El derecho a un nivel de vida adecuado
EL DERECHO A LA SALUD
El artículo 25 1) de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que contiene garantías en materia de salud y bienestar, sienta las bases para un marco jurídico internacional que vela por el derecho a la salud. El artículo 12 del PIDESC elabora en mayor profundidad ese derecho y enumera las pertinentes obligaciones de los Estados.
Según la OMS, la salud es «un estado de completo bienestar físico, mental y social y no sola- mente la ausencia de afecciones o enfermedades».44 El derecho a la salud es por tanto un dere-
cho incluyente que no sólo se refiere a la salud física personal, sino que se solapa también con muchos otros derechos humanos y diversas cuestiones relacionadas con los derechos humanos. En 1997, los Estados, las ONG y particulares que participaron en la Cuarta Conferencia Inter- nacional sobre Promoción de la Salud adoptaron la Declaración de Yakarta sobre la Promoción de la Salud en el Siglo xxi, que refleja el carácter incluyente del derecho a la salud y define los requisitos para las políticas encaminadas a su disfrute: «la paz, la vivienda, la educación, la seguridad social, las relaciones sociales, la alimentación, el ingreso, el empoderamiento de la mujer, un ecosistema estable, el uso sostenible de recursos, la justicia social, el respeto de los derechos humanos y la equidad. Sobre todo la pobreza es la mayor amenaza para la salud.» En esta sección no se aludirá al significado extenso del derecho a la salud y las relaciones entre la salud y los derechos a los alimentos, la vivienda y la vida, que se examinan en otras secciones del presente manual.
La definición más restringida del derecho a la salud
Si se adopta un enfoque más centrado, puede dividirse el derecho a la salud respecto de su apli- cación en cuatro esferas distintas:
1. salud de la madre y del niño y salud reproductiva; 2. salud en el lugar de trabajo y en el entorno natural;
3. prevención, tratamiento y control de las enfermedades, incluidos el acceso a los medica- mentos esenciales y los servicios médicos básicos;
4. acceso a agua potable.
Pueden adoptarse distintas medidas para garantizar la aplicación del derecho a la salud. Ha- ciendo valer sus propias funciones y atribuciones, los parlamentos pueden desempeñar un pa- pel decisivo en ese proceso.
En general, el disfrute del derecho a la salud implica atención primaria de salud para todos, sin discriminación; una estrategia y plan de acción nacionales de salud pública, y el establecimien- to de indicadores de salud nacionales, valores de referencia y mecanismos de seguimiento. Se necesitan mecanismos de seguro sanitario y programas educacionales sobre problemas de salud y prevención sanitaria; los parlamentarios deben velar por que se liberen fondos suficien- tes para esos esfuerzos y para investigación y desarrollo en materia de salud.
Grupos que necesitan atención especial
Las cuestiones sanitarias específicas de grupos particulares como las personas con discapaci- dades físicas o mentales, los pobres, las mujeres, los niños y las personas que viven con el VIH/ SIDA necesitan especial atención. Se requieren políticas dirigidas y presupuestos sanitarios suficientes orientados a las necesidades de esos grupos.
En relación con los pobres, los principales aspectos sanitarios incluyen la mejora del acceso a los servicios de salud, la introducción de programas de inmunización apropiados y la aplica- ción de medidas ambientales básicas (en especial en materia de eliminación de desechos). Los parlamentarios pueden desempeñar un papel decisivo en la elaboración de leyes pertinentes,
La salud y la pobreza
Tanto en los países en desarrollo como en Occidente existe una intensa correlación entre los problemas de salud y la pobreza. La población pobre, con un acceso relativamente limitado a la atención de salud y la protección social, es en general menos saludable, muere más joven y tiene mayores tasas de mortalidad infantil y materna. Al mismo tiempo, la enfermedad agrava la po- breza, por la pérdida de ingresos y los costos de la atención sanitaria, transformando el ciclo de la pobreza en una espiral descendente. Por consiguiente, mejorar la salud de los pobres es un objetivo crucial del desarrollo.
De los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, tres piden mejoras sanitarias específicas antes de 2015: reducir la mortalidad infantil, reducir la mortalidad materna y controlar la propagación del VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis. La salud también es un factor clave en relación con el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (erradicación de la pobreza y el hambre extre- mas).
La buena salud contribuye al desarrollo y la reducción de la pobreza de varias formas. Aumenta la productividad de la mano de obra, alentando con ello las inversiones nacionales y extranjeras, mejora el capital humano y aumenta la tasa de ahorro nacional. Las inversiones en salud son por tanto una medida sostenible que garantiza numerosos beneficios externos positivos.
velando por su aplicación y aumentando la concienciación del público respecto de la situación de los pobres.
El acceso de las mujeres a la salud, la atención médica y los servicios de planificación familiar requieren particular atención. Los parlamentarios deben velar por que se apliquen las leyes que prohíben y erradican la mutilación genital femenina.45
También deben promulgarse y aplicarse leyes que garanticen la prestación a todos los niños de la asistencia médica y la atención sanitaria que necesiten. Es indispensable poner en marcha programas diseñados para reducir la mortalidad en lactantes y niños pequeños y realizar pro- gramas de información sobre la salud y la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia ma- terna, la importancia de la higiene y el saneamiento ambiental y la prevención de accidentes. Los niños discapacitados deben tener acceso a la educación y recibirla, así como capacitación y servicios de atención sanitaria, y deben beneficiarse de los servicios de rehabilitación, prepa- ración para el empleo y oportunidades de ocio, con miras a garantizar la máxima integración social y el desarrollo individual.
Por último, las personas que viven con el VIH/SIDA, que en diciembre de 2004 se acercaban a los 40 millones en todo el mundo,46 deben ser protegidas contra toda forma de discriminación.
Los costos de sus reconocimientos médicos deben estar cubiertos y deben proporcionárseles medicamentos de forma regular.47