en el Sumario Segunda lectura
2.2. lógica rElacional
2.3.6. Las indias como camino
Para Magallanes, las Indias eran un obstáculo. Para el narrador del Sumario, la única ruta verdadera. Una lectu- ra cuidadosa permite reconocer el trazado de un gran mapa que marca el derrotero de un viaje desde España hasta la Mar del Sur por Panamá con el fin de comprobar que por ese camino se deben buscar y traer las especias. Este, sin embargo, aun no es un viaje de reconocimiento científico, aunque quisiera serlo por- que pone especial interés en la geografía; tampoco es el viaje fantástico en el que las leyes naturales quedan totalmente sus- pendidas. Es, más bien, un desbrozamiento del camino mítico que conduce al tesoro expectante (la Especería); ruta puesta allí por Dios y aún no «adivinada» por los hombres que insisten en explorar otras vías.14 Se trata de la búsqueda de un mito: el
«otro» camino de las especias.
La superposición de un discurso epideíctico (con su dedica- toria, narración/exposición, argumentación y conclusión) sobre una base estructural espacial propia de la antigua narración de un viaje transforma el discurso superficialmente dogmático en «hipótesis de trabajo» (Bajtín, 1986, p. 490) para la asimiliación de la realidad textual.
Al entregarle la historia al sujeto de la enunciación, Oviedo habría representado con anticipación en su memoria no solo la 14 Antonello Gerbi (1992, pp. 436 y 438) manifiesta la posibilidad de que Oviedo polemizara con Pedro Mártir con respecto a la ruta de las islas de las especias. Como ya ha sido mencionado, este había escrito en 1524 en un libro que no sería publicado sino hasta 1530 sobre la posibilidad de en- contrar un canal que haría muy fácil el viaje a la Especiería. A su vez, Pe- dro Mártir se había hecho eco de Hernán Cortés quien, en la tercera carta (1522) había informado la existencia de un camino por tierra. En la cuarta carta se refiere a una vía marítima hacia la mar del Sur, pero en la última, vuelve a la idea del paso terrestre. Según Gerbi, el descubrimiento del Mar del Sur en 1513 hizo resurgir la idea de que se podía llegar a través del Ist- mo a los archipiélagos de las especias. Vasco Núñez de Balboa anunció la existencia de oro purísimo en la arena de los ríos y sobre la tierra. El rey Fernando tenía necesidad urgente de estas riquezas por su «diplomacia corruptora», dice Gerbi. Las tierras señaladas por Balboa fueron llamadas Castilla del Oro y fue organizada una gran expedición dirigida por Pedra- rias Dávila para explorar la región. Allí vino embarcado el veedor de las fundiciones del oro de Tierra Firme, Gonzalo Fernández de Oviedo.
totalidad de los datos sobre el camino hacia la Especería, sino también sobre la naturaleza y los hombres de las Indias, y habría seleccionado y utilizado todo lo que por su situación en el espa- cio o por su novedad pudiera constituirse en evidencia de que esa que él señala es la ruta buscada. De esta manera, realiza un acto poético15 por el cual se estructura la obra alrededor de
un tópico literario (el viaje, localización del camino).
Pero es que, además, hay procedimientos lingüísticos involu- crados que señalan la existencia de una básica estructura dialógica: 1. La confrontación de diferentes discursos sobre el mismo
asunto:
a. aseveración de la existencia de un paso de agua; b. afirmación de que lo que hay es un puente de tierra. 2. La provocación de una palabra tácitamente presente: la
del comendador Fray García de Loaiza, quien en ese año partió hacia la Especiería por otros puntos geográficos. En esencia, las Indias Nuevas están reconocidas como dadoras de extraordinarias riquezas a la nación española, pero hay en la ac- tuación del Monarca, señalada por el narrador, otra provocación para que se le dé una respuesta: la frívola manera como esparce 15 Hayden White (1992) explica: «Los relatos históricos pretenden ser mo-
delos verbales de segmentos específicos del proceso histórico. Pero tales modelos son necesarios porque el registro documental no produce una imagen sin ambigüedades de la estructura de sucesos de que da fe. Para figurarse “lo que realmente ocurrió” en el pasado, por lo tanto, el histo- riador tiene que prefigurar como posible objeto de conocimiento todo el conjunto de sucesos registrado en los documentos. Este acto prefigura- tivo es poético en la medida en que es precognoscitivo y precrítico en la economía de la propia conciencia del historiador. También es poético en la medida en que es constitutivo de la estructura que posteriormente será imaginada en el modelo verbal ofrecido por el historiador como represen- tación y explicación de “lo que ocurrió realmente” en el pasado. Pero es constitutivo no solo de un dominio que el historiador puede tratar como posible objeto de percepción (mental); también es constitutivo de los con- ceptos que utilizará para identificar los objetos que habitan ese dominio y para caracterizar los tipos de relaciones que pueden tener entre ellos. En el acto poético que precede al análisis formal del campo, el historiador a la vez crea el objeto de su análisis y predetermina la modalidad de las estrategias conceptuales que usará para explicarlo» (p. 40).
los ducados dobles por el mundo. Asimismo, la visión de unas Indias como estación de llegada y la opuesta, como posta en el camino, descubre la existencia de discursos que se confrontan.
Las Indias Nuevas son un camino que ha estado allí siempre, de modo que hay que identificar las señales en la naturaleza, lo que exige la traducción de otro lenguaje (como en los cuentos de niños perdidos en el bosque).
El viaje se hace por mar y por tierra, es de ida y de regreso, y son descritos el tiempo en días y el espacio en leguas desde San Lúcar hasta Tierra Firme, en frente de Santo Domingo y por Nombre de Dios hasta la nueva ciudad de Panamá.16 El primer capítulo empal-
ma con el capítulo LXXXV donde son señaladas las leguas, por tie- rra, existentes entre Nombre de Dios y Panamá. De esa manera se completa la ruta que interesa: «digo que cuando a nuestro Señor le plega […] más de siete mil leguas de navegación se ganarán, y con mu- cho menos peligro de como al presente se navega» (p. 272).
La señalización del camino parece distorsionarse cuando el cronista se ubica en la tierra desde las islas y en Tierra Firme (con excepción del capítulo LXXXV). Se desvanece el trans- currir temporal marcado en días, y toman forma detallada el escenario indiano y las criaturas que lo ocupan dentro de de- terminado territorio geográfico cuidadosamente marcado. Lo que ha ocurrido es que se ha entrado en el registro de los he- chos novedosos (señales, signos puestos por Dios) e históricos (pueblos extraños, lenguas diferentes) que sirvan para orientar la búsqueda del camino en la heterogeneidad de la naturaleza americana. Para eso se van reconociendo hitos en el escenario, que es objeto de cuidadoso examen, y como resultado queda una muestra de la riqueza de las Indias, imaginadas como las tierras colindantes con aquellas fabulosas de la Especería.
En el continente, el Golfo de Urabá, en donde «son los días y las noches casi del todo iguales», en donde desemboca un río por siete bocas, traza el límite que separa a los pueblos fleche- ros del oriente. Hacia allá está el cabo de San Agustín, punto más lejano en esa dirección; hacia occidente queda la Nueva Es- 16 Aunque entonces era nueva la Ciudad de Panamá por haber sido fundada
paña requisada por Cortés, y no se deja de mencionar que una orden real ha llevado a los españoles hasta los Bacallaos. De esta manera, mediante la mención solo del nombre de los lugares, el narrador va trazando una línea que va por la Tierra Firme desde lo que hoy es el Brasil hasta Norteamérica, sin mencionar el im- plícitamente anhelado paso de agua.
En todo este espacio, sin embargo, no se detiene en los seres humanos, animales ni vegetales sino en Castilla del Oro, por las costas de la mar del Norte y la mar del Sur.
Es allí donde realiza el registro de dos tipos de indio y de la na- turaleza, tras la búsqueda, dice, de las «particularidades de mi intención y deseo con que esta relación se comenzó» (p. 120).
Reinicia la descripción del camino de siete u ocho leguas des- de Nombre de Dios hasta el cacique de Juanaga (que también se llama Capira), y desde allí otro tanto hasta el río Chagre, en don- de se acaba el mal camino.
A partir de ese lugar hay dos leguas hasta la puente Admira- ble, (un puente creado por la naturaleza, que pasa sobre un río), y dos más hasta el puerto de Panamá. De inmediato procede a explicar de qué modo se puede transportar la especería por allí, después de llegar por la mar del Sur a Panamá. Pudiera ser lle- vada por tierra y en carros hasta el río Chagre, y desde allí hasta la mar del Norte, de donde partiría para España. Todo esto tiene un carácter hipotético, y por tanto, fictivo.
En la estructura profunda late el tópico del viaje de la narra- tiva antigua, palpitan los viajes de Marco Polo. Se va levantando así una imagen de las Indias como camino que debe ser marca- do para una búsqueda, motivo recurrente en la narrativa, y esto hace que el Sumario emparente con la señalización de otros sen- deros que quieren ser localizados por mar y tierra para la bús- queda de un vellocino, del Dorado, de la riqueza del Oriente y, por veinte años, del hogar perdido.