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El orden implicado

In document Wilber, Ken - El Paradigma Holografico -PDF (página 179-182)

El mismo tipo de dificultades rodean el empleo popular del concepto de «orden implicado» de la materia, introducido por David Bohm. El público en general, y muchos psicólogos en particular, contemplan la esfera implicada como si trascendiese las partículas físicas y llegase en cierto modo a un estado supe rior de unidad con la totalidad. Efectivamente, el dominio i 111 plícito no trasciende la materia, la subsciende y expresa la colic rencia, unidad y totalidad de todo el plano físico, a nivel uno. Vn en realidad más allá de la materia explícita, pero de una mam nt subyacente, no trascendente. En realidad, el concepto exclnyr explícitamente cualquier ámbito superior como la mente o In conciencia.

El propio Bohm lo ha dicho con toda claridad. En prime! lugar, Bohm se niega claramente a intentar introducir la mcnir o la conciencia en el formalismo de la mecánica cuántica (M<)), como les gustaría hacer a algunos físicos. Como han dicho él y Hiley en un artículo reciente, «probamos que la introducción de la mente consciente en la física... está motivada por ciertas consideraciones muy generales, que tienen muy poco que ver con la mecánica cuántica. Este

enfoque contrasta con nuestras propias investigaciones en las que utilizamos el potencial cuántico... Nuestro objetivo consiste efectivamente en describir este orden sin introducir al observador en ningún rol fundamental» (cursiva mía), (1975). La conclusión de la obra de Bohm es que parece haber ciertos fenómenos cuánticos que «nos presentan un nuevo orden o un nuevo proceso estructural que no encaja en el esquema newtoniano» (1975).

En términos generales, este nuevo orden es la esfera implicada (holográfica u holomovimiento) pero Bohm se esfuerza en subrayar que no hay nada místico o trascendental en el orden implicado. Su teoría, que es muy elegante, consiste en que la materia explícita descansa en un mar de energía física implícita de magnitud y potencial

extraordinarios, y que las ecuaciones de la mecánica cuántica

«así lo describen (el orden implicado)» (1978). En cierto sentido, la esfera implicada va, pues, mucho más allá de la materia explicada: «La materia es como un pequeño rizo en este océano Inmenso de energía... Este orden implicado supone una realidad que va muchísimo más allá de lo que llamamos materia. La materia no es de por sí más que un rizo en este trasfondo» (1978).

Pero en el análisis final, este mar implicado, aunque «más fino» que la materia explicada, pertenece todavía a la esfera de la />hysis o masa/energía inerte en general. Esto es evidente porque I) Bohm excluye ya esferas superiores, como la conciencia mental, de la mecánica cuántica, y 2) se dice que las ecuaciones de la MQ «describen el orden implicado». El desplegamiento de la esfera implicada, dice, es «una idea directa de lo que se quiere decir con las matemáticas de la (mecánica cuántica). Lo que se llama transformación unitaria o

la descripción matemática bási- i a del movimiento en la mecánica cuántica es exactamente lo i|tic aquí decimos» (1978). Ahora bien, las ecuaciones de la MO no definen la vida biológica o nivel 2; no describen la vida mental o nivel 3; no describen tampoco las esferas sutil, causal ni absoluta. Describen algo que ocurre en el dominio de laphy- sis y en ninguna otra parte. Además, Bohm afirma claramente que «el

El mérito de Bohm estriba en que, en sus escritos teóricos, dice con toda claridad que no intenta introducir la conciencia o la mente en el formalismo de la MQ, ni que así intente «demostrar» estados superiores del ser con ecuaciones que ni siquiera describen la vida animal (nivel 2) sino más bien los procesos insensibles. Pues es cierto que si la esfera implicada descansa en una elegante interpretación de los hechos producidos por la MQ, resulta igualmente cierto que no tiene ninguna identidad fundamental con ninguno de los niveles 2 al 6. En suma, el orden implicado es, como diría yo, la estructura profunda, unitaria (holo- arquía) del nivel 1, que subsciende o subyace en las estructuras superficiales, explícitas, de las partículas elementales y de las ondas.

Al mismo tiempo, el propio Bohm es perfectamente consciente de que la idea de orden implicado no local, de laphysis, está todavía muy lejos de ser la única interpretación posible de la MQ, lejos, en realidad, de ser el caos absoluto: «En la actualidad — dice—, es necesario resistirse a la tentación de concluir que todo (en el ámbito físico) está conectado con todo lo demás a pesar de las separaciones espaciales y temporales. Hasta la fecha, las pruebas indican que los efectos no locales (lo que el público ha venido en llamar generalmente acontecimientos de orden holográfico o implícito) nacen en condiciones muy especiales y que cualquier condición que se haya establecido tiende a romperse rápidamente de manera que nuestro enfoque tradicional de analizar sistemas en subsistemas autónomos es, por lo general, totalmente válido» (1975).

Lo importante es que la visión del místico no se apoya en lo que finalmente deciden estos físicos.*

* En este artículo omito la diferencia más radical y penetrante entre el misticismo y cualquier clase de paradigma físico u holográfico por ser también lo más obvio. A saber: 1) la comprensión de los principios holográficos es un acto de la mente, mientras que la comprensión de la verdad mística es un acto de contení plación transmental, y 2) si dice que las teorías holográficas describen en realidad verdades trascendentes, o que son realmente trascendentes, ocurre entonces un»

ran falacia conocida como error categorial. (Véase a este respecto Wilber.

979). Algunos han sugerido incluso que el simple aprendizaje del paradigma holográfico equivaldría a la trascendencia, en cuyo caso

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