CAPITULO II ÉTICA DISCIPLINAR
8. El enfoque ontológico del discurso proyectual
Hacia finales de la década de los ochenta, debido al auge de las nuevas tecnologías informáticas y a la transformación de la relación de los usuarios con los sistemas de objetos cotidianos, el centro interés del discurso de Bonsiepe pasó del diseño industrial al diseño gráfico o diseño de la información. Luego de una especialización en diseño de interfase en una empresa de software en Berkeley, California, Bonsiepe tuvo la oportunidad de acercarse a la filosofía de Martin Heidegger y Humberto Maturana y abrir una nueva perspectiva para el diseño a partir de la interpretación del lenguaje como instrumento generativo de realidades (Bonsiepe, 2001). Aún cuando esta interpretación, no contradice el método proyectual, representa una ruptura con las posturas ulmianas de Bonsiepe respecto del diseño que pasa de un racionalismo pragmático y en cierta forma rígido a una interpretación del ser trascendentalistaque contiene una concepción estética del mundo (Eagleton, 2011) (Calvera, 2007)
El diseño de interfase 21, deja de lado las reiteradas e infructíferas discusiones en torno a la forma y la función para configurar el “esquema ontológico del diseño”, un espacio de
articulación entre el usuario, la tarea que va a realizar y el utensilio o artefacto. Ese espacio, que es el propósito del diseñador, es la interfase. Lo que el objeto es en
21 El diseño de interfase aparece por primera vez en su libro: “Las siete columnas del diseño” (1985). Allí, interpreta el diseño como generador de un espacio de interrelaciones. Propone 7 características que aplica igualmente para el diseño industrial y el diseño gráfico: 1. El diseño es un dominio que se puede manifestar en todos los campo de la actividad humana. 2. Está orientado hacia el futuro. 3. Hace referencia a la innovación. 4. Está referido al cuerpo y al espacio. 5. Apunta a la acción eficaz. 6. Lingüísticamente está anclado en el ámbito de los juicios. 7. Se dirige hacia la interacción entre el usuario y el artefacto (Bonsiepe, 1985, pág. 21)
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términos ontológicos, está determinado en la acción de usarlo. “Este espacio en el cual
se estructura la interacción entre artefacto y usuario lo llamo “interfase”, pues este concepto contiene un potencial interpretativo más rico que el viejo binomio forma- función.” (Bonsiepe, 2001): (Bonsiepe, 1998, pág. 17).
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Ilustración 10: Interfase
La interfase, hace que el diseñador asuma los elementos que intervienen en la usabilidad como un solo problema. Para Bonsiepe, la interfase “es un factor constitutivo del utensilio (…) vuelve accesible el carácter instrumental de los objetos y el contenido comunicativo de la información” (Bonsiepe, 1998, pág. 18). Aquello que Heidegger llama disponibilidad, es para Bonsiepe la diferencia entre una existencia física y un producto de diseño. La disponibilidad o estar-a-la-mano: “Zuhandenheit” (ready-to-
hand) es lo que hace a las cosas estar dispuestas para ser usadas, dispuestas para el cuerpo humano. Mediante un acto de transformación (diseño), algo presente se revela como posible herramienta. “Por medio de los actos proyectuales, la materialidad bruta se transforma en un artefacto ligado a un interés” (Bonsiepe, 2001)
Esta idea de usabilidad no se refiere a la instrumentalidad del capitalismo que ve en la naturaleza sólo disponibilidad para la explotación. La comprensión ontológica del valor de las cosas se da en razón, no de que son útiles, sino en razón a la actividad que permiten llevar a cabo o en el resultado de haberlos usado. La interfase, en el contexto del lenguaje es reconocer que las cosas están dotadas de sentido. Para Bonsiepe es una interpretación en clave de diseño del ser heideggeriano, en la medida en que es ese espacio de encuentro que no es ni sujeto, ni objeto, sino la disponibilidad de uno hacia otro. La función del diseñador industrial, es “hacer visible el funcionamiento invisible…hacer utilizables los objetos...facilitar al usuario una acción eficaz.” (Bonsiepe, 1998, pág. 151)
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En relación a la accesibilidad comunicativa, Bonsiepe considera que las funciones se encuentran en el lenguaje, debido a que es dentro de él que se hacen las distinciones que construyen y “revelan” la realidad. Los artefactos son un producto cultural en la medida en que son compartidos por una comunidad lingüística que a través del lenguaje asigna sentido a las cosas. “El habla, es tanto interpretación como comprensión…El lenguaje
cotidiano, lleva implícito ese primer nivel de comprensión sobre lo que las cosas son: una silla sin respaldo es un taburete y un sofá sin tapizar es un banco” (Calvera, 2007, págs. 108-109).
Anna Calvera (2007), en el texto El cosear de las cosas, referido al pensamiento de Heidegger y su relación con el diseño, plantea en que en su ontología hay en una visión estética del mundo. Sólo cuando las cosas tienen la justeza y la fiabilidad de ser lo que son en forma transparente poseen la verdad del arte. Esenciar las cosas es para Heidegger una tarea de la poesía. Se puede pensar que esto es interpretado por Bonsiepe y tomado para bien del diseño, en la medida en que descarta la apariencia como valor de lo bello y transfiere lo estético al lugar de la verdad ontológica que es la congruencia del todo.
La interfase es pues el factor constitutivo del utensilio. Si logramos entender con precisión las connotaciones de este ámbito constitutivo, sin el cual no existirían los utensilios, se podrá dar al diseño industrial una legitimación material mucho más firme e inobjetable con relación a interpretaciones que quieran orientarlo hacia la dimensión formal y estética. (Bonsiepe, 1998, pág. 18)
La idea ontológica de útil imprime a la interpretación de los objetos de diseño una exigencia integradora que suprime la separación de occidente en torno al artefacto, en cuanto a necesidad, fuerza de trabajo, materia, apariencia y función. Desde la perspectiva ontológica las cosas contiene dentro de sí el ser verdadero, que es el estar conforme a su ocupación en el mundo, es decir en el entramado de entes, mediaciones y finalidades. Una interpretación del diseño desde la ontología permite desplegar la realidad visible de los objetos hacia aquellos aspectos que están más allá de su forma y esto estaría a favor de una concepción ética del diseño. Cuando Heidegger habla de la técnica y de las causas de las cosas, se refiere a la técnica como un medio y un hacer del hombre, cuya esencia es la responsabilidad de las causas, es decir, de los modos de ocasionar (material, formal, final y efficiens).
La ontología tiene la opción de proveer la interpretación de las cosas que nos rodean de un sentido más amplio, pero sólo si existen las preguntas adecuadas. Si el ser responsables es “que se pertenecen unos a otros”, desde esta perspectiva, un producto industrial debería arrojar preguntas sobre todo aquello que está implicado en su estar ahí. Preguntas ambientales referidas a los efectos sobre la naturaleza de los recursos implicados en su fabricación o las condiciones humanas y laborales de los operarios.
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Preguntas que a la luz tanto de diseñadores como de usuarios, parecen hoy una exageración incómoda, pero que no por ello desaparecen.
Por lo anterior, Heidegger plantea una fuerte crítica a la producción industrial, a la definición instrumental de la técnica y a la razón instrumental de la Modernidad. Considera que la técnica Instrumental como la razón instrumental está determinada, de una parte, por los medios y los fines, y de otra, por el hacer del hombre. La comprensión de este modo, aleja al individuo de la verdad, acarrea que no se piense en la técnica de modo esencial, es decir, desde lo que la técnica es, sino desde una posición utilitarista, como instrumento de dominación y empoderamiento del hombre hacia la naturaleza. El ser humano no pretende ya solicitar para traer delante la verdad sino coloca y solicita lo real y efectivo. El hombre se ha vuelto un solicitador de existencias, con el peligro de que se sienta la causalidad de todas las cosas, que se extravíe en el estar requerido y en el requerir de los sistemas de producción.
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