En la entrevista a Usui que Antonio Moraga reproduce en su Reiki Do, hay una pregunta del periodista que resulta curiosa: “Creo que el don espiritual de sanar de esta terapia debe ser algo inherente en algunas personas evolucionadas, y no lo puede aprender y aplicar cualquier persona”.
Esto, evidentemente, no es una pregunta.
El periodista no hacía más que expresar sus propias dudas acerca del sistema. Sólo planteaba sus inseguridades, posiblemente causadas por la propia negativa a evolucionar. Cuestiones como la que preocupaba al periodista serán las que tenga que afrontar el practicante de Reiki Ryoho.
Mientras emplees estas técnicas para tu progreso y bienestar, serán pocas las ocasiones en que te tengas que enfrentar a este tipo de dilemas, pero si decides comenzar a practicar Reiki Rioho para otras personas, este tipo de dudas y otras barreras mentales y emocionales frente a la terapia Reiki pueden hacer su aparición con más frecuencia.
Este es uno de los motivos para tomarse un tiempo después del curso antes de comenzar a dar Reiki a otras personas. Date tiempo a vivir el Reiki de forma íntima, a experimentarlo y comprenderlo de algún modo, a sentirlo como algo normal y natural, a hacerlo parte de tu vida cotidiana. Esto te ayudará a sentirte seguro en el Reiki y las técnicas que has aprendido en el curso. Mientras vivas el Reiki como algo extraño y mágico, no habrás comprendido el Reiki. El Reiki es algo natural, que forma parte de todos nosotros.
Las cuestiones que reflejo a continuación son aquellas que en mayor o menor medida he tenido que sortear desde que inicié mi camino como terapeuta. Ojalá no sea así, pero es probable que tú te tengas que enfrentarte en un momento u otro a alguno de estos escollos. Puede que nuca llegues a conocerlos y puede que dentro de ti halles algún otro que yo no he tenido que sortear. Cada uno ha de recorrer su camino, y este es un trabajo que nadie puede hacer en nuestro lugar.
Espero que, llegado el momento, mis experiencias te sirvan de ayuda y hagan tu transitar un poco más ligero.
Sensaciones
Una cuestión a la que se suele dar mucha importancia cuando conocemos el Reiki a través de libros o comentarios es el tema del calor que puede emanar de las manos, u otras sensaciones similares, que en ocasiones se perciben durante las sesiones.
Es normal que el estudiante de primer nivel, recién estrenado el nuevo juguete del Reiki, espere sentir esta sensación o aquella otra que con anterioridad ha leído u oído por boca de alguien. En alguna ocasión e presenciado la decepción de alguna persona cuando no sintió aquello que esperaba.
Olvídate de esa cuestión, no le des importancia. Cuando estás dando Reiki tu atención es necesaria en tu interior. Si centras demasiado tu atención en tus manos y te dejas llevar por el deseo de experimentar algún suceso extraordinario, harás que el Ki se estanque, pues el Chi (Ki) sigue a la intención, así que bloqueando la intención, bloqueas el Ki. El estancamiento del Ki es completamente opuesto al concepto de Reiki, así que dificilmente podrá haber uno donde está el otro.
Durante el tratamiento puedes experimentar sensaciones de calor, hormigueo, etc. que se produce por el flujo de Ki en tus manos. Lo mismo puede suceder con otras partes del cuerpo: la coronilla, la nuca, la frente, los pies... durante una sesión de terapia Reiki podrías notar cómo el Ki fluye de formas curiosas por tu cuerpo. No es importante que sientas estas sensaciones, ni tiene significado alguno el que estas sensaciones sean más o menos acusadas. Para muchos
practicante es muy importante tener algún tipo de sensación, porque les aporta seguridad. Lo malo llega cuando el deseo de estas sensaciones cobra demasiado protagonismo en nuestra mente.
Sentir el flujo de Ki con mucha claridad puede significar diferentes cosas. Puede significar que somos muy sensibles, que nuestra autoconciencia corporal ha aumentado, que la cantidad de Ki circulante es mayor o, desgraciadamente, que este circula con dificultad.
Este último punto es fácil de comprender si pensamos en las leyes físicas: dos cuerpos que rozan uno contra el otro se desgastan más y desprenden más calor si la fricción entre ellos es mayor, es decir, si se desplazan el uno contra el otro con mayor dificultad, si falta fluidez; un cuerpo recorrido por una corriente eléctrica desprende más calor si conduce la electricidad con dificultad, mientras que si el flujo de la misma es libre se produce menor temperatura. Lo mismo sucede con el Ki. Cuando una parte del organismo de una persona tiene dificultades con el flujo del Ki, pueden llegar a aparecer dolores, inflamación, calor y enrojecimiento, etc. En otras palabras, como dice Osho, solo nos acordamos del pie cuando el zapato aprieta. El flujo de Ki de forma libre y sin tropiezos no acostumbra a producir sensaciones físicas especiales.
Durante una sesión de terapia Reiki podemos percibir diferentes sensaciones producidas por el Ki. Esto no es bueno ni malo en por si, pero si nosotros deseamos tener este tipo de sensaciones,
porque albergamos la falsa creencia de que son un indicador de la cantidad de Ki circulante, lo que puede suceder es que nuestra atención sea raptada por esas sensaciones y nuestra intención quede atrapada en procurar que la sensación aumente.
Involuntariamente, de esta manera, lo que estamos haciendo es que el Ki se concentre más en la zona a la que prestamos atención, ¡pero estancándose, no fluyendo!, así que ese Ki no nos beneficiará a nosotros ni a nuestro paciente. Por el contrario, si persistimos podemos terminar por sentir alguna molestia, como pequeños dolores de cabeza, sensaciones de mareo o de desarraigo corporal.
Ahora ya sabes que las sensaciones que tienes durante el tratamiento no tienen importancia, así que cuando una reclame tu atención, la observarás y la dejarás ir para volver a prestar atención a tu meditación. De este modo dejarás que el Reiki regule con libertad el flujo de Ki en ti, de la forma más beneficiosa para ti mismo y tu paciente. Si te conduces de ese modo, verás que las sensaciones van atenuándose y desapareciendo sin que te des cuenta, y que tu ser se encuentra cada vez en un estado de mayor calma.
Recuerda: la actitud durante el tratamiento es la de dejar fluir, dejar que las cosas sucedan, dejar al Reiki que actúe y que llegue al paciente, inundando primero todo tu cuerpo para entrar después en su ser.
Si intentamos intervenir de algún modo en el tratamiento, estaremos interfiriendo el trabajo del Reiki, así que posiblemente lo único que consigamos será limitar la eficacia del tratamiento. Repasa los conceptos de bioenergética para recordar que el Reiki es una fuerza que se encuentra por encima de nuestra mente lógica. Los razonamientos que realicemos y nuestras intenciones nunca podrán superar la perfecta armonía por la que el Reiki se mueve.