abril que tiene como uno de sus accionistas principales a Naspers. El buscador Mail.ru que utiliza Oxana en Moscú para estar informada pertenece también a Naspers. Y, por último, Rodrigo ha comprado su moto de segunda mano a través de la empresa española Letgo que se fusionó en 2016 con Wallapop, también española. Letgo quería abrirse mercado en Estados Unidos y lo ha conseguido con ayuda de su principal socio mayoritario: Naspers.
El ejemplo de esta multinacional sudafricana se inserta en la dinámica mundial del capitalismo contemporáneo donde la digitalización se ha convertido en una meta- tendencia, que se aparta de las fronteras que nos resultan familiares (Brynjolfsson & McAfee, 2016). Se puede subrayar que en la actualidad nos encontramos en medio de una nueva ola de innovación tecnológica impulsada sobre todo por tres factores: el denominado Big Data239; la creciente difusión e interconexión de los dispositivos digitales entre productores y consumidores; y el desarrollo de algoritmos inteligentes. Esta digitalización tiene el potencial de afectar a todos los ámbitos de la producción y a todos los segmentos del mercado de trabajo y por lo tanto puede servir como base para un análisis razonable de las transformaciones en el capitalismo contemporáneo. La digitalización está transformando el trabajo de muchas maneras diferentes como el cambio en las estrategias de marketing, los propios perfiles de trabajo, las políticas de organización, las cadenas de producción y las formas de empleo, así como las relaciones laborales (Schiller, 1999, 2007 y 2014).
Sin embargo, en la literatura reciente sobre la digitalización de la economía, han surgido voces que describen la digitalización como una tendencia que acabará con el capitalismo. Por ejemplo, Rifkin (2015) y Mason (2016) abogan por el fin inevitable del capitalismo a la luz de la digitalización. Ambos autores sostienen que, con el auge de Internet, la lógica de unos costes marginales cero (se entiende que lo que caracteriza a los productos
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digitales es que se pueden reproducir o con ningún, o a muy bajo valor), se convertirá en una constante en la economía. Es decir, que Rifkin y Mason argumentan que en la economía del futuro se hará muy difícil para las empresas cosechar beneficios debido a la gratuidad y que el trabajo se liberará de las cadenas de la racionalización y el control. De esta aproximación bebe el concepto de economía compartida o colaborativa que apareció por primera vez en el libro publicado por Rachel Botsman y Roo Rogers en (2011) y que la revista Time definió como una de las 10 ideas que cambiarían el mundo240. Modelos como Uber, Airbnb, Wallapop, BlaBlaCar y un largo etcétera se encontrarían bajo este paraguas.
El cuestionamiento plantea saber hasta qué punto este modelo puede repercutir en la organización del trabajo haciéndonos cómplices del neoliberalismo más salvaje y sabiendo los antecedentes de los autores: Rogers, un empresario con una empresa de capital riesgo y Botsman quien además de pertenecer a otra empresa de inversiones fue presidenta de la fundación Clinton. En el inicio del libro comentan que eran íntimos amigos del fundador de Airbnb y que a raíz del éxito de esta plataforma se les ocurrió desarrollar la idea del consumo colaborativo como parte de una nueva era. De manera que se podría argumentar que esta teoría estaría cincelada al gusto de las empresas que operan en el sector de lo digital. Un modelo que beneficia a los grandes inversores que estarían acumulando grandes cantidades de capital con un costo reducido. La expansión de esta teoría nos hace observar la intencionalidad de enmascarar una estrategia más desde los sectores capitalistas tradicionales.
Con el fin de mostrar la conexión entre el control sistemático de mercado y el trabajo en el capitalismo digital, usamos un supuesto básico elaborado a partir de las teorías de sociología industrial tradicional sobre capital de trabajo y monopolio (Baran & Sweezy, 1989; Braverman, 1999). Si bien se pueden extraer muchas preguntas sobre la teoría del capital monopolista cuando se aplica al capitalismo digital, con el fin de reforzar nuestro argumento, nos centraremos en la relación de los monopolios, la fijación de precios y el control del trabajo.
240 Recuperado de
154 La teoría clásica del monopolio del capital argumentó que las empresas monopólicas u oligopólicas lograron crear excedentes mediante el mantenimiento de la capacidad de fijación de precios de alto nivel y la reducción de costes al mismo tiempo. Varios autores (Braverman, 1999; Edwards, 1979; Burawoy, 1982) demostraron que si se reducían los costes en el modelo de producción era para mejorar el control de la mano de obra, lo que demuestra la relación sistemática entre el mercado y el control del trabajo en el proceso de producción capitalista. De esta forma, podemos entender la evolución actual de capitalismo digital cuando con el uso de esta perspectiva, y a la luz de las tendencias oligopólicas mencionadas en el caso de Naspers y su expansión hacia las plataformas de compra-venta digitales, la competencia sobre la eficiencia del trabajo se convierte en esencial para la reproducción capitalista.
Entendemos que es una evidencia en contra de las teorías que preconizan el fin del capitalismo. Es más, los ejemplos de Naspers muestran una estrategia típica del capital financiero: invertir en empresas de nueva creación y vender sus acciones después de que estas empresas hayan aumentado su capital o valor de mercado para obtener ganancias. Google es un excelente ejemplo de una empresa nacida de un código binario de unos y ceros que vive y crece enteramente en el ámbito digital. No produce nada por sí misma, de hecho, tampoco información: las búsquedas siguen estando en el centro de sus actividades empresariales y su algoritmo procesa alrededor de ocho mil millones de consultas de búsqueda cada día. La interfaz de búsqueda nos proporciona acceso a toda la información que está disponible en la red con una elevada probabilidad de taquicardia intelectual para cualquier ser humano al no poder asumir millones de datos en tan solo un segundo.
Como contenedor de información opera como un monopolio en la mayoría de las partes del mundo; en Alemania, por ejemplo, más del 90 por ciento de todas las consultas de búsqueda son manejados por Google. Y este fenómeno es típico de la economía digital: la monopolización es inherente a ella porque el ganador lo acapara todo. El capitalismo digital, por lo tanto, está madurando en el uso de las tecnologías digitales, ya que está siguiendo caminos bien conocidos de la historia de las sociedades industriales especialmente, en el control de la mano de obra. Y Naspers es el ejemplo perfecto en el continente africano.
Sebastián Ruiz-Cabrera 155 G ráf ic o 1 (S egm en tac ión d el c on gl om er ad o N as p er s) Fu en te : E la b or ac ió n p ro p ia
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