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Capítulo 1: Conceptualizaciones Teóricas

1.3 El Lenguaje Radial

“Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice” Peter Drucker

Conocer la radio implica ahondar en un mundo exigente que así como el cine, la televisión o la prensa, requiere de diferentes códigos de expresión; la radio adopta diferentes características que no solo se manifiestan a través de la voz. Para intentar definir de qué se trata el lenguaje en la radio y cuáles son sus diferentes formatos tomaremos a continuación textos de autores como Armand Balsebre, Xosé Soengas, Francisco de Anda y Ramos, John Newman y José Ignacio López.

Según Armand Balsebre, “el lenguaje radiofónico no es únicamente la palabra; se constituye de los sistemas expresivos de la palabra, música y los efectos sonoros” (1994, p.24). El mayor interés se le da a la expresión hablada como la sintaxis o el monólogo expositivo, dejando de lado las otras formas expresivas del lenguaje en la radio que abren la magnitud expresiva de este medio. Los periodistas fueron quienes marcaron el nuevo estudio del lenguaje para estructurar mejor algunas rutinas de producción en el proceso de construcción de la noticia (1994, p. 24).

Considera este autor que el lenguaje radiofónico es un „proceso endógeno‟ con los elementos que dan determinados significados a los contextos comunicativos en los que son expuestos. Además, considera dos conceptos fundamentales que constituyen la radio: por un lado, la tecnología, considerada como “un proceso de/formante de la señal sonora original, cuyos recursos expresivos influyen decisivamente en la codificación de los mensajes sonoros de la radio” (1994, p. 26), y por otro lado los oyentes quienes “asignan el significado al mensaje sonoro en el proceso interactivo de la comunicación radiofónica” (1994, p. 26).

En una definición exhaustiva, el autor define el lenguaje radiofónico como un “conjunto de formas sonoras y no-sonoras representadas por los sistemas expresivos de la palabra, la música, los efectos sonoros y el silencio, cuya significación viene determinada por el conjunto de los recursos técnico- expresivos de la reproducción sonora y el conjunto de factores que caracterizan el proceso de percepción sonora e imaginativo-visual de los radio oyentes” (1994, p. 27).

Ocuparnos de la definición del lenguaje radiofónico nos permite comprender más allá de la palabra; un lenguaje que constituye una obra de arte como lo asegura Karl Vossler, creador de la escuela del Idealismo lingüístico y de la Estilística (Vossler, citado en Balsebre, 1994). Este lenguaje es también el instrumento que está al servicio de la comunicación ya que este es el que hace posible la difusión de

noticias con rapidez, permite la comunicación entre públicos masivos y heterogéneos y la creación artística (Balsebre, 1994, p. 29).

El profesional de la radio debe comprender el lenguaje radial desde una perspectiva dialéctica en donde la forma y el contenido juegan papeles fundamentales en la construcción del mensaje. Para Balsebre, los recursos expresivos como la música, ritmos, entre otros, fundamentan el sentido simbólico, estético y connotativo del lenguaje radiofónico (1994, p. 30).

La radio informativa para este autor puede causar una verdadera emoción estética así como la ficción dramática o el ritmo musical; solo si el lenguaje radiofónico es utilizado como un auténtico instrumento de comunicación y expresión (1994, p. 31).

Para lograrlo, el locutor tiene una inmensa responsabilidad con el mensaje que quiere transmitir, si lo que busca es que toda idea o sentimiento sea transmitido. Debe estar en la capacidad de romper con cualquier efecto separador para crear un espacio de intimidad con el oyente, y esto involucra incluso si el mensaje es leído o improvisado (Balsebre, 1994, p. 36).

La radio es un medio de cercanía y como tal, debe establecer mensajes completos que permitan a la audiencia sentirse partícipe gracias a todas las herramientas que el lenguaje radial ofrece.

1.3.1 Los elementos de la radio

Según Xosé Soengas, los elementos propios de la radio son el sonido, el texto y los efectos sonoros. Por un lado, el sonido se manifiesta por medio de la voz, ruidos o música, cada uno representando una función específica en el mensaje radiofónico. El texto es el soporte material de los mensajes, ya sea previo a emitir o el resultado de una emisión. Los efectos sonoros, propios de los programas dramáticos, son sonidos extratextuales o ruidos ambientales que permiten la ubicación o conceptualización de la información que se está dando (2003, p. 10).

Los mensajes para este soporte no se escriben sino se gestan a través del aire, lo que condiciona la decodificación del mismo ya que desaparecen de forma instantánea y no regresarán a menos que sean grabados (Soengas, 2003, p. 13).

A diferencia de la televisión, la radio y la prensa son medio activos según Soengas, ya que estos soportes obligan al oyente o lector imaginar las situaciones por medio de los textos o sonidos (2003, p. 14).

Para Francisco de Anda y Ramos, la utilización combinada de las voces, la música, los ruidos o efectos y los recursos radiofónicos es lo que constituye un libreto radiofónico que permitirá la realización de un producto de forma homogénea así los productores sean dos personas diferentes (Anda y Ramos, 1997, p. 278).

Para dar mayor precisión a estas definiciones, abordaremos estos conceptos explicados por este autor. Iniciamos con las voces a las cuales se distinguen por el tono (que determina la edad del personaje) y la inflexión (el carácter). El tono permite identificar no solo edades, sino también a hombres y/o mujeres (1997, p. 279). Dentro de las características de las voces encontramos:

- Voz estentórea o de trueno: recia, fuerte y retumbante - Voz de campana: severa, majestuosa y enérgica - Voz de plata: clara y sonora

- Voz metálica: nasal, sonora y enérgica

- Voz cascada: opaca, empañada, carente de fuerza, monótona - Voz aguardentosa: ronca, poco armoniosa

- Voz dulce: sumisa, acariciadora, suave - Voz atiplada: chillona y afeminada

- Voz de grillo: femenina chillona, amargada

- Voz blanca: infantil, aguda, clara, de respiración rápida

La música por su parte funciona para ubicar al oyente en un lugar o tiempo determinado, dándole realismo y emoción a los productos radiales. Entre los usos que señala el autor están (1997, p. 282):

- Música de situación: ubica un lugar geográfico o región

- Música ambiental: son fondos musicales que respaldan una acción

- Música descriptiva del estado de ánimo: fortalece la expresión emocional de los personajes - Música emocional: pretende que el oyente viva las emociones narradas

- Resolución musical o telón: corrobora hechos narrados y cierra escenas - Transiciones o cortinas musicales: encadenan escenas o cambios - Tema musical: composición musical que se repite como presagio

- Ilustraciones musicales: fragmentos musicales en narraciones de compositores, intérpretes, etc.

- Música argumental: narran historias o argumentos

- Montaje musical: indicaciones para resaltar las emociones y situaciones

Anda y Ramos continúa su descripción con los ruidos o efectos sonoros, asegurando que por sus timbres es posible identificar si provienen de un objeto, animal o persona, incluso de un sintetizador electrónico (1997, p. 284).

Todo elemento en la radio, ya sean voces, música o ruidos, representa un mensaje específico por lo que hacer uso de estos permitirá emitir un mensaje más sólido y contundente.

1.3.2 El informativo radial

El proceso informativo radiofónico, como en toda rutina periodística, debe responder a las tres fases fundamentales de información, que según Soengas son: los hechos, la obtención de datos y la elaboración de la información (2003, p. 33). Los hechos son la materia prima de toda noticia ya sean situaciones o elementos que dan globalidad a un acontecimiento. En la recogida de datos entran los criterios periodísticos de selección para medirlos de acuerdo a su relevancia, de esta manera se puede establecer una estrategia de obtención ya sea por recopilación o investigación. Finalmente la elaboración de la información debe responder a los códigos deontológicos según el tratamiento que el medio quiera darle al tema. En este último componente se ponen a consideración criterios éticos y profesionales que van de la mano con el periodista y el medio para el que trabaje (2003, p. 35).

El periodista que realiza un informe para radio, debe conocer y manejar las exigencias que el medio y el programa para el que trabaja requieren. Soengas asegura que el periodista debe adoptar el libro de estilo que está conformado por un “conjunto de normas estéticas, redaccionales y técnicas que le dan coherencia al programa y que definen las características del espacio informativo en concreto y de la emisora en general” (2003, p. 41).

Este libro es lo que le da la identidad a cada emisora y facilita el trabajo con un procedimiento homogéneo. En general, este libro debe ser aplicado por todas las personas que hacen parte del proceso informativo, considerándolo como un instrumento de ayuda. Este libro pretende una coherencia estilística dentro de los relatos narrados; no es una cadena de fuerza ni tampoco un mecanismo de censura, al contrario, esta herramienta le debe otorgar al periodista un margen para que cada profesional desarrolle su personalidad dentro de los parámetros permitidos (Soengas, 2003, p. 42).

Para Soengas, estos libros deben contener los lineamientos exactos de realización, por ejemplo las normas generales de la emisora y de cada programa, criterios de selección de la información, normas de puntuación, tratamientos con las fuentes, formatos, entre otros. Sin embargo, el autor asegura que se deben aplicar grandes dosis de flexibilidad ya que siempre habrá algunas instrucciones contradictorias entre los intereses de cada programa y los de la emisora. “No siempre es posible aplicar literalmente los criterios preestablecidos. Y en la solución de estos supuestos tiene un papel importante la flexibilidad, que también contemplan los manuales estilísticos” (2003. P. 44).

Como fue mencionado anteriormente, es fundamental que la forma esté ligada al contenido y por supuesto, para los informativos radiofónicos este debe ser un pilar. Como lo asegura Soengas, “los mensajes radiofónicos necesitan ser interesantes en su contenido y, a la vez, atractivos en su aspecto, para mantener el interés de la audiencia” (2003, p. 213). Es por esto que hablaremos entonces de la redacción y la comunicación para este formato.

Por un lado, la redacción radiofónica requiere de ciertas garantías técnicas adecuadas que emitan con objetividad y claridad; la comunicación radiofónica, además de tener datos interesantes, debe hacer que las noticias trasciendan a los oyentes por medio de su expresividad. Es evidente que para esta comunicación se debe aplicar una alta dosis de creatividad estética e incluso modalidades discursivas de otros géneros para enriquecer los mensajes y fortalecer la credibilidad. En los informativos radiales siempre intervienen los que son ajenos al periodismo y son los protagonistas de un relato, por este motivo, al introducir a las fuentes en los informativos, se debe recordar que se juega con dos tipos de mensajes, el preparado y el improvisado. Cualquiera de los dos mensajes, deben estar preparados y orientados por la preparación del periodista y los componentes que acompañan ese relato (Soengas, 2003, p. 214).

Los mensajes informativos no solo están compuestos por la palabra, no obstante, esta requiere de un protagonismo mayor al ser la herramienta que informa con precisión. Por esta razón, Soengas asegura que un texto debe ser la guía de la locución que permita hacer hincapié en los diferentes registros por adoptar. La responsabilidad del locutor es dotar a la información de una entonación adecuada, por esto recomienda sea neutra, es decir, que no contenga ningún tipo de carga emocional y con una actitud distante para evitar transmitir sensaciones, esa es la labor de las declaraciones de las fuentes (20003, p. 216).

Pero la excepción a la regla en este caso sucede cuando el informativo consiste en una entrevista en donde el periodista tiene dos roles, uno como entrevistador y el otro como comentarista. Es indispensable contar con una entonación y actitud adecuadas para que exista coherencia en la transmisión. Otra excepción son las intervenciones „asevero-afirmativas‟ ya que el locutor debe ser contundente, seguro y de decisión clara, contrario de las intervenciones dubitativas. Otras excepciones son: el discurso exclamativo, ya sea de alegría, tristeza o sorpresa, el estilo enunciativo y la función reflexiva (Soengas, 2003, p. 219).

En el relato radiofónico que describe Soengas, existen dos niveles narrativos: las características propias del discurso en su punto de vista formal, que vienen en el tratamiento de la información y normas de redacción, y las características del contenido noticioso, definidas por los hechos. Esta es la distinción que el autor realiza para hablar de la narración estética y la narración de contenidos (2003, p. 222).

Para este autor, elaborar un discurso informativo requiere jerarquizar la información y redactarla para luego ubicar los relatos en la unidad informativa. Asegura que es necesario organizar las noticias dentro de cada sección por el grado de importancia, de proximidad geográfica o cualquier raccord para darle continuidad al discurso. “La organización de las unidades informativas consiste en disponer las secciones de acuerdo con las características del informativo, a saber, nacional, internacional, economía, deportes, sociedad, etc., según el criterio que establezca la emisora” (2004, 224).

Soengas asegura que un informativo es una unidad independiente que tiene unas características propias y hace parte de una estructura general de la emisora, pero antes de ser parte de una parrilla de programación, es una unidad o formato, por lo que debe manejar cierta independencia guardando una coherencia global, de esto ahondaremos más adelante (2003, p. 230).

No solo es importante saber de qué se trata un informativo, es indispensable conocer cuál es la labor del periodista y qué esperan los oyentes de él. Según John Newman, “el periodista de radio generalmente es a la vez reportero y redactor. Debe poseer la iniciativa del reportero y el criterio del redactor de mesa” (1991, p. 42) por lo que debe saber que el oyente siempre querrá escuchar las noticias de la actualidad, así que como redactor tendrá que hacer gran hincapié en que sus noticias estén actualizadas, el periodista en la radio dice lo que ocurre en ese instante.

Para Newman, la forma más eficaz de señalar la actualidad está en el manejo de los verbos; aunque no siempre es lógico emplear el tiempo presente, hay que hacer énfasis en su uso o reconocer que no siempre lo más importante es lo que está ocurriendo en el momento de la transmisión (1991, p. 44). Otra forma para subrayar la actualidad de la noticia es por medio de frases que ubican el contexto de la noticia como „en este momento‟, sin embargo, no hay que abusar de estas. Newman también resalta la moderación con la que debe ofrecerse una noticia que no es principal, ya que ejemplifica que si una estación anuncia constantemente el choque de unos autos sin lesionados, podrá causar una falsa impresión a los oyentes haciéndola pasar por noticia importante. Siempre las noticias, así estén en desarrollo, deben ser presentadas con información nueva, o como lo llama Newman el „nuevo aspecto‟ o el „ángulo nuevo‟ (1991, p. 49).

El redactor de noticias en radio se enfrenta a la decisión de asignar o no las notas que saldrán al aire ya que usualmente, es mucho contenido y poco tiempo de transmisión. Esta es la razón por la que debe medir tanto el valor noticioso de cada nota como en los intereses de sus oyentes. Para tomar esta decisión, solo la práctica y la experiencia podrán generar ese criterio en el redactor, sin embargo, Newman ofrece seis características que pueden ayudar a esa elección: “actualidad, localidad, significado, efecto, dramatismo y rareza (o calidad de insólito)” (1991, p. 74).

Otra decisión importante es la cantidad de veces que esa noticia sea retransmitida para aquellos que no la escucharon en la primera transmisión. Esto depende del valor noticioso del acontecimiento, en donde el factor humano prevalece y su impacto social (1991, p.77).

Por lo anterior, el manual de estilo tiene que ser la guía editorial de una emisora para orientar el manejo y lectura de los informativos actualizados estableciendo su impacto social y el valor que les otorga la audiencia.

1.3.3 La opinión pública formada por el periodismo radial

Para Francisco de Anda y Ramos, los medios masivos de comunicación han influido fuertemente en la sociedad, especialmente en el desarrollo de la industria, ciencia y tecnología. En este contexto, el consumidor de medios pocas veces se percata de que detrás de los mensajes existen múltiples manipulaciones por parte de un grupo de poder, lo que sujeta y limita las posibilidades de pensamiento debido a los estereotipos presentados en la información (1991, p. 422).

Ante este panorama, el autor nos invita a mantener cierta incredulidad para no ser guiados por donde esta quiere llevarnos, sin dejar de lado que es justamente la comunicación lo que mantiene las relaciones humanas. Con el auge del conocimiento y la ciencia, la comunicación y especialmente el periodismo, no simplemente informa, también es un instrumento de organización y dirección social, por esta razón es que la información no es ni será neutral (1997, p. 423).

Algunas teorías de la comunicación han derrumbado algunos mitos acerca del poder de los medios masivos de comunicación especialmente, que estos no logran modificar en su totalidad las opiniones, actitudes o acciones en un público. Los mensajes masivos logran ejercer, junto a las formas interpersonales, sólo una gran influencia. (Anda y Ramos, 1997, p. 425).

La mayoría de los medios de comunicación son empresas y esto los convierte en agentes que buscan la competencia comercial y mercantil con sus servicios representada en la información que dan. Por eso Anda y Ramos asegura que es evidente su índole económica y que los medios estén sujetos a las leyes de la oferta y la demanda haciendo una labor mercantil muchas veces enajenando el contenido de la información (1997, p. 425).

Según Anda y Ramos, los medios de comunicación han buscado la forma de organizar o mejor „desorganizar‟ a la sociedad para dominarla de forma sutil en una „anarquía comunicativa‟; esto quiere decir que la clase dominante que es dueña de los medios de información se encarga “de establecer el criterio sobre la cantidad y la calidad de la información que se publica o se da a conocer”. Los medios, al tener conocimiento de una información que influye en la opinión pública, recurrieron a la especialización para dirigir sus contenidos a ciertos nichos y corresponder a esa división de públicos en grupos sociales (1997, p. 426).

La responsabilidad no solo recae en los medios, también es asunto de las audiencias que se acostumbraron a informarse vanamente y nunca exigen una plena satisfacción de sus necesidades, la razón es que no reflexionan sobre problemas políticos o sociales de su entorno. Anda y Ramos aclara que ante esta situación, ciertos sectores sociales les interesa sobrevivir primero antes que integrar a la opinión pública porque sus necesidades primarias los obligan. Es por esto que cada sector, en pro de mantener su posición e imagen, orienta la información a su parecer, de tal forma que el informador logre su objetivo ideológico matizando y parcializando la información (1997, p. 427).

Anda y Ramos refiere el término de „dezinformatsiya‟, término ruso que significa desinformación, para explicar que desde 1959 o antes, la Unión Soviética establecía organismos para difundir cierta información falsa con fines políticos. Asegura0020que este no es el único caso sino solo uno de casi todos los gobiernos que deforman o falsean la información para sus estrategias políticas. La desinformación no logra nada diferente a la dominación ideológica de una masa de consumidores que nunca pedirán les sea proporcionado otro punto de vista de los acontecimientos (1997, p. 427).

El rol que desempeña la noticia en la formación de la opinión pública es trascendental, porque para ser generada necesita que suceda un hecho y sea divulgado por los medios masivos de comunicación para

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