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II. MARCO TEÓRICO

II.5 El humor como compensación

Abordar la función de compensación del humor implica incorporar algunas consideraciones provenientes principalmente del psicoanálisis, específicamente de lo planteado por Freud43 tanto en El chiste y su relación con el inconsciente (1905) como en su

artículo “El humor” (1927), que viene a complementar lo desarrollado por el autor al final de aquel. En este artículo, Freud distingue el humor de lo cómico y del chiste, y lo considera como la principal defensa del yo ante “los afectos dolorosos” (2003a 1166). Esta característica hace del humor un fenómeno que el autor denomina “grandioso” y “exaltante” por su capacidad liberadora y protectora (2003b 2998): por un momento, el yo “rehúsa dejarse ofender y precipitar al sufrimiento por los influjos de la realidad”, empecinado en que los traumas del mundo exterior no pueden afectarlo (2998). Esta condición, sin embargo, hace del humor un fenómeno al mismo tiempo “patético”, ya que dolor sigue y seguirá existiendo y amenazándolo desde lo real (Szabó 1).

Como mecanismo de defensa44, en el ejercicio del humor estaría subsumido siempre

el carácter no humorístico que da lugar a la broma o al chiste, su trasfondo de verdad, esto

43 Para efectos de este análisis nos atendremos a los planteamientos de Freud al respecto, principalmente

debido a que, en relación al humor como mecanismo psíquico de defensa y protección del yo, su propuesta no se ha modificado sustantivamente hasta el día de hoy.

44 George Vaillant señala que los mecanismos de defensa se constituyen en cuatro niveles, dependiendo del

grado de distorsión de la realidad que impliquen. Los mecanismos maduros incluyen la supresión, el humor, la sublimación, la anticipación y el altruismo. Para profundizar en esta temática, véase Adaptation to Life.

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es, la culpa, la melancolía, la rabia o la angustia de la que surge la necesidad de elaborarlas como broma. Es decir, la esencia del humor consistiría, desde esta perspectiva, en ahorrarse los afectos de una situación dolorosa45, y en saltarse, mediante una broma, la posibilidad de

exteriorizar ese sentimiento. En este sentido, el humor, a diferencia de lo cómico “no es resignado sino rebelde; no sólo significa el triunfo del yo, sino también el del principio de placer, que en el humor logra triunfar sobre la adversidad de las circunstancias reales” (2003b 2998). Detrás del ejercicio del humor, en este último sentido, estaría la consciencia y la constatación de la vulnerabilidad de la condición humana pero, también, la de la doble naturaleza de la propia existencia, lo que Baudelaire llamaba “la potencia de ser a la vez uno y otro” (Lo cómico 51). El carácter dual que el humor evidencia se expresa a través del propio mensaje humorístico, el cual tiene siempre a lo menos un doble significado. Es lo que Bergson ha llamado el carácter “a la vez animado e inanimado de lo risible”, lo que Koestler denomina “bisociación de matices”, lo que Freud llama “dúplice naturaleza, consciente e inconsciente de la expresión”, lo que Berger señala como “yuxtaposición de mundos de significados contradictorios” o lo que Pirandello caracteriza como “sentimiento” de lo contrario (Aladro 318).

En cuanto al proceso humorístico, el ejercicio del humor puede dirigirse a uno mismo, o bien hacia otra persona que no tiene ninguna participación en él, pero a la cual la primera

45 Desde la perspectiva del psicoanálisis, la diferencia básica entre el chiste, lo cómico y el humor radica en

sus fuentes de placer, las que a su vez se relacionan con el tipo de proceso de pensamiento involucrado y el tipo de ahorro de energía producido. En el caso del placer que proporciona el chiste, éste deriva de la sustitución regresiva del proceso de pensamiento secundario por el primario (es decir, el preconsciente “es liberado por un momento a la acción del inconsciente, como contribución que el inconsciente presta a lo cómico”) y de la liberación de impulsos que de otra forma habrían sido reprimidos; es decir, en el chiste el placer proviene de un ahorro de energía de coerción. En el caso de lo cómico, el placer deriva de la comparación de dos gastos de energía, localizables en el preconsciente, lo que redunda en un ahorro de energía de representación. Finalmente, en el caso del humor, en el que la persona reúsa sufrir a pesar de la realidad dolorosa, el placer se produce por el ahorro de energía de sentimiento doloroso. (2003 1162-1167; 2003b 3000).

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hace objeto de su consideración humorística. Este caso correspondería, por ejemplo, a un escritor que describe los modales o actitudes de sus personajes con humorismo. No hace falta que estos últimos muestren humor alguno, señala Freud, ya que la actitud humorística es asunto exclusivo de quien las toma por objeto, mientras que el lector o espectador pasa a participar del goce/alivio del humor (2003b 2997).

La actitud de recepción del humor, en este caso, es muy similar a la actitud de recepción del arte: en ambos casos “hay una aceptación absoluta, inicial, de los presupuestos de la situación comunicativa, incluso una cooperación para realizar la representación” (Aladro 323), similitud que, unida a los elementos comunes que presentan la creación verbal y la humorística, “ha llevado a autores […] como Hegel a situar el humor dentro de la esfera de la Estética” (323). El receptor, de este modo, participa, como un eco, del placer proporcionado por el humor (Freud 2003b 2997).

Se debe considerar, además, que el proceso humorístico, desde esta perspectiva, también se considera eminentemente social. Incluso en el caso en que el “humorista” se tome a sí mismo por objeto, ya que quien constata este ejercicio –y de alguna manera lo completa y comprende como humor–, es quien, eventualmente, lo observa. El humor necesita de una comunidad de hablantes de la misma lengua y de un universo de sentido compartido, ya que apela, precisamente a las incongruencias y rupturas dentro de ese universo para abrirse paso. El carácter intrínsecamente social del humor, ciertamente, refuerza su categoría protectora.