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2.2 El AGENTE SOCIAL AGRARIO

2.2.4 El enfoque antropológico

A partir de los años ‘40 y ‘50, los antropólogos introdujeron la expresión “campesino” como término genérico para designar a un grupo cuyo comportamiento económico se explica por sus actitudes, sus valores y sistemas cognoscitivos (Heynig, 1982)

El punto de partida de la reflexión sobre los campesinos lo constituyó la definición de Kroeber (1948, citado por Heynig, 1982),: “Los campesinos constituyen sociedades parciales, con culturas parciales”.

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Para este autor, las sociedades campesinas no eran autónomas, sino que pertenecían a una clase de una estratificación más amplia. Los definió como subordinados a otras clases ya que debían su existencia a un sistema de distribución de poder dirigido desde las ciudades.

El valor de la definición de Kroeber es que en la misma se reconoce la importancia de las relaciones de los campesinos con el sector urbano y su integración en la sociedad en su conjunto. En lugar de verlos como un grupo cultural aislado y autosuficiente, se lo considera como segmento de clase dependiente. A partir de esta visión, la antropología desarrolló un esquema conceptual de la sociedad campesina y sus relaciones con otras clases y sectores de producción.

Este enfoque luego, asume que los procesos de producción y distribución no siempre se gobiernan por intereses económicos; desde esta perspectiva, se opone al enfoque económico de los campesinos. Los antropólogos contemporáneos, consideran a los campesinos con ciertas similitudes estructurales, económicas, sociales y de personalidad; en oposición a otras formas básicas de agrupación como la sociedad primitiva e industrial, independientemente del lugar y de la época.

Redfield (1960, citado por Heynig, 1982), ubica al campesino en una posición intermedia, entre la pequeña comunidad aislada y el farmer14 y afirma que su posición es transitoria, un pasaje de

lo tradicional a lo moderno. Caracteriza al campesino por su íntima y reverente actitud hacia la tierra, por su énfasis en el trabajo como primera virtud y por considerar al trabajo agrícola con un valor más alto que el comercio.

Los campesinos son dependientes de las condiciones de producción y de vida que impone la ciudad, dice Redfield; quien además, trató de explicar cómo esa dependencia destruye los estilos de vida tradicionales y produce una desorganización cultural. Este autor agrega que los campesinos se resisten al cambio por su atraso cultural, lo que los mantendría apegados a sus tradiciones. Superada la brecha cultural entre campo y ciudad por medio del avance de la industrialización, la descomposición del campesino se acelera hasta su desaparición.

Eric Wolf (1955, citado por Heynig, 1982, p 118-119), destacó la agricultura campesina como un tipo especial y utilizó criterios económicos para definirla; tales como la producción agrícola, el control sobre la tierra y la producción para la subsistencia. De esta manera, la caracterización cultural de la comunidad campesina perdió vigor.

Wolf, antes de definir al campesino a partir de tres premisas básicas, aclara que “las definiciones son herramientas del pensamiento y no verdades eternas”. Primero asevera que se debe ver al campesino sólo como un productor agrícola; luego debe distinguirse el campesino que tiene el control efectivo de la tierra y el arrendatario que está sujeto a una autoridad externa dueño de la tierra. Para tal caso, aclara que la consideración de los arrendatarios es una discusión de las haciendas y de las plantaciones más que una discusión del campesinado. En base a esa distinción Archetti y Stolen (1975), agregan que una cosa es el contenido social del concepto de campesino, y

14 El Farmer es un productor que utiliza la mano de obra familiar en su producción, como el campesino, pero que a diferencia

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otro su contenido económico. Es bastante diferente el campesinado como clase social, bajo el feudalismo y el modo de producción campesina o mercantil simple.

Y por último, dice Wolf (1975), que el campesino tiene como objetivo la subsistencia, no la reinversión; no la acumulación de capital. El punto de partida del campesino está constituido por las necesidades definidas culturalmente (Wolf, 1951, citado por Heynig, 1982, p. 119). Sin embargo, el intercambio desigual y el fondo de renta son las principales causas de la no acumulación. Es necesaria la presencia de actores (principalmente el Estado), que extraigan el excedente producido por el campesino; así, rechaza la idea de Redfield, donde la ciudad sería la clave para entender al campesinado, al considerar como variable central las relaciones de poder.

Para Wolf (1966 citado por Archetti y Stolen, 1975), la economía campesina es diversificada sólo por la situación de escasez y sus miembros pueden, llegado el caso, vender su fuerza de trabajo como si fueran proletarios rurales. Pero no habrá diversificación o proletarización si los ingresos permiten el mantenimiento y la reproducción del grupo de trabajo doméstico. Por estas pautas, se considera que su análisis teórico está dentro de los marcos establecidos por Chayanov y Marx.

Wolf (citado por Heynig, 1982, p. 127) desarrolló el denominado “dilema campesino”, en el cual la unidad campesina es, a la vez, unidad económica y doméstica. Por lo tanto, debe buscar un balance entre las necesidades internas de consumo y las exigencias externas de incrementar su producción. Esto se lograría incrementando la producción o disminuyendo el consumo. Lo que provoca una escasa capacidad de negociación del campesino por la baja capacidad de ahorro.

Foster (citado por Heynig, 1982, p. 130) coincide con Wolf en cuanto a que, en primera instancia, un campesino es un agricultor, pero entiende que los criterios para definirlo deben ser estructurales y relacionales más que ocupacionales; lo más importante no es lo que producen, sino cómo y para quién lo producen. Muchos agentes se ganan la vida en ocupaciones no agrícolas; por lo que un campesino podría ser además de un agricultor, un artesano o un pequeño comerciante. El criterio que lo definirá como tal, será estructural (relación campesino con ciudad o Estado).

Foster (1975), dirá que las ciudades con las que se relaciona el campesino son las preindustriales, ya que las ciudades modernas, con sus demandas en cuanto a fuerza de trabajo, no producen campesinos sino proletarios urbanos o rurales. Según este autor, una gradual intervención en el mercado, convertirá al campesino en un farmer o empresario agrícola, que con sus actividades intentará obtener ganancias.

Foster (citado por Archetti y Stolen, 1975, p. 131) se basa en factores ideológicos para explicar la pobreza del campesino. Éstos, representan el mundo de las cosas tangible como intangibles, donde la oferta de bienes y servicios es escasa y donde es imposible aumentar las “cantidades” disponibles sin que alguien las pierda. Esta representación la llama “imagen de los bienes limitados”.

Firth (citado por Archetti y Stolen, 1975, p. 129) define a la economía campesina como un sistema de producción en pequeña escala, con una tecnología y un equipo simple, que depende frecuentemente para su subsistencia de sus propios productos.

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El medio de subsistencia primario de un campesino es la tierra cultivada, pero Firth extiende el concepto para cubrir otros productores en pequeña escala, tales como el pescador, o el artesano rural, que participan de la misma clase de organización económica simple y de la vida en comunidad; e incluso pertenecen a las mismas familias, o el mismo campesino puede ser pescador o artesano de acuerdo con el ciclo o sus necesidades.

Al respecto Archetti y Stolen (1975), decían que la economía campesina se inserta en contextos de escasez y está indefensa ante determinadas crisis (mala cosecha, baja demanda, bajos precios); por lo que el campesino tiende a combinar la agricultura con la artesanía, pero siempre como una actividad secundaria que depende de los ingresos de la producción agrícola.

En síntesis, gran parte del debate antropológico se ocupó en definir al campesino, destacando su especificidad cultural a partir de sus valores y percepciones.

El enfoque culturalista, estudió las comunidades mediante una metodología aplicada, lo que produjo trabajos empíricos, en los que el individuo, con sus sistemas de valores y normas, aparece aislado de la sociedad, sometido solamente a la dinámica interna de la comunidad, ajeno a las fuerzas políticas y sociales externas. Esta inclinación, dice Heynig (1982), pretendía rechazar la teoría marxista, por lo que llevó a un plano secundario, el rol de los aspectos económicos y el concepto de clases sociales; a la vez que fortaleció el enfoque basado en la importancia de la cultura, de los valores y de las normas.

Este mismo autor, reflexiona que la conducta económica y las ideologías dependen de muchos factores, por lo que es difícil concebirlos como una simple función de los valores culturales. Muchas de las limitaciones atribuidas al campesino se relacionan con características y valores que poco tienen que ver con la imagen estereotipada del hombre económico occidental.