• No se han encontrado resultados

en el Sumario Segunda lectura

2.2. lógica rElacional

2.3.2. eL Libro de Las maraviLLas

En Cuba surgen las dos primeras cosas admira- bles, que son verdaderamente «revelaciones privilegiadas de la rea- lidad» (Fernández de Oviedo, 1950, p. 273) que hacen surgir ama- gos de lo real maravilloso ante los ojos del lector. Primero, Oviedo menciona la existencia de un valle de unas dos o tres leguas entre dos sierras, que está «lleno de pelotas de lombardas guijeñas, y de género de piedra muy fuerte, y redondísimas» (p. 102).

Se trata de piedras que parecen balas, de modo que el narra- dor las relaciona con antiguas unidades de artillería, desde pelo- tas de escopeta hasta balas de cañón. El valle es «como minero de ellas, y cavando las sacan» (p. 102). Inmediatamente añade un elemento admirable más. Además, cerca del mar, hay una mon- taña de la que sale un «licor o betún a manera de pez o brea» (p. 103, se refiere al petróleo), a propósito para cubrir los navíos. Con una brea semejante «fácil cosa es creer que los muros de Babilonia pudiesen ser murados de betún», comenta el narrador.

Estos son los dos primeros aspectos admirables con los que nos topamos en el Sumario. Ambos remiten a textos ya clásisos y a la antigüedad, específicamente a la ciudad de Memi y a Babi- lonia. Pero también sugieren muros, escopetas, artillería, tiros. Oviedo no lo dice claramente, pero sugiere que estamos en un lugar en el que se reiteran los elementos que sirven para proteger o para defender un espacio. Son revelaciones de la realidad. En 1550 Fray Vicente Palatino de Curzola recorrería la genealogía de los españoles (fenicios, cartagineses, romanos) y aseguraría

no solamente que las Hespérides son la Española y Cuba (Fer- nandina), sino que en Chichén Itzá y en Zacatlán se encontraron inscripciones cartaginesas. El narrador también relaciona la isla de Cuba con la Nueva España, específicamente con Pánuco, en donde también se hallaron minas del mencionado betún .

Pero también explica de manera que atrapa al lector, cómo pescan con el pexe reverso y cazan las ánsares bravas en Cuba y Jamaica. La siembra de la yuca y del maíz, la pesca y la caza son ac- tividades de la vida diaria de los indígenas que son aprovechadas por el recién llegado para escribir otro «libro de las maravillas».

2.3.3. La geografía

De lo primero que habla el narrador en Tierra Firme después de delimitar la región a la que se referirá es de un tema «colegido» por él: hay una semejanza entre la manera como se retira el mar en las costas atlánticas europeas y del Me- diterráneo, y la manera como se mueve la marea en el norte y en el sur de Castilla del Oro. Y llama la atención en «otra cosa»: en el lugar en donde más se nota este crecer y menguar el mar, hay un estrecho de tierra que es como para «especular». Este tema del crecimiento y decrecimiento de las mareas lo repetirá más adelante, con un valor encarecedor que, además, subraya la coherencia del texto. Lo mismo pasa con la referencia al estrecho de tierra sobre el que encontrará otro puente natural, elementos que, en la distancia textual, adquieren el valor de epidiégesis.12 Lo

que hay que notar es que el narrador no dice qué es lo que colige, ni qué es lo que está especulando sino al final del libro.

En esa decisión de ubicar algo que no se dice qué es, esco- ge los datos relacionados con el clima de la zona tórrida, anti- guamente considerado inhabitable, las estaciones, para que el lector «colija» que en Castilla del Oro nos encontramos del otro lado de la tierra.

El punto de partida de su visión es la división del mundo en dos hemisferios. Informa que cuando se está ubicado en el Golfo 12 Explica Helena Beristáin (1995): «Dentro del discurso oratorio una pri-

mera narración (narratio) debía ser breve, pudiendo ser sucedida por otra más amplia y detallada: repetita narratio o epidiégesis (p. 192).

de Urabá, ya ha sido traspasada la línea equinoccial y que se está en la zona tórrida. Pierre d’Ailly, que había sido fuente de infor- mación para Colón, informa que si se continuaba hacia el sur, por donde precisamente se supone que se debe buscar la Espe- cería, se entraría en una región de la tierra que, según muy anti- gua opinión, estaba cubierta de agua, pero, realizado en 1519 el viaje de Magallanes, se había comprobado que muy por debajo del Ecuador seguía habiendo tierra. Su observación de que por Santa María la Antigua del Darién pasan las aves del norte ca-

mino al sur parece conducir a esta inferencia: la tierra continúa

hacia el sur. Esta afirmación, relacionada con el capítulo final, significaría que por allí se podían localizar las islas buscadas.

Lo importante es que el personaje-narrador puede asegurar que la zona tórrida es habitable porque él mismo ha vivido allí, y no una región tan extremadamente calurosa que estableciera una línea divisoria insalvable entre los pueblos europeos y los antípodas. Tal como dice D’Ailly, que es la opinión de Avicena, el clima en el trópico es caluroso porque recibe directamente los rayos del sol, pero es habitable, y se hace templado por otras causas. El narrador verifica que la cantidad de lluvias, ríos, arro- yos, fuentes y lagunas, así como las sierras y montañas altas re- frescan el ambiente en el trópico. Estas informaciones sobre el clima, la posibilidad de vivir en el trópico, el paso de las aves, están dispuestas secuencialmente en una parte de la obra en la que se describe la situación geográfica de la región. El narrador no dice que está comprobando el sendero que se debe seguir por tierra para alcanzar las especias sino, muy adelante en la obra, en los últimos capítulos. Sin embargo, una imagen del mundo anterior al descubrimiento permite pensar que entre el rey y el narrador, y entre Oviedo y Carlos I, hombres de una misma época, existen presuposiciones que los lectores de este siglo xxi desconocemos. Esta es la razón por la cual nos parece que no se explican algunos aspectos de una imagen que se intenta presen- tar, y parecen descoyuntados del esqueleto narrativo

Todo lo anterior hace que la estructura del Sumario no trans- curra secuencialmente sino mediante saltos. No se dice textual- mente que se anda en busca de un camino, sino que se utiliza la reiteración, por ejemplo, de la extraordinaria humedad de la

tierra, templada hasta el tamaño de un hombre pero calidísima en lo profundo, de la manera como se retira el mar, de la prolife- ración de ríos en el norte, de la duración de los días y las noches, del verano y el invierno correspondientes a las cuatro estaciones europeas, para ir reconociendo una región al poniente del Golfo de Urabá por donde se dice que hay un estrecho de tierra para cruzar el mar del Sur.

La reiteración, la estructuración relacional, la elipsis causada por la existencia de presuposiciones, las imágenes que se doblan en continentes distintos introducen el concepto del doble, pri- mitivamente propuesto por los diálogos, aplicado aquí al aspec- to geográfico.

Documento similar