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Capítulo 2. Fundamentación teórica

2.5 Delimitación conceptual

2.5.1 El concepto de evaluación

El concepto evaluación tiene múltiples acepciones pedagógicas, que indudablemente se relacionan con los diversos modelos y

enfoques utilizados en la descripción y valoración de programas, materiales o fines educativos.

La evaluación requiere de un marco interpretativo de acuerdo a las conceptualizaciones que posee el asesor y que permiten no

solamente conocer los momentos de la evaluación sino que amplíe su marco interpretativo a partir del conocimiento de los diferentes

enfoques, se ubique en el que realmente ayuda al alumno a aprender y conocer su avance, que de sentido a los diferentes instrumentos

utilizados en cada uno de ellos y pueda tomar una postura coherente frente a las problemáticas educativas, técnicas, normativas,

institucionales y sociales que generalmente le acompañan.

Evaluar implica seis aspectos centrales (Díaz y Hernández, 2002):

1. La demarcación del objeto, situación o nivel de referencia que se a de evaluar: identificación de los objetos de evaluación. ¿Qué es lo que se pretende evaluar? 2. El uso de determinados criterios para la realización de

evaluación.

3. Una cierta sistematización mínima necesaria para la obtención de la información.

4. Construir una representación lo más fidedigna posible del objeto de evaluación.

5. La emisión de juicios. 6. La toma de decisiones.

La evaluación involucra a la institución, el currículo y los

aprendizajes de los estudiantes. En este caso el análisis se centra a en la evaluación de los aprendizajes sin descartar la importancia de los demás, sin embargo se intenta resaltar la evaluación de los

aprendizajes de los estudiantes.

En ese sentido Blanca Silvia López Frías y Elsa María Hinojosa (2003 p.2) mencionaron que la evaluación de los aprendizajes es el eterno problema que enfrentan las personas y las instituciones

comprometidas con la educación. Esto se debe a que en ese terreno se juegan concepciones sobre los fines educativos, sobre qué aprender y cómo hacerlo e incluso las posiciones sobre la enseñanza. Esto indica que la evaluación es un tema complejo, puesto que para desarrollar una postura integral hay que combinar desde los aspectos culturales, científicos y psicodidácticos hasta los procedimientos y las técnicas involucradas en la construcción de las diversas modalidades de evaluación (Casarini, 2002).

Las experiencias que como estudiantes tuvieron cada uno de los asesores influye en la postura que asuman frente a la evaluación del aprendizaje y respecto a los cambios que se generen al respecto ya que la evaluación es el instrumento que permite establecer en

diferentes momentos del proceso la calidad con que se van cumpliendo los objetivos y en dependencia de los resultados

alcanzados, determinar las correcciones que sean necesario introducir para acercar cada vez más los resultados a las exigencias de los objetivos.

Lafourcade (1979) designó a la evaluación como una fase del proceso educativo que tiene como fin comprobar de modo sistemático en qué medida se han logrado los resultados previstos en los objetivos que se especificaron con antelación.

De la misma manera Olmedo (1979) afirmó que la evaluación del aprendizaje es un proceso sistemático, mediante el cual se recoge información objetiva y útil acerca del aprendizaje del alumno, que permite en primer término mejorar ese aprendizaje y en segundo término proporciona al maestro elementos para formular un juicio acerca del nivel alcanzado y de la calidad del aprendizaje logrado, así como de lo que el alumno es capaz de hacer con ese aprendizaje.

Tales definiciones corresponden al enfoque cualitativo del aprendizaje que al mismo tiempo incluye una evaluación cualitativa del mismo.

La evaluación del proceso educativo, inicia cuando se especifican los propósitos del curso en términos de enseñanza y aprendizaje: es decir, desde la determinación de los objetivos va

implícito el proceso de evaluación, por lo que es importante mencionar que Olmedo (1979) concibió a la evaluación como una actividad que puede coadyuvar en el mejoramiento de la calidad del quehacer pedagógico.

Para Mayer (1987), la evaluación tiene como objeto tener una comprensión más profunda de los procesos mentales y de las

estructuras de contenido subyacentes a la ejecución de los alumnos en tareas complejas de resolución de problemas. En este sentido se pretenden evaluar los procesos y las operaciones necesarias para el desarrollo de una habilidad o bien una respuesta de tipo intelectual, como sería representarse un problema, identificar sus componentes, emitir una respuesta e identificar el resultado.

La evaluación en términos generales, es un complejo conjunto de actividades orientadas a regular el funcionamiento del sistema educativo. Dichas actividades de evaluación pueden ser

extraordinariamente diversas en cuanto a los ámbitos evaluados, los agentes que las realizan, las formas que revisten, las funciones que tratan de cumplir, los contenidos a que se remiten y los marcos de referencia utilizados.

Celman de Romero (1991), concibió a la evaluación educativa como un proceso de planeación, obtención y elaboración de

diferentes elementos que intervienen en el acto educativo. En esta concepción la evaluación del rendimiento del alumno, no es el único aspecto involucrado en la evaluación educativa, la autora argumentó que la evaluación aparece como integrante e integrada a un proceso y a la vez es un proceso en sí misma de interacción permanente que incide, modifica y reestructura la enseñanza y el aprendizaje.

Identificar a la evaluación educativa con la evaluación del alumno no será: como un proceso reduccionista, implica poner en práctica una concepción de evaluación como factor externo al propio proceso de enseñanza – aprendizaje. En esta postura se identifica que la evaluación aparece como un acto de medición de la distancia entre los objetivos pretendidos y fijados de antemano (explicitados o no) y el estado final del alumno, excluyendo de la necesidad de juicio

evaluativo a los demás elementos involucrados en la situación educativa.

En ese sentido la evaluación educativa se refiere al proceso de indagación y valoración del sistema en todos sus ámbitos:

administración (estructura organizativa, normatividad, funcionamiento de programas y servicios específicos), centros escolares

(departamentos, coordinación, profesorado) y proceso de enseñanza – aprendizaje (metodología, libros de texto, medios didácticos,

La evaluación de aprendizajes es un elemento de la evaluación educativa y su función está delimitada a las acciones que el docente realiza para conocer el nivel de desarrollo de destrezas y habilidades, tanto manuales como intelectuales, que los alumnos adquieren en un curso escolar.

2.5.2 El concepto de aprendizaje

Para poder llegar a una definición amplia sobre lo que es la evaluación es importante partir del concepto de aprendizaje. El

aprendizaje es el proceso en el cual se da la internalización de pautas de conducta que resulta de haber participado en un proceso

intencionado de enseñanza – aprendizaje. Concepto determinado bajo el enfoque cualitativo.

Hilgard (1989) definió el concepto como el proceso por el cual se origina o cambia una actitud, mediante la reacción o una situación dada, siempre que las características del cambio en curso puedan ser explicadas con apoyo de tendencias reactivas innatas, en la

maduración o por cambios temporales del organismo.

Fernández Huerta (1985) concibió el aprendizaje como la modificación o cambio duradero de las potencias individuales

originado por la práctica intencional y reforzada de un contenido integrable.

César Coll (2000) habló del aprendizaje como un proceso, debido a la interacción entre el que aprende y sus semejantes,

mediante la cual el sujeto conoce la tradición cultural y espiritual de su medio ambiente social.

Las anteriores definiciones, expresan tres diferentes perspectivas teóricas que existen en torno al aprendizaje: la

conductista, la cognoscitivista y la psicosocial. De manera personal se coincide con la cognoscitivista y la psicosocial ya que la primera aporta elementos suficientes al asesor respecto a la forma en que se aprende para que pueda diseñar una metodología que garantice el aprendizaje de sus estudiantes, además considera el desarrollo individual de los alumnos.

Por otra parte la teoría psicosocial permite desarrollar una metodología en la cual se participe de manera grupal o en pequeños equipos, ya que se aprende a través del intercambio de opiniones.

La teoría conductista explica el aprendizaje como un cambio relativamente permanente de la conducta que cabe explicar en términos de experiencia o práctica.

Los supuestos en los que se basa esta concepción sigue el método que se ha denominado “sensual intuitivo” y afirman que se

aprende de la experiencia y que el sujeto es pasivo, es decir su función se limita a registrar lo que viene de los sentidos. Esto quiere decir además, que desde su nacimiento posee los instrumentos para realizar ese registro y lo que va haciendo es acumular conocimientos por ese medio y obtener un progreso de tipo cuantitativo. Para tal fin, es

necesario desarrollar la percepción en los niños y ponerles en contacto con la mayor cantidad posible de objetos y situaciones a las que

asistan como espectadores, con el objetivo de que formen sus ideas a partir de sus sensaciones y percepciones. Luego mediante la

asociación de unas ideas con otras, se van formando ideas más complejas hasta llegar a las ideas de máxima complejidad (Delval, 1984).

Por su parte las teorías cognoscitivistas centran su atención en el estudio de la conducta humana compleja y renuncian a una visión elemental o molecular del aprendizaje, para intentar una concepción molar u holística.

Lo anterior lleva a establecer una consideración básica; en este trabajo se define al aprendizaje cognitivo como un proceso de

construcción de representaciones simbólicas de la realidad que posee varias dimensiones interrelacionadas y al cual solamente se le aborda con propósitos analíticos o con propósitos de clara intencionalidad

pedagógica, se le puede descomponer en fases o procesos secuenciales (Coll, 2000).

Para esta teoría aprender es formar nuevas estructuras, es organizar perceptivamente, es básicamente perspicacia producida súbitamente como por su intención (insight). En ese sentido el aprendizaje es un proceso de desarrollo de nuevas ideas que se producen a partir de ideas conocidas previamente.

La concepción cognitiva del aprendizaje considera a las personas como seres activos, iniciadores de experiencias que conducen al aprendizaje, buscando información para resolver

problemas, disponiendo y reorganizando lo que ya saben para lograr un nuevo aprendizaje.

Por ejemplo Bingo (1989) planteó que el individuo posee una estructura cognitiva hipotética articulada a una estructura de resultados observables de aprendizaje, que manifiestan el procedimiento complejo del conocimiento.

Piaget (1979) explicó el aprendizaje de tal manera que éste es posible gracias al proceso de asimilación que requiere de la

acomodación y sobre todo de un proceso equilibrado que inhiba las reacciones perturbadoras originadas por los esquemas anteriores, que propicia la organización y los ajustes necesarios de otros esquemas

con respecto al objeto a aprender y con ello generar la creación de un nuevo esquema.

El aprendizaje es esencialmente un proceso de satisfacción de necesidades, búsqueda de objetivos y reducción de tensiones, las conductas aprendidas son respuestas a impulsos, ya sean naturales o adquiridos.

Una persona aprende cuando se plantea dudas, formula hipótesis, retrocede ante ciertos obstáculos, arriba a conclusiones parciales, siente temor a lo desconocido, manipula objetos y verifica en una práctica sus conclusiones (Pansza, Pérez y Morán 1987 citado por López e Hinojosa, 2003).

Sin embargo la evaluación de los aprendizajes para Quezada (1991), es un proceso que permite observar una muestra de la cantidad y calidad de las pautas de conducta internalizadas y tomar una decisión al respecto.

Morán Oviedo (1987) dio una amplia definición y consideró diferentes aspectos relacionados con el término: la evaluación es un estudio del proceso de aprendizaje en un curso, un taller, un seminario, etcétera con el fin de caracterizar los aspectos más sobresalientes del mismo, y a la vez, los obstáculos que hay que enfrentar.

La evaluación se refiere básicamente al estudio de las

proceso de aprendizaje consiste en una serie de apreciaciones o juicios sobre el acontecer humano en una experiencia grupal. ¿Porqué se dio o no el aprendizaje?, ¿qué influyó de forma positiva o negativa? Y ¿cómo vencer los obstáculos?

Para Morán Oviedo la evaluación es el medio para que los maestros y los alumnos cobren conciencia de la forma en que aprendió (meta cognición) lo cual lleva ahora al cuestionamiento de la

herramienta para evaluar dicho proceso.

La evaluación debe servirnos para determinar la calidad del aprendizaje, es necesario que cada docente tenga muy clara su propia definición de evaluación. La tendencia actual estriba en cambiar

nuestro modelo mental por un modelo donde se considere la evaluación como transformación de la cultura.

Es importante ver el mundo como algo lleno de posibilidades: cambiar nuestra acción del mundo de la resignación a la posibilidad. Pero si hemos de

participar en el proceso en marcha del universo, debemos permitir que la vida fluya a través de nosotros, en lugar de intentar controlarla. Nuestro modelo mental del mundo debe pasar de la imagen de un universo maquinizado, fijo y determinado, al modelo de un universo abierto,

dinámico, interconectado y lleno de cualidades vivas...Una vez veamos esta calidad fundamentalmente abierta del universo, inmediatamente se abre para nosotros el potencial del cambio; veremos que el futuro no es fijo y pasaremos de la resignación a la posibilidad. (Joseph Jaworski en Tom Coens y Mary Jenkins, 2001 P. 480)

Sólo pueden surgir alternativas válidas para las evaluaciones dentro del contexto de cada organización individual, con su peculiar

historia, sus tradiciones, sistemas, valores y visiones. La

transformación no es ir de las mejores prácticas a otra organización. Existen prácticas mejores, pero ninguna es la mejor para una

organización específica con necesidades particulares.

Las estrategias alternativas particulares que se emplean en lugar de las evaluaciones no tienen importancia especial; pero el modo de pensar lo es todo. Se debe seguir la senda con una sensación de entusiasmo y asombro con el deseo de correr el riesgo de cambiar actitudes que no están dando los resultados pretendidos (López, 2003).

Las técnicas de evaluación sirven al menos para que la cultura académica otorgue un valor auténtico a diferentes recursos y

modalidades de evaluación, que faciliten la reflexión y el mejoramiento continuo.

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