Dr Francisco Maglio · Doctor en Medicina
EL ESTADO VEGETATIVO
Al estado vegetativo muy frecuente- mente se lo confunde con la muerte, pero no tiene nada que ver con ella. Es un estado en el que la persona no tiene capacidad de respuesta, una condición caracterizada por el estado de vigilia, alternancia de ciclos de sueño, ausencia de conciencia de sí y del ambiente cir- cundante, falta de respuesta a los estí- mulos del ambiente, mantenimiento de funciones automáticas y de funciones cerebrales. Por lo general no necesita ayuda técnica para mantener sus funcio- nes vitales.
El paciente en estado vegetativo no es un paciente terminal ya que su condi- ción puede prolongarse de forma estable durante períodos muy largos. El diagnós- tico hasta el momento es eminentemen- te clínico y requiere una atenta y prolon- gada observación. Las técnicas modernas de imagen han permitido documentar persistencia de algunas funciones corti-
cales y respuestas a algunos tipos de estí- mulos, como el dolor. Las valoraciones de pronóstico son en general de tipo esta- dístico.
Todo ser humano tiene dignidad pro- pia, sin discriminación de raza, cultura o religión, condiciones de salud o situacio- nes socio-económicas. La persona en estado vegetativo no es una planta, es un ser humano con un estado de vida de características mínimas con muy poca conexión con el exterior. La dignidad, que constituye un valor inmutable e intocable, no depende de sus circunstan- cias externas ni del juicio de nadie. Soy un ser humano hasta el día en que muera, aunque tenga una calidad de vida que no le guste a mucha gente e incluso a uno mismo.
¿Qué va a hacer Occidente con las enfermedades crónicas? Porque en defi- nitiva, con toda la complejidad que tiene el estado vegetativo, es una enfermedad crónica, una patología que va a acompa- ñar al que la padece hasta la muerte, cuando llegue. El reuma, la artritis, tam- bién duran hasta la muerte, como tantas otras enfermedades que no son curables y que no matan. La realidad de las enfer- medades crónicas no curables, existe. Por qué entonces con esta patología tene- mos que decir que no tiene que existir. Y si es una enfermedad crónica no curable, ¿cuál es la terapia?, ¿terminar con la vida, porque molesta o es caro?...
Los deberes morales no pueden ser exi- midos debido a razones deontológicas, bioéticas, de derechos humanos y de soli- daridad. Hay muchas causas de fondo que piden no violar la moral. El paciente en estado vegetativo, en espera de recupera- ción o de su final de vida, tiene derecho a recibir asistencia sanitaria básica: alimen- tación, hidratación, higiene, calefacción, refrigeración, prevención de complicacio- nes por el hecho de estar en cama, moni- torización de sus signos clínicos, etc.
Juan Pablo II decía en marzo de 2004: “Siento el deber de reafirmar con vigor que el valor intrínseco y la dignidad per- sonal de todo ser humano no cambian, cualesquiera que sean las circunstancias de su vida”. Un hombre, aunque esté gra- vemente enfermo o se halle impedido, es y será siempre un hombre. Jamás se con- vertirá en vegetal o animal. Entonces a este mal llamado estado vegetativo hay que ponerle un nombre nuevo.
En un importante congreso que orga- nizó la Pontificia Academia para la Vida junto con la Federación Mundial de Médicos Católicos, sobre el tema de hidratación y alimentación, el Papa clari- ficaba diciendo lo siguiente: “Quisiera poner de relieve que la administración de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por vías artificiales, representa siempre un medio natural de conservación de la vida, no un acto médico, por lo tanto, su uso se debe considerar en principio ordi-
nario, proporcionado y como tal, moral- mente obligatorio en la medida y hasta que demuestre alcanzar su fin propio”. Esta definición causó mucho revuelo, sobre todo en el mundo anglosajón.
La obligación de proporcionar los cuida- dos normales debidos al enfermo en estos casos, no desaparece por el hecho de prever probabilidades escasas de esperanza de recuperación, porque muy probablemente, el enfermo vegetativo, que es un ser vivo, no se va a recuperar, pero no lo sabemos con certeza. Por eso también está muy cuestionado hablar de estado vegetativo permanente.
Las escasas esperanzas de recupera- ción no pueden justificar el abandono o la interrupción de los cuidados mínimos al paciente. El único resultado posible de su suspensión es la muerte por hambre o desnutrición o por sed o deshidratación. Si se efectúa consciente y deliberada- mente, termina siendo una verdadera eutanasia por omisión. En el caso de Terri Schiavo, ¿la alimentación y la hidrata- ción que ella recibía, eran eficaces como tratamiento, como acción? Incluso consi- derándolo como tratamiento médico, suponiendo que lo fuera, ¿le daba resul- tado a esta mujer? Sí, vivió quince años. Médicamente, hay que suspender el tra- tamiento cuando no funciona más o cuando le hace un daño al paciente. ¿Qué pasó cuando se suspendieron la ali- mentación e hidratación de Terri Schiavo?
A los catorce días ¿se murió por la pato- logía de base que tenía?, es decir, ¿por su estado vegetativo? No, sino por la sus- pensión de alimentación e hidratación. Se causó claramente la muerte en el siglo XXI, por desnutrición y deshidratación en los Estados Unidos, el país de la abun- dancia, a una persona atendida y que tenía los medios necesarios. Incluso la simple duda de estar en presencia de una persona viva, si es que existiera la duda, implica la obligación de su pleno respeto y de evitar cualquier acción orientada a provocar su muerte.
¿Qué se hace frente al estado vegeta- tivo? Hay muchas acciones positivas
frente a este difícil paciente y a esta dolorosa situación, pero hay que actuar considerando que el paciente es una per- sona viva. Sostener a las familias, no dejarlas solas con su carga humana, psi- cológica y económica. Crear una red de unidades de preanimación con progra- mas específicos, apoyo económico y asis- tencia a domicilio, centros de acogida para familias incapaces de afrontar el problema y para ofrecer períodos de pausa existencial, dinámica para com- prender que el equipo de salud es su alia- do y lucha con ellos. Todos estos son ele- mentos que la Pontificia Academia para la Vida destacó y propuso.