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EL DESARROLLO SOSTENIBLE COMO CUESTIÓN SOCIAL

JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN

1. DESARROLLO DE LAS IDEAS PRINCIPALES

1.1. EL DESARROLLO SOSTENIBLE COMO CUESTIÓN SOCIAL

La ecología es el estudio de la estructura y el funcionamiento de la naturaleza. Romero Salvachúa (2003) en su tesis doctoral Conciencia ecológica en el arte: pintura y ecología en

la actualidad madrileña observa la acción del hombre sobre el medioambiente, la adaptación

de la comunidad humana a éste y la influencia del mismo en el hombre. Así pues, Salvachúa asume el discurso de Jaume Roselló y considera la ecología como una actitud, un punto de vista, un estado anímico.

Salvachúa menciona los estudios anteriores que promueven el espíritu de la ecología: ejemplos como el Feng-Shui (el estudio de energías sutiles de la naturaleza, a fin de favorecer el equilibrio entre los seres humanos y la tierra), el Popol Vuh (el libro sagrado de los indios quichés, que entienden que todo lo existente es una obra sagrada y por lo tanto hay que cuidarla, venerarla y convivir con ella en armonía), los precursores del naturismo como Pitágoras e Hipócrates (Pitágoras escribió un libro sobre el poder curativo de las plantas e Hipócrates es considerado como padre de la medicina naturista), San Francisco de Asís (su propia noción de naturismo está íntimamente ligada a la de nudismo), y otros filósofos como Schelling, Spinoza y Goethe. Podemos ver cómo la cuestión de la ecología en relación con la selección del modo de habitar para un hombre de aquel tiempo se basaba en la espacialidad de la tierra, Dios y el mundo.

Aunque el concepto de ecología se origina en el ámbito de la biología (estrato orgánico), su aplicación en el contexto social es independiente de las observaciones directas del ecosistema. Cuando introducimos las ideas de “ecología” y del “desarrollo sostenible” en el estrato cultural, estos dos conceptos pertenecen a la categoría de la sociología y funcionan

adelante descansan sobre nuestros estados psicológicos, nuestros lenguajes y los grupos sociales a los que pertenecemos.

La explicación que da Phillip Sutton (2004) sobre la “ecología expresiva” y la “ecología tradicional” señala que la división del concepto de ecología radica en los ámbitos y en las escalas donde se desarrolla. La “ecología expresiva” sostiene una idea romántica, según la cual se le permite al sujeto desarrollar sentimientos libres y explorar el “ser” ecológico, con la ilusión de poder volver al estado original de la sociedad a través del contacto directo con la Naturaleza. Ésta es una idea derivada tanto del filósofo Jean-Jacques Rousseau como del poeta William Wordsworth. También, la “ecología expresiva” fue plasmada en la Agricultura biodinámica durante los años 20 y 30 del siglo XX por Rudolf Steiner. La idea de ecología en esta rama está vinculada con la conciencia de la humanidad y dicha voluntad se expresa principalmente en las actividades artísticas. Las ecologías tradicionalistas, en cambio, defienden métodos realizables que se dirigen a un desarrollo más sostenible, por ejemplo, pequeñas comunidades autosuficientes, en las que se producían interconexiones con ramas anarquistas, llamadas Ecoanarquismo. Muy distinta a la “ecología expresiva”, en la tradicional, sobre todo en la ecoanarquista, las interpretaciones políticas se entienden como opuestas a la cultura convencional.

En el documental dirigido por Adam Curtis (2011), All Watched Over by Machines of

Loving Grace: Adam Curtis on How Technology Limits Us, el autor concluye que el

“ecosistema” en el que creíamos era más bien una falacia, en la que el hombre, a partir de la observación de las máquinas, proyectó las funciones de éstas sobre la naturaleza. Esto es una ilusión, por un lado, para ser un individuo más libre, y, por otro lado, para elaborar un sistema social sin una estructura jerárquica. Aunque siempre hay intercambios de energías y materiales en el ciclo biogeoquímico de un ecosistema, no existe un mecanismo de gestión para la compensación de la energía ni un estado de equilibrio en la naturaleza.

El concepto de “ecosistema” fue formulado por Arthur Tansley, el primer biólogo que trató de describir que existía un sistema en la naturaleza. En los años 50, otros biólogos, como Jay Forrester y los hermanos Odum (Howard Odum, Eugene Odum), renovaron este concepto con las ideas llegadas desde los sistemas cibernéticos. Estos autores consideraban que existía un mecanismo que, mediante el ajuste de los movimientos de energía y materiales, sostenía el

retroalimentación (feedback), con capacidad para ser tratadas mediante ordenador, para describir los comportamientos complejos de la sociedad a partir de ecuaciones básicas relacionadas con sectores fundamentales de la sociedad. A través de este modelo simultáneo, Forrester describía cómo debían comportarse, la política y las conductas económicas, para resolver el problema del crecimiento de la población y del agotamiento de los recursos. Además, Forrester preconizó la teoría de “Los límites al crecimiento” en nombre del Club de Roma con el objetivo de influir en el rumbo político de algunos países que planteaban llegar a la prosperidad de todos los aspectos sin límite.

Sin embargo, los estudiosos de biología, Daniel Botkin y George Van Dyne en los años 70, después de haber observado el funcionamiento de la naturaleza y de haber informatizado los datos obtenidos, llegaron a la conclusión de que la naturaleza está en permanente cambio; no existe en ella lo que se llama equilibrio. Así, se comprobó que la idea de mantener una sociedad tan equilibrada como la que existe en la naturaleza se sostenía sobre un conocimiento erróneo establecido por los científicos en las décadas anteriores.

La comprensión del ecosistema como un organismo que tiende al equilibrio, refleja la adhesión de la sociedad general a la mitología occidental y al imaginario sobre la naturaleza. Al entrar en la era de las máquinas, el funcionamiento continuo de éstas a partir de las fuentes de energía, inspiró a los biólogos para imaginar que los intercambios de energía son también claves para el mantenimiento de las interrelaciones y de los ciclos vitales de todas las especies.

En los años 60 y 70, los grupos del “nuevo movimiento ecologista” promovieron la libertad y la igualdad de cada individuo. Además, se opusieron a la jerarquía social y se sintieron desesperados al ver que las ideas de equilibrio habían sido utilizadas por razones políticas. En este mismo contexto nació el movimiento hippie como, por ejemplo, el grupo “Sinergia Commune”, que recogía el concepto de la existencia de un equilibrio en la naturaleza porque tenía esperanzas de usarlo como modelo para la sociedad. En general, este movimiento hippie se inspiraba en la base conceptual de la estructura de la cúpula geodésica inventada por Buckminster Fuller. Muchos jóvenes entusiastas salieron de la ciudad y crearon comunidades a partir de esta figura, donde la estructura social individuo-red es igual a la estructura de mallas espaciales de la cúpula, que representa un modo de relación resistente que respeta la individualidad de cada persona y, al mismo tiempo, los individuos se conectan en redes con otros, creando de esta forma un sistema autorregulador de la armonía social para

¿es posible que la idea de la autorregulación social y los diseños paisajísticos que imitan los patrones de la naturaleza también formen parte de una realización subjetivista del mundo?

Desde nuestro punto de vista, el concepto idealista de que existe un mecanismo que mantiene el equilibrio de la naturaleza solo tiene cabida en la visión monista epistemológica propuesta por Gregory Bateson. La visión monista de este autor valida los estudios cuyo centro de preocupación es la naturaleza, por ejemplo, el desarrollo del egocentrismo y el ambientalismo profundo.

La tesis de Bateson parte de su investigación en el “marco cibernético”3

. En su tesis se hace hincapié en la caracterización de la mente como un conjunto de lógicas inmanentes que determinan y clasifican una variedad de realidades extraídas de un mismo hecho. Para comprender un mensaje hace falta averiguar de antemano las relaciones que existen entre dicho mensaje y el sujeto. Bateson denomina a esta condición la meta-comunicación, que trata de un modo de pensamiento que valora en primer lugar las relaciones existentes entre el objeto analizado y el sujeto. El conocimiento solo puede producirse en un marco de comprensión subjetivo (Bateson, 2000). En este sentido, el significado de cualquier cosa puede ser polivalente, pues le permite a otros actores realizar otras interpretaciones en el meta-contexto y en sus marcos de comprensión. Entendido esto, un hecho puede ser interpretado ilimitadamente. A partir de una epistemología monista como ésta, se hace legítimo cualquier conocimiento que se establezca entre las ciencias sociales y las ciencias naturales.

El intento de unir la naturaleza y la mente, de adaptar el funcionamiento de nuestra sociedad según el mecanismo del ecosistema para posibilitar cambios de rumbo político y social, forma parte del subjetivismo de los biólogos, influido por la falacia científica sobre el mecanismo que mantiene el equilibrio del ecosistema. Sin embargo, hay teorías de la rama social provinentes de dichos errores cientificistas que todavía siguen siendo vigentes, como la de la Ecología social de Murray Bookchin, que da ejemplos sólidos de los comportamientos sociales de los animales que pueden extrapolarse a nuestra sociedad y que son asumidos por los discursos anticapitalistas. A pesar de que estas teorías de Bookchin derivan de ideas utópicas y son independientes de la verdad cientificista, siguen siendo válidas en un trabajo

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sociológico, pues dan cuentan de las expectativas del público sobre la forma natural de una sociedad. Esto refleja cómo el conocimiento científico difiere del conocimiento socio- humanístico, pues el objetivo del primero es revelar una verdad única, mientras que el segundo permite que exista el relativismo en el conocimiento.

En este sentido, Bookchin considera que debemos desarrollar un análisis crítico más completo en el que se tome en consideración la totalidad de nuestra relación con el mundo natural y se busque la base de un enfoque más reconstructivo dados los graves problemas planteados por las aparentes contradicciones entre la naturaleza y la sociedad.

La ciencia del ecologismo trata de considerar los sucesos sociales y políticos: las gestiones asamblearias, el autogobierno, el desarrollo de significado sobre las técnicas, el trabajo y el cuidado como modos de hacer que han evolucionado según el curso natural de la sociedad. Según Bookchin, los conceptos sobre cómo debería actuar el hombre provienen de su observación de la naturaleza. Este autor destaca que en los jardines debe coexistir una variedad de fauna y flora, y que el tamaño del cultivo agrícola debe ajustarse a la escala familiar, manejando una diversidad de especies. «[P]ara que la humanidad se sirva de los principios necesarios en el manejo de un ecosistema, la unidad comunal básica de la vida social debe convertirse, ella misma, en un ecosistema: una ecocomunidad. También debe llegar a ser diversificada, equilibrada y completa»4

(Bookchin, 1986, p. 65).

Bookchin toma el proceso asambleario, su estructura de coordinación, la responsabilidad de cada participante y la accesibilidad de la gestión como formas naturales de relacionarse. Se trata, por tanto, de una “segunda naturaleza” para que podamos justificar cómo nuestra sociedad puede desarrollarse siguiendo las leyes del sistema ecológico de la naturaleza, aunque, tal como hemos visto, tanto los términos como el concepto de la ecología vienen de la producción social. Considera así que todos estos modos de relaciones son los que deberían recuperarse en nuestro acercamiento a la sociedad del ecologismo.

Los fundamentos de la teoría de Bookchin y Kropotkin sobre el ecologismo social residen en la liberación de uno mismo. Kropotkin entiende que el desorden se asemeja a las leyes de la naturaleza, y que las situaciones de autogobierno favorecen al crecimiento individual porque se crean entornos de intercambios rápidos de información y conocimiento (Kropotkin, 2010). Igual que los ecologistas buscan crear la diversidad de las especies animales dentro del entorno de hábitat, los anarquistas buscan el desorden para ampliar la

gama de las experiencias sociales, para crear ocasiones que den lugar a reformas. Su filosofía consiste en construir una comunidad económicamente equilibrada y autosuficiente en la que cada individuo pueda trabajar directamente y ampliar las actividades agrarias o industriales en las que trabaja. Este proceso de reproducción del ecologismo proviene de la Ecología tradicional y sigue los modelos de actuación de sus ancestros en la naturaleza.

Al igual que el ecologismo social que desarrollaba las planificaciones a su alcance a partir de su reflexión sobre los problemas sociales y políticos de su época, cuando usamos la “ganancia económica” y “ganancia ecológica” como la directriz de desarrollo sostenible, estamos interpretando también la sostenibilidad del ecosistema partiendo de una comprensión monista a fin de seguir con la comodidad de la vida cotidiana del siglo XXI.

A continuación, presentaremos las referencias históricas para justificar que el concepto del desarrollo sostenible que se aplica como lema de actuación ante la crisis medioambiental toma su significado a partir de los hechos sociales. Según McCormick (1989), la verdadera revolución ambiental se inició después de la Segunda Guerra Mundial, aunque los cambios más importantes acontecieron a partir de 1962 con la publicación de Rachel Carson, Silent Spring, la ley de Malthus y el anuncio del Día de la tierra (1970). Además, surgieron en aquellos años varios desastres naturales, como las explosiones nucleares de Chernobil y de Bhopal, los anuncios públicos sobre el desgaste de la capa de ozono, las pruebas de las bombas atómicas, la explotación excesiva del petróleo, etc. Fue en este periodo cuando hubo un cambio de actitud: el hombre ya no tomaba la naturaleza como algo aparte, sino que entendió que era su responsabilidad protegerla. El hombre comienza a considerarse parte del sistema de la naturaleza, y así a preocuparse por la posible carencia de recursos y de alimentos en el futuro. Las protestas que se llevaron a cabo, no sólo buscaban proteger los recursos naturales sino el sostenimiento de una buena calidad de vida. Muchas de las protestas se alzaron en contra de la pruebas de la bomba atómica, de la instalación de fábricas, o de los vertidos de petróleo, pues se consideraba que estos asuntos amenazaban la salud de la población.

A partir de los años 70, la preocupación por el deterioro del medioambiente alcanza la conciencia de ciudadanos de todo el planeta y se forma el nuevo movimiento ecologista. Las políticas internacionales introdujeron la protección del medioambiente en la Constitución y en

así como al movimiento contrario a las guerras de 1965. Sin embargo, huelga decir que esta corriente no comparte la misma preocupación sobre la degeneración de la naturaleza que las preservacionistas y conservacionistas del movimiento ecologista, sino que se preocupa por el deterioro de los recursos naturales que necesita el ser humano para mantener su calidad de vida.

La mayor diferencia entre el movimiento ecologista y el nuevo movimiento ecologista es que el eje de trabajo de este último se encuentra en los ámbitos sociales y políticos y consiste en controlar los actos humanos frente a la naturaleza. Esto se relaciona con que, por entonces, la población ya se daba cuenta de los daños medioambientales como la polución causados por el hombre. Las acciones empleadas en el nuevo movimiento ecologista señalan las inquietudes del pueblo que reclaman el cambio social y político. Entre ellas, se incluyen las protestas de consumidores que reivindican reformas cooperativas agrarias y que demandan una mayor responsabilidad y control por parte de los científicos sobre la mejora de los factores medioambientales que afectan a la salud, así como el control de la natalidad y la participación del pueblo en dichos asuntos.

A diferencia de los movimientos comunistas y socialistas, en los que siempre está presente el tema de la lucha entre las clases sociales, los participantes del movimiento ecologista protestan por un asunto alejado de su propio interés. Las características más representativas del nuevo movimiento ecologista son: la participación y organización autogestionada de los estudiantes, los temas relacionados con los derechos del colectivo homosexual, los animales y la oposición a la energía nuclear. Los participantes, en su mayoría, son de la nueva clase media, e intervienen de forma pacífica en los campos del bienestar, la educación y la libre creatividad. La estructura del nuevo movimiento ecologista se desarrolla de forma horizontal a partir de redes que conectan individuos y de vínculos emocionales entre los miembros del mismo grupo (Sutton, 2004).

Son subrayables las intervenciones de Greenpeace para la salvación del planeta y las manifestaciones globales antinucleares y en contra de las guerras, cuyas imágenes se transmiten a través de los medios de comunicación. Sus modos de protesta son representativos dentro del nuevo movimiento social. En esta categoría destacan las tácticas de “masa crítica” de los ciclistas, el “recuperar las calles” (Reclaim the Streets), y las acciones directas no violentas como la invasión de una carretera para montar una fiesta con el fin de recuperar el uso del espacio público.

en una cuestión social y cultural. A pesar de que el anarquismo social, los modos organizativos horizontales y las intervenciones directas se interpretan como respuestas sociales que se enfrentan a una crisis medioambiental y política, una gran cantidad de sociólogos e historiadores han recurrido a ellas para respaldar el concepto del ecologismo y su impacto social. Al reflexionar sobre cómo establecer una ciencia social en base a observaciones de fenómenos relativos a las ciencias naturales nos parece inevitable y necesario partir de estas referencias que describen una realidad subjetivista y antropológica. Estas referencias legitiman el planteamiento de esta investigación, que pivota sobre las razones por las cuales las prácticas artísticas que actúan en el ámbito cultural pueden tener aportaciones importantes en el ámbito de la ecología.

Para dar una explicación sobre cómo la palabra “ecología” acoge las percepciones sensoriales del cuerpo en su interacción con el espacio que habita y con la naturaleza, es necesario presentar la relación entre el concepto de “ecología” y de “casa”. En el libro

Cosmoismo y geoismo (1976),Antonio Lamela explica que Ernst Haeckel acuña el término

“ecología” en base a la etimología de la palabra griega Oikos (hogar) en su texto Generelle

Morphologie der Organismen de 1866, porque entiende que la condición de habitar pone la

atención en la relación entre el espacio interno y el externo.

Él (Haeckel) no solo estudiaba la vida de aquellos seres en sí mismos, sino las relaciones que establecían entre ellos y con su propio medio en el cual vivían. Entonces él necesitó acuñar un término que expresara aquel conjunto de conocimientos. Y fue cuando recurrió al griego que descubrió la palabra “oikos”. “Oikos” significa casa, y de allí viene ecología, de casa, del tratado de la casa. Pero teniendo en cuenta que la casa no se trata solamente de la casa en sí, sino de las relaciones que se establecían dentro de la propia casa. (Álvarez, 2008, vídeo)

Bollnow (1969) explica la definición de “habitar” en el libro Hombre y Espacio del modo siguiente:

Tener un lugar fijo en el espacio, pertenecer a ese lugar y estar enraizado en él.