• No se han encontrado resultados

I.) Sobre el concepto de intelectual

1.4. El origen histórico de los intelectuales españoles

término por Emile Zola37 y su adaptación al entorno hispano

por parte de algunos de los miembros de la denominada generación del 9838 (especialmente activos en esa tarea

fueron Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu que fueron de los primeros escritores en darse cuenta del nuevo uso del término), han pertenecido a la corriente del pensamiento europeo y como tales intelectuales, se insertan en la

37 Citado en BOBILLO, F. J. (1992), Intelectuales: pasado y presente. Rev. Debate Abierto, núm. 7

Pág. 27 y 28. Ver también ZOLA, Emile (1998). Yo acuso. La verdad en marcha. Madrid, Prensa Ibérica. Es frecuente encontrar en obras muy diversas que la palabra intelectual, como sustantivo, fue utilizada por primera vez en Francia durante la intensa polémica de índole política y cultural que en dicho país tuvo lugar con motivo del affaire Dreyfus. Sin negar el aserto, es interesante señalar como indica con acierto Tomás Maldonado (1990), que siendo esto verdad en buena medida, no se puede afirmar, sin embargo, que el uso sustantivado de la palabra, ni tampoco el significado que a partir de aquella polémica se le atribuye, fuera completamente nuevo. Byron la utilizó en 1813, Ruskin en 1847, A. A. Watts, en 1884. Parece que en español el primero en usarla, cercano a las acepciones actuales del término, fue A. Ayala en 1848. En italiano y en alemán se divulgaría su utilización en el sentido indicado, a partir de 1910, seguramente por influencia francesa. Existe no poca controversia acerca de quien fue el primer autor en utilizarla en Francia. Pero de lo que no se puede dudar, es que la noción intelectual propia de siglo XX arranca del affaire Dreyfus. Dos estudios han contribuido a proporcionar valiosos datos acerca de esta opinable cuestión D. Bering en 1978 y P. Ory y J.F. Sirinelly en 1986 han demostrado, con una documentación exhaustiva, la falta de fundamento de algunos lugares comunes muy extendidos en la bibliografía sobre la cuestión intelectual. El vocablo intelectual no fue utilizado, como a menudo se afirma, por Emile Zola en su Carta a M. Félix Fauret, Presidente de la República, publicada en L’Aurore

Littéraire, artistique, sociale el jueves 13 de julio de 1898. El título con que fue publicada aquella carta, J’accuse, fue debido a George Clemenceau, director del diario y no debe por tanto serle atribuido a Zola.

Al día siguiente de ver la luz la mencionada carta, apareció en la misma publicación una declaración firmada por un conjunto de escritores, profesores, científicos, profesionales, etc... que protestaban por la vulneración de las formas jurídicas en el proceso contra Dreyfus. Este documento llevaba por título Une

protestation, y no como usualmente se cree Manifiesto de los intelectuales. Durante tres días será

publicado con el primero de los títulos mencionados, y luego, del 17 de enero al 2 de febrero, bajo el título Les protestataires. El texto permanece idéntico al de los días anteriores y en él no figura en ninguna ocasión la palabra intelectual. El 23 de enero Clemenceau, al elogiar la actitud cívica de los firmantes de dicha protesta, escribe: “¿No son una señal todos los intellectuels venidos de todos los rincones del horizonte, que se agrupan en torno a una idea?”. Aunque antes de esa fecha, durante la misma época, podemos encontrar en la prensa parisina alguna mención de la palabra intelectual, parece evidente que la difusión del neologismo tiene su origen en el artículo citado de Clemenceau. Pronto va a adquirir en los medios culturales de la derecha francesa, una connotación peyorativa o desdeñosa; sobre todo por parte de Maurice Barrés, uno de los más destacados portavoces de dicha corriente. Se puede afirmar incluso, por no restar mérito a nadie, que Barrés ha sido considerado como uno de los primeros en utilizar la palabra intelectual como sustantivo. En septiembre de 1894, durante el proceso a unos anarquistas, Barrés se referirá a la Question des intellectuels e incluso en su novela Les Déracinés (1897) describe así a Sturel, uno de sus personajes: “un intellectuel avide de toutes les saveurs de la vie”. Sin embargo, ninguno de esos usos esporádicos del vocablo va a cuajar y a formar parte del lenguaje común hasta que se produzca esa gran polémica nacional francesa que tuvo lugar con motivo del proceso a Dreyfus.

38 JULIÁ, S. (1998), La aparición de los intelectuales en España. Revista Claves de Razón Práctica,

crisis que sacudió a todo Occidente a fines del siglo XIX39.

El manifiesto de los intellectuels franceses inaugurará los debates, hasta el momento interminables, sobre la legitimidad social de un grupo40 que como destaca

acertadamente Francisco J. Bobillo41 se centrarán en la

visión social y política que pretendían imponer o sugerir a sociedades dadas.

Los intelectuales son inseparables de la constitución de la sociedad civil, y como señala Santos Juliá, el modo de influencia de esa “nueva clase” es escribir y hablar, y para ello se sirve de la retórica. Publicando y hablando darán lugar a una especie de parlamento social que complementaba, cuando no sustituía, a los parlamentos políticos.

No hay intelectual desde la perspectiva que aquí vamos adoptando sin las nuevas posibilidades comunicativas desarrolladas con la invención de la imprenta. Y, especialmente, desde el siglo XVIII a traves del panfleto y la prensa, los debates y los mitines irán ampliando sus audiencias42 hasta el siglo XX43 y la eclosión de los medios

de comunicación de masas44: el siglo de los intelectuales.

En España, como señala Santos Juliá45, la intelligentsia

liberal a lo largo del siglo XIX se situó frente al

39 TUÑÓN DE LARA, M. (1991) España entre dos siglos (1875- 1931). Continuidad y cambio.

Madrid, Siglo XXI.

40 CHARLE, C. (1990), Naissance des intellectuels 1880- 1900, Paris. Les Éditions de Minuit. 41 BOBILLO, F. J. (1992), Intelectuales: pasado y presente. Rev. Debate Abierto, núm. 7.

42 MATTELART, A. y Érik Neveu (2004), Introducción a los estudios culturales. Barcelona, Paidós. 43 BAKER, M. y A. BEEZER (Eds.) (1994), Introducción a los estudios culturales. Barcelona, Bosch. 44 MUÑOZ, Blanca (1989), Cultura y comunicación. Introducción a las teorías contemporáneas.

Barcelona, Barcanova.

45 JULIÁ, S. (1998), La aparición de los intelectuales en España. Revista Claves de Razón Práctica,

absolutismo y encuadrada en la Milicia Nacional fue la gran protagonista de la revolución liberal.

El intelectual, referido ya al siglo XX, y la política hispana son partes de una historia convulsa sacudida por dos dictaduras, la última de casi cuarenta años, en la que las voces no ya críticas, sino siquiera discordantes, eran sofocadas frente a una opinión pública con frecuencia deslavazada y sin capacidad de respuesta46.

El siglo XX español está marcado por la ruptura de la Guerra Civil47 que llevó a la necesidad de reinventar una

tradición intelectual rota por el exilio y que fue, durante décadas, inexcusable para el verdadero desarrollo de un pensamiento español. Primero a la hora de entender y comprender todo lo relativo a su construcción, en la que jugó un papel fundamental la Institución Libre de Enseñanza48, y luego a su lenta reconstrucción tras las

decisiones adoptadas al final de la Guerra Civil.

La censura y la represión han sido una de las grandes constantes del desarrollo político en el siglo XX, y un acontecer determinante para entender a los intelectuales en un siglo, el XX, el siglo corto caracterizado por Michel Michel Winock49, como el ya mencionado, siglo de los

intelectuales.

Como señaló Ludwin Wittgenstein sabemos que sólo se puede definir lo que no tiene historia, y los intelectuales están cargados de ella. Afrontar este reto obliga a recopilar de la forma más sistemática posible los análisis sobre los

46 SEOANE, M. C. y M. D. SÁIZ (1996), Historia del periodismo en España. El siglo XX: 1898- 1936.

Madrid, Alianza.

47 OUIMETTE, V. (1998), Los intelectuales españoles y el naufragio del liberalismo (1923- 1936).

Valencia, Pre- textos.

48 JIMÉNEZ-LANDI, A. (1996), La Institución Libre de Enseñanza y su entorno. Madrid, Editorial

intelectuales y su cambiante relación con la política a la hora de elaborar o compilar definiciones de qué sea eso que denominamos como intelectual. Pero a pesar de ello, y de las páginas precedentes, nos ira circunscribiendo, dejando en un segundo plano las definiciones más amplias acuñadas por autores como Edward Shils50, Juan Francisco Marsal51,

Seymour Lipset52 o Charle Kadushin53, al siglo XX. Los

intelectuales, como los consideramos, frente a los distintos actores de la historia cultural que los habían precedido como precursores del intelectual del siglo XX, se forjan en plenitud en el siglo XX. Winock, uno de los más destacados defensores de esta tesis, se cuestionaba la supervivencia del intelectual a finales del siglo XX, el siglo, que en un sentido estricto los vio nacer. Algo paradójico, ya que fascinados por la comunicación, la expansión de los medios de comunicación de masas, sin los que son impensables, parece que los deja sin lugar.

El intelectual, los intelectuales de comienzos de siglo en España, se encontraban inmersos en un clima de elevada inestabilidad, tanto en lo que atañe al plano social como al acontecer político. La interrelación que se establece entre la política y el pensamiento reflexivo es una de las características más notorias de este período. Y estos dos aspectos señalados, la inestabilidad y la imbricación entre pensamiento especulativo y política, desde una cierta propensión –inicial al menos- al desprecio de esta última, que tuvo su máximo exponente en las duras críticas al parlamentarismo durante el Régimen de la Restauración, nos permite realizar un análisis lejos de la permanente alusión

49 WINOCK, M. (1997), Le siécle des intellectuels. Paris, Seuil.

50 SHILS, E. (1974), Los intelectuales y el poder. Buenos Aires, Tres tiempos.

51 MARSAL, J. F. (1970), El intelectual latinoamericano. Buenos Aires, Edit. del Instituto. 52 LIPSET, S. M. (1977), El hombre político. Buenos Aires, Edit. Universitaria de Buenos Aires. 53 KADUSHIN, C. (1974), The American Intellectual Elite. Little Brown.

a la tan recurrente especificidad hispana54 como

característica definitoria de esta etapa, y nos hace coincidir, al menos en parte como veremos, con los planteamientos de autores como Juan Marichal55, Raymond

Carr56 o Santos Juliá57 que niegan esa tan mentada

especificidad hispana.

Tanto en París como en Berlín, como estudiaremos, los “años oscuros” son esencialmente equivalentes a los españoles, la

principal diferencia es que nuestro particular

totalitarismo-autoritarismo y su respuesta nacional

católica perduraron cerca de cuarenta años, pero las bases a las que acuden los intelectuales de la derecha se asemejan a las esbozadas por los españoles.