Índice de figuras
0. PRÓLOGO : UN CAMBIO EXISTENCIAL
2.2. El relato audiovisual
2.2.1.4. Espacio escenográfico
2.2.1.4.2. El espacio escenográfico como ámbito relacional
García Jiménez establece también como características del espacio las relaciones con el resto de elementos del relato audiovisual. Pero por la importancia de cada una de las relaciones en la narración y por los aspectos añadidos que manan de ellas hemos optado por comentarlas de manera independiente a las características estrictamente formales o descriptivas.
Así pues, la construcción del espacio escenográfico es una requisito indispensable a la hora de narrar una historia. Una de sus principales funciones “es la de contribuir al tono de la narración” (Chatman, 1990, p. 151) y es que es casi imposible imaginar cualquier tipo de acción entre personajes sin la existencia de una referencia espaciotemporal. Por tanto, toda configuración
espacial aporta al resto de elementos de la narración una significación y un sentido. El nexo entre los elementos constituyentes del relato y la dimensión espacial establece, así, cuatro tipos de relaciones:
a) Relación del espacio con otros espacios:
Los diferentes espacios representados en la escenografía “son asociables y articulables (entre sí); entran en relaciones paradigmáticas (por contigüidades) y sintagmáticas (por oposiciones y contrastes)” (García Jiménez, 1993, p. 350). Este tipo de relaciones es visible, sobre todo, en lo relativo al montaje cinematográfico y a la
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continuidad espacial gracias al papel que juega en este aspecto la retórica de la imagen. Aunque la propia narración también juega con la contraposición de espacios a través de las relaciones de los distintos espacios con los personajes que los ocupan.
b) Relación del espacio con los personajes:
García Jiménez distingue dos funciones narrativas del espacio en cuanto a su relación con el personaje. Dice, por una parte, que “el espacio circundante interviene en la narrativa audiovisual a modo de comentario visual, que expresa el modo de ser de los personajes” e, incluye, que la “otra función narrativa del espacio consiste en asumir la función de una prolongación psicológica de los personajes” (García Jiménez, 1993, p. 350).
Así el espacio, además de contextualizar, queda humanizado. En términos narrativos diríamos que se personifica, es decir, que toma las funciones y características propias del personaje, lo que, consecuentemente, genera una nueva instancia enunciativa: el espacio personaje. Bajo este argumento, entendemos que el espacio escenográfico puede asumir también la función de narrador, puesto que esta cualidad, en muchas ocasiones, la toma alguno de los personajes del relato. Recordamos que el narrador es una instancia enunciativa a la que no debemos confundir con el autor de la obra. Es “una entidad que, en el escenario de la ficción, enuncia el discurso como protagonista de la comunicación narrativa. El narrador es, por lo tanto, una construcción del autor” (Sánchez Navarro, 2006, p. 24) que media “entre el (propio) autor, la historia y el
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lector/oyente/espectador concretos” (García Jiménez, 1993, p. 124). Diferentes autores han investigado las instancias enunciativas de la narración y, sobre todo, la figura del narrador. De estos estudios han surgido diversas taxonomías de narradores, de las cuales nos ceñiremos a dos de ellas para concretar. Wayne Booth distingue sencillamente entre el narrador representado y el no representado.Según comenta García Jiménez, es muy complicado que un narrador, por muy discreto que sea, esté totalmente no representado en una obra audiovisual. Explica que, en estos casos, “lo más frecuente es que en la construcción de su discurso, el narrador se sirva de la voz en off” (García Jiménez, 1993, p. 120). De modo que, aunque no tenga una presencia física en la diégesis, el narrador, de alguna manera, es cómplice de ella y hace su función, relatarla. Por tanto, este narrador no representado de
Booth, toma su equivalente en la taxonomía de Gerard Genette, en la que es denominado heterodiegético –o extradiegético. Éste “es el narrador que cuenta una historia, en la que no se implica como personaje” (García Jiménez, 1993, p. 117), lo que indica que hay otro tipo de narrador o narradores que sí se implican en el proceso narrativo de manera directa. Éstos son el narrador autodiegético y el homodiegético –ambas figuras intradiegéticas. El autodiegético es el narrador “que relata sus propias experiencias como personaje central de la historia” (García Jiménez, 1993, p. 115), mientras que el homodiegético es la instancia que, como personaje, “asume la función de contar la historia y de comunicar informaciones, que ha obtenido gracias a su intervención en la diégesis” (García Jiménez, 1993, p. 116) sin ser el personaje principal de la historia. Una vez que está clara esta diferencia,
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podemos interpretar que el espacio personaje o el espacio personificado tiene la capacidad de realizar la función de narrador intradiegético, puesto que siempre está ubicado en el relato y siempre tiene algo que comunicar mediante su estructura significante. Ahora bien, cuando el narrador, sea cual sea su modo de representación, “pretende subrayar un punto de vista, se dice que focaliza la narración” (Peña Timón, 2001, p. 121), lo que genera otra instancia enunciativa: el focalizador. Esta figura, desde una perspectiva diegética, determina el enfoque de la narración desde el punto de vista perceptual, psicológico, espacial, temporal o sonoro. Así, mientras “el narrador es responsable de la narración, el focalizador lo es de la perspectiva narrativa” (García Jiménez, 1993, p. 86). Esta instancia no tiene por qué estar encarnada físicamente en un personaje concreto. En ocasiones,
sobre todo en el medio audiovisual, “es modulada o por el sonido, o la palabra de un personaje, o la música, u otro elemento narrativo” (Peña Timón, 2001, p. 121) como puede ser el espacio en su modalidad escenográfica o fílmica interna.
A colación, Jordi Sánchez Navarro defiende que la relación entre el espacio y el personaje o narrador viene determinada por la posición y la movilidad espacial. “La posición espacial hace referencia al lugar que ocupa el espectador respecto del que ocupa el narrador” (2006, p. 103). El espacio escenográfico, supliendo, como hemos dicho, el lugar del narrador intradiegético, “desarrolla la doble función del yo narrante y el yo narrado; de esta manera, el plano espacial está determinado por la posición del personaje-narrador o del personaje-actor” (2006, p. 103). El concepto de movilidad hace referencia a
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la “posibilidad de desarrollar diferentes puntos de vista y de alternarlos a voluntad del gran imaginador o del narrador” (2006, p. 103). En la narración intradiegética, la movilidad espacial se limita a los movimientos propios de la cámara que muestran nuevos campos visuales, es decir, el espacio escenográfico cede al espacio fílmico interno la potestad de narrar y de fijar el punto de atención.
Retomando la tesis inicial, según la relación del espacio con el personaje o los existentes, pueden generarse, según expone García Jiménez (1993, p. 350), entornos íntimos, personales, sociales, públicos, exclusivos, compatidos, etc., en los que juega un papel determinante la próxemica. “El juego de las distancias ente los personajes configura diferentes tipos de relación comunicativa según invadan, respeten o amplíen los límites de su espacio vital” (Peña
Timón, 2001, p. 107). De lo que deducimos que la proxémica es sustancial a la hora encarar el análisis del montaje interno de la secuencia y el de las acciones narrativas.
c) Relación del espacio con la acción:
Los componentes de la acción narrativa, dependiendo del autor, tomarán una nomenclatura u otra. Sin embargo, todos trabajan bajo el mismo concepto, el cambio de estado. Por seguir con la línea de Seymour Chatman diremos que la acción narrativa deriva en sucesos, y éstos pueden ser acontecimientos o acciones23. Se hablará de acción o
23 Por otra parte, para Casetti y di Chio la acción narrativa se construye a través de acontecimientos, que se dividen en sucesos y acciones dependiendo de cuál sea el agente acuciador. Hablan de acciones cuando el agente generador es animado, y de sucesos cuando se trata
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acontecimiento según quién sea el agente responsable del suceso. Así, una acción se define “como un tipo de suceso cuyo responsable es el propio sujeto que lo protagoniza” (Canet y Próper, 2009, p. 44). Chatman (1990, p. 47) comenta que las acciones de un personaje o de cualquier otro existente pueden ser actos físicos no verbales, comentarios, pensamientos y sentimientos. Por contra, “en un acontecimiento el personaje deja de ser sujeto del verbo para convertirse en el objeto pasivo de la acción de otros agentes” (Canet y Próper, 2009, p. 44), como pueden ser, por ejemplo, factores ambientales que atañen directamente a la dimensión espacial. Con esta aclaración podemos identificar las funciones del espacio que se forman de su relación con la acción. Por de un agente anónimo, una colectividad o un factor ambiental (Casetti y di Chio, 1991, p. 188).
ejemplo, en el cine de aventuras, el espacio “asume con mucha frecuencia la función de elemento ayudante/ oponente de la acción del héroe” (García Jiménez, 1993, p. 351).
Por otra parte, la relación del espacio con la acción viene también determinada por el movimiento interno de la escena y, por tanto, atañe también a los personajes. El movimiento interno del plano es “fruto de que en la acción representada hay personas, animales y objetos que se trasladan de un lugar a otro o mueven alguna parte de su ser” (Sánchez Noriega, 2002, p. 33). La posición inicial y final de los existentes en el espacio escenográfico debe estar muy bien definida ya que cualquier variación puede perturbar la composición del plano y condicionar el sentido de la imagen y su narración. La acción en el cine es paradigmática. A diferencia del teatro, en el que la
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acción es contínua, el rodaje implica, normalmente, una fragmentación de la acción en diferentes planos. Éstas pueden ser registradas en desorden y exige al actor cambiar de situación en un breve espacio de tiempo. “No se trata de una actuación en vivo, sino que existe una mediación decisiva de la iluminación, encuadre, ángulo, movimiento de cámara, objetivos, sensibilidad de la película, etc.” (Sánchez Noriega, 2002, p. 27). Esto hace que la relación de la acción con espacio se acompleje y requiera de la continuidad espacial dada por el montaje externo para mostrar el sentido narrativo actancial.
d) Relación del espacio con el tiempo:
Es imposible eludir la relación del espacio y el tiempo en la narración audiovisual.
El proceso narrativo funciona en la narración audiovisual gracias a que ésta modeliza el tiempo de la realidad mediante un ordenamiento sintáctico que produce un significado, y dicho ordenamiento viene marcada por la diferencia entre el tiempo de la realidad (basado en sucesión y continuidad) y la temporalidad de la secuencia (elipsis, saltos diegéticos, etc.) (Peña Timón, 2001, pp. 107-108).
Hablamos aquí de la relación entre el tiempo y el espacio de la historia. Anteriormente, hemos comentado que hay un único momento en el filme en el que el tiempo de la historia y el tiempo del discurso es el mismo: la escena. El estudio del tiempo de la escena nos ayuda a calificar los tipos de espacios escenográficos que son mostrados en el relato audiovisual. Así, del nexo de la dimensión espacial con la temporal pueden surgir espacios
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“diurnos, nocturnos, crepusculares, estacionales, periódicos, etc.” (García Jiménez, 1993, p. 351). Estas calificaciones llevan tras de sí una significación propia que el espectador tiene asumida y podemos
decir, por ejemplo, que los lugares “diurnos son espacios visuales, (y) los nocturnos, auditivos y táctiles” (García Jiménez, 1993, p. 351).
Si hay un tipo de espacio que acompaña en todo momento a los significantes del relato audiovisual, ese es el escenográfico. Espacio cuyo significado, en el cine, alude, irremediablemente, a un referente. Según García Jiménez “no es posible la percepción de la imagen discursiva, tal como interviene en el hecho narrativo, sin una referencia espacial” (1993, p. 351), por lo que la imagen narrada, ficcional o no, necesita un elemento perceptual al que referirse para construir un relato comprensible. Los espacios
escenográficos son la materialización de un referente que, en el mundo natural, poseen una funcionalidad propia. Ricardo Gullón (1980, p. 10) ha distinguido las funciones que cumple este espacio en el universo ficcional:
• Función estructural u organizadora: el espacio “es concebido como principio organizador derivado de las operaciones creadoras de la enunciación” (Martínez García, 2011, p. 66).