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El Negocio de las Armas

In document Gobierno Mundial (página 32-36)

IAR-Noticias)16-Agosto-07

El billón doscientos mil millones de dólares de gastos militares en el planeta y la expansión geométrica de las ganancias de los consorcios armamentistas del Complejo Industrial Militar

estadounidense, son la prueba más irrefutable de la relación simbiótica de supervivencia establecida entre el sistema capitalista sionista con los conflictos armados y las ocupaciones militares. Uno se retroalimenta de los otros, y ambos términos de la ecuación conforman la piedra angular de la existencia misma del sistema que hoy controla el mundo.

Por Manuel Freytas (*)

(fecha de publicación 07Agosto07)

A) "Guerra contraterrorista" y armamentismo

Con las llamadas "guerras preventivas" iniciadas por los halcones tras el 11-S, no solamente se conquista militarmente sino que también se abren nuevos ciclos de expansión y ganancia capitalista en los nuevos mercados sometidos con el argumento de la "guerra contraterrorista".

Los ataques y "guerras preventivas" agendadas para lo que resta de la gestión de Bush (Irán, Siria, en primer lugar), además de sus objetivos geopolíticos-militares, buscan que la "integración del negocio bélico" alcance cada vez a más consorcios privados y que las "guerras futuras" se conviertan en una empresa privada financiada por el Estado imperial norteamericano.

La conquista militar, a su vez, es la llave de entrada para un descomunal negocio capitalista "multifuncional y diversificado", donde el Imperio (a través de la

"reconstrucción" de lo destruido) moviliza una maquinaria de ganancia financiera, se apodera de recursos naturales (principalmente petróleo), vende armas, tecnología, servicios, y modela hábitos consumistas entre las clases ricas (altas y medias altas) cómplices de la invasión.

En su planificación de "guerras futuras" (también llamadas "guerras simultáneas") el Pentágono estudia extender el negocio a más áreas de la ocupación militar, y las

corporaciones del Complejo Militar Industrial (armamentistas, petroleras y de servicios) ya han comenzado a intercambiar información orientada a fusionar sus servicios en rubros determinados, a fin de competir con mayor posibilidad en el logro de próximos contratos.

El 11-S no solamente instaló un nuevo sistema de control social por medio de la manipulación mediática con el "terrorismo", sino que además inauguró un "nuevo orden internacional" (sustitutivo de la "guerra fría") basado en la "guerra

contraterrorista" que sirve de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de las trasnacionales capitalistas.

En términos geopolítico y militar-estratégicos, con la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del "terrorismo internacional", a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del capitalismo desde la caída de la URSS) sustituía dos aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial:

A) Lanzamiento de nuevas conquistas militares de mercados justificadas en la "guerra preventiva contra el terrorismo" y en la nueva doctrina de seguridad de EEUU emergente tras los atentados del 11-S.

B) Aplicación de una nueva lógica represiva y de control político y social

(sustitutiva de las "dictaduras militares" setentistas) en los países dependientes bajo el argumento del "combate contra el terrorismo".

Bien mirado, el uso "multifunción" de la leyenda mediática de Bin Laden y el "terrorismo internacional", excede las fronteras de EEUU y se convierte en lógica esencial de preservación política, militar y económica del sistema capitalista en su conjunto.

Además de las corporaciones petroleras y de servicios, los grandes beneficiarios y usufructuarias de la "guerra contraterrorista" lanzada como estrategia de Estado por la administración Bush tras el 11-S, son los pulpos armamentistas que contratan con el Pentágono.

Los gastos militares alcanzaron el año pasado un 3,5 por ciento hasta los 1,2 billones de dólares (casi 900.000 millones de euros) al aumentar los costos de la "guerra antiterrorista" y de las operaciones de la ocupación estadounidense en Irak y Afganistán, según el informe anual dado a conocer en junio pasado por un instituto de estudios europeo. El gasto mundial en armamento, liderado por Estados Unidos y su actual "guerra contra el terrorismo", alcanzó a 1,2 billones de dólares en 2006 batiendo un nuevo récord, según el informe anual publicado en junio por el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés). La inversión de EEUU representa un 46% del total, según el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo

Estados Unidos gastó 529.000 millones de dólares en operaciones militares en 2006 - un aumento del cinco por ciento sobre el año anterior -, señaló el SIPRI. El Gobierno de EEUU ha destinado 432.000 millones de dólares a la categoría "guerra mundial contra el terrorismo" desde septiembre de 2001 hasta junio de 2006, añadió el informe del SIPRI. "Teniendo en cuenta tanto los factores inmediatos como los de

largo plazo, los costos pasados y futuros hasta el año 2016 para EEUU de la guerra en Irak se han estimado en 2,267 billones de dólares", explicó.

En los últimos diez años, entre 1997 y 2006, el gasto se incrementó en un 37% EEUU fue el país que aportó la mayor parte en la subida con un 62 por ciento o 26.000 millones de dólares del total del aumento, que fue de 39.000 millones de dólares. Con un gasto en armamento que supone el 46 por ciento del total mundial, Estados Unidos encabeza la lista de los que más desembolsan en armamento, seguido de Gran Bretaña, Francia, China y Japón, cada uno con entre el cuatro y el cinco por ciento.

B) El lobby de las armamentistas

En un informe de Project on Government Oversight (POGO), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto militar, se señaló que, entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40 por ciento de los contratos armamentistas del gobierno federal

estadounidense.

Según "Executive Excess 2006" ("Exceso ejecutivo 2006"), un informe elaborado por el Instituto para los Estudios

Políticos, de Washington, los 34 principales directores de estas empresas sumaron una ganancia de casi 1.000 millones de dólares desde los atentados del 11-S que dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington. De acuerdo con el documento

solamente en 2005 los presidentes de las firmas de la industria de defensa cobraron 44 veces más que generales con 20 años de experiencia militar, y 308 veces más que los soldados rasos.

A nivel empresarial -según el informe Project on Government Oversight- entre los consorcios que se benefician en primer lugar de este multimillonario negocio se cuentan Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics.

Boeing y Lockheed Martin son las tres mejor posicionadas en el campo nuclear-

espacial debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales.

La "guerra contraterrorista" y la carrera armamentista (nuclear y convencional) alimenta los contratos y las ganancias de esos consorcios agrupados en ese monstruo llamado Complejo Militar Industrial norteamericano.

Las tres grandes corporaciones armamentistas (Lockheed Martin, Boeing, y Northrop

Grumman) tienen conexiones con otras numerosas fuentes de contratación federal

para todo, desde seguridad aeroportuaria hasta vigilancia doméstica, en nombre de lo que hoy la Casa Blanca nombra GWOT (Global War on Terrorism), guerra global contra el terrorismo.

El consorcio Boeing fabrica el equipo de ataque directo conjunto (JDAM, por sus siglas en inglés), herramienta que puede convertir bombas "estúpidas" en

"inteligentes". El JDAM se utilizó en tan grandes cantidades en las guerras de Irak y Afganistán que la compañía tuvo que activar turnos duplicados de fabricación para cumplir con la demanda de la fuerza aérea.

En la política de desarrollo nuclear de Bush, Lockheed Martin es uno de los que mejor se posicionan en la grilla de negocios.

La corporación cuenta con un contrato por 2 mil millones de dólares anuales para impulsar los Sandia National Laboratories, una instalación de diseño e ingeniería de armas nucleares con sede en Albuquerque. Lockheed Martin trabaja también en sociedad con Bechtel para desarrollar el Nevada Test Site, enclave donde se somete a prueba las armas nucleares mediante explosiones subterráneas. Estos contratos fueron posibilitados por Everet Beckner, ex ejecutivo de Lockheed Martin, que dirige el complejo de armas nucleares de la National Nuclear Security Administration (dependencia de seguridad nuclear nacional).

Northrop Grumman también juega en grande en el área de buques de combate, pues

son de su propiedad los astilleros de Newport News, en Virginia y Pascagoula, en Mississippi.

Los tres consorcios también obtienen fabulosas ganancias del proyecto de Bush para colonizar la Luna y enviar una misión tripulada a Marte, que conforman la base de la nueva carrera armamentista en el espacio.

Boeing y Lockheed Martin son las mejor posicionadas en el campo de un espacio

exterior militarizado debido a los fabulosos contratos relacionados a lanzamientos espaciales, así como con el área de satélites y misiles, manteniendo ambos consorcios una sociedad para operar la Alianza Unida del Espacio (United Space Alliance), empresa conjunta a cargo del lanzamiento de los transbordadores espaciales. Además, los tres grandes, por medio de su influencia en todas las oficinas de

contratación federal, tienen los contratos más jugosos en la llamada "Guerra contra el terrorismo Global" (GWOT) que abarca ventas de sistemas y armamentos de seguridad que cubren todo el territorio de EEUU y sus unidades de desplazamiento en el extranjero.

Lockheed Martin, Boeing, y Northrop Grumman, son los consorcios más

beneficiados los nuevos contratos de armas con Israel y los países árabes aliados de EEUU en Medio Oriente, por un monto total de US$53.000 millones, anunciados por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, la semana pasada.

De esta manera se verifica la directa relación de la "guerra contraterrorista" con las ganancias y la expansión de los consorcios armamentistas, que resultan, juntos con las petroleras y las corporaciones de servicios (que incluyen a las compañías de "seguridad privada"), los beneficiarios principales de las invasiones y ocupaciones militares, tanto en Irak y Afganistán, como de los conflictos actuales y potenciales en Medio Oriente y en todo el planeta, entre los que se incluyen las planificadas

C) Guerra y negocios

La bomba

La carrera armamentista (nuclear, convencional y espacial), cuyo presupuesto hoy supera el billón de dólares, tuvo su punto de partida en Hiroshima y Nagasaki. Los estallidos de Hiroshima y Nagasaki más que por razones militares estratégicas fueron impulsados por los intereses comerciales de las multinacionales del Complejo Militar Industrial norteamericano, en especial las armamentistas, que cuentan con un lobby militar permanente en la Casa Blanca, el Congreso y el Pentágono.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no fueron arrojadas para "evitar más muertes" ni para precipitar la "rendición" del Japón: fueron lanzadas para iniciar la carrera

armamentista (y consecuentemente el incremento sideral de la tasa de ganancias de las corporaciones del Complejo Militar Industrial que financiaron el proyecto de

bombardeo). El genocidio aterrador de Hiroshima y Nagasaki le sirvió a los bancos y corporaciones capitalistas (amparados por el Estado Nacional norteamericano) para financiar y lucrar con la carrera armamentista y la carrera espacial debajo de los acuerdos de "coexistencia pacífica" con la URSS que mantenía al poder nuclear solo como efecto "disuasivo".

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