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El impulso del «cristianismo palestinense»

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Santiago Guijarro Oporto

6. El impulso del «cristianismo palestinense»

La primera generación de discípulos en Judea y Galilea tuvo una existencia efímera. La guerra contra Roma, que tuvo un im- pacto devastador sobre la región, marcó una cesura decisiva en el desarrollo de los diversos grupos que habían continuado con sensi- bilidades diferentes y con acentos diversos el movimiento iniciado por Jesús. A pesar de ello, la importancia de estos grupos de discí- pulos en el proceso de configuración del cristianismo es funda- mental, pues las raíces más profundas de lo que llegaría a ser la nue- va religión hay que buscarlas en aquellos pocos años de vivencia intensa y en aquellos pequeños grupos que ensayaron con entusias- mo y creatividad diversas formas de continuar el movimiento de Je- sús. El impulso del cristianismo palestinense fue ya decisivo duran- te la primera generación, pero su aportación a las generaciones posteriores fue más importante aún.

La aportación más decisiva y determinante para las generacio- nes futuras fue, sin duda, el hecho de haber preservado la memo- ria de Jesús, que durante la segunda generación cristalizó en los evangelios. Los discípulos de la diáspora, enfrentados a la necesi- dad de dar razón de su fe en un contexto religioso plural, profun- dizaron sobre la divinidad de Jesús, pero tuvieron menos necesi- dad de recordar con detalle sus enseñanzas y sus acciones. Sin embargo, los discípulos de Judea y Galilea, que eran un grupo mi- noritario en un contexto mayoritariamente judío, tuvieron que indagar en el sentido de las palabras y de las acciones de Jesús, y para ello tuvieron que recordarlas con precisión. Ellos vivían, ade- más, en los lugares en los que se había desarrollado su actividad, lo cual facilitaba el recuerdo de sus acciones y sus enseñanzas. De este modo, la comunidad de Jerusalén conservó el recuerdo de la pasión de Jesús, y se lo transmitió a otros grupos y a las genera- ciones posteriores junto con la explicación del sentido que tenían aquellos acontecimientos a la luz de los salmos. Del mismo modo, los discípulos galileos conservaron la mayor parte de los recuerdos de la actividad pública de Jesús, algunos de los cuales también se habían conservado y transmitido entre la gente de las aldeas que había frecuentado.

Esta tradición fue recogida parcialmente en composiciones y colecciones que vieron la luz en la región siropalestinense durante la primera generación y más tarde fueron incorporadas a los evan- gelios. El evangelio de Marcos fue compuesto en un lugar cercano

a Galilea y a Judea, probablemente en la región sirofenicia, y debi- do a ello su autor tuvo un acceso directo a muchas de estas tradi- ciones. Su gran acierto consistió en componer un relato que incor- poraba de forma articulada varias de ellas: el Relato de la pasión, procedente de la comunidad de Jerusalén, la tradición discipular de los apotegmas, conservada por los grupos de discípulos de Galilea, y la tradición popular de los milagros, que se recordaba en las al- deas de esta misma región48. A partir de estos recuerdos de Jesús, el

autor del evangelio de Marcos compuso un relato de carácter bio- gráfico y de este modo la memoria de Jesús quedó fijada en una for- ma literaria que tendría un enorme éxito en los años inmediata- mente posteriores, como testimonian los evangelios de Mateo y de Lucas, que utilizaron este relato como fuente, y también el evange- lio de Juan que compuso un relato alternativo teniéndolo presente. La memoria de Jesús fraguó también en otros escritos, otros evan- gelios, que con el tiempo recibirían el nombre de apócrifos, pero su influjo en el cristianismo posterior no fue tan determinante como el de aquellos que fueron considerados como canónicos y, en cuan- to tales, pasaron a ser el referente básico de la memoria de Jesús en el cristianismo.

Junto a esta aportación fundamental para las generaciones veni- deras, hay que mencionar otra, que fue también determinante y que hay que atribuir al grupo de los helenistas. Esta aportación no solo consistió en la impresionante difusión del mensaje cristiano que lle- varon a cabo, gracias a su familiaridad con las colonias judías de la diáspora, sino también en el trasvase cultural que supuso el uso de una nueva lengua y unas nuevas categorías de pensamiento. La sen- sibilidad intercultural de aquellos judíos de la diáspora que habían ido a Jerusalén en una actitud de búsqueda espiritual, que habían sin- tonizado con el mensaje de Jesús, y que más tarde vivieron la expe- riencia de la resurrección, dejó en el cristianismo una impronta, que ha conservado a lo largo de toda su historia y que le ha permitido ha- cer relevante su mensaje en situaciones muy diversas. La herencia de aquel primer mestizaje entre el mundo religioso judío y el pensa- miento griego, se expresó durante las primeras generaciones cristia- nas en el uso de la lengua griega, en la que han llegado hasta noso- 137

LA PRIMERA GENERACIÓN EN JUDEA Y GALILEA

48Véase Gerd Theissen, Colorido local y contexto histórico en los evangelios, Sígue-

me, Salamanca 1997, pp. 145-187, y Santiago Guijarro Oporto, «La composición del evangelio de Marcos», Salmanticensis 53 (2006) 5-33.

tros los escritos cristianos más antiguos49. Esta opción fue decisiva

para la implantación del naciente movimiento cristiano en el mundo del Imperio, y puso las bases para el diálogo con la cultura y con el pensamiento, iniciando así una trayectoria que ha caracterizado al cristianismo en sus épocas más luminosas.

49En este proceso fue decisiva la traducción de las Escrituras judías al griego;

véase Natalio Fernández Marcos, Septuaginta. La Biblia griega de judíos y cristianos, Sígueme, Salamanca 2008, pp. 99-115.

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