4. M OSTRAR QUE EN BOJAYA SI SIGUEN PASAN D O COSAS
4.1.2 El N arrar
Las narraciones que construyen quienes escriben sobre lo que sucede en Bojayá responden al tipo de preguntas ¿por qué pasó? ¿cóm o pasó?, ¿qué daños produjo? ¿quiénes son las víctim as?. Los relatos conform an entre sí un contexto configurado a partir de un conjunto de nociones e im aginarios que orientan la form a com o es conocido lo que sucede.
quienes ocupan posiciones de autoridad acepten y hagan propia la narrativa que se intenta difundir. De esta m anera se hacen evidentes las nociones y categorías sobre las cuales los agentes que transm iten dan sentido a los hechos y hacen posible la intervención de la audiencia a la cual se dirigen en el contexto de la región.
Bojayá hace parte d e lo que M argarita Serje (2005) d enom ina espacios d e proyección en el escenario global, es decir, “aquellos territorios que en la geografía nacional son nom inados com o salvajes, fronteras y tierras de nadie, en los que se refleja un conjunto de dispositivos sociales y culturales propios del colonialism o, que dan sentido y hacen posible la subordinación y la explotación de las personas y los grupos y de sus form as de vida social, económ ica y política para poner en m archa designios de una cultura y m odo de producción m oderna” (Serje:2005:13). Las narrativas que son construidas sobre los acontecim ientos de violencia por parte de quienes cum plen el lugar de la m ediación, reflejan algunas de las im ágenes que sustentan estos dispositivos sociales e institucionales.
4.1.3 ¿D ónde ocurren los acontecim ientos?. Alrededor de aquel infierno espantoso, Chocó, verde y herm oso
En los inform es y com unicados sobre los sucesos d e Bojayá, la descripción del contexto donde ocurren los acontecim ientos, aparece con m etáforas que aluden a una diada que va de la visibilidad a la invisibilidad. Esta díada rem ite a las razones que justifican la conciencia que, creen quienes transm iten, tienen los “otros” de la existencia del lugar, y de las dinám icas que allí acontecen. Al respecto veam os el
siguiente fragm ento de un artículo publicado en el periódico el Tiem po el 5 de m ayo de 2005.
“Afrocolom bianos e indígenas, población m ayoritaria de la zona, viven entre la esperanza de ver cum plida la reparación prom etida y el tem or de volver a ser víctim as. (…)
N unca conocieron seguridad ni dem ocracia. Siem pre fueron habitantes de una periferia excluida, ciudadanos de tercera que sólo em pezaron a ser visibles después de la m asacre. Lo que la guerra ha vuelto visible es aquello que existía a la som bra de las peores injusticias y exclusiones. Com o en toda la extensa franja del Pacífico, no ha sido el Estado el autor del nuevo trazado de fronteras visibles. Las nuevas fronteras han sido trazadas por la guerra y esta ha tenido de m irón y de lejitos a la fuerza pública, la ausente en el Bojayá del 2002 (…)
El cuadro no puede ser m ás dram ático: la peor m atanza de civiles inocentes que recuerde Colom bia ocurre en Chocó, la zona m ás pobre y abandonada del país, que es, para colm o, la región m ás rica del planeta en cuanto a la diversidad de sus especies, y se considera una de las grandes esperanzas para la conservación de la vida en la Tierra (…)
la m iseria chocoana ha sido una de las peores vergüenzas históricas de un país plagado de ejem plos de injusticias y abandonos. Toda esa pobreza vive m ontada sobre una legendaria riqueza de oro, plata y platino, pesca y m adera, que han explotado a lo largo de los tiem pos em presas de todas las nacionalidades sin que a los chocoanos les haya representado m overse un m ilím etro de su precaria condición de vida.
chocoanos em pezaban el nuevo m ilenio: sólo existe un hospital de segundo nivel y de pésim o funcionam iento para la atención de todo el departam ento; sólo tienen servicio de energía eléctrica 29.340 usuarios; de cada 1.000 niños que nacen m ueren 94, siendo el índice m ás alto de la nación; el nivel m ás alto de m ortalidad infantil urbana de 60 por m il lo registra Quibdó y el m ás alto de m ortalidad infantil rural el resto del departam ento con 112 por m il; uno de los últim os lugares de escolaridad en el país con una tasa del 42,8%, y el m ás alto nivel de analfabetism o del país, entre m uchos otros indicadores aterradores.
Y alrededor de aquel infierno espantoso, Chocó, verde y herm oso, rey m undial de la diversidad biológica, tesoro vital de la hum anidad.
Y cuando el panoram a parecía ya de por sí difícil de em peorar, hace cerca de 15 años llegó para entronizarse la violencia organizada. Prim ero fue la guerrilla. El M -19, las Farc y el Eln aparecieron por allá llenos de justificaciones de color social, aunque la m ás valida de todas las explicaciones es la de la posición geográfica. La región del M edio Atrato ha servido com o terreno de respaldo para las operaciones m ilitares en Urabá, Córdoba y Antioquia, y la cercanía con Panam á lo convierte en punto estratégico para el tráfico de arm as y de drogas (…)
Desde hace m ucho tiem po se sabía que en la región de Vigía del Fuerte, controlada m ilitar y políticam ente por los paras, se estaba incubando un desastre com o el que ocurrió. El cam panazo m ás notorio ocurrió el 25 y el 26 de m arzo del 2000, cuando las Farc se tom aron sim ultáneam ente Vigía del Fuerte y Bellavista en una operación cargada de vandalism o, en la q ue m urieron 21 policías y nueve civiles, entre ellos el alcalde de Vigía, fusilado por la guerrilla por sus presuntos vínculos con los param ilitares. Esta vez fueron 170 cam pesinos m uertos. ¡Ciento setenta! Una m ultitud de hom bres,
espectáculo salvaje, que encontraron la m uerte hacinados entre una iglesia que consideraron refugio, seguram ente rogándole a D ios que les perm itiera seguir llevando la vida m iserable que soportaron hasta ese día. 64
En la crónica aparece una región que es Visible para los actores arm ados desde sus distintas d enom inaciones M -19, FARC, ELN y param ilitares, para desarrollar las lógicas que im pone la dinám ica de la guerra, relacionadas con el control sobre la vida y la m uerte de quiénes habitan el lugar. La invisibilidad rem ite a im ágenes de una región ausente para los “otros” del recuerdo, del reconocim iento, de la intervención y de la distribución de la riqueza, por eso es una región olvidada, abandonada y de m iseria.
La articulación entre las im ágenes que van de la visibilidad a la invisibilidad conduce a la im agen de la tragedia, un infierno desconocido que contiene el tesoro que el país requiere “Y alrededor de aquel infierno espantoso, Chocó, verde y herm oso, rey m undial de la diversidad biológica, tesoro vital de la hum anidad”65
. En estas lógicas de visibilidad e invisibilidad, la m asacre, la tragedia, actúa com o el hecho que posibilita desencadenar la visibilidad de la región. Veam os algunos de los relatos construidos, luego de la m asacre y posteriores a la realización de la M inga.
“N o puede ser posible que Bojayá haya tenido que poner 119 m uertos de un solo golpe para que el país, el Gobierno y los m edios nos acordem os de que el Chocó existe. Lo m ás desgarrador de la m asacre de Bojayá no son, lam entablem ente, los niños y los adultos asesinados en la iglesia de ese poblado. Es el hecho de que para m uchos colom bianos sem ejante tragedia parece haber ocurrido en otro país y no en Colom bia. Pero no. Esos m uertos son de este país (…) ¿qué sabe del Chocó el país urbano? A ese pedazo del país m oldeado por 200 años de tiranía esclavista y olvido oficial, le cayó, desde hace una década la guerra. Ante la total ausencia del Estado, guerrilleros y param ilitares se han propuesto reclam ar com o suyas am plias porciones del territorio chocoano, pues les sirven a sus tenebrosos propósitos com o corredores estratégicos para salir al m ar con drogas y traer arm as de vuelta. Y lo hacen en la m ás absoluta tranquilidad, ya que allí el Estado es una entelequia, representada a lo sum o por unos alcaldes y funcionarios heroicos y una clase política clientelista y escandalosam ente corrupta. M asacres, com bates, repartición de áreas de influencia entre los grupos arm ados se han sucedido bajo la m irada, entre com placiente e indiferente, del Estado bogotano”66
“Tres años después de la m ayor m asacre en la historia reciente de Colom bia, la situación de la población civil del m unicipio d e Bojayá, en la zona oeste del departam ento del Choco, sigue crítica.
Los enfrentam ientos entre grupos arm ados ilegales se están dando ahora incluso en zonas aledañas a la capital m unicipal de Bellavista. La población es conocida por la m asacre del 2 de M ayo de 2002 en la cual m urieron 119
personas que habían buscado refugio en una iglesia y que se encontraban en m edio de los com bates entre grupos arm ado ilegales. El ACN UR ha lanzado repetidas alertas sobre el deterioro de la situación hum anitaria en el área de Bojayá, y ha llam ado al Gobierno colom biano y la com unidad internacional a actuar con urgencia para evitar un potencial desastre hum anitario67
Los anteriores relatos que hacen visible a Bojayá, presentan im ágenes que caracterizan éste territorio com o extraño, distante para la N ación, N ación andina o com o el m ism o colum nista del tiem po lo relata, la N ación urbana-m oderna. La realidad presentada com o desorden, m arginalidad, presencia de violencia y de m iedo, está acom pañada adem ás de la proyección de una identidad particular para los pobladores que la habitan, com o seres carentes, m arginales. La conjunción de estos elem entos constituye la tragedia y su causa es la ausencia del Estado m oderno, el Estado que en Colom bia se constituyó a partir de la idea de N ación andino céntrica.
”
68
Las im ágenes utilizadas para describir lo que sucede en Bojayá expresan una form a particular de leer la realidad que delim ita y posibilita las form as de interacción con
67 Oficina d el Alto Co m isio nado de las N aciones Unidas para lo s Refugiados. Com unicado a la
opinión pública. Abril 3 de 2005
68 Se refiere al m odelo d e nación que id eó la élite en el siglo XIX a partir d e la idea de que el ám b ito
de la civilización consistía en las zonas tem p eradas de lo s And es, d esd e do nde b ajab a a las fronteras tórridas y salvajes. La representación prevalente del andinocentrism o plantea que el
ella, determ inando así las prácticas que allí se hacen posibles. Estas lecturas constituyen los m arcos discursivos sobre los cuales son planteadas las categorías básicas que definen cuáles son los actores relevantes, cóm o son y qué papel tiene cada uno de ellos, cuáles son las intervenciones posibles, legítim as y pertinentes sobre el territorio, sus habitantes y sus recursos; cuál es el orden que debe ser im puesto y de qué m anera se im pone.69
De esta m anera, la solución que se dem anda y que adquiere carácter de legitim idad en el contexto de la m asacre, es el de la instalación en el lugar de los dispositivos institucio nales del Estado con su correspondiente articulación al proyecto de econom ía m oderna. En estas narraciones no se cuestionan los presupuestos que hacen ver com o necesaria la im posición de esta lógica a todas las sociedades y lugares del planeta. N o es cuestionada tam poco la m anera estereotipada com o son representados los sujetos que habitan este lugar, estereotipos que im piden apreciar, com o lo plantea Arocha (2007) las form as de civilización que los afrocolom bianos han ideado en sus territorios. N o es cuestionada tam poco la noción de historia que justifica que la sociedad andina considere legítim o em prender una em presa para ocupar el territorio en nom bre del desarrollo. Estos relatos al denunciar la realidad vivida, lo que p onen en tela de
En este discurso explicativo se m uestra cuáles son entonces, las conexiones que se privilegian al describir el suceso y cuáles han sido excluidas y silenciadas.
69 Al resp ecto ver Serje, M arg arita (2005). El revés d e la N ación. Territorios salvajes y tierras d e nad ie.
juicio no es el m odelo de desarrollo excluyente e inequitativo, sino los obstáculos que im piden llegar al m odelo de desarrollo hegem ónico.
En m edio de la exuberante selva chocoana, un kilóm etro a la derecha de la actual Bojayá, com enzó la adecuación del terreno para la construcción de un casco urbano en donde se levantará una población que contará con 264 viviendas, un polideportivo, un plantel educativo, un aeropuerto y hasta un centro de salud.
La Red de Solidaridad Social y el M inisterio de Defensa son los encargados del proyecto. El Sena, la Universidad Javeriana, Fonade, la Organización Popular de Vivienda de Bellavista, la ON G Antioquia Presente y la propia com unidad adecuaron el terreno para las obras. Según Everardo M urillo, subdirector de la Red de Solidaridad Social y encargado de este proyecto, el gobierno invirtió 22.000 m illones de pesos para la reconstrucción de Bojayá. "En este proyecto están sem bradas las oportunidades de em pleo y de vida que les han faltado a sus habitantes, quienes se encargarán de toda la m ano de obra no calificada", dijo.70
4.2 ¿CÓM O APARECEN LOS H ECH OS? EN TRE LAS N ARRACION ES
PARA LA ID EN TIFICACIÓN Y LAS N ARRACION ES PARA EL
D IÁLOGO.
Ubico aquí las características d e las narraciones que describen los sucesos de violencia en la región, ¿cóm o es entonces que los m ediadores construyen el sentido para m ostrar los acontecim ientos de violencia?. Veam os el siguiente com unicado a la opinión pública elaborado por la Federación Internacional de derechos hum anos el 13 de m ayo de 2002.
U na guerra sin lím ites: 119 civiles m uertos y entre ellos 45 niños.
El norte del departam ento del Chocó ha sido escenario de confrontaciones arm adas entre las FARC-EP y grupos param ilitares. Desde el pasado 21 de abril, la Diócesis de Quibdó y otros organism os de derechos hum anos y de la iglesia católica habían denunciado la incursión de un destacam ento param ilitar autodenom inado "Bloque Elm er Cárdenas" en Bojayá y en Vigía del Fuerte. Tal incursión se produjo sin que se diera reacción alguna de la fuerza pública para proteger a la población civil. El día 1 de m ayo em pezaron los enfrentam ientos arm ados entre los grupos param ilitares y la guerrilla en Vigía del Puente.
D E LA RESPON SABILID AD D E LAS FARC.
En este contexto, el pasado jueves 2 de m ayo se presentó un com bate entre las FARC-EP y los grupos de autodefensas en la localidad de Bellavista del m unicipio de Bojayá (departam ento del Chocó). En el tem plo San Pablo Apóstol de esta localidad se había refugiado un grupo considerable de civiles que huían de los enfrentam ientos, la m ayoría m ujeres, niñas y niños
artesanal fueron asesinados 119 de los refugiados en el recinto religioso, de los cuales 45 eran m enores de edad.
En este contexto, la FIDH condena firm em ente y sin reservas la m asacre perpetrada por el Bloque José M aría Córdoba de las FARC, quienes han reconocido su responsabilidad parcial por este acto crim inal. La FIDH resalta que estos hechos son calificables de crim en de guerra con arreglo al artículo 8 del Estatuto de Rom a que instaura la CPI. El hecho de no poseer arm as sofisticadas, o el hecho de que los param ilitares hayan tom ado com o escudo a la población civil, no constituye de ningún m odo una justificación ni una disculpa al asesinato indiscrim inado de 119 civiles.
Reiteradam ente se ha denunciado que la utilización de cilindros-bom ba por parte de las FARC-EP en la tom a de pueblos, ha afectado en innum erables ocasiones vidas y bienes civiles; las FARC pese a haber reconocido la precariedad crim inal de este instrum ento continúa utilizándolo sin consideración a las víctim as inocentes que ocasiona.
La FIDH debe señalar que la violencia continúa, lo que contribuye a la agravación de la crisis hum anitaria en la zona. Según el director de la Pastoral Social de la Diócesis de Quibdó, a 45 m il personas se les habría im pedido el acceso a alim entos desde el 21 de abril. Según un com unicado de la m ism a diócesis, de continuar el clim a de violencia se prevé el desplazam iento de veinte m il cam pesinos del Atrato M edio.
La m asacre de Bojayá dem uestra que la población civil y en particular la m ás débil y desfavorecida, com o las com unidades afrocolom bianas y los pueblos indígenas, constituye la principal víctim a del conflicto arm ado en Colom bia. Situación aún m ás grave cuando los actores en conflicto la utilizan com o
guerra y entre tanto al m enos de que las partes se com prom etan a respetar los m ínim os hum anitarios.71
En la explicación del contexto del suceso de la m asacre la descripción destaca así, las circunstancias de tiem po, m odo y lugar en el que aparecen los hechos, es visible entonces, una caracterización fáctica relacionada con responsables, cuantificación de pérdidas y daños.
En la transm isión del sentido sobre el por qué de los sucesos, estas narrativas dan un orden y coherencia a los sucesos a través de la explicación de las causalidades. Trasm itir el suceso, el sentido, la verdad de lo que allí pasó im plica un ordenam iento del discurso en el que desaparece lo que resulta en los relatos de las víctim as com o la no com prensión, lo am biguo y lo incierto, elem entos propios del escenario de violencia. Con este desplazam iento de lo am biguo e incierto, desaparece la narrativa subjetiva de las víctim as, la que transm ite las verdades presentes en los silencios, los m iedos, en los fantasm as que visitan reiteradam ente a las personas en sueños, en olores y ruidos que se repiten. Desde esta lógica del registro y narración del hecho violento, el valor de verdad y legitim idad se ubica en la narración fáctica, m ás que en la narración sim bólica y subjetiva de lo que sucede. Es en las búsquedas d el sentido que se expresan en la subjetividad donde aparece la voz de las víctim as.
71. Federación Internacional de Derecho s Hum anos. Co m unicado a la opinión. Pública M ayo 13 d e
Elizabeth Jelin (2002) p lantea que cuando las descripciones d e los hechos se ubican en este nivel de verdad fáctica, se genera en la audiencia del relato una
identificación. En el caso que nos com pete, el relato es ubicado en el lugar que
conecta, que identifica este hecho violento con las universales que explican el conflicto arm ado en el país.
En la narrativa que busca la identificación, desaparece la contradicción que está presente en el hecho p articular de los suceso s del M edio Atrato Chocoano y los de la m asacre del 2 de m ayo. El form ato de la descripción es el m ism o con el que se