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El problema dinástico: Las guerras carlistas.

SIGLO XIX.

2. MARCO SOCIO-POLÍTICO Y ECONÓMICO DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX.

2.5. El problema dinástico: Las guerras carlistas.

Fernando VII contrajo matrimonio en terceras nupcias en 1829 con su sobrina María Cristina de las Dos Sicilias. Durante el período de gestación de la reina se planteó el pro- blema sucesorio. Surgen en esos momentos dos grupos: el primero formado por absolutis- tas moderados, liberales y sectores de la aristocracia partidarios de las reformas políticas y económicas, que apoyaban a la nueva reina, pues en ella veían la única posibilidad de cambio, y el segundo, el de los absolutistas intransigentes, que apoyaban a Don Carlos.

El monarca, ya envejecido, y queriendo garantizar la descendencia en su futuro hijo o hija, hace publicar el 29 de marzo de 1830 la Pragmática Sanción,243 que eliminaba la Ley

Sálica y restablecía la línea sucesoria de las Partidas, en donde se estipulaba que el trono podía ser ocupado tanto por hombres como por mujeres. Esto significaba poner en vigor una decisión aprobada por las Cortes de 1789,244 durante el reinado de Carlos IV, que, si

bien era legal desde el punto de vista jurídico, no dejaba de ser una medida polémica, pues habían pasado 41 años desde su aprobación.

La muerte de Fernando VII sin descendencia masculina llevará aparejado un nuevo conflicto bélico245. El 29 de marzo de 1830 se había publicado la Pragmática Sanción, pero

en 1832, durante una grave enfermedad del monarca, cortesanos carlistas convencieron al ministro Calomarde para que consiguiese que Fernando VII firmara un Decreto derogato- rio de la Pragmática, lo que dejaría otra vez en vigor la Ley Sálica246 y con ello la posibili-

dad de la subida al trono de su primogénito, en caso de ser niña. Tras la mejoría del rey, el Gobierno dirigido por Francisco Cea Bermúdez puso de nuevo en vigor la Pragmática247,

con lo que, a la muerte del rey, el 29 de septiembre de 1833248, quedaba como heredera su

hija póstuma y primogénita, quien reinaría en España como Isabel II, desde su nacimiento

243.- Ibídem., Documento II (II, 174-177). 244.- Ibídem., Documento I (II, 173-174).

245.- Para comprender las claves de este problema político ver La novelización…, cit., Anexo XVII (II, 80-85).

246.- Carlos Cambronero nos indica que en la Gaceta del día 14 de octubre de 1830 se insertó el siguiente real decreto:

Es mi voluntad que a mi muy amada hija la infanta doña María Isabel se le hagan los honores como al príncipe de Asturias, por ser mi heredera y legítima sucesora a mi corona mientras Dios no me conceda un hijo varón.- FERNANDO- Palacio, 13 de octubre de 1830. (CAMBRONERO (1975-22): Isabel II, Genève, Ed. Ferni.

247.- La novelización…, cit., Documento III (II, 177-178).

248.- Los sucesos acaecidos los días anteriores a la muerte del rey quedan reflejados también en La Isabelina, de Pío BAROJA, como puede observarse en La novelización…, cit., Fragmento XXVII (II, 151-152).

el 10 de octubre de 1833 hasta el 30 de septiembre de 1868, tras la sublevación militar co- nocida como La Gloriosa (la Revolución de Septiembre).

La posibilidad de un conflicto bélico la conocía Fernando VII desde primeros de ma- yo de 1833, cuando decidió que su hija debía heredar el trono, y así se lo comunicó a su hermano, don Carlos, como consta en la carta que éste le envía al monarca, y en la que le indica que no reconoce a su sobrina como heredera al trono. La respuesta del rey a la carta que su hermano le envía el 29 de abril desde Portugal no se hace esperar, y en ella le acon- seja que continúe en ese mismo lugar.249

Durante la enfermedad del rey y tras los sucesos de La Granja -explicados con toda claridad por Ricardo De la Cierva-250 entró en vigor una nueva legislación, con lo que co-

menzaron los problemas políticos, que se acentuarían poco después, puesto que los libera- les creyeron que con la muerte de Fernando VII podrían tornar a España y devolverle las libertades que el monarca les había secuestrado, pero no fue así. Y de esta manera lo narra Baroja en La Isabelina:

En esto se supo en Bayona la noticia de la enfermedad grave de Fernando VII, el otorgamiento de poderes a favor de la reina masona, y el decreto de la amnistía ge- neral.

A principios de 1833, todos los liberales se prepararon para entrar en España. Como yo tenía en Bayona mis relaciones entre ellos, vi con tristeza que se marcha- ban.251

Este otorgamiento de poderes a la reina Mª Cristina de que habla Baroja queda plas- mado en la obra del Marqués de Miraflores, como puede comprobarse en el documento XIX,252 en donde queda constancia de su programa de gobierno.

Los ánimos se iban templando y había expectativa en los ciudadanos, porque la si- tuación que se vivía era delicada. El pulso del pueblo lo toma Aviraneta en La Isabelina.253

Otro ejemplo, en la misma obra, es el siguiente:

- ¿Qué hay de nuevo, Aviraneta –preguntó Puigdullés. - Ya sabe usted: la muerte del rey.

- ¿Va usted a la reunión?

- Sí. ¿Cómo sabe usted que hay reunión?

249.- La novelización…, cit., Documento XII: (II, 191-192). 250.- Ibídem., Anexo XVII (II, 79-84).

251.- Ibídem., Fragmento XXVIII (II, 152-153). 252.- Ibídem., Documento XIX (II, 278-279). 253.- Ibídem., Fragmento XXVII (II, 151-152).

Café de la Fontana. Estábamos Gallardo, Fuente Herrero y yo con otros patrio- tas, cuando a Gallardo se le ha ocurrido el proyecto. Se le ha avisado a todo el mundo; se ha enviado recado a los Carrascos, y éstos han contestado que están conformes, y que la reunión se verificará en una casa de la calle del Arenal, cerca del palacio de Oñate.

- ¿Usted va a ir, Puigdullés?

- No, porque me prenderían en seguida. Hay que sujetar a los cristinos. Tenga usted mucho cuidado con ellos, Aviraneta. ¡Adiós, señores!

- ¡Adiós!

Entraron Aviraneta y su acompañante en la sombrerería de Aspiroz. La noche parecía presentarse tranquila. Seguían los grupos estacionados en la Puerta del Sol.

En esto pasó Gallardo con un amigo y se detuvo. Dijo que los absolutistas se ha- llaban tan inquietos como los liberales con la muerte del rey, y que se veía que nadie tenía nada preparado.

Salieron de la sombrerería en dirección a la calle del Arenal y se cruzaron con Calvo de Rozas, y luego con Donoso Cortés y sus amigos que iban a la reunión.254

Del 29 de septiembre -fecha de la muerte de Fernando VII- al 24 de octubre del mismo año -cuando Isabel II fue proclamada Reina-,255 hubo centenares de detenciones,

especialmente de liberales –que apoyaban a la Reina- y sucesos sangrientos, pues desde principios del mes de octubre el Infante Don Carlos había sido reconocido por el Reino de Cerdeña y por el de las Dos Sicilias, y había comenzado la primera guerra carlista.

Estos momentos de ambiente enrarecido quedan de manifiesto en la décima obra de la serie Memorias de un hombre de acción, en el libro titulado La Isabelina, nombre de la sociedad secreta creada por Eugenio de Aviraneta para preservar los derechos del trono de Isabel II.256257 Antonio Pirala, el historiador de las Guerras Carlistas, da testimonio de ella,

como entresaco en el siguiente fragmento:

El director de aquella trama, el fundador de la sociedad Isabelina, don Eugenio Aviraneta, en fin, que ya es tiempo que publiquemos su nombre, oscureció de tal ma- nera el proceso durante la sustanciación, que nada pudieron averiguar los tribunales; y el fiscal don Laureano de Jado se vio precisado a declarar inocentes a todos y recono- cer como únicamente culpable a Aviraneta. Este, que no deseaba otra cosa que quedar solo, en un artículo comunicado inserto en el Eco del Comercio contestó a la acusa- ción fiscal diciendo entre otras cosas:

“El señor Fiscal no es tampoco más feliz ni exacto siempre que habla de la su- puesta conspiración: asegura (y es cierto) que todos los demás procesados como cóm-

254.- BAROJA, Pío (1919,115-116): La Isabelina, Madrid, Caro Raggio: Editor.

255.- Fue reconocida como Reina de España por Gran Bretaña y Francia. Se abstuvieron la Santa Sede, Austria, Prusia y Rusia.

256.- La novelización…, cit., Anexo VIII (II, 37-40). 257.- Ibídem., Fragmento XXV (II, 148-149).

plices en el proyecto, Están en libertad absoluta de orden del tribunal, lo que presu-

pone necesariamente que no eran talles cómplices (y a pesar del empeño que se ha

puesto y de los medios de que se ha echado mano, no se han podido echar otros), o que no era cierta tal conspiración: en este caso ya no debe hablar de ella, sin oponerse a lo que resulta de autos: y no se puede ocultar a la perspicacia de S.S. que conspira-

ción reducida a un solo individuo, no es conspiración, porque es Suplicatorio conspi- rar un solo hombre.”

De este modo aquella conspiración que amenazaba invertir el orden político en España, que iba a hacer una completísima revolución, vino a quedar impune por la destreza de su autor.258

Aviraneta está presente en toda la obra, en la narración que hace a lo largo de toda la novela el padre Chamizo a Leguía, de las tramas políticas en las que el conspirador partici- pó y las vicisitudes por las que tuvo que pasar para que triunfase la causa de la reina Isabel. Un ejemplo de ello está en el fragmento XVI,259 en donde se muestra el momento en que

los liberales de mayor peso, los cabecillas de la conspiración para conseguir la subida al trono de la niña Isabel, fueron delatados y detenidos por los realistas, la manera más fácil que tenía Don Carlos para actuar con mayor tranquilidad.

Desde la muerte del rey se suceden seis años de contienda civil. Las conspiraciones eran cada vez más frecuentes y el Pretendiente, rodeado de una serie de consejeros que influían de forma negativa en su débil carácter (su camarilla, algunos de ellos analfabetos), cada vez se escudaba más en la religión y dejaba a un lado los asuntos de Estado, de los que se ocupaban dichos consejeros.

Mientras tanto, en algunas zonas de España, como en las provincias Vascongadas y Navarra, el conflicto estaba más acentuado, pues don Carlos había asentado su corte en Estella, lo suficientemente cerca de la frontera como para poder salir del país si la suerte le era adversa.

Los isabelinos trabajan afanosamente para lograr un acuerdo de paz, pero los carlis- tas son reacios a él. Aviraneta, entonces, idea hacer creer al bando del Pretendiente que su general en jefe, Maroto, -perteneciente al sector moderado del partido-260 le traiciona.261

258.- PIRALA, Antonio (1889, I, 403-404): Sociedad secreta, la Isabelina, Historia de la gue-

rra civil y de los partidos liberal y carlista: Desde la regencia de Urgel hasta la dimisión de Zumala- cárregui, Madrid, Felipe González Rojas.

259.- Ibídem., Fragmento XXVI, (II, 150-151).

260.- La descripción del carácter del general Rafael Maroto Itsern queda de manifiesto en La

novelización…, cit., Fragmento XXIX (II, 153-155).

Esta labor la realiza de manera minuciosa, creando un entramado de documentos en donde “se demuestra” la deslealtad de Maroto. Este legajo se conoce con el nombre de El Siman- cas, y queda recogido en diferentes momentos de su elaboración e inserción en el volumen II de este trabajo.262

Esta decisión la toma Aviraneta porque ve que la actitud del general carlista es abier- ta a la negociación, porque ha tomado conciencia de la situación que vive España, recono- ce que don Carlos nunca logrará su propósito y que lo único que se va a conseguir es la pérdida de vidas de uno y otro bando.

Pero sus esfuerzos para hacer entrar en razón a don Carlos eran vanos, puesto que la camarilla, encabezada por el Padre Cirilo, tenía más fuerza, porque utilizaban un arma: la religión, tema que tenía obsesionado al Pretendiente y con el que fácilmente lo podían ma- nipular.

A este legajo urdido y redactado por Aviraneta se le conoce con el nombre de El Si- mancas. De él y de las maniobras para insertarlo en el Real de Don Carlos queda constan- cia en la Memoria que don Eugenio envía al presidente del Consejo de Ministros, don Pío Pita Pizarro, exponiéndole todo el proceso seguido para hacer llegar estos documentos a las filas carlistas. Ello queda recogido en las Memorias del Marqués de Miraflores.263 También

Antonio Pirala da noticia de la existencia del falso legajo acusatorio del general carlista, y en su escrito se observa claramente que ha tenido como fuente la Memoria de Aviraneta, pues hay párrafos completos de los escritos del conspirador.264

Hay también en las obras de Baroja fragmentos completos de los documentos de Aviraneta, fragmentos que toma literalmente de la Memoria dirigida al presidente del Consejo de Ministros. Uno de los textos originales dice así:

Este fue el momento en que vi asegurado el triunfo, y en su consecuencia, principié a tomar todas mis disposiciones para darles el gran golpe que desde febre- ro premeditaba. Era tal la confianza que yo tenía en el plan que había labrado y tan

262.- La novelización…, cit.: Fragmento XXX, pp. 155-159; Fragmento XXXIV, pp. 164-167; Fragmento XXXV, 167-169; Documento XXII: Aviraneta y el Simancas, según Pirala, pp. 283- 287; Documento XXV; Tercer viaje de Aviraneta a Francia, pp 366-375 y Documento XXVII: Memoria dirigida al Gobierno español sobre los Planes y Operaciones puestos en ejecución, para aniquilar la rebelión del norte de España, por Eugenio de Aviraneta, pág. 428: Núm. 21. Traduc- cion de la nota primera dirigida á don Cárlos sobre el Simancas, pág. 482; Núm. 24. Nota de Avi- raneta á don Cárlos sobre el SIMANCAS, pág. 485; Núm. 27. Recibo del Simancas, dado por don Juan José Marcó del Pont, ministro de don Carlos, pág. 488.

263.- Ibídem., Documento XXVII (II, 428-499). 264.- Ibídem.., Documento XXII (II, 283-287).

cierto ahora de lograr el feliz desenlace, que el mismo día escribía a don Pío Pita Pizarro diciéndole lo siguiente.- “Ha llegado el momento crítico: la mina reventará, y puede V. asegurar a S. M. que según están atados los cabos en el Simancas, el es- tampido va a ser tremendo, se degollarán horrorosamente, y daremos fin a la rebe- lión. Recogeremos el fruto de tanta meditación como he necesitado para llegar a es- te resultado”.265

Y Baroja lo transcribe de la siguiente manera en La nave de los locos:

Al marchar a su hotel, don Eugenio comenzó a tomar las disposiciones ne- cesarias para dar el golpe ya meditado desde febrero.

Era tal su confianza en el plan, que escribió al ministro Pita Pizarro estas pala- bras:

Ha llegado el momento crítico: la mina reventará y puede usted asegurar a Su Majestad la Reina que, tal como están atados los cabos del Simancas, el estam- pido va a ser tremendo; los carlistas se degollarán unos a otros y daremos fin a la rebelión.266

Así mismo ha encontrado Baroja material de primera mano en la Memoria de los comisionados de la línea de Hernani. En ella, Aviraneta narra los acontecimientos de Este- lla, en donde el general Maroto fusiló a cuatro generales. Este texto lo insertó el general Maroto en su Vindicación267 y de allí lo saca Pirala, y es posible que esta última sea la fuen-

te directa de Baroja, dado que utilizó su Historia de la Guerra civil y de los partidos libe- ral y carlista para la confección de estas novelas, como vengo señalando.

Aviraneta, psicólogo nato, consigue su propósito tras insertar El Simancas en el Real de don Carlos: los falsos documentos pasan por reales y el general carlista cae en desgracia ante el Pretendiente a la corona de España. Rápidamente la camarilla se puso a trabajar para llevar a cabo el proyecto que, de hecho, hacía tiempo que tramaban: apartar a Maroto del mando de las tropas, pues no estaban de acuerdo con la manera de actuar de este mili- tar, quien, como ya he citado con anterioridad, comenzaba a tener una visión más realista del problema. Así lo narra don Pío:

EFECTOS DEL SIMANCAS

El Cuartel Real del Pretendiente se trasladó, el 1 de agosto, de Oñate a Tolo- sa.

265.- Ibídem., Documento XXVII (II, 428-499). 266.- Ibídem., Fragmento XXXV (II, 167-169).

Esta última villa la había elegido Don Carlos como punto estratégico para llevar a cabo la revolución apostólica, que tendría como fin echar a Maroto y a su partido del Poder, y elevar, en cambio, al Gobierno a los absolutistas puros.

Roquet, que volvía al Real de Don Carlos con los supuestos originales que demostraban la traición de Maroto y su filiación a la masonería, salió de Irún, y fue por Vera hasta Santesteban, y luego de aquí, por Leiza, a Tolosa.

En Leiza se vistió de cura, disfraz que solía tomar con frecuencia, y llegó a Tolosa el día 5.

Fue en seguida a ver al ministro de Hacienda, Marcó del Pont, que era en- tonces el hombre de confianza de Don Carlos, y que vivía en la plaza Vieja, en casa de los Idiáquez. 268

Marcó del Pont le recibió con grandes extremos y le preguntó con ansiedad si traía los papeles. Le indicó que no hablase a nadie de la misión, puesto que tanto al Rey co- mo a él les gustaría que la misión se llevara con reserva.

Otro texto en donde se habla de Aviraneta lo presenta Pirala en su obra, y lo titula Manejos de Aviraneta. Proyectos para apoderarse de Don Carlos.269 Se sigue viendo al

conspirador luchando por la causa liberal, negándose a que España vuelva otra vez a las estructuras medievales que representan el Antiguo Régimen y que estaba empeñado en implantar nuevamente el Pretendiente, quien no tenía, según las fuentes históricas corres- pondientes, programa político alguno. Su único objetivo era que España fuese un país que girase entorno a la religión católica, que todo el mundo tuviese conciencia de que pertene- cía a un país y que siguiesen manteniéndose los derechos forales, de ahí su lema: Dios, patria y fueros.

Finalmente triunfó la modernidad frente al estancamiento histórico, gracias al esfuer- zo de muchas personas como Aviraneta, como ya ha quedado patente a lo largo de esta exposición, en donde se ha dado un somero repaso a esta serie barojiana englobada bajo el epígrafe Memorias de un hombre de acción, en donde el autor vasco ha insertado datos históricos, datos reales, comprobados con nombres, lugares y fechas.

Historiadores e investigadores del siglo XX también han buceado en la vida de este personaje, de manera directa o indirecta, como es el caso de Carmen Llorca, quien cita a Aviraneta en su biografía sobre Isabel II, titulada Isabel II y su época, y lo presenta, como

268.- BAROJA, Pío (1972, 123-124): Las mascaradas…, cit. 269.- La novelización…, cit., Documento XXII (II, 283-287).

todos los historiadores, envuelto en un halo de conspirador a favor de la causa liberal, en este caso, representada por la figura de la reina Regente, Mª Cristina, y de su hija Isabel II:

“Sordo Espartero a las solicitudes de María Cristina, y siendo ya del dominio público sus preferencias liberales demostradas en el asunto de Linage, María Cris- tina busca desprestigiarle. Primero ha enviado contra él a Aviraneta con extrañas misiones que obligan al Duque de la Victoria a hacerle prisionero y a condenarle, por lo que Mª Cristina acude presurosa a reclamar la libertad del aventurero, de quien declarará más tarde que había recibido “muy buenos servicios”. Espartero se da perfecta cuenta de que ha perdido la confianza de la Reina. “La conozco bien -le dice a O’Donnell-. No es posible perder de vista que, a pesar de ser reinas, no dejan de ser mujeres”.270

En nota a pie de página inserta Llorca la siguiente carta: