2. Entorno de los jóvenes
2.2. Barrio Antonio José de Sucre
2.2.2. El microtráfico
El barrio Sucre ha venido presentando desde hace una década aproximadamente el problema de expendio y consumo de droga. Alexis Sánchez, conocido por su nombre artístico Mc Gafas, integrante de Urbanización Guerrera nos dice: “De todo el tiempo que he estado acá
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Los integrantes de las tres agrupaciones con los que se llevó a cabo esta investigación, realizaron parcial o totalmente sus estudios de básica secundaria en esta institución. Siendo uno de los espacios más influyentes en la vida de los jóvenes del sector.
estamos viviendo la peor época del momento: hay mucha droga”. El consumo de droga ha aumentado significativamente, sobre todo en la población infantil, expresa preocupadamente el rapero:
Hay unos peladitos que ya crecieron, los que fumaban yerba hace tres años ya crecieron. Cogieron otros vicios y están peor. Los que veían fumar a los otros, están fumando ahorita, y ya hay otros que quieren fumar que son los peladitos. O sea que en tres años, esto está puteado. (Mc Gafas, comunicación personal, 20 de mayo de 2015). Para muchos de los jóvenes del sector, el consumo de droga está presente en las distintas etapas de sus vidas. Desde la niñez ven a otros consumir drogas (familiares, amigos, conocidos, vecinos) y ya en la pubertad y adolescencia exploran por sí mismos el usos de sustancias psicoactivas. Probar alguna droga se convierte en una experiencia que hace parte importante de sus vidas. Para algunos llega a integrarse a su concepción y forma de vivir.
Mc Gafas afirma además, que el microtráfico ha venido creciendo, debido también al aumento de la población. Pues según su opinión, mensualmente está llegando gente nueva al sector, proveniente de otros barrios de la ciudad y de otras regiones del país, generando que se presente una mayor demanda de estupefacientes. La situación de violencia en otras regiones del país, repercute en zonas periféricas como el Sucre donde los nuevos habitantes agudizan la situación del sector, ya sea porque están expuestos al consumo de droga, porque su llegada contribuye a formar un ambiente de desconfianza e intranquilidad para los demás, o porque desbordan una situación que ya es crítica en el sector: la falta de educación, la mala calidad del transporte, el desempleo, el problema de las basuras, etc.
“Hay una mayor demanda por el vicio. Tienen que vender más vicio… y nadie lo puede evitar. Ni la policía, ni la comunidad, ni nadie lo puede evitar”. (Mc Gafas, comunicación personal, 20 de mayo de 2015). Afirmación que nos muestra el impacto del microtráfico en sus
habitantes: se evidencia un sentimiento de impotencia, de desesperanza al no encontrar una solución a tal problema. Además se concibe como un fenómeno que se ha desbordado, superando a la comunidad y a las autoridades.
La comunidad en el transcurso de los años ha empezado a aceptar el expendio y el dispendio de droga como una situación cotidiana. Ha venido “naturalizando” o normalizando dicha problemática, llegando a resignarse y coexistir pasivamente con las “ollas” del sector sin hacer mayor resistencia. Así lo explica Mc Gafas “Es algo tan sencillo como de nunca acabar, como que ya la gente es el diario vivir y se acostumbran a vivir con esas personas así y todo. Y como el consumo y el vicio están en el crecimiento de los peladitos, pues crecen fumando eso. “
En el sector se ubican varias ollas: la primera ubicada en el barrio conocido como la invasión, la segunda en el Sucre II sector en los alrededores del colegio Antonio José de Sucre, la tercera en el Sucre III sector a menos de 200 metros del I.E.D Eduardo Umaña Mendoza, la cuarta en el paradero de buses del mismo barrio, y la última en la cancha de micro conocida como las “gemelas, lugar donde hacen sus prácticas deportivas el colegio Usminia. El microtráfico ha impactado las dinámicas sociales del sector y paulatinamente ha venido alterando su cotidianidad, penetrando diferentes espacios públicos como “la playa” donde funciona el paradero de buses, las canchas de micro “Las Gemelas” y Alcantuz, y las casas prefabricadas ubicadas a la entrada de el Sucre III sector y Villa Alemana II sector, referenciadas por los vecinos como un lugar que vende droga de manera esporádica.
Fotos 1. Las casas prefabricadas, lugar de venta ocasional de sustancias psicoactivas, según afirmaciones de varios jóvenes habitantes del sector.
En el paradero de buses se camufla la venta de droga. Es el punto más central del barrio Sucre y alrededor de este se desarrolla la mayoría del comercio, siendo uno de los sitios con mayor afluencia de personas ya sea para comprar o tomar alguna de las rutas de transporte. La entrada al sucre III sector y Villa Alemana II sector es un espacio donde se ubican algunos jóvenes para vender la droga, los cuales asumen tal labor al no tener ninguna otra opción de conseguir recursos económicos. Las canchas de micro que en el día son lugares de juego, entrenamiento, diversión, en la noche se transforman en espacios de lo ilegal, de encuentro para la venta y consumo de estupefacientes con la connivencia de los habitantes del barrio.
El microtráfico parece orientar el consumo hacia el bazuco, capturando a la población joven, como lo podemos deducir del siguiente relato de un joven del sector:
(…) y es que en la calle uno consigue todo, el diablo le muestra a uno todo (…) Porque así fue ese día: yo salí disque a tomarme una cerveza y a fumarme un bareto, y yo fumo por ahí de vez en cuando. De vez en cuando me corro un moño y no hay (refiriéndose a la bareta). Recorro todo el Sucre y ¡no hay bareta!, solo bazuco encontré
ese día. Y ese día recaí, cuando ya fue cada ocho días en la farra y por no quedarme atrás en la farra: seguía, seguía y seguía. ¡Eso fue un visaje! (Pacho, comunicación personal, 27 de agosto de 2013).
La mayoría de los jóvenes inician probando alguna marca de cigarrillo, pasan a la marihuana y rápidamente al bazuco. El microtráfico parece emplear una clara estrategia que consiste en controlar la oferta. Se reduce al mínimo la venta de la marihuana y se aumenta la venta del bazuco, provocando su consumo. Se ha venido asegurando una población consumidora centrada en los niños y los jóvenes de la comunidad.
El microtráfico ha permeado las relaciones interpersonales, sentimentales e incluso las familiares. En una conversación con Pacho, uno de los jóvenes del sector, este nos cuenta su experiencia:
Yo ya llevo tres meses rehabilitado, salido de eso. Yo en enero me separé de ella (su mujer) y ahí caí de nuevo, y volví con ella y me recuperé, y luego me separé, pero ya no más. Me estaba volviendo un adicto afectivo. Quería buscar un amor donde, donde no estaba. Terminaba en la inmunda, terminaba paila. (Pacho, comunicación personal, 27 de agosto de 2013).
Terminar paila significa caer nuevamente en el bazuco. Muchos jóvenes del sector luchan por rehabilitarse, pero el no poder asumir y aceptar una pérdida emocional, los lleva a sucumbir en la droga (siendo una, de las tantas causas existentes). Como lo afirma el mismo joven: “Esa es la cuestión por la que el bazuco me cogió a mi (refiriéndose a los problemas con su pareja)… la bazuca me sacó todo eso malo que llevaba adentro”. (Pacho, comunicación personal, 27 de agosto de 2013). En este caso, como en muchos otros, las relaciones afectivas y sentimentales se ven truncadas por el consumo de droga. Los jóvenes no cuentan con alguna institución u organización dentro del sector que
permita brindarles alguna orientación al respecto, por lo cual deben enfrentar muchas situaciones completamente solos, apenas con el apoyo de la familia en algunos casos. Un aspecto preocupante es que el sector se ha convertido en un lugar que favorece la venta y consumo de droga. Este contexto dificulta la rehabilitación de cualquier joven como lo manifiesta Juan David:
Hace como un mes más o menos mataron a un amigo, se llamaba Alex, le decían “Loco Cherly”. La mamá es recicladora, se llama doña Luz, los hijos estudian allí arriba. Uno se llama Ricardo, uno pequeñito, uno mono que le dicen Ricky y la chica no sé cómo se llama, una flaquita, morenita. Entonces la muchacha y Alexander se metieron como en esa cuestión de la droga, cogieron el bazuco. Ellos vivían, incluso ya en empezaron a vivir en la calle. Entonces a Alexander la mamá lo internó. El duró un tiempo internado y salió, salió juicioso. Se la pasaba con nosotros ahí en el parque jugando micro. Entonces, el chino cambió ¡Un cambió áspero! pero seguía fumando marihuana, solo eso, pero no había vuelto a coger el bazuco. Una vez me lo encontré en la esquina, entonces yo le dije, qué pasó Loco Chirley. - ¡Noo marica! Anoche me piqué, no llegué a la casa. Otra vez en las mismas. Pasaron como dos semanas y el chino paila, paila. Otra vez en la calle… (…) la cuestión es que duran un tiempo por allá (en rehabilitación), llegan acá, y llegar acá es volver a caer. Llegan acá y el ambiente, así por más fuerte que quieran ser, el ambiente los hace volver a caer. El ambiente, las amistades los hace volver a lo mismo. (J, Abril, comunicación personal, 10 de junio de 2015).
En este caso podemos ver la desintegración de la familia. Los hijos se convierten en víctimas del negocio de la droga y a pesar de los esfuerzos por la rehabilitación, el contexto actual mantiene y potencia las condiciones para que recaigan en el problema. Las esquinas, las
canchas, los alrededores de los colegios, el paradero de buses son espacios públicos tomados por el microtráfico. Los jóvenes se encuentran rodeados y asediados para que caigan en el consumo.
Peor es la situación de los jóvenes drogadictos, quienes al abandonar sus familias, el colegio y el trabajo, resultan inmersos en el mundo de la calle, realizando acciones de tipo delictivo. El joven por su adicción es visto como un “vicioso” o “chirrete”, y se concibe como un criminal, olvidándose su condición de víctima. Víctima de los problemas familiares y de pareja que se dan en el hogar, víctima de un negocio de drogas a nivel local y global, víctima de una comunidad para la cual es un problema, pero que es mejor ignorar. Su vida queda expuesta al abuso policial, al desprecio de los habitantes de la comunidad, a las amenazas de grupos de “limpieza social”, a los pleitos, conflictos y retaliaciones entre las distintas ollas por mantener el control del negocio.