Capítulo 2. Marco de referencia
2.2. El concepto de fracaso
Uno de los temas más discutidos dentro de la literatura ha sido el concepto de “fracaso empresarial”, que también fue denominado por Argenti (1976) “colapso empresarial”. Algunos autores han relacionado el fracaso empresarial con el concepto de crisis, que puede asimilarse a aquel momento acotado en el tiempo donde se produce un cambio muy marcado que amenaza la continuidad de la organización. Por fracaso, en cambio, puede entenderse no
conseguir el resultado pretendido, o bien “no tener éxito en cierta actividad y tener que abandonarla” (Moliner, 1996). En estos términos, una crisis no tiene por qué implicar el fracaso empresarial, puede ser el episodio previo si la empresa toma decisiones equivocadas que no permitan superar la crisis. Mientras la crisis puede ser una situación transitoria en la vida de las empresas, el fracaso es una situación definitiva relacionada con la mortalidad.
Somoza (2001) distingue tres tipos de fracasos:
a) El fracaso según criterios económicos con rentabilidad por debajo de la esperada,
b) El fracaso en sentido del capital, manifiesto a través de la incapacidad para cumplir las obligaciones a pesar que los activos sean superiores a los pasivos, c) El fracaso en sentido de quiebra, cuando el patrimonio es negativo, es decir los
pasivos son superiores a los activos.
Las distintas concepciones de fracaso se basan en la diversidad de criterios que se utilizan para clasificar una empresa como fracasada y esto, muchas veces, está íntimamente relacionado con el grado de avance de los síntomas que experimenta la empresa. La mayoría de los autores ante la ausencia de una definición específica de fracaso, tratan de esbozar una definición propia con conceptos lo más objetivos posibles que permitan distinguir entre empresas sanas y fracasadas.
Autores como Lau (1987) y Laitinen (1991) han manifestado la necesidad de contemplar estas diversidades, tanto en términos de niveles de fracaso, manifestados a través de las características económico financieras de las empresas, como en relación a la existencia de procesos de fracaso que pueden conducir a la liquidación definitiva de las empresas. En este sentido, puede entenderse que las empresas fracasadas no representan un grupo homogéneo de empresas, que pueden clasificarse taxativamente entre empresas “sanas” y “enfermas” o “exitosas” y “fracasadas”.
Algunos estudios sobre fracaso empresarial se han centrado en la evolución financiera de las empresas fracasadas, argumentando que las mismas pueden experimentar un lento proceso de deterioro, que comienza con la presencia de síntomas financieros derivados de problemas en los flujos operativos. La prolongación de problemas operativos en el tiempo puede conducir a resultados negativos y a dificultades económicas que se traducirán, a medio y
largo plazo, en problemas de liquidez y solvencia, y en última instancia, en un proceso de concurso preventivo y de quiebra (Altman, 1981). Lo que sitúa al fracaso como un proceso dinámico y no como un análisis estático.
Por lo tanto, la evidencia de fracaso, podría pensarse que comienza con la manifestación de ciertos problemas de solvencia o liquidez y llega a su desenlace en el momento en el que se produce la declaración legal de insolvencia (quiebra). Algunos autores han utilizado otros indicadores para medir el nivel de dificultad financiera, como, por ejemplo, la reducción en el pago de dividendos o las renegociaciones de la deuda (Flagg et al., 1991); la incapacidad de pagar a acreedores y la presencia de descubierto bancario (Laitinen y Laitinen, 1998); entre otros. En esta misma línea, Lau (1987) y Ward (1994) utilizan como indicadores del proceso de fracaso la disminución o reducción en el pago de dividendos, las dificultades en la devolución de préstamos o en el pago de intereses y la solicitud de un proceso legal de quiebra.
El uso de estos indicadores, como representativos de diferentes fases en el proceso de fracaso empresarial, no está exento de ciertas limitaciones, ya que no todas las empresas reducen sus dividendos ante situaciones de dificultad financiera. Por ejemplo, García y Calvo Flores (2002) dividen la muestra de empresas fracasadas en cuatro grupos diferentes en función de la evolución del fracaso: empresas con pérdidas continuas, empresas de liquidación voluntaria, empresas con suspensión de pagos y empresas en quiebra. Jones y Hensher (2004) modelizan tres categorías diferentes de fracaso de la empresa: no fallidas, insolventes y en quiebra, y en su trabajo de 2008 incorporan también empresas con dificultades en proceso de fusión o toma de control.
Ferrer et al. (2009) en un intento de medir el fracaso, propone un indicador de clasificación global construido a partir del monitoreo de un conjunto de ratios que muestran pistas sobre la probabilidad de fracaso.
Laitinen (1991) menciona que existen procesos crónicos de fracaso que evidencian señales a través de la evolución de los ratios financieros durante los años anteriores a la situación de insolvencia, y que por lo tanto pueden ser detectados con antelación a la quiebra. Considera al fracaso desde una perspectiva de continuidad, identificando tres procesos distintos de fracaso y diferentes fases dentro de cada proceso. Luego, Laitinen (1993), identifica cuatro procesos diferentes de fracaso y cuatro fases en cada uno de ellos: entrada, intervención,
final y salida; para los cuales el comportamiento de los ratios y variables obtenidas de los estados financieros son significativamente diferentes. Otros autores coinciden en que muchas empresas muestran signos de estabilidad financiera hasta el momento exacto en el que se produce el fracaso (Argenti, 1976), porque los procesos de fracaso son repentinos, y las empresas muestran indicadores semejantes a los de las empresas sanas con anterioridad a la quiebra.
El análisis de la información financiera de las empresas permite predecir posibles acontecimientos futuros, en especial la posibilidad de que la empresa muestre síntomas que conduzcan al fracaso y, en algunos casos, a su posterior desaparición. Manzaneque, et. al. (2010) clasifica las empresas en cuatro segmentos de fracaso: i) empresas con resultados negativos (fracaso económico); ii) empresas con patrimonio neto negativo (fracaso financiero); iii) empresas con suspensión de pagos (fracaso financiero más agudo); y iv) empresas con quiebra (fracaso económico financiero). Serer et. al. (2009) incorpora el tiempo como una variable fundamental en la detección del fracaso empresarial, modelizando con probabilidades el comportamiento de un sistema de control aplicado a ratios contables.
Además de las acepciones económicas o financieras del fracaso empresarial, se puede añadir a esta discusión la concepción legal del concepto de quiebra, ya que aquellas empresas que no pueden atender sus obligaciones financieras, a través de la ley de quiebras, y según algunas legislaciones, tienen la posibilidad de renegociar su continuidad con los acreedores. Y en este sentido, la legislación puede flexibilizar o poner obstáculos a las posibilidades de continuidad de una empresa con cesación de pagos.
Estas discusiones sobre la concepción del fracaso empresarial se han traslado al campo de la investigación en relación a la definición de la variable dependiente o concepto de fracaso empresarial utilizado en los modelos de predicción.
2.2.1 El fracaso empresarial como variable dependiente
Los modelos seleccionan una muestra de empresas quebradas y no quebradas, y a partir de un horizonte temporal anterior al momento de quiebra y de un grupo de ratios seleccionados, procesan la información para obtener una función o un procedimiento para “separar” la alta o baja probabilidad de quiebra.
Altman (1968) considera como fracaso a aquellas empresas que se encuentran legalmente en quiebra o que se hayan beneficiado con los derechos de reorganización que permite la ley de quiebras. En estos términos, Deakin (1972) considera como fracaso empresarial a las empresas en quiebra, suspensión de pagos o concurso de acreedores, al igual que Lizarraga (1997), y otros autores españoles, que relacionan el fracaso empresarial con la quiebra. También, Taffler (1982), Laffarga et al., (1985), Ohlson (1980), Zmijewski (1984), Peel et al. (1986), Pina (1989), Odom y Sharda (1992), Dimitras et al., (1996) identifican el fracaso con la declaración formal de la quiebra u otro mecanismo legal.
En cambio, Beaver (1966), define el fracaso empresarial como la incapacidad de la empresa para atender sus obligaciones financieras al vencimiento. Dentro de este grupo se hallan Marais et al. (1984), Gabás (1990), Laitinen (1991), García, Arqués y Calvo-Flores (1995), entre otros.
Altman (1981) considera que el fracaso económico de una empresa tiene su origen en el momento en que los propietarios reciben una tasa de rentabilidad por sus activos o inversiones inferior a la rentabilidad de mercado ante una situación equivalente de riesgo. Es decir, esta situación puede surgir antes que el resultado contable sea de pérdida. Dentro de esta concepción de fracaso como insolvencia técnica o falta de liquidez se hallan los trabajos de Gilbert et al. (1990), Rodríguez et al (2003), Flagg et al. (1991), etc.
Lev (1978) menciona que la definición de fracaso es muy amplia y algo ambigua, comprendiendo desde la incapacidad de la empresa para atender sus obligaciones financieras hasta el momento donde el valor total de los activos es menor al de los pasivos. En la tabla 2.1 se presentan distintas acepciones de fracaso empresarial utilizadas en los modelos.
Los modelos que utilizan como referencia el concepto de quiebra, de hecho realizan un análisis estático de la situación de la empresa; mientras que los que consideran el fracaso, entienden que este fracaso es el resultado de un proceso, donde intervienen una multiplicidad de factores, que pueden dar lugar finalmente a la quiebra de la empresa.
Tabla 2.1. Definiciones de fracaso empresarial
Autor Término
utilizado Definición
Altman (1968) Quiebra A aquellas empresas que se encuentran legalmente en quiebra o que se hayan beneficiado con los derechos de reorganización que permite la ley de quiebras.
Beaver (1966) Fracaso
La incapacidad de la empresa para atender a sus obligaciones financieras a su vencimiento. Incluye la quiebra, la
insolvencia frente a acreedores, el descubierto bancario y la falta de pago a los accionistas preferentes.
Blum (1974) Fracaso La incapacidad de pagar las deudas por parte de la empresa, entrando en un proceso de quiebra o en un acuerdo para reducirlas.
Deakin (1972) Fracaso A las empresas que se encuentran en situación de quiebra, suspensión de pagos o concurso de acreedores.
Edmister (1972) Fracaso Que la empresa no presente beneficios
Elam (1975) Fracaso Quiebra y acuerdo explícito con los proveedores para reducir deudas
Altman (1981) Fracaso Insolvencia técnica en el sentido de falta de liquidez que provoca pérdidas permanentes.
Taffler (1982) Fracaso La liquidación voluntaria, orden legal de liquidación o intervención estatal.
Zmijewski (1984) Fracaso El hecho de solicitar la quiebra. Gentry et al (1985) Fracaso Declaración de quiebra o la liquidación
Zavgren (1983) Fracaso Quiebra legal
Gilbert et al. (1990) Fracaso Generación permanente de pérdidas
Laitinen (1991) Fracaso La incapacidad de la empresa para pagar sus deudas a medida que vencen
Keasey y Katson (1991) Quiebra Quiebra o liquidación según la legislación vigente en cada país, debido a la ventaja de ser un acontecimiento objetivo. Mora (1994a) Éxito Utilizar un indicador de éxito empresarial en lugar de la
quiebra
Gabás (1990) Quiebra La quiebra como indicador objetivo de fracaso Lizarraga (1997) Quiebra Liquidación de quiebra de la firma
Laitinen y Laitinen (1998) Fracaso Incluyen además de la incapacidad de pagar a acreedores el descubierto bancario.
Rodríguez et al. (2003) Quiebra Presencia de patrimonio neto contable negativo Fuente: Elaboración propia