Encontró varias clases de arcillas y las clasificó en dos grupos: zaigofo, yiguefo. Hay que amasarla; ya está chiclosa y fácil de trabajar. Él no podía fallar en hacer una olleta (cuando se va a coger el barro no se debe cagar ni orinar cerca del tiempo de recoger, hay que hacerlo con muchas horas de anticipación). Buscó el corazón de padre y encontró la piedra sentadora y la piedra pulidora: Goroje. Para el corazón no ser sensible (flojo) debe ser como estas piedras. Se fue y encontró lengua de padre y madre en árbol Aniroai. La semilla se abre en dos lenguas delgadas y fuertes, estas son las espátulas. Encontró huesos de padre y madre, árbol que se cae y se quema en el interior, pero la corteza es muy dura, se tritura y se agrega al barro. Encontró la leche de madre: Bigoge Jidowena. Ikikaie (látex) más aceite. Este se agrega al barro para que no se reseque. Encontró liana (marakeo) para mezclar el barro. Se tritura la liana y queda como viscosa: líquido amniótico.
Isaías Román, 2015.
Cerámica, memoria y patrimonio
La cerámica es el arte de la tierra. Esta combinación de tierra y agua produce a la arcilla, que en un principio se utilizó para recubrir canastos y, más tarde, se convertiría en cerámica gracias al aire y al fuego. Así, la combinación de los cuatro elementos, más un quinto, llamado pensamiento, dio origen a la infinidad de objetos producidos por ancestros, quienes, en una labor de años y años de diseño, plasmaron en estas prácticas sus historias y su cosmogonía. Esta labor, generalmente femenina, por la maravillosa relación Madre Tierra y Mujer Madre, en la lengua Uitoto está relacionada con la acción de tejer.
El contacto con la tierra, la concentración y lentitud necesarias durante el trabajo de la cerámica propio del hacer tradicional, pueden, si se quiere, dar pie al pensamiento que deviene en criterio para la resolución de problemas, no solo de la técnica sino también del área académica, científica o personal, con la que hubiera un compromiso del ejecutante.
La datación arqueológica más antigua de hallazgos de cerámica precolombina en América se ha hecho en restos encontrados en la actual Colombia16. En estos y en otros hallazgos, los grados de diseño y técnica resultan notables en todas las culturas del territorio, lo que indica la evolución, el desarrollo y la importancia que ha tenido para estas comunidades. Este conjunto de objetos y prácticas relacionadas con hacer y pensar, resultan ser un patrimonio indiscutible y son la huella de los vestigios de otras formas cosmogónicas, aun identificables a pesar de su fragmentación a partir de la Conquista.
En la actualidad, la funcionalidad del objeto cerámico hacia lo meramente culinario o decorativo es la percepción más común acerca del porqué y para qué de su elaboración. Sin embargo, más allá de su función doméstica, en las comunidades indígenas que perviven, las necesidades de manufactura se continúan articulando en lo ritual, por cuanto las piezas que se elaboran también responden, de otras formas, a estas necesidades: los ritos cotidianos, lo ceremonial y lo funerario.
Stothert (2006) investiga acerca de la funcionalidad de los objetos precolombinos, concluyendo que había una intención ritual en la cerámica de etiqueta de las Tolas de Japoto, Ecuador. La vajilla decorada con motivos que evocan ancestros y conceptos cósmicos funcionó en contextos ceremoniales rituales, y se interpreta como “cerámica de etiqueta”, estableciendo una discusión acerca del papel social, político y religioso de la cerámica, cuyas posibilidades rebasan la función de contenedor matérico para convertirse en contenedor de signos y significados, lenguajes e historias.
La cerámica, a pesar de su aparente fragilidad, evidencia importantes momentos de la evolución de los seres humanos, pues gracias al hallazgo de piezas cerámicas se ha determinado parte de su historia, costumbres y desplazamientos, y protagoniza también capítulos importantes en la historia del arte.
Siendo la arcilla un material altamente versátil, ha permitido la elaboración de objetos que abarcan un amplio espectro, desde piezas industriales de alta tecnología hasta propuestas artísticas, de tal manera que continúa respondiendo a necesidades importantes de los seres
humanos y hoy, pura, diluida o mezclada, sigue siendo el reflejo de sus pensamientos y
costumbres. En la producción industrial de objetos para el consumo masivo, las características de ritualidad tradicional se desvanecen. Sin embargo, en sus nuevas manifestaciones, se evidencian formas de pensamiento y necesidades características de una sociedad mediática y frenética de consumo, diferentes a las producidas por comunidades de artesanos, quienes aún impregnan sus objetos de historias y de rasgos identitarios regionales.
Los menos conocidos, tal vez porque su producción es mínima, son los objetos generados por las comunidades indígenas. En el caso específico de los objetos cerámicos, su aparente fragilidad los ha ubicado en una posición de invisibilidad, ya que son difíciles de coleccionar, dadas sus características quebradizas y sus necesidades de almacenamiento y de traslado. Esto ha favorecido que aquellos que aun se producen de forma tradicional sean pocos y que, aunque algunos conserven sus características tradicionales, como marcas y símbolos muy relacionados con el tejido, el desconocimiento de sus significados más tradicionales o ancestrales sea evidente. En la medida en que se aprehendieran sus significados y la relación que tienen con la totalidad de su pensamiento, el objeto, coleccionable por su belleza, sería también resguardado por su significado.
El objeto cerámico realizado por grupos indígenas colombianos contemporáneos contiene aun el pensamiento transmitido por generaciones. Quienes tradicionalmente hacen e hicieron las veces de recopiladores y transmisores son los sabedores17:
La cerámica es el comienzo de todo, ahí fue donde todo comenzó, cada vasija tiene su uso especial y tiene un lugar dentro de la maloka18.
Isaías Roman, 2015.
17 El sabedor es un integrante de una comunidad que guarda en su memoria los conocimientos e historias
relacionadas con la cultura y tradición de un grupo específico, de acuerdo con Isaías Roman, entrevistado en 2015.
Con la desaparición paulatina de los ancianos poseedores y transmisores de estos conocimientos, desde la “cauchería”19 hasta nuestros días, son pocos los integrantes de las comunidades que han aprendido sus conocimientos.
Una de las más fuertes y que a pesar de las condiciones de adversidad intentan conservar sus conocimientos acerca de las practicas cerámicas y pensamiento es la comunidad conocida como Uitoto o Muinane. Al respecto, el pensamiento uitoto habla de “tejer tiesto”, una fuerte relación entre la cerámica y el tejido. Así lo relata Isaías Román: antes de tejer tiesto o canasto:
“hay que sentarse a conversar muchas horas para entender el sentido de nuestras historias, de la cerámica y del canasto”.
FIGURA 3.CANASTO UITOTO ESTRECHAMENTE RELACIONADO CON TEJER PALABRA Y TEJER TIESTO
Fuente: elaboración propia.
19 La “cauchería”, o explotación del caucho en la Amazonia, fue una empresa etnocida agenciada por
inversionistas y aventureros peruanos, colombianos y capital inglés, los que casi exterminan a la población indígena que a inicios del siglo XX se ubicaba en esta zona y generó impactos significativos en sus
Cada familia y cada clan “teje”a partir de sus particularidades e historias, dando al tejido importancia como relato y como acto social, relacionada con la sanación y con la explicación de conceptos universales de vida y de cómo abordar la cotidianidad.
Los abuelos, abuelas, sabedores, niños aprendices y, hoy en día, cualquier miembro de los grupos indígenas que aun considera el valor de su pasado, repiten y viven las historias, fieles a la intención y esencia de la oralidad.
La escritura de los relatos en textos de tradición occidental surge con la llegada de investigadores y lingüistas occidentales, seguramente preocupados por la pérdida de este conocimiento. Sin embargo, hay cierta resistencia a esto por parte de sabedores y abuelos: FIGURA 4.ABUELO CLEMENTE, COMUNIDAD SIKUANI,PUERTO GAITÁN,META,2013
Fuente: elaboración propia.
“…Yo soy el chamán de esta región Sikuany…” nos aclara el abuelo Clemente. Es un hombre menudo, de mirada aguda pero tranquila, siempre usa sombrero, machete al cinto y cotizas.
Sus conocimientos de medicina los adquirió con el abuelo anterior, el padre de María Isabel, y él, a su vez, le está enseñando esto a su hijo mayor, Hermes, que está en Bogotá estudiando historia. Nos habla de sus viajes a diferentes lugares del país por sus obligaciones como sanador: “Las historias deben contarse como se ha hecho siempre, no quiero que se escriban. Mi nieto Edwin, de cinco años, ya cuenta historias”.
Clemente, Puerto Gaitán, 12 de mayo de 2013.20
Estableciendo un dialogo con lo manifestado por los indígenas en cuanto al proceso de escritura, se entiende la importancia de la transmisión oral de su pensamiento y se reafirma el propósito de la oralidad: replicar, transmitir y enseñar lo aprendido. Por esta razón es difícil separar estos dos términos: patrimonio y memoria21.
La tendencia a atesorar, preservar y guardar se encuentra presente en la mayoría de las culturas bajo el pretexto de resguardar el conocimiento para que sea entregado a las generaciones venideras: herencia cultural. La idea de patrimonio, asociada a la memoria (Candau, 2006) y a la recuperación del recuerdo de historias vividas o escuchadas, se ha asumido desde las políticas estatales (Unesco, 1972) para identificar aquellos bienes materiales o inmateriales que por sus características y carga simbólica son representativos de una cultura. En las últimas décadas el contenido de la palabra “patrimonio” ha sido territorio de álgido conflicto, debido, entre muchas mutaciones simbólicas, filosóficas y culturales, a las nuevas reflexiones e instrumentos elaborados por la Unesco (1982) y a los debates alrededor de la lengua como principal campo del patrimonio cultural inmaterial
(Díaz, 2009), por ser considerado el medio de expresión y comunicación hegemónico de los sistemas de pensamiento y por resultar un factor de identidad e integración de los
20 Fuente: elaboración propia, a partir de visita a territorio Sikuani.
21 Entiéndase, en este caso, memoria como aquello que, a partir de retazos de vidas, de acciones y
grupos humanos, que reuniría, además, los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que conciernen a dichos activos sociales.
Con respecto al patrimonio inmaterial, la institucionalidad del sector cultural colombiano se ha planteado como tarea el asesoramiento de las comunidades que han sido clasificadas como artesanales, con miras a la mejora de la producción, desde argumentos que vinculan la sostenibilidad, el desarrollo, la competitividad y la preservación del patrimonio vivo.
Dentro de estas comunidades artesanales asociadas al patrimonio vivo se encuentran algunos grupos indígenas, a cuya comunidad y a sus saberes se han impuesto estas categorías, bajo el pretexto de actualizar el carácter patrimonial de ciertos objetos y prácticas, quizá desde la perspectiva dominante de industrialización. La política cultural del Estado colombiano al respecto se fundamenta en la Ley General de Cultura, como uno de sus pilares, en la que se describe:
La política estatal en lo referente al patrimonio cultural de la nación tendrá como objetivos principales la protección, la rehabilitación y la divulgación de dicho patrimonio, con el propósito de que éste sirva de testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro. (Colombia, Ministerio de Cultura, 2010, p. 261)
Así mismo, se apoya en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, de la que recoge:
La Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial es un registro de información y un instrumento concertado entre las instancias públicas competentes señaladas en el artículo siguiente y la comunidad, dirigida a aplicar un Plan Especial de Salvaguardia a las manifestaciones que ingresen en dicha Lista. La inclusión de una manifestación en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial constituye un acto administrativo mediante el cual, previo análisis de los criterios de valoración y procedimiento reglamentados en este decreto, la instancia competente determina que dicha manifestación, dada su especial significación para la comunidad o un determinado grupo social, o en virtud de su nivel de riesgo, requiere la elaboración y aplicación de un Plan Especial de Salvaguardia. (Colombia, Ministerio de Cultura, 2010, p. 262)
El debate sobre patrimonio cultural inmaterial (PCI) trasciende en la contemporaneidad a
los criterios simbólicos y utilitarios de sus primeros hacedores, en particular cuando se refiere a los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, además de los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes, y aquellos a
parte integrante de su patrimonio cultural (Unesco, 1982). Tradicionalmente, el PCI,
transmitido de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia. Este patrimonio contribuye a promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana y, a través de él, la comunidad consigue concretar un sentimiento de identidad y continuidad.
La apuesta de fondo que guía este proyecto de recoger oralitura relacionada con la
cerámica surge en ese debate, expresado en las dos posturas que he planteado en disputa para efectos de análisis, y que conjuro como la búsqueda de los valores materiales e inmateriales en el patrimonio cultural, que se manifiestan en bienes concretos, que contienen conocimientos, representándolos y articulándolos como nociones y signos de identidad. Se custodia así a la memoria, como transmisión de mensajes significativos sobre la identidad, ya se trate de patrimonios tangibles o del contenido inmaterial que forma parte de expresiones orales y tradiciones culturales de diferentes territorios. El patrimonio material adquiere todo su sentido a través del enfoque de su memoria, implícito en los valores que le otorga la sociedad en su condición de bienes culturales.
Fruto de algunas políticas económicas que integran de manera forzada lo patrimonial al mercado global, sin mediar con los trazados simbólicos que originaron estas prácticas ancestrales, podemos afirmar que la noción actualizada de patrimonio cultural está ligada
al coleccionismo y, en nuestros procesos latinoamericanos, se remonta a metáforas burdas como el “Descubrimiento de América”, momento inaugural de las primeras colecciones de bienes que posteriormente se clasificaron folclóricos o etnográficos, procedentes del
“Nuevo Mundo”. En ocasiones, estos objetos no tenían valor estético para ellos, de acuerdo con los cánones de su época: eran curiosidades, legados de culturas originarias desconocidas en aquel momento histórico, de las civilizaciones precolombinas.
Actualmente, debido las necesidades económicas de las comunidades, estos grupos, conscientes del atractivo que pueden generar sus objetos, se han adaptado a líneas de producción que mezclan formas tradicionales con requerimientos foráneos. Aun así, en tales objetos pervive, aunque en menor medida, el pensamiento ancestral.
5.VASIJA TRADICIONAL DE LA COMUNIDAD LETUAMA, AHORA ELABORADA PARA FINES COMERCIALES
Fuente: elaboración propia.
Entendemos que hoy en el patrimonio latinoamericano perviven distintas herencias culturales: las culturas y pensamientos precolombinos, el legado europeo colonial, la herencia criolla o mestiza, así como el aporte de las diversas migraciones provenientes de disímiles países, sucedidas desde siglos pasados. Estas herencias, que han persistido en diferentes escalas y magnitud, según el momento histórico, la región o el país, están presentes en forma de valores o cosmovisiones y su imbricación complejiza la construcción de una identidad, diversificando y enriqueciendo nuestros patrones culturales. Si bien, es indiscutible el tramado transculturalizado de nuestros pueblos, no significa esto que debamos suponer la erradicación automática y absoluta de valores patrimoniales
presentes en determinadas regiones o comunidades, y que, en ocasiones, sobreviven y se formulan a partir de líneas ancestrales que tienen un modo de percibir nuestro medio ambiente como notable y único.
El surgimiento del mundo global e hiperconectado, en donde se reconoce solo la multiplicidad de valores culturales y el sentido de pertenencia de cada región siempre y cuando esta se traduzca en dinero, tiende a restar valor a las identidades culturales debilitadas en el frenesí de la mercadotecnia. El concepto de identidad se ha vuelto ambiguo, ambivalente. La categoría misma de identidad es revisada hoy en día como un
concepto problemático y hasta violento simbólicamente, pero a pesar de todo esto, es inevitable enfrentarnos a la tarea de identificarnos, de tejernos tras la búsqueda de eso que suponemos pertenece a “nuestra identidad”.
La palabra patrimonio desde lo institucional está asociada a territorios, decretos y eventos,
utilizados como estrategia política donde su concepción se ha aprehendido diligentemente, como medio de acercamiento, control económico y penetración a las culturas indígenas, declarándolas patrimonio, para beneficio de instituciones y proyectos que a la postre no solucionan las necesidades reales de estos grupos, quedando casi como esculturas vivientes invisibilizadas o condenadas a permanecer como piezas de museo exóticas, congeladas en el tiempo. La manipulación de este concepto, en aras de la realización de proyectos de desarrollo económico necesarios para la agroindustria, la minería y la infraestructura, genera un fuerte impacto, en muchas ocasiones en perjuicio de poblaciones y culturas, propiciando la pérdida de conocimientos que posteriormente las mismas comunidades consideran relevantes y de mayor trascendencia que lo ofrecido por la agobiante idea de progreso.
Capítulo 3. La boca