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El manejo de las emociones en el discurso.

CAPITULO I Antecedentes de los hechos políticos en México.

Capítulo 5 La construcción del personaje una aproximación de la teoría de las emociones.

5.1 El manejo de las emociones en el discurso.

En el periodismo las emociones se consideraron como perjudiciales para la adecuada transmisión del mensaje informativo, la objetividad desdeñó cualquier posibilidad de generar un texto periodístico que permitiera incluir las apreciaciones

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del periodista; la posibilidad de un tratamiento personal de la información se sujetó al estilo, al uso de determinado género periodístico y al medio de comunicación. Los libros de estilo o manuales dictaron la pauta para el uso correcto del lenguaje en los textos que se transmitirían, y no cabía la posibilidad de un manejo emotivo, pues el rol del periodista era capturar la realidad y transmitirla sin sus percepciones, ni sus juicios, ni sus valoraciones individuales sobre el acontecimiento.

Esfuerzo de objetividad: el reportero debe partir siempre de los hechos, independientemente de sus preferencias ideológicas y políticas. Ha de apegarse siempre a la fuerza del dato concreto, de la declaración, del documento específico, por encima de cualquier otro interés. Ya se ha apuntado que el periodismo es intrínsecamente subjetivo, pero el mejor periodismo se realiza sin la carga deliberadamente subjetiva con que muchos reporteros adjetivan la realidad que pretenden transmitir, al grado de deformarla. No son útiles los reporteros que a falta de datos invaden de adjetivos sus textos. El esfuerzo de objetividad, alejado de todo partidismo, es ingrediente fundamental para el logro de una positiva carrera periodística (Marín, 2003:27).

La objetividad en la transmisión del mensaje periodístico se ha cuestionado, pues por un lado se le pide al periodista no valorar la información, pero por otro, es un requisito significativo para identificar cuál es la importancia de un acontecimiento que se traducirá en noticia, y que sólo por esa razón se ha hecho ya una separación personal de los hechos; al respecto Velázquez (1992) menciona que desde el momento en que se asume la interpretación como elemento para la actividad profesional de un periodista ya se le asigna el rol de ser un intérprete de la realidad en el marco de la responsabilidad social.

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Las emociones no han sido visibles para el estudio de los textos periodísticos, en materia de análisis del discurso; la elección de determinadas palabras puede depender del tipo de discurso del que se trate, de la pertenencia del periodista a un grupo, de su posición u opinión sobre el tema, Teun A. van Dijk (2000) afirma que para referirnos a las mismas personas u objetos podemos utilizar ítems o léxicos diferentes “Cuando estas variaciones ocurren en función del contexto (hablante, perspectiva, auditorio, grupo, etc.) se dice que estamos frente a las características del estilo del discurso” (Dijk, Teun A. van, 2000:34).

Explica Teun A. van Dijk (2000) que para describir los mismos sucesos pueden utilizarse variaciones de la escritura que depende del contexto del nivel de expresión del discurso. “Se puede hablar de los mismos tópicos o sucesos y hacerlo con distintos sentidos locales, como ocurre en el caso de la información que brindan sobre el mismo hecho un diario “serio” y otro sensacionalista” (Dijk, Teun A. van, 2000:35).

Siguiendo a van Dijk en esta obra, añade que el orden y la forma del discurso no es arbitrario, el discurso periodístico a menudo recurre a frases u oraciones que exprese información ya conocida por el lector y que pueda inferirla, en tanto que el orden de su organización desempeña diferentes funciones como lo son indicar contrastes, énfasis o una elección entre varias alternativas.

A los estudios del discurso se les agrega la revisión del sentido y de la retórica, el primero de ellos es el proceso de comprensión e interpretación, tanto del que emite un discurso como del que lo recibe, por lo que estudiar el sentido se da en

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función del entorno discursivo y de las referencias, es decir de cómo se relaciona con los sucesos reales o imaginarios de los cuáles se habla y, por último se analiza la retórica que son los recursos de persuasión para atraer la atención del lector.

Desde esta corriente de investigación, las emociones quedan fuera, pues el discurso que construyen los periodistas está en relación de los elementos mencionados, como son el uso del lenguaje o como forma de interacción social o como de la comunicación de creencias que se estudian desde la estructura y el orden, el sentido, el estilo y la retórica. La posibilidad emotiva en el desarrollo y organización del discurso entrarían sólo en el campo de la psicología.

La definición de emoción que da la Real Academia de la Lengua Española, es “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Interés con que se participa en algo que está

ocurriendo” 12 Las emociones han estado vinculadas a la parte no racional de la

mente del ser humano pues al existir una respuesta física que aparentemente no se controla, se considera inadecuado para la estructura de narrar los acontecimientos bajo la premisa de la objetividad igual a imparcialidad o apego a la verdad.

Al respecto Michel Maffesoli (2007) propone una nueva forma de observar la realidad, en la que se respeten las cosas tal y como son, que se intente captar cuál pudiera ser la lógica interna que tienen; la modernidad se encargó de ampliar                                                                                                                          

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la brecha entre “entre la razón y lo imaginario o entre la razón y lo sensible” (Maffesoli 2007:10), por lo que considera encaminarnos hacía la “hiperracionalidad”

(…) un modo de conocimiento que sepa integrar todos los parametros que habitualmente se consideran secundarios: lo frívolo, la emoción, las apariencias…que se pueden resumir en la palabra estética(…) El vínculo social se vuelve emocional. De este modo se elabora una manera de ser en la que lo primordial será lo que se experimenta con el otro (…) (Maffesoli 2007:10-11).

Además este autor explica las nuevas relaciones sociales y afirma que son relaciones animadas por y a partir de lo intrínseco, vivido día con día.

La transmisión de los acontecimientos a través de los medios de comunicación presentan una modificación en la forma de narrarlos, en la que se hace énfasis en la sentimentalización, la selección de lo relevante está en función de valoraciones emocionales, al respecto Dader (2010) señala como negativa esta transformación, pues lleva al periodismo por una senda de la trivialidad y deterioro profesional:

La predominante “ideología del sentimiento” hace que los puntos de vista no se transmitan por la articulación de razones, sino mediante manifestaciones de los sentidos. Las informaciones que recibimos no las procesamos como verdaderas o razonables, sino en términos de empatía o dispatía sentimental. No es que las ideologías hayan desaparecido, sino que se manifiestan a través de las pasiones y no mediante conceptos. Esta percepción emotiva de la realidad unifica noticias políticas, de sucesos, conflictos, celebridades o crisis económicas en clave de impacto dramático y espectacularidad. La vieja distinción entre noticias serias y ligeras no la marcan las secciones temáticas, sino el tono sobrio y aburrido (no comercial) de las primeras y el excitante y barroco de las segundas. El periodismo sentimentalizado está más cerca de la publicidad y la propaganda, sea cual sea el objeto de

su información” (Dader, 2010, “Sensiocracia y sentimentalismo” ) 13

                                                                                                                         

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Esta nueva forma de comunicar es considerada como banal pues la generación de sentido a través de los relatos puede ser sólo un mecanismo al servicio de la manipulación de la realidad en términos de Arroyas y Pérez (2009)

Al ser lo emocional el principal vínculo entre los individuos, la estética contamina tanto lo cotidiano como lo político y lo económico. Convertida la empatía en el ingrediente básico de la ética posmoderna se inaugura una forma de solidaridad social que ya no se define de manera racional, sino a partir de un complejo proceso emocional y sentimental con una fuerte carga estética. En una visión del mundo que ya no tiene el orden racional como valor esencial, se entiende el renacer de los sentidos como una revalorización de la comunión con el otro y lo sensible como condición de posibilidad del conocimiento y de vida entendida como algo que se comparte (Arroyas y Pérez Díaz 2009:13).

Para Maffesoli (2007) la expresión de las emociones colectivas “ (…) constituyen una verdadera «centralidad subterránea», una voluntad de vivir irreprimible que es conveniente analizar (…)” (Maffesoli 2007: 22), además advierte que a lo largo de la modernidad se ha privilegiado el proceso cognitivo en detrimento de la vida de los sentidos y por tanto “(…) el individuo racional dispara a todo lo que escapa a su dominio”. Si bien no señala que sea positivo el conocer sensible y el transmitir emocional, si advierte que es la nueva forma de relación que tiene el ser humano con la realidad inmediata sea el receptor del discurso periodístico o el creador. Manuel Buendía (1996) ya en los años ochenta dejaba entrever que es en el estilo periodístico (al que considera como un adiestramiento mecánico) donde descansa la emotividad,

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En la literatura periodística puede crear un estilo quien se aparta de las palabras y frases tan desgastadas por el uso como las viejas fichas de un casino; quien trata de lograr siempre –a veces con un sustantivo afortunado o el empleo luminoso de un verbo- la pincelada cromática de emoción, de profundidad; quien ama las palabras, el lenguaje y escucha –dentro de sí todo el día- su cadencia, su ritmo; quien disfruta con sus propios hallazgos en la recreación de imágenes(…) (Buendía 1996:173)

De este modo, el manejo emotivo del relato periodístico descansará en la clasificación de los géneros, pues le permite al periodista que escriba de un acontecimiento de acuerdo con las características del hecho noticioso y que ello le admita exponer la interpretación de la realidad que percibe.

Los géneros que aceptan un estilo periodístico sensible para la interpretación son, el reportaje, la columna y el artículo, sin embargo en la noticia, la entrevista, y la crónica, se dejan ver los valores creencias, percepciones y emociones de modo sutil, de forma tal que se perciba como una transcripción de lo real, de lo que existe. En éstos últimos géneros la carga emocional, en la que se enmarcaran valores, creencias, actitudes, etc., se deja ver sutilmente, ante el temor de los periodistas de faltar al rigor profesional.

La utilización de términos y conceptos para referirse al acontecimiento del que escriben no se trata sólo de estilo, como se ha mencionado en distintos análisis sobre el discurso periodístico, sino que son un código común entre periodista, lector y medio, que representa un reflejo de un mensaje emotivo, de acuerdo a los propios intereses del lector, ávido de un texto que refuerce su realidad, su ambiente informativo.

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El propio periodista es el que delimita el grado de emotividad en su texto en relación a los intereses que persigue o por el vínculo a las fuentes que le proporcionan los datos para construir las noticias.

En el estilo se apoya, se justifica y se enmascara el uso emotivo que el periodista hace en la elaboración del texto periodístico. El estilo es la organización general de la información que cada medio hace, también es el sello distintivo del periodista, y es el punto de conexión con el lector. De antemano el periodista conoce las reglas o límites que el medio establece, por lo que hay comunión de valores y perspectivas entre ambos.

En el Diccionario de Información, Comunicación y Periodismo, Martínez de Souza (1992) explica que el estilo periodístico no es el resultado de la ignorancia gramatical o lingüística, o descuido personal en la realización del trabajo, como han dicho las críticas, si no que surge de " (…) la acuciante necesidad de servir al lector, en dar las noticias en el más breve espacio de tiempo, de aquí que el estilo periodístico sea lacónico, breve, incisivo, vigoroso, rápido (…) " (Martínez de Souza,1992:177)

Advierte que la corrección y pulcritud de la expresión no lo son todo, el periodista tiene la tarea de hacer que la lectura sea interesante y atractiva, ya que en “(…) el periodismo el objeto de la información desempeña el papel decisivo (…)" (Martínez de Souza,1992:177) . La definición de estilo periodístico está centrada en la manera de escribir del periodista para que despierte el interés del lector por informarse. Se trata más allá de establecer reglas de las políticas editoriales.

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Para el Libro de Estilo del País (1996), el estilo se refiere a los condicionamientos metodológicos que uniforman lo que aparece escrito desde el punto de vista formal. Ello con el fin de responder a los dos principios de la prensa libre: La libertad de Expresión y el derecho a la información. Puntualiza que, por lo menos con respecto a este medio, El País, publicará información veraz, lo más completa posible, interesante, actual y de alta calidad, con el propósito de ayudar al lector a entender la realidad y a formarse su propio criterio. Al advertir inicialmente, la uniformidad en la publicación de la noticia, en el sentido gramatical, el periodista no podrá más que transmitir noticias comprobadas sin incluir sus opiniones personales. Por estilo se entienden las condiciones diversas para exponer la noticia al lector.

Comúnmente el estilo es el modo personal de interpretar y redactar la realidad, es el buen uso, retórico, del lenguaje.

Para Luis Núñez Ladevéze (1993), las elecciones del lenguaje son independientes del contenido "ideacional" del mensaje y compatibles con cualquier contenido que quiera expresarse, "(…) entendamos por contenido del mensaje la idea subyacente que trata de expresarse en cuanto que no está ligada a manifestación lingüística alguna(…)" (Núñez Ladevéze,1993:113). Es decir que la selección de las palabras a emplear en el texto es ajena al contenido y como tal se pueden utilizar en cualquier otro, el uso y habilidad tiene que ver con preferencias estratégicas del periodista.

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La manifestación de las emociones se ubica en el estilo, y no depende de un género periodístico concreto. Si el estilo es la forma o manera particular de ver la realidad, entonces su aplicación mediante el lenguaje tiene un nivel de uso cognitivo.

En un sentido amplio, Teun A. van Dijk (1990), distingue por estilo al resultado de las elecciones que el hablante realiza entre distintas opciones discursivas, que puedan expresar casi el mismo significado. Esa selección en el lenguaje o variación en el estilo "(…) no es simplemente libre o arbitraria, por el contrario, el estilo es una indicación principal del rol del contexto (…)" (Dijk, Teun A. van, 2000:49). Por tanto "El estilo es el conjunto total de los detalles estructurales variables y característicos del discurso que son una indicación del contexto social y personal del hablante, dada una invariante semántica, pragmática o situacional ". (Dijk, Teun A. van, 1990:111). Descartando de este modo la posibilidad de que se filtren las emociones en la elección del lenguaje para referirse a una realidad concreta.

Para Dader (2010) las emociones han lesionado el quehacer periodístico, afirma que “(…) las noticias densas son desplazadas por las que aportan entretenimiento ligero y fácil captación psicológica. Por eso triunfa la selección de noticias visualmente impactantes, pero de contenido blando (…)” (Dader, 2010, “Sensiocracia y sentimentalismo”).

Desde la perspectiva de este autor el manejo de las emociones no conviene para la verdadera función del periodista, que es la de ejercer un análisis político que

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descubra las claves interpretativas de lo que está pasando en términos institucionales y socioeconómicos “(…) como han documentado algunos analistas, el tono emocional de algunos trabajos periodísticos se aproxima cada vez más a la estructura y expresión formal de las letras de muchas canciones del pop melodramático (…)” (Dader, 2010, “Sensiocracia y sentimentalismo”).

Las emociones en la construcción de los discursos periodísticos nos muestran que la narrativa periodística ha modificado la manera de observar y de interpretar la realidad; no está separada la razón, de un saber o conocer en el que aparezca el sentimiento y la emoción en el relato de los acontecimientos que le son próximos al lector. Sabemos que los hechos se eligen por las repercusiones que tendrá en el grupo social al que se dirige y que habrá implicaciones emocionales. Al respecto Arroyas y Pérez afirman que la

(…) La emoción será un factor indispensable para la comprensión del sujeto humano. Aunque la deformación de este aspecto emocional puede derivar en el sensacionalismo, el morbo, el entretenimiento y el espectáculo, forzosamente superficial y reductor de la experiencia humana. (Arroyas y Pérez Díaz 2009: 13).