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El pastor y la enfermera

In document Verbitsky, Horacio Ezeiza (página 46-48)

Un pastor protestante y su esposa, auxiliar de enfermería, fueron remitidos por el Ministerio de Bienestar Social al puesto sanitario instalado en Ricchieri y Sargento Mayor Luche. Llegaron al caer la tarde del martes 19 pero no encontraron el puesto, en el que debían presentarse como voluntarios.

Se dirigieron a una posta sanitaria que el SMATA había montado a la derecha del palco, con una ambulancia pero sin elementos de atención. El enfermero Gentile los condujo al jefe del operativo sindical, y Cardozo aceptó la colaboración del pastor y la enfermera. No había tiempo que perder. En cuanto se instalaron atendieron a un herido en un pie, con el botiquín personal que portaban.

Después fueron conociendo a los demás miembros del grupo. Cables y alambres cercaban el predio, dentro del que se habían dispuesto carteles de SMATA, la UOM y el sindicato de la Carne, que eran los únicos autorizados a permanecer allí.

– Estamos armados, para defendernos e impedir la infiltración, les confió uno de los dirigentes52

– ¿Y esos emponchados que cercan el acceso al puente?, preguntaron algo inquietos.

– También son nuestros. Debajo del poncho tienen las metras. – ¿Para qué las metras?

– Para recibir a los zurdos que gritan por la Patria Socialista.

Sintieron que ese no era el sitio más apropiado para un pastor y una enfermera y se despidieron. Debajo del palco conocieron al encargado de una ambulancia de la Unión de Obreros y Empleados Municipales, que protestaba contra la gente del interior que había llegado para la manifestación. El problema es que después no quieren irse y hay que despacharlos a la fuerza en vagones jaula para ganado, rumió.

Siguieron caminando en procura de mejores compañeros.

51

. Rogelio González, jefe de la custodia presidencial: informe al ministro de Bienestar Social, José López Rega, en la sección documental.

52

Ya eran las diez de una fría noche cuando fueron acogidos con simpatía por médicos y enfermeras del MBS que atendían las obras sociales de los sindicatos de la Alimentación y la UOCRA. El doctor Avalos los inscribió en su registro y pasaron la noche colaborando con ellos. Más o menos a esa hora se pidió por radio la presencia de Osinde o Norma Kennedy, pero en lugar de ellos llegó alguien que los médicos conocían como el secretario de Osinde, el señor Iglesias. Era el responsable de la seguridad del palco53. Se dirigió a la lomada de la derecha del palco y conversó con los emponchados. Poco después la guardia fue reforzada con más hombres en armas.

A la izquierda del puente se ubicaron los que se hacían llamar Halcones. Llevaban escopetas de doble caño recortadas, su jefe se apelaba Cacho y describían su misión como preventiva para que nadie pudiera colocar explosivos en el palco.

La madrugada no fue tranquila. En torno del palco había una multitud de entre 40 y 100.000 personas. Presionaron por acercarse a las líneas de contención y desde el puente El Trébol los efectivos de la Comisión Organizadora abrieron fuego a las 2.10. Cuando concluyó el desbande, una ambulancia se abrió paso y retiró el cuerpo de un hombre joven caído54. Tenía dos balazos en la espalda y la cabeza destrozada. También se atendieron en el palco a otros heridos de bala, mientras se producía una avalancha sobre el cordón de seguridad del puesto sanitario55.

A las 3 otro de los Halcones ubicados en la torre de los altoparlantes disparó su escopeta. La multitud respondió a gritos y comenzó a arrojar piedras contra el puesto sanitario, al que desde entonces identificó como la Juventud Sindical, cuyo estandarte flameaba dentro de su perímetro. – Vázquez dice que no hay que palpar de armas a la gente con brazalete verde porque es la

que colabora, escucharon el pastor y la enfermera.

Vázquez vestía guardapolvo de médico, pero daba ordenes a la gente armada:

– Hay que identificar a todos los que no tengan el brazalete verde y controlar a los que se

acerquen diciendo que necesitan atención médica.

Escaramuzas, con heridos de bala y contusos, se repitieron durante toda la noche y arreciaron al llegar los ómnibus que traían al Frente de Lisiados Peronistas.

Con las primeras horas del día aumentó la cantidad de jóvenes y adolescentes ebrios. Muchos necesitaron la atención del puesto sanitario.

– Vinimos a defender al general de los enemigos. Los vamos a matar, explicaban.

Cacho condujo hacia el puesto sanitario a medio centenar de adolescentes de Quilmes, que relevaron de la custodia a los Halcones. A la luz del miércoles 20, el pastor y la enfermera vieron que los accesos laterales al puente estaban controlados y sólo se permitía el acceso a quien bajara a la rotonda de la ruta 205. La guardia armada en el sector del puente seguía las ordenes de Juan, que disponía relevos cada dos o tres horas, en tandas que sumaban centenares de hombres. Todos estaban tensos y fatigados.

Poco después de mediodía se escenificó otro cuadro premonitorio. Un helicóptero H 16 de la VII Brigada Aérea levantó nubes de hojas y tierra al practicar el descenso a un costado del puente El Trébol. Cuando la curiosidad del público lo acercó a la máquina, centenares de custodios lo impidieron, tomándose de las manos alrededor del helicóptero, y unos cuarenta jóvenes vestidos de sport hincaron rodilla en tierra y apuntaron a la gente con pistolas automáticas, carabinas de caño recortado y metralletas56.

Faltaba menos de una hora para la tragedia.

53

. Informe de Osinde a la Comisión Ministerial Investigadora, en la sección documental. 54

. Clarín, 21 de junio de 1973. 55

. Gualdieri-Bigorella, testimonio citado. 56

In document Verbitsky, Horacio Ezeiza (página 46-48)