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En el siglo XIX, el sistema de transporte en Espírito Santo era bastante escaso y la producción de café era cargada en los lomos de los animales hasta los puertos. La acumulación capitalista realizada por el café no fue capaz de construir una amplia red de ferrocarril, como ocurrió en el Estado de São Paulo (Bergamim, 2006).

En relación a la producción del café, fue necesario que las circunstancias históricas bloqueasen todos los caminos que volvían al pasado, a la total dependencia al café. La insistencia en producir café llevó a la quema de millones de sacos, para que se vislumbrasen salidas hacia el futuro. Pero el esfuerzo de dotar al país con una auténtica infraestructura industrial, capaz de articular el conjunto de la actividad económica en torno a centros autónomos de decisión, tenía que ser modesto en sus pretensiones y llegaba tarde para romper las amarras de la dependencia (Furtado, 1979:80). Este cambio todavía más tardío en Espírito Santo, conforme los aspectos históricos ya mencionados, tuvieron una fuerte intensidad en su implementación.

En la expansión económica después de la segunda guerra mundial, hubo un mal momento en el mercado del café. Entonces, el gobierno trató de mejorar la productividad en el principal cultivo de exportación, para mantener la competitividad. Se estimuló a través del crédito selectivo, la replantación de cafetales con insumos técnicamente avanzados: las plántulas seleccionadas, los cafetales plantados en el contorno y los fertilizantes. Así, el rendimiento por hectárea pronto igualó al rendimiento obtenido en la histórica tierra ganada al bosque primario (Dean, 1996:285). Con toda la euforia de aumentar la producción, no se preocuparon con los precios. Así, con la baja de los

76 precios del café la situación empeoró otra vez para los agricultores y para el Estado de Espírito Santo.

La erradicación de los cafetales en la década de los 60 representó el marco histórico más importante para la agropecuaria en el Estado. Se destruyó una estructura agrícola parcialmente integrada en los mercados y extremadamente resistente a las crisis y a las políticas gubernamentales. En consecuencia, surgió una economía agrícola totalmente mercantilizada, sujeta a la lógica del lucro y a las fluctuaciones del mercado, abierta a las determinaciones políticas y completamente integrada al proceso de acumulación capitalista. En la región de la capital Vitoria se instalaron grandes proyectos industriales contribuyendo al crecimiento de los mercados locales (Souza Filho, 1990). En este proceso hubo gran flujo de personas para la capital Vitória.

La caída de la renta monetaria de la pequeña propiedad familiar fue atajada nuevamente con la ampliación de la producción de subsistencia para generar excedentes y comercializar. El crecimiento de los centros urbanos de Vitoria, Cachoeiro de Itapemirim y Rio de Janeiro, constituían una importante fuente generadora de demanda para la producción agropecuaria. Con las crisis del café, estratégicamente los agricultores incrementaban la producción para su sustento en el periodo de la posguerra. En la década de los 70, con el proyecto modernizador acompañado de crédito rural subsidiado, de programas específicos de desarrollo e investigación agropecuaria llevados a cabo por el Gobierno federal se amplían las acciones de modernización19. En Espírito Santo en este periodo fue implantado programas de crédito para la pecuaria, el programa de recuperación del cacao (Procacau), el programa nacional del alcohol (Proalcool), el programa nacional de recuperación y aprovechamiento de charcos (Provarzeas) y los planes de renovación de los cafetales (Souza Filho, 1990:47 y 80). Este proceso de modernización alcanzó la caficultura de manera artificiosa y también insustentable.

En estos años, con la modernización, la agricultura brasileña aumentó su producción, principalmente por la aplicación de fertilizantes químicos y pesticidas, por la mecanización, por la apertura de nuevas áreas, pero no se tuvieron en cuenta los aspectos medioambientales. Esta nueva estrategia cambió el panorama del sistema de producción en la granja familiar. El intenso proceso de modernización llevó a un aumento en la producción y en la productividad a coste de sacrificios sociales y ambientales. La magnitud de estos cambios, por sí solo, justificaba la revisión del modelo de desarrollo dominante (Carvalho, 1995). El desarrollo también trajo la concentración del ingreso en el sector primario con la política de crédito rural subvencionado, promoviendo un aumento del desempleo en el campo y el éxodo rural a las grandes ciudades. La pequeña producción se quedó

19 En este proceso de modernización Caporal (1998:179) explica que “el análisis de las políticas desarrollistas y de

extensión rural en Brasil demuestran que la teoría de la modernización ha determinado, a partir de los años sesenta, la forma de organización de las entidades del Estado y de las acciones extensionistas en el medio rural”.

77 subordinada al agronegocio, a las grandes propiedades, a las cooperativas y al capital comercial (Graziano da Silva, 1984). En estas circunstancias, la agricultura tuvo un impacto que cambió sus características.

El trabajo degradante y el uso indiscriminado de plaguicidas en el café afectaron principalmente a los empleados que realizaban los tratamientos químicos en los cultivos. La mayoría de los agricultores no utilizaban equipo de protección individual. Por consiguiente, el desempleo y la intoxicación por plaguicidas eran una realidad cada vez más presente en el cotidiano rural (Coelho, 2002).

Otro aspecto de esta transformación, fue que la ciencia, a través del impacto de la tecnología y la revolución industrial, sustituyó a la religión como la autoridad fundacional del nuevo orden social. Los procesos de degradación social y ecológica legitimados y forzados por la ciencia convencional tienen su génesis unos siglos antes, cuando el desarrollo de la tecnología de la navegación condujo a la expansión de la influencia europea y a una forma de apropiarse de la naturaleza para propósitos de algunas personas, característica principal del capitalismo (Sevilla Guzmán y Woodgate, 2002). La idea de desarrollo como logro internacional se presentaba (disociada de las estructuras sociales) como simple expresión de un pacto entre grupos internos y externos interesados en acelerar la acumulación, por lo que tuvieron un contenido estrictamente economicista. Ignorando las aspiraciones (conflictivas o no) de los grupos constitutivos de la sociedad, apuntaba hacia el simple trasplante de la civilización industrial, concebida ésta como un estilo material de vida originado fuera del contexto histórico del país en cuestión (Furtado, 1979:94).

En la opinión de Naredo (2006:120 y 184), este tipo de transformación fue impulsada por la tecnificación por parte de organismos internacionales que presionaban a los Gobiernos a exportar y alcanzar el “desarrollo” que se suponía benéfico para todo el mundo. Al centrar la atención en el desarrollo de la producción y del consumo, y al enjuiciar todos los tipos de sociedades por un mismo patrón económico, que configuraban el carrusel del sistema económico ordinario, se acostumbraba a dejar de lado no sólo un medio físico y social, sino también otro financiero. El autor mencionaba que cuando se hablaba de un desarrollo sostenible, para corregir estas distorsiones, era porque se suponía que el desarrollo no lo era sostenible. Había mucha preocupación por penalizar los residuos y por reducir el daño ambiental, y una falta de interés por los precios bajos de los recursos y del origen del daño (procesos físicos, monetarios y financieros).

Resumiendo, el crecimiento de la economía agrícola alcanzó los límites físicos de sus posibilidades al llegar al norte del Estado de Espírito Santo. La crisis del café en los años 50 inauguró la utilización de instrumentos de intervención estatal. En los años 60, la erradicación de los cafetales marcó el fin de un modelo no empresarial basado en la pequeña propiedad. Destruyó la antigua

78 agricultura con sus cafetales y la subsistencia, que fue sustituida por la ganadería poco demandante de mano de obra. Los efectos de los incentivos fiscales patrocinados por el Gobierno federal instituyeron propuestas de recuperación económica con diversos instrumentos de transformación. Así, se inició un período en el que la agropecuaria estuvo basada en padrones tecnológicos más avanzados, en una administración empresarial y en la ampliación de las relaciones de trabajo típicas del régimen capitalista de producción. En 1973, la Secretaría de Agricultura en el Estado lanzó el programa del café Conilon que contempló más la región de Colatina (norte del Estado). La intensidad de la transformación fue superior que en la mayoría de los Estados de la Federación; una transformación producida a un ritmo veloz de modernización. Se observaron muchos indicadores en esta transformación: el aumento de los gastos monetarios, el uso de medios de producción mecánicos y químicos, la ampliación de la contratación de fuerza de trabajo, el rápido crecimiento de la productividad del trabajo y una fuerte concentración de la propiedad agraria (Souza Filho, 1990:176 a 178). En definitiva, esta sucesión de eventos modificó la estructura social y económica de la región.

Como se observa en el Cuadro 4 se presenta datos actuales de los cultivos permanentes en el Estado de Espírito Santo. Los monocultivos permanentes ocupan un área total de 543.159 hectáreas.

Cuadro 3 - Datos de algunos de los monocultivos permanentes en el Estado de Espírito Santo

Productos de cultivos permanentes Cantidad producida (toneladas) Valor de la producción (en mil reales)

Área cosechada (hectáreas)

Promedio de producción (kg

hectáreas-1) Cacao (en grano) 6.101 34.061 21.023 290 Café (en grano) 616.722 1.812.728 473.183 1.303

Coco (mil frutos) 149.899* 57.722 10.002 14.986*

Látex coagulado 9.879 27.719 7.526 1.312 Naranja 16208 10618 1554 10429 Palmito 1.012 1.717 933 1.084 Papaya 613.734 462.519 7.133 86.041 Plátano 187.544 78.084 19409 9662 Pimienta negra 7.478 7.478 2.322 3.220 Urucum 98 324 74 1.324

* El coco tiene las unidades de cantidad producida en frutos y el promedio de producción en frutos por hectárea. Fuente: IBGE (2011)

Si estos cultivos fuesen asociados podrían ocupar menos áreas, además los agricultores estarían menos vulnerables de un posible desequilibrio del mercado. Un cambio de esta magnitud no es cosa de una persona sola tome iniciativa. Hay que buscar legitimidad y factibilidad, pues si acaso la idea tenga respaldo de los agricultores y de la sociedad.

79 El eucalipto también es un monocultivo permanente en el Estado. Según el banco de datos Sidra (2012), en el año 2006 fueron cortados 37.307 hectáreas de eucaliptos en el Estado; 28.680 en terrenos con áreas superiores a las 500 hectáreas. Estas características también deben ser consideradas en la búsqueda de soluciones para una transición socioeconómica más compatible. Freire (2001:125) expone que en el proceso histórico no significa negar los condicionamientos genéticos, culturales, sociales a los que estamos sometidos. Significa reconocer que estamos condicionados, pero no determinados. Es decir, que el condicionamiento es la situación de la que el objeto, transformándose en sujeto, se hace consciente. El autor finaliza que este proceso “significa reconocer que la historia es un tiempo de posibilidad y no de determinismo, que el futuro es problemático y no inexorable”.

En el próximo capítulo se presenta el marco teórico con el objetivo de definir el campesinado y sus alternativas de agricultura al modelo hegemónico. Los SAFs (una de estas alternativas) serán presentados junto a políticas públicas y legislaciones pertinentes.

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4 Capítulo IV

Marco Teórico