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EL MÉTODO DE LECTURA Y COMENTARIO DE TEXTOS

1 C f, P h ilibert. on. c it.. pp. 8-9. S obre la rela ción e n tre el filo s o fa r y la tra di­ c ió n «le k>n filó s o fo * . véase nuestro m anual ile Iniciación filosófica, ca p . I. 2 Com o lo h ace notar W a jm er <le R eyna, aqu él q u e pretende ser “ o b je tiv a “ a ul­

tra n z a olvid a que el b uje to e n una con d ición real i m prescindible y ca e p or tan to en vicio d e s u b je tiv id a d : quien k recon oce "su b je tiv o ” es. en ca m bio, p a ra d ójica m en te, m ás “ o b je t iv o " . C f. La filo s o fía en I be roa ib ¿ r ic a . L im a, S o­ ciedad P eru an a de F ilo so fía , 1949. p. E>4.

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medida en que su corácter y propósito no corresponden a las metas del pensar filosófico.

Lo anterior no excluye que un mismo texto pueda ser obje­ to de un comentario filosófico y, a la vez, de un comentario li­ terario, religioso o de cualquier otro tipo. De hecho en un gran número de casos no pueden señalarse rígidamente las fronteras entre lo filosófico, lo literario, lo religioso u otros modos de c a ­ racterizar un texto. Allí donde la obra resulta igualmente repre­ sentativa de uno u otro género de quehacer espiritual, estamos en presencia de lo que Giraudon llama ‘‘textos-fronterizos” .1 C a ­ sos típicos a este respecto son, vg., Los. pensamientos de Pascal, obra a ¡a vez de reflexión filosófica y de devoción; Así habló

Zaratustra, tan notable por su calidad expresiva como por su

mensaje doctrinario; El mito dé S/sifo de Camus, pieza maestra del ensayismo de ideas, a caballo entre la filosofía y la literatura; o El Controto Social que aporta no sólo a la evolución del pen­ samiento antropológico sino también a la teoría del Estado y del derecho. La interpretación de tales textos presenta a veces problemas derivados de su doble naturaleza. Como señala G i­ raudon, una decisión previa del carácter que se va a consi­ derar dominante es indispensable para evitar confusiones y re­ solver o disminuir los problemas producidos por la ambivalen­ cia. Por otra parte, cabe notar que estos textos fronterizos pue­ den ser particularmente adecuados para la coordinación de la enseñanza de varias disciplinas.

Si es cierto que como norma general, según acabam os de ver, los textos apropiados para la aplicación del método son los que podemos calificar de filósofos, no se sigue de allí que todos los textos filosóficos sean apropiados para el caso. No pensa­ mos por ahora en las diferencias de grado, tema o estructura, de que nos ocuparemos más adelante, sino en una distinción que concierne a la calidad filosófica misma de las obras. Nos interesa poner de resalto el hecho de que un manual escolar cualquiera no es un texto apropiado para la aplicación del mé­ todo y que sí lo es, por ejemplo, El Discurso del método de Des­ cartes. Los manuales escolares no son apropiados fundamental­ mente porque la lectura y corrtentario en filosofía, como hemos señalado, busca poner en contacto al alumno con un gran pen­ sador e iniciarlo en la reflexión filosófica con ayuda del modelo de un pensar original y maduro. Raramente ocurre esto con un manual escolar o con obras de introducción, exposiciones histó­

1 M. G iraudon. “ A propon <le l’ exp lica tion «le teste*", Rcvue de l'EnMifrnement PhilMOplüqtie, a . 9. n . 6. 1959.

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ricas y otros producciones de carácter auxiliar, que recogen', re­ sumen y difunden los puntos de vista expresados por los filósofos de una época, una escuela o una corriente. Ellos serán maneja­ dos con provecho por los alumnos y servirán para darles una información complementaria a la lectura en clase, pero no ofre­ cen la riqueza de ideas, ni tienen el valor creador y la signifi­ cación ejemplar de las producciones originales,

b) El grado de dificultad. La segunda perspectiva que pue­ de adoptarse para seleccionar los textos que han de manejar­ se en clase es la del grado de dificultad de los mismos. Es obvio que a los diferentes tipos de cursos {elementales, avanzados, ge­ nerales, especializados, etc.) corresponden sendas posibilidades de trabajar con textos según su dificultad. Tratándose de Jas clases de educación secundaria, que generalmente son para alumnos principiantes, es preciso elegir textos que, sin perjuicio de su riqueza y penetración, se ofrezcan como vía apropiada para el acceso de éstos al filosofar. £n este sentido es acon­ sejable:

i) que el tema sea unitario, simple y no de una complica­ da articulación conceptual;

i i} que no presuponga demasiada información previa o trabajos con otros problemas filosóficos;

iii) que el lenguaje sea directo, claro y no peque de exce­ so de tecnicismos;

iv) que ofrezca pasajes suficientemente netos de análisis de conceptos, derivación de conclusiones, iluminación por imá­ genes, crítica de supuestos, en fin, de formas del pensar filosó­ fico que puedan presentarse como modelos para reflexión del alumno, Se entiende que estos caracteres no implican diferencias radicales; es este asunto de matices y transiciones lentas, gracias a los cuales el arte del profesor logra llevar ai alumno de cier­ tos textos apropiados para lectores sin ninguna lectura filosófi­ ca previo, a obras de mayor envergadura, en períodos y pla­ zos variables,

c) Diferencias temáticas, históricas, etc. Determinados tex­ tos serán aceptables por su tema, de acuerdo a la naturaleza de las asignaturas filosóficas en que se emplean. En efecto, en las clases de ética tenderemos a considerar apropiadas ciertas obras que no elegiríamos en un curso de estética o teoría del conocimiento: La misma diferenciación ocurre en los asignaturas de introducción a la filosofía, de acuerdo a los capítulos o seccio­

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nes programáticas que determinan la adecuación mayor o me­ nor de unos u otros textos. Esto es cierto sin que por eso lo sea menos el que las obras filosóficas son siempre plurivalentes, es decir, apropiadas para ilustrar el tratamiento de varios proble­ mas. Lo cual se explica porque, como se sabe, no hay en filoso­ fía una separación temática estricta, al estilo de las ciencias na­ turales o sociales, pues los asuntos y problemas, en razón de tener significación universal, se articulan y entremezclan, condu­ ciendo naturalmente unos a otros. Dicho de otro modo: una obra filosófica, en la medida en que significa un aporte valio­ so a lo evolución del pensamiento, tiene siempre una riqueza temática que desborda los compartimentos cerrados de las dis­ ciplinas o asignaturas. Sin embargo, no es improbable que, a causa de los temas explícita y directamente tratados, ciertas obras resulten más apropiadas que otras para el trabajo en cur­ sos de diferentes disciplinas. Aunque esto no sea tampoco váli­ do en términos absolutos, hay aquí sin duda un principio acep­ table de distinción y elección.

Al lado de estas diferencias relativas al asunto, tendrán im­ portancia, según la naturaleza y orientación de los cursos, otras referentes a la corriente o a la escuela del autor, a la épo­ ca en que fue compuesta la obra, a la lengua original, etc. En este sentido, algunos sostienen que deben leerse preferentemente los clásicos y otros, en cambio, se inclinan por los autores con­ temporáneos,1 polémica que ¡lustra bien una de las posibles di­ ferencias a que nos estamos refiriendo.

d) Estructura de la obra. Cabe diferenciar, finalmente, los textos según ciertos caracteres formales, como son la exten­ sión, la integridad o fragmentación, etc. A este respecto seña­ lamos tres posibilidades principales: i) Lectura de un libro com­ pleto, como puede ser, vg., el Critón o el Gorgias de Platón, Las Meditaciones metafísicas de Descartes, o la Monadologia de Leibniz, para referirnos sólo a algünos libros célebres no muy extensos, ii) Lectura de un artículo o ensayo breve, como, por ejemplo, una de las cartas a Lucilio de Séneca, "La intuición fi­ losófica" de Bergson o "La refutación del idealismo” de Moore. iii) Trozos escogidos de diferentes filósofos, de diversas épocas, escuelas o nacionalidades, sobre los mismos o distintos asuntos.

No parece posible recomendar de manera exclusiva uña de estas clases de textos; cada una, como se comprende, tiene sus virtudes y sus desventajas. Veámoslas más de cerca.

1 G f. Hanne, H ., " W a i solí m an taw n. die Klasaiker oder d i« M od em a n ?” , 01a an bMher*n S d n l m , p. S63.