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3. El conocimiento léxico-semántico

3.2. El conocimiento gramatical

Los hablantes de una lengua, normalmente poseen conocimiento no sólo sobre las palabras de esa lengua, sino también acerca de la composición y estructura de esa lengua (Halle, 1973, p. 3). La lingüística tradicional ha otorgado un papel central al estudio de la gramática aunque su definición y campo de estudio no ha sido siempre el mismo. De hecho, a lo largo de la historia ha llegado a abarcar parcelas tan heterogéneas como la fonología, la morfología, la sintaxis y la lexicología; bien de forma aislada o agrupada (fonología y morfología, mor- fología y sintaxis, morfología y lexicología, etc.). Para Acosta & Moreno (1999): “de estos posibles agrupamientos, la lingüística moderna considera que las parcelas morfológicas y sintácticas son las que conforman la gramática de una lengua”. (p. 132). Tal y como pro- pone Galeote (2002), podemos asumir que la gramática consiste “en un sistema de reglas representado mentalmente” (p.101).

Desde esta misma concepción Owens (2003), señala el dominio gramatical como “sistema de reglas o principios subyacentes que describen los componentes de la estructura del lenguaje” (p. 417), y en el que descansan los conocimientos fonológicos, sintácticos, mor- fológicos y también pragmáticos que operan a nivel léxico como marcadores.

Incluimos deliberadamente el componente pragmático porque, como advierte Cantero (2001):

Resulta evidente que las palabras, sus combinaciones con otros elementos para formar nuevos conceptos en la lengua, los procesos flexionales y todos los procesos de crea- tividad morfológica, son paralelos al uso e intenciones que los hablantes de una lengua ejecutan con dichas formas (p. 92).

Estos marcadores proporcionan información adicional con respecto a lo que la palabra se refiere, para ayudar al oyente a establecer vínculos mentales entre palabras. Así conocer una palabra, implica también conocer sus atributos.

Un mecanismo específico en la adquisición del lenguaje que ayuda a los niños a averiguar el significado de las palabras, es su conocimiento de la morfosintaxis.

Aunque desde la lingüística no siempre se ha acometido de forma conjunta el estudio de los fenómenos morfológicos y sintácticos, la adopción del término morfosintaxis nos pa- rece muy acertado por cuanto entendemos que la separación entre ambos dominios es arbitraria y fundada únicamente en la conveniencia metodológica de examinar el lenguaje desde distintas perspectivas. Aun así, hemos de reconocer que los diferentes paradigmas lingüísticos han concedido diferente protagonismo a cada una de estas parcelas de la gramática. Hecha esta aclaración, en palabras de Moreno & Acosta (1999), entendemos la morfosintaxis:

Como el componente lingüístico que se ocupa del estudio de las reglas que intervienen en la formación de las palabras y de las posibles combinaciones de estas en el interior de las diferentes secuencias oracionales en las que se estructura una lengua. Su campo de estudio es amplio ya que se ocupa de describir las reglas de ordenamiento y funcio- namiento tanto de las unidades morfológicas como de las sintácticas (p. 132).

En los últimos 20 años, multitud de investigaciones y estudios se han ocupado de explorar cómo y cuándo los pequeños utilizan la morfosintaxis para aprender el significado de las palabras. La evidencia que concierne al desarrollo del apoyo morfosintáctico (syntactic bootstrapping10), sugiere que su utilización para aprender palabras, incluyendo nombres, verbos y adjetivos, es frágil entre los 18 y 24 meses y totalmente operativo a partir de los 24 meses (Naigles & Swensen, 2009).

Este mecanismo actúa revelando aspectos del significado de la palabra a través de su propia estructura y los enunciados en los que aparece. En conjunto con la escena viso-es- pacial, las restricciones semánticas y/o conceptuales y la información pragmática relevante, contribuyen a revelar la totalidad del significado de una palabra. Cuando a un niño se le pide que defina una palabra o que seleccione el significado apropiado a partir de varias alterna- tivas, una estrategia comúnmente empleada es utilizar el conocimiento sobre cómo operan las reglas de composición de esa palabra y los morfemas11 que la componen.

10. El término syntactic bootstrapping, acuñado por Gleitman (1990), se refiere con carácter general al pro- cedimiento por el cual los sujetos utilizan la sintaxis en el que una palabra recién encontrada se coloca y su morfología, para reducir o limitar el significado de esa palabra. Ello es posible dada la fuerte correspondencia observada entre sintaxis y semántica lexical (Naigles & Swensen, 2009).

Anglin (1993), llamó la atención sobre estos mecanismos íntimamente relacionados con el aprendizaje de vocabulario. Es decir, deducir el significado de una palabra a partir de su estructura. En su pormenorizado trabajo, este autor concluye que el factor más importante en el incremento de vocabulario de los niños en los primeros años de edad escolar se debe al conocimiento de palabras morfológicamente complejas y así sugirió el término “mor- phological problem solving skills” (capacidad para resolver problemas morfológicos), para explicar este espectacular crecimiento.

Profundizando en el estudio que llevó a cabo sobre el desarrollo del vocabulario y su re- lación con el análisis morfológico, destaca la importancia de distinguir entre dos clases de palabras:

De

1. “base psicológica” o palabras que son conocidas como consecuencia de haber sido aprendidas y almacenadas previamente, en unidades de memoria a largo plazo diferentes. Son aquellas que poseen distintas entradas en el lexicón mental (Anglin, 1993, p. 25). Se trataría de palabras raíz como por ejemplo: árbol, feliz, comer, etc. “Potencialmente conocidas”

2. o de significado extraído a través del análisis morfoló- gico, es decir, mediante la resolución de cuestiones morfológicas. Por ejemplo, des- componiendo palabras complejas en sus partes e identificando el significado de cada una de éstas o analizando los morfemas componentes para extraer su significado. Estas palabras potencialmente conocidas o de significado extraído a través del aná- lisis morfológico, carecerían de entradas propias en el lexicón (p.26).

Estaríamos hablando de palabras derivadas o compuestas como por ejemplo: arbo- lito, felicidad, carricoche, comiendo, etc.

La idea que emerge de la extensa literatura sobre la adquisición del conocimiento morfoló- gico sugiere que los niños y niñas, frecuentemente dominan muchas de las reglas morfoló- gicas de la lengua en los años preescolares.

Conforme se incrementa la edad, la resolución de problemas morfológicos juega un papel cada vez más importante en la adquisición de vocabulario. Así, las palabras morfológicas más complejas, son adquiridas más tarde que aquellas cuyo análisis mor- fológico parece más sencillo (Anglin, 1993). La morfología contribuye directamente a los procesos de comprensión oral y escrita en lectores sin problemas o con algún tipo de problema (Stahl & Nagy, 2006; Nagy, Berninger & Abbott, 2006).