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El confort como un aspecto inminente en el habitar experiencial ········

CAPÍTULO I: HABITAR COMO ACONTECIMIENTO

1.4. Escenarios del habitar ··················································································

1.4.1. Escenario concreto / material-técnico ·····················································

1.4.2.2. El confort como un aspecto inminente en el habitar experiencial ········

El confort es una idea construida partir de la cultura, es dependiente de factores como la relación del espacio con el cuerpo, o de cómo es percibido todo lo referente a ese espacio por el usuario. Todo aquello que es confortable proporciona un bienestaro comodidad material.

Si el confort fuese subjetivo, cabría esperar que hubiera una mayor diversidad de actitudes al respecto, por el contrario, en cualquier época histórica determinada siempre ha existido un consenso demostrable acerca de lo que es confortable y lo que no lo es. Aunque el confort es algo que se experimenta personalmente, cada uno juzga el confort conforme a normas más amplias, lo cual indica que el confort puede ser una experiencia objetiva. (Rybczynski, 1986: 228)

La calidad de vida es un concepto amplísimo que habla de bienestar en varios niveles: abarca

desde el físico, el material, el social, el desarrollo y el emocional. La calidad de vida es medible, gracias un cálculo establecido por las Naciones Unidas, el Índice de Desarrollo Humano, en él se consideran tres parámetros: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno. Debemos ir más allá de entender lo confortable como el lujo de la comodidad, y aún más como el gasto de la ostentación. Como resultado de lo anterior deducimos que no es posible desligar el habitar de lo confortable o del bienestar que existe en los espacios donde vivimos.

Históricamente, se pueden encontrar referencias que aluden a la relación entre confort y habitar. Retomando la firmeza (firmitas), según Vitrubio (80-70 a.C.-15 a.C) en los Diez libros de Arquitectura, no sólo aborda las soluciones materiales y constructivas, también trata problemas medioambientales y de confort. Alberti (1404-1472) retoma el tratado de Vitrubio y considera que la arquitectura debe de ser estable (soliditas), deleitar (voluntas) y ser cómoda (comoditas). Peter Collins (1920-1981) suma a los principios de racionalidad y funcionalidad el agrado (amoneitas). Como es posible percatarse, de alguna forma todos ellos consideraron factores relacionados al bienestar, la conveniencia y la comodidad.

Hablar de lo confortable, más allá de lo científico, lo sistemático y lo técnico, en la arquitectura es algo bastante nuevo. Eduardo Prieto González (2013) a través de una guía temporal —a la que

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denomina “un mapa variable de poéticas”— parte de la visión inicial del concepto confort y su alusión a un socorrer o consolar, que después va adquiriendo significados como la conveniencia (convenance) y la comodidad (comodité) donde podemos comenzar a percibir principios de racionalidad y funcionalidad en los edificios, mismos que en estas circunstancias ya empiezan a ser adecuados al cuerpo humano.

No es sino hasta la Revolución Industrial y la aparición de la ergonomía10, y a la aportación de las

vanguardias arquitectónicas del movimiento moderno —con sus grandes paneles de vidrio y muros cortina— que deja de concebirse lo confortable como el resultado de un microclima artificial y aislado del exterior. Aquí es donde surgen los principios de la bioclimática, y donde se ven reflejadas las poéticas de la higiene y del hábitat gracias a que “se hace una reconsideración ideológica y estética del efecto benéfico del clima en el cuerpo humano, no sólo del aire sino, sobre todo, de la luz del sol” (Prieto, 2009: 29), por supuesto, es aquí donde se identifica al binomio indisoluble confort-clima. En realidad, en la mayoría de los objetos arquitectónicos no se tienen cumplidos si quiera los requerimientos del confort climático, resulta aún menor si hablamos del confort relativo a la experiencia.

En cuanto a la poética de las atmósferas, en esta se ve reflejada en la definición de Pallasmaa sobre el habitar, cuando habla sobre la cualidad mental y experiencial de la vivienda: el escenario. Por lo tanto, es una situación cualitativa en la que se tienen factores que conciernen a los sentidos humanos. Puede añadirse esta poética a las anteriores, sin embargo, incluir todos los sentidos, resultaría redundante.

Como se menciona previamente, al tratar lo interno y lo externo en la vivienda como un binomio indisoluble, el restablecimiento de una conexión entre los habitantes y su entorno es también una consideración relativa al confort. Esto se atiende al tratar de manera escalar las condiciones propias de lo doméstico y la infraestructura. Se recalca que la idea de confort ya no puede ser, ni debe, atribuida o asociada únicamente a la noción de confort ambiental. El confort permea y repercute en la vida diaria del habitante en distintas escalas.

En pocas palabras, la vivienda necesita una arquitectura humanizada, que presente una solución no solo a las necesidades físicas del habitante, sino también a sus necesidades perceptivas. Es decir, se debe lograr una cohesión entre el habitante y el espacio.

Lo anterior en favor de propiciar una mejora en nuestras viviendas, y de proporcionarle a los habitantes un ambiente digno y decoroso en el que sea posible el acontecimiento de habitar como se ha descrito en el texto, en donde se deje de lado el prejuicio de que una casa es la suma de

10 Surge a la par de la Revolución Industrial como una nueva ciencia a la que le interesaba estudiar los datos biológicos

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elementos materiales que nos protegen de los agentes externos como el clima, es decir, un techo, paredes, puertas y algunas ventanas.

Para sintetizar, es necesaria la inclusión de la unidad formada por el habitar y el confort a las propuestas de vivienda. Es vital dejar a un lado la idea de que el confort solo está relacionado a las necesidades físicas del habitante, y empezar a hacer uso de lo tratado por las atmósferas en la arquitectura, incluir los sentidos y el entendimiento del espacio como un todo, y no solo desde su aspecto funcional.

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