Es importante denotar el papel desempeñado por Canadá en este proceso. Sobre todo en el análisis llevado a cabo de la ASPAN en el presente trabajo de investigación. Sin embargo es importante aclarar que no se va revisar la relación bilateral de Canadá con México, pues esta se ha dado en los mejores niveles de entendimiento conocidos hasta el día de hoy, ni se estudiará a profundidad la relación bilateral entre los canadienses y Estados Unidos, sino que nos enfocaremos a los momentos previos al 9/11 y su posterior reacción a los hechos.
Es preciso recordar que la integración económica entre estos países data desde 1854, cuando Canadá y Estados Unidos firmaron el “Acuerdo de Reciprocidad Elgin-Marcy”, mediante el cual Canadá obtendría la comercialización de productos agrícolas y materias primas estadounidenses y, los canadienses darían derechos de pesca en sus aguas a los estadounidenses autorizados para ello.43 Después vino el gran intento por crear una zona de libre de barreras arancelarias que impulsara la región norte del continente americano, por lo que a finales de los años ochenta, se negoció y se firmo el CUFTA, que entró en vigor el
primero de enero de 1989, para después relanzar esta visión hacia un mercado económico todavía mayor, el NAFTA.44
42 Ver, e.g. Raúl Benítez Manaut y Carlos Rodríguez Ulloa. “Seguridad y fronteras en Norteamérica. Del
TLCAN a la ASPAN”. Frontera Norte, vol., 18, No. 35 (Enero-Junio 2006), p.16.
43 Dunniela Kaufman. “Does Security Trump Trade?”. Law and Business Review of the Americas, vol., 13,
No. 619, (Summer 2007), pp. 620-623.
44 Stephen Clarkson. “Does North America Exist?”. Norteamérica, revista académica, año 2, No. 2
Con el transcurso del tiempo, fue incrementándose el libre intercambio de mercancías entre ambos mercados, conforme las condiciones lo permitieran a todo lo largo de la frontera canadiense de 8,892 kilómetros, con un 85% de su población asentada en toda la franja fronteriza y a principios de este siglo, la cifra registrada en el comercio bilateral de Canadá y EUA fue de alrededor de 1.3 billones de dólares diarios, movidos estos por camiones de carga, los cuales cruzan a diario por los distintos puertos de entrada a Estados Unidos,45 siendo el Puente Ambassador –que une a las ciudades de Detroit,
Michigan con Windsor, Canadá- el más activo.
Desafortunadamente los eventos del 9/11 provocaron una transformación profunda de esta relación bilateral, por ejemplo, antes de esta fecha, más de la mitad de las cabinas de inspección primaria ubicadas en los cruces fronterizos de los estados de Washington, Montana, Dakota del Norte, Minnesota, Michigan, Nueva York, Vermont y Maine permanecían normalmente cerradas porque no había personal suficiente para atenderlas. En lo que se refiere al aspecto económico, a sólo 36 horas de ocurridos los ataques terroristas y el cierre de sus fronteras, Daimler Chrysler anunció que tendría que cerrar una de sus plantas de ensamble porque las autopartes provenientes de Canadá estaban atrapadas en un embotellamiento de tránsito de 18 horas en la frontera. Ford hizo saber entonces que cinco de sus plantas de ensamble permanecerían inactivas durante la semana siguiente, todo ello a un costo en promedio, de un millón de dólares por hora.46
Ottawa reaccionó, en Diciembre de 2001, signaron con Estados Unidos el “Acuerdo de Fronteras Inteligentes”, un plan de acción acorde al lenguaje de Seguridad dictado por la doctrina estadounidense de seguridad, “para garantizar el libre tránsito de bienes, personas, intercambio de información y vigilancia de la infraestructura”. El propósito era facilitar la pre-revisión en ambas naciones, instaurando los programas NEXUS y CANPASS, mediante
los cuales los camioneros canadienses cubrirían “rigurosos estándares de seguridad” aprobados por personal norteamericano del área de seguridad.47 El plan de acción contenía 30 diferentes puntos de acción, resultados de una serie de encuentros entre los mandatarios de Canadá y Estados Unidos. La iniciativa de las “Fronteras Inteligentes” combinaba una cooperación intergubernamental, con distintos niveles de inter operación, con medidas regulatorias tendientes a incentivar a los particulares a asumir los costos causados por el intercambio comercial.48 Ante esto, el sector privado canadiense llamó a su gobierno a tomar más y mejores medidas para no detener el libre comercio a sus niveles anteriores al 11 de septiembre de 2001.
Eso en cuanto a la relación bilateral con Norteamérica, puesto que para el 2003 el gobierno canadiense anunció la creación de la Cartera de Seguridad Pública y Protección Civil de Canadá encargada de las políticas de prevención del crimen, vigilancia y captura, seguridad e inteligencia, cárceles, servicios fronterizos e integración de una red de
45 Raúl Benítez Manaut y Carlos Rodríguez Ulloa. Supra nota 42, en p. 18.
46 Ver, e.g. Flynn Stephen E. “Vulnerable Estados Unidos”. Foreign Affairs en español, vol. 2, No. 1 (Mayo
2001).
47 Daniel Drache. “Borders Matters. Homeland Security and the Search of North America”. 1° edition.
Fernwood Publishing. Nova Scotia, Canada. 2004, p. 6.
48 Isidro Morales. “Post-NAFTA North America. Reshaping the Economic and Political Governance of a
respuestas y manejo de emergencias. Canadá también instauró el puesto de Consejero de Seguridad Nacional, asignado al Primer Ministro canadiense, con su respectivo Comité de Gabinete sobre Seguridad, Salud Pública y Emergencias, quienes conjuntamente con el Ministro de Seguridad Pública y Protección Civil de Canadá, se encargaron de concertar los asuntos relativos a la seguridad nacional canadiense.49 En suma, Ottawa se tendió por completo a crear un modelo de seguridad equivalente a la Homeland Security Department
de EUA.
A pesar de todo lo realizado por el gobierno de Canadá, algunos de sus ciudadanos seguían inconformes con lo avanzado –especialmente el sector empresarial- por lo que exigieron más a sus autoridades. Y es que ante la crisis de seguridad de Estados Unidos, muchos analistas canadienses consideraron extremas las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense, y en todo momento buscaron que esas restricciones de tipo arancelarias no perjudicarán los logros ya obtenidos, y sobre todo, que Canadá obtuviera un acceso todavía mayor al mercado de consumo más grande del planeta,50 sin violentar las nuevas regulaciones impuestas por Washington.
Otro punto de inflexión que también se vio afectado, fue lo relacionado con los temas migratorios del Estado Canadiense. De esta forma y a petición de Washington, el gobierno nacional aprobó la ley C-11, The Inmigration and Refugee Protection Act, en
noviembre de 2002. Dicho ordenamiento, otorgaba facultades para detener y deportar a inmigrantes que fueran considerados de “riesgo a la seguridad”. Incluso deteniéndolos sin ninguna orden judicial de por medio. De igual modo se aprobó la ley C-36, The Anti- Terrorism Act. En el caso de esta ley, la autoridad canadiense obtuvo nuevos poderes para
detener, enjuiciar a ciudadanos y extranjeros sospechosos, por el solo hecho de pertenecer a una etnia distinta o una comunidad de inmigrantes radicados en el territorio de Canadá.51 Serio problema jurídico, pues va en contra de la historia misma de Canadá y sus políticas públicas poblacionales.
Con esto, vemos que los canadienses en todo momento mostraron una gran disposición para la solución de los problemas que aquejan a la comunidad internacional en general y su relación con EUA. La reciprocidad demostrada por los canadienses a Estados Unidos tras los ataques del 9/11, son sumamente generosos y de gran interés por cooperar extensivamente con su vecino del sur. Esto a pesar de las declaraciones del George W. Bush en 2002 cuando se refirió al liderazgo y amistad mostrada por Gran Bretaña a favor de los estadounidenses, título que muchos canadienses han reclamado.52
De igual modo, y como ya se enunció previamente, nuestro socio comercial también sufre de la asimetría de poder entre su gobierno y Washington, y aunque con mayor éxito ha sobrellevado su relación bilateral, es igualmente presa del centro de poder norteamericano.
49 Raúl Benítez Manaut y Carlos Rodríguez Ulloa. Supra nota 42, en pp. 22-23.
50 Daniel Schwanen. “Evitemos los atajos: un desglose de la relación Canadá-Estados Unidos”. Perfiles
latinoamericanos: revista de la Sede Académica de la FLACSO, México. Año 11, No. 23 (Diciembre 2003), pp. 227-228.
51 Daniel Drache, Supra nota 47, en pp.9-10.