Con catorce o quince años, yo trabajaba en el bar Cinzano56, un bar de lujo en la calle Real donde entraban todos los gordos. El señor se llamaba don José Molina, ella se llamaba Isabel y era de Gibraltar, y tenían dos hijos. Ahí todo era de señorío y educación, y muchos clientes llevaban pistolas. Iban también los que estaban empleados en la aduana, y Juanito Valderrama y otros artistas.
A Diego Piñero lo conocí yo ahí, que llegaba con una pila de mujeres muy llamativas. Recuerdo que algunas iban descalzas. Cuando estaba él, sacaban las cajas de bebidas caras y se vendían en cantidad57. Un día, un señor mayor que venía con Diego Piñero me dijo, "vente con nosotros". Era yo jovencilla, se lo dije a mi señora y ella me metió en su alcoba: "no salgas hasta que yo te avise". Y esperó a que se hubieran marchado.
El semanario SUR de Tarifa del 10 junio del año 1935 informaba de las
celebraciones militares
en honor al rey Jorge V de Inglaterra con motivo de su cumpleaños, tanto en La Línea como en Gibraltar. En la colonia estuvo el General de Segunda División Fernández Villa Abrille y otros cargos militares de Sevilla, hubo desfile de tropas inglesas y españolas, y el Gobernador de la Plaza de Gibraltar les dio a todos una recepción. Las fuerzas militares cruzaron de nuevo la frontera y se quedaron varios días en La Línea. En la bodega de Luis Ramírez se ofreció un vino, tapas servidas por el bar Cinzano y una comida por el bar Belmonte. Después el Ayuntamiento invitó a café y licores.Yo me acuerdo de unos señores que vinieron de Madrid al Cinzano, que hacían intercambio: traían radios y se iban cargados de cajas con cajetillas de unos cigarros ingleses que echaban muy buen olor. Trajeron una vez un mueble que le decían radiogramola, donde ponían cinco discos que iban sonando uno tras otro, sin cambiarlos.
56 Después se llamaría bar Jerez.
57 Diego Piñero Moreno, empresario tarifeño, tenía barcos y una industria conservera de pes-
cado. Mantuvo buena relación con políticos y artistas del franquismo. El cantante Juanito Valderrama compuso una canción en su honor.
Dependencia y Sustento en La Línea y Gibraltar
117 Cuando salía muy tarde del Cinzano, para no cruzar la carretera sola dormía en casa de un familiar de los señores. Solía jugar con una chiquilla que era hija de Mesa, el que me defendió en la aduana cuando acompañé a mi cuñada. Se acercó un día el padre y fue la niña a sus brazos para que le diera un beso. "¡Papá...!". Yo me quedé parada, y luego pensé que debía haberle dado las gracias por defenderme. Lo llevo en el alma58.
Tenía yo un conjunto de falda azul, camiseta con una raya colorada en la manga y otra arriba, y rebeca colorada. Era ropa de las orquestas que actuaban en el cabaré de Damato, que me daban cuando iba a recoger el café y los mandaítos. Estaba un día con ese conjunto jugando, y unos falanges me preguntaron: "¿Quién te ha dado esa ropa? ¿Los rojos?". "¿A mí? Las artistas de Gibraltar". "Anda, ve y quítatela".
Otro día fui yo al Cinzano muy agraciada con un lacito morado. Pero ese color también lo suspendieron, porque estaba en la bandera republicana. La dueña
58 Francisca valora el reencuentro como una oportunidad; para agradecer la ayuda en un
contexto de impunidad (con Mesa), o para confrontar una violación de derechos (con Alfonso Cruz).
Fiesta en San Roque. En la mesa de la izquierda hay varios personajes andaluces, y al fondo a la derecha se distingue a dos carabineros. Varias personas del local están fumando. Grabado en 1889. Tomado de la revista The IllustratedLondon News. Fuente: Institut Cartogràfic de Catalunya.
de una tienda cercana me llamó: "Ven pa' cá, que te estoy esperando toda la mañana". "¿Qué quería usted?". "Mira, quítate eso, que están metiendo en el Círculo Mercantil a todas las mujeres con el moñito morado", me dijo.
En el contexto de una represión que afectó a los aspectos más cotidianos y personales, fueron
censurados ciertos colores
. Edmundo Muñoz tenía unos cinco años cuando su familia buscó refugio en Gibraltar, en julio de 1936: "Yo llevaba un capotito colorado, y en la frontera le dice el carabinero a mi madre: la voy a dejar pasar, pero el capotito colorado ya se lo puede quitar a su hijo". Una hermana de Isabel Álvarez fue amonestada por un guardia de frontera, un día que llevaba un traje rojo: "niña, cuando vayas a tu casa, que tu madre te quite ese traje".Desde la cocina del bar Cinzano se escuchaba a los falanges jóvenes desfilando por la calle Real y cantando muchas cosas por lo claro: "Por orden del alcalde / y de la autoridad / te vamo' a dar un purgante / y te vamos a pelar". Algunas canciones eran muy feas: "En un camastrón cama redonda / había dos criadas en una fonda; / entró don Juan sin dirección ninguna / y le metió la cuca a una. / Haz bien y no mires a quién". O sea, que como se trataba de una criada, no importaba lo que le hiciera el señorito. Cuando era niña, las mujeres mayores contaban que habían ahorcado a un hombre de Gibraltar porque violó a su criada.
La pena de muerte
estuvo vigente en Gibraltar hasta noviembre de 1965 (cuando fue abolida en Gran Bretaña), pero a partir de 1952 no hubo sentencias de muerte. En España fue aplicada por última vez en septiembre de 1975. En 1978 se suprimió, salvo en el ámbito militar, y hasta 1995 no se abolió completamente.Isabel Álvarez divisó desde su barriada cómo izaron la bandera negra en el Castillo de Gibraltar (el Castillo Moro o The Moorish Castle), lo que indicaba un ahorcamiento. Posiblemente se trataba del último, en el año 1944, pues la vieja prisión fue clausurada tras acabar la Segunda Guerra Mundial por falta de condiciones. Se trataba de dos jóvenes linenses acusados de sabotaje pro alemán: Luis López Cordón y José Martín Muñoz. El último ahorcamiento por asesinato había sido en 1931, al carpintero Ernest Opisso.
Dependencia y Sustento en La Línea y Gibraltar
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Yo guardaba en mi patio un cajón de tabaco
Trabajando en el Cinzano me eché novio. Se llamaba Manuel León, tenía diez años más que yo y era de Casares. Yo no conocí a mi suegro: estaba muerto, pero nunca me dijeron si lo habían matado o qué había pasado. Mi suegra estuvo en la cárcel cuando la guerra por cosas de la política, y con ella su hija más chica.
Durante la República, Manuel era jornalero y estaba afiliado a la CNT, como otros compañeros suyos, y lo mandaron con su quinta al frente de Teruel. Él no hablaba de esto, sólo decía que había pasado mucho frío. Hace poco hemos averiguado que al acabar la guerra lo detuvieron en Puebla de Vallbona (Valencia) y lo metieron en un campo de concentración. Y a finales del año 39, que tenía él 24 años, ingresó en un Batallón de Trabajadores en la finca de El Corchadillo (Los Barrios).
Me quedé en estado cuando no tenía los 23 años cumplidos. Ya nos casamos y dejé de trabajar en el Cinzano. Mi marido le trabajaba a los Mena, una pila de hermanos que habían venido de Ronda, y tenían unos pocos de hombres trabajándoles para el tabaco. Se hicieron de perras.
Sus trabajadores sacaban los cuarterones de tabaco en unas cananas puestas en la cintura, y en los calcetines. También traían azúcar. Iban andando desde La Línea por la playa de Levante hasta San Roque. Ya después el Mena le regaló una bicicleta a cada empleado; recuerdo que la de mi marido era muy pesada. El Mena se hizo una casa de lujo preciosa aquí en La Línea, que me llevaron ellos a verla.
Yo guardaba en mi casa un cajón grande lleno de tabaco, que uno de los Mena me había pedido que escondiera, porque decía que en mi casa estaba más seguro. Los policías entraban en los patios a registrar, pero muchos aceptábamos guardar contrabando, porque nos pagaban. Estaba yo un día lavando los pañales de mi niño, que se los ponía con un saquito, cuando entraron los de la brigadilla: "¿Conoce usted a un tal Juanito?". "Mire usted, yo llevo poco tiempo aquí y no conozco a nadie". Suerte que no entraron en mi casa, porque allí estaba el cajón.
Juanito era un muchacho joven que vivía en mi patio con su abuelo. Él pasaba tabaco en cantidad, a caballo por la playa. Escapando de la brigadilla, Juanito se cayó del caballo y se estrozó. Un practicante le estuvo curando las heridas de
incónito; porque entonces se hacía así. Recuerdo que, cuando le curaba, daba grandes lamentos, porque el cuello lo tenía torcido.
Al ver que este practicante ayudó a Juanito, yo supe que era de izquierdas. Cualquiera no ayudaba a los contrabandistas, porque en aquel tiempo lo liaban todo y, cuando querían hacer daño a alguien, por cualquier detallito que tuviera lo metían en la piña.