Si esto se entiende podemos dar el siguiente paso, que ya no es de Saussure, es de Lacan. Intentaré transmitirlo de una mane ra rápida e intuitiva, después habrá tiempo para trabajar esto con más precisión. Nos preguntamos: ¿qué ocurre cuando se presen tan significantes en los que ya no hay diferencias? Y nos encon tramos con esta sorpresa: la diferencia subsiste. A estas nociones elementales acude Lacan para aclarar una serie de nociones de Freud, por ejemplo, la noción de repetición que es una noción de suma importancia en la clínica. ¿Qué ocurre cuando repetimos el mismo significante? El ejemplo más simple, en todo caso el que toma Lacan, es el de los palotes, en el que tenemos muchas claves:
En un cierto sentido podemos decir que es el mismo palo te que se repite. Supongamos que los escribimos siempre igual, cualitativamente de la m isma manera en su longitud, grueso, in tensidad, color y sus otras cualidades. En la serie de palotes, aun que sean todos iguales, no podemos decir que uno sea el mismo que otro, o que el siguiente. Es decir que nos encontramos con el caso donde ya no hay más diferencias cualitativas pero sigue existiendo la diferencia porque un palote es uno y el otro es otro.
Esto que en definitiva sirve para establecer diferencias, es lo que Lacan ha denominado, con un neologismo, rasgo nnario. Usa este término para designar la cualidad que viene del uno pero que no es la de ser único, porque se repite, pero por el solo hecho de repetirse va produciendo una diferencia. Ya no se trata solo de la diferencia con otros significantes, sino consigo mismo. Es la
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propiedad esencial del significante: al repetirse, ya no es el mis mo. Es decir, que un significante por el solo hecho de repetirse va es otro significante. Esta es la propiedad esencial del significante, la de no ser igual a sí mismo. Esta propiedad se extiende por do quier en la lengua. Es lo que hace que en el habla las tautologías no sean tautologías. Puedo decir "la guerra es la guerra" -p or tomar un aforismo que Lacan usa a menudo como ejem p lo- y es una frase que produce un significado, en la que estoy afirmando algo, no es una definición por tautología.
Esta es la propiedad esencial del significante definida por La can yendo mucho más allá que de Saussure porque cuando éste define que la lengua es en definitiva un conjunto de diferencias, se trata de diferencias cualitativas. Pero Lacan delimita una dife rencia que subsiste aun cuando ya no haya diferencias. El signi ficante esta hecho con las diferencias que subsisten cuando ya no subsiste ninguna otra diferencia. Es la diferencia absoluta. Es lo que Lacan llama la pura diferencia.
Antes de dejar este punto aclaremos que aquí no se detiene la reflexión de Lacan que se sigue preguntando por el mecanismo que hace que se instale una diferencia entre un palote y otro, a pesar de su igualdad cualitativa. Y así llega a circunscribir que lo que resulta fundamental son los intervalos. No puede haber una continuidad entre ellos, sino siempre una discontinuidad. Se los podría poner más cerca unos de otros, pero lo que hace que en definitiva uno sea diferente de otro es el intervalo, un vacío, un corte. Con lo cual el rasgo unario se relaciona con el uno pero también con el cero, que resulta ser como la otra cara del uno. Y con el uno y el cero se dispone de lo necesario para construir todos los números.
El rasgo unario es la característica esencial que otorga su pe culiaridad a lo simbólico, es decir, la consecuencia de que haya uno (y cero). Por eso si al comienzo de su enseñanza Lacan defi ne al hombre como un animal enfermo de lenguaje, hacia el final de la misma subraya que está enfermo por el número, porque el número viene vehiculizado por el lenguaje en la medida en que lo constituye esencialmente.
El sujeto, que es un efecto del lenguaje, repite esta peculiari dad al no ser idéntico a sí mismo. A la inversa de lo que sucede con la conciencia y el método introspectivo que se funda en la re-
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flexividad, en la especularidad, el sujeto carece de esa propiedad de reflexibilidad. Podemos expresarlo en términos de derechos. El mayor derecho de un sujeto es el de ser distinto a sí mismo. Los sujetos histéricos defienden este derecho encarnizadamente. De allí la función y la necesidad de estabilizar las identidades en cualquier sistema social, lo cual no resulta fácil. Entre nosotros, el apellido y el nombre. En definitiva, como las confusiones son ineludibles en grupos tan numerosos como el de las sociedades actuales, tenemos los documentos de identidad que incluyen el número como rasgo de identificación. Sólo en ese sentido un do cumento puede servir para indicar identidad, no por el número como tal sino por su diferencia con todos los otros.
La id en tid ad y la iden tificación
Estas nociones de identidad y de identificación son nociones psicoanalíticas que a veces empleamos muy a la ligera y creemos que la identificación es lo que da identidad. Y en cierto sentido es así, si vamos a entender por identidad esto que de algún modo sirve de referencia para no confundirnos con otro. Pero si enten demos identidad en el sentido de una coincidencia con uno mis mo, entonces hay que notar que la identificación, el mecanismo de identificación con el que trabaja el psicoanálisis, no es nunca fuente de identidad, es siempre fuente de alienación. Es cierto que nada sabríamos del sujeto si no es por su identificación con un significante, pero esa identificación -y la identificación en ge n eral- no es fuente de identidad sino de alienación, porque im plica asumir algo ajeno, hacerse ser algo que no se es. Porque va rios sujetos se identifican con un mismo significante, adquieren una similitud, una disolución de lo uno en lo colectivo. Ya hemos dicho que este proceso de identificación puede darse también, no con un significante, sino con una imagen, en ese caso estamos hablando de una identificación imaginaria. Es la que da origen al yo en el estadio del espejo. Sea que se trate de una identificación imaginaria, o de una identificación simbólica, siempre la identi ficación es fuente de alienación. Por eso el curso y la dirección de la cura se definen por la sucesiva pérdida de las identificaciones que han constituido el yo.
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El narcisism o en las fa se s del desarrollo libidinal
Volvamos ahora a las nociones sobre el desarrollo libidinal \ a las tres fases que distingue Freud.
autoerotismo narcisismo objetal
No siempre las describe de esta manera: en las primeras edi ciones de los Tres ensayos sobre una teoría sexual distinguía sola mente el autoerotismo de la relación de objeto. Más adelanto, cuando introduce su teoría del narcisismo, intercala entre una y otra la fase del narcisismo, noción de la que no disponía al co mienzo de su obra. Se suele fechar la introducción del narcisis mo en la teoría psicoanalítica cuando Freud publica su trabajo, que se llama justam ente de esta manera, la correcta traducción del título es Para introducir el narcisismo. Es frecuente encontrarlo como "Introducción al narcisism o", lo que es incorrecto. Cuando Freud comienza a elaborar su teoría no disponía de esta noción de narcisismo, construye esta noción después y, entonces, se trata de introducir el narcisismo en el psicoanálisis, no de introducir al lector en la noción de narcisismo sino la teoría del narcisismo en la teoría psicoanalítica. Por lo tanto conviene traducir "Para introducir el narcisism o", o bien "Introducción del N arcisism o". Ahora bien, este texto, de 1914, marca la introducción oficial por parte de Freud de la teoría del narcisismo en su teoría psicoana lítica. Esto no quiere decir que Freud hay a comenzado a pensar en esta noción en ese momento, lo venía haciendo desde mucho antes. Hay algunos textos anteriores donde ya m enciona esta no ción. Uno de ellos ocupa un lugar central en el plan de lectura de las comisiones de prácticos, es el historial sobre Schreber, en el Capítulo 3, que lleva por título "El mecanismo paranoico". Allí Freud dice, en la traducción de López Ballesteros: "Investigacio nes recientes han atraído nuestra atención sobre un estadio de la historia del desarrolla de la libido, intermedia entre el autoero tismo y el amor objetivado; tal estadio ha sido designado con el nombre de narcisismo".
"H a sido", Freud se expresa en el modo impersonal. ¿Quién la designó? Freud tenía un problema con esto, sobre quién había inventado la noción de narcisismo, entonces, siempre se equivo
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ca. A veces dice "la tomé de Ellis", después dice que la tomó de Nácke. Más adelante va a decir que es Abraham quien la inventó. Volveremos sobre esto cuando nos ocupemos de la teoría de la psicosis.
Entonces: "tal estadio ha sido designado con el nombre de narcisismo y consiste en que el individuo en evolución -h ay que tomar los términos en un sentido muy amplio, la traduc ción de López Ballesteros no es muy precisa-, va sintetizando en una unidad sus instintos sexuales entregados a una actividad autoerótica -e s decir, esta fase que suponemos previa, anterior al narcisism o- para llegar a un objeto amoroso se toma en un principio a sí mismo, esto es -d efin e Freu d - tom a a su propio cuerpo como objeto de amor, antes de pasar a la elección de una tercera persona".
Con esto tenemos las nociones fundamentales que trabajare mos a lo largo del cuatrimestre. Después agrega otras cosas que quiero subrayar. Dice: "Esta fase es normalmente indispensable" Con esto apunta a lo que ya introdujimos en el sentido de que la fase narcisista no puede ser entendida solamente como una etapa de la evolución: se trata de una fase que en cierto sentido siempre subsiste.
Recordemos también que el narcisismo es una organización secundaria. Las nociones de narcisismo primario y secundario acarrean una enorme confusión. A lo largo de la obra de Freud -y después de Freud aún más - , esta distinción entre narcisismo primario y secundario fue recubriendo distintos significados. En un primer momento surge para diferenciar el narcisismo tal como lo encontramos en un psicótico, de lo que es el narcisismo como fase normal del desarrollo. Como fase normal del desarro llo es designado como primario y al narcisismo que se instala en la estructura psicótica concomitante a una regresión libidinal, es calificado de secundario. Pero después va tomando otros sig nificados, al punto que llega un momento en que la noción de narcisismo se amplía y define, no esta fase intermedia entre el autoerotismo y el amor objetal, sino que se la usa para referirse a las dos primeras y entonces se usa narcisismo primario para designar el autoerotismo, y narcisismo secundario para el nar cisismo propiamente dicho. Pero como las traducciones nunca están bien hechas, a veces se traduce primario donde Freud no
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dijo prim ario; cuando se refiere a esta distinción habitualm en te Freud dice narcisismo originario o narcisismo primordial. De aquí surgieron muchas confusiones. Por mi parte, cuando me re fiera al narcisismo, será siempre como fase entre el autoerotismo y la fase objetal, o como la organización propia de esta fase que permanece en el desarrollo ulterior.
De todos modos lo que importa no perder de vista es que esta organización no está dada desde el comienzo y que ya en este texto del historial de Schreber, de 1911, se distingue esta fase li bidinal narcisista de las otras dos. Lo que especifica su diferencia con la fase anterior autoerótica, en la cual las pulsiones parciales funcionan de una manera independiente, cada una buscando la satisfacción con su propio objeto, es el surgimiento de un proceso de unificación: las pulsiones, sostiene Freud, alcanzan una uni dad, se sintetizan dirigiéndose a un único objeto. A su vez, lo que distingue la fase narcisista de la fase siguiente es que en aquella el objeto no es un objeto tercero sino el propio cuerpo (en el otro texto que citaremos más adelante dirá que es el yo).
Hay ya aquí una hipótesis implícita, no desarrollada en el tex to: las dos características m encionadas están articuladas, no son independientes sino que una es consecuencia de la otra. Si hay un efecto de unificación sobre las pulsiones parciales, si hay un efecto de síntesis en las pulsiones que antes eran independientes, eso ocurre porque el objeto de esta nueva fase es único. Es por que en la fase narcisista surge un objeto, se constituye un objeto que no estaba en la fase anterior, y porque ese objeto surge como objeto único de las diferentes pulsiones, que se produce como efecto la unificación de las pulsiones parciales. No es que se tra te, por un lado, de que las pulsiones se unifican, y por el otro, que el objeto es el propio cuerpo. Son dos hipótesis operando en conjunto: porque surge el propio cuerpo como objeto único de las pulsiones, esto tiene por efecto que las pulsiones se sintetizan y se unifican.
Y ya en este texto encontramos como cuarto punto, según vimos, que esta elección narcisista de objeto, es decir, tom ar el propio cuerpo como objeto de amor, perdura. Cito ahora un tex to posterior -aunqu e anterior a la Introducción... de 1914- que es
Tótem y Tabú: "U n estudio m ás detenido ha hecho resaltar la útil i dad e incluso la necesidad, de intercalar entre estas dos fases una
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tercera o (aquí ya encuentran ustedes esta ambigüedad que va a ser retomada mucho después) si se prefiere, de descomponer en dos la primera, o sea, la del autoerotism o".
Vemos que aquí Freud no define unívocam ente si se trata de una fase entre las dos, o si se trata de la fase autoerótica descom puesta en dos subfases. "E n esta fase intermedia cuya impor tancia se impone cada vez más a la investigación, las tendencias sexuales, antes independientes unas de otras, aparecen reunidas en una unidad, y (acá hay que considerar el valor del "y ": si es mero agregado o indica una consecuencia) han encontrado un objeto, el cual no es un objeto exterior ajeno al individuo -tercera fase ob jetal- sino su propio yo constituido ya en ese m om ento".
Más adelante dice: "H em os dado (ahora usa la primera per sona del plural) a esta nueva fase el nombre de narcisismo: el su jeto se comporta como si estuviese enamorado de sí mismo y las pulsiones del yo y los deseos libidinosos..." , etc. Y más adelan te continúa: "Tal organización narcisista (hay que advertir esto: organización: él no había usado el término "organización" para hablar del autoerotismo, el término "organización" que tiene que ver con reunir, sintetizar, unificar, aparece acá, en esta fase del narcisismo) no habrá ya de desaparecer nunca por com pleto".
Se ve entonces que ya antes del texto Introducción del narcisis
mo Freud ha construido este conjunto de hipótesis y las ha con signado en varios textos.
"El hombre permanece en cierta parte narcisista, aún después de haber hallado para su libido objetos exteriores...", etc. Más adelante: "...las cargas de objeto que lleva a cabo son em anacio nes de la libido que ocupa su yo y pueden volver a él en todo m om ento" (ésta es otra de las hipótesis).
Enam oram iento y paranoia
Subrayo algo con lo que Freud termina esta parte, é l dice: "Los estados de enamoramiento, tan notables psicológicamente, prototipos normales de las psicosis, corresponden a la posición más alta de estas emanaciones, en relación al nivel del amor del yo". Esto constituye el núcleo de los desarrollos que va a hacer posteriormente Freud sobre el estado del enamoramiento. En su
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investigación siempre tiene el cuidado de ir buscando los mode los normales de los fenómenos que se presentan después como patológicos. Así como va a encontrar para la m elancolía como modelo normal el duelo, el primer modelo que da Freud de las psicosis en general es el enamoramiento. Es bastante comprensi ble porque realmente de un sujeto enamorado en muchos senti dos se puede decir que está loco y, ante todo, porque un sujeto enam orado puede hacer una cantidad de cosas, acom eter accio nes que en estado cuerdo no haría nunca.
Estas son cosas que Freud desarrolla con mucha precisión: cómo el enamoramiento puede tener por efecto suprimir, por ejemplo, las críticas superyoicas y de este modo todo lo que el objeto de amor quiere resulta permitido en el estado de enam o ramiento, es la fórmula freudiana de que el objeto ha ocupado el lugar del ideal del yo. Estas hipótesis, introducidas en el texto del narcisismo de 1914 encontrarán recién su pleno desarrollo en 1921 en Psicología de las masas y análisis del yo.
A sí como Freud ubica el estado de enamoramiento como m o delo normal de la locura, también los opone y los ubica sobre un mismo eje siendo uno el inverso del otro. En un momento llega a decir que el m ejor antídoto para la paranoia es el enamo ramiento. ¡Antídoto !, sería como sostener que lo m ejor que le puede ocurrir a un sujeto para no volverse paranoico es enamo rarse. Efectivamente, en la abstracción de los modelos teóricos que Freud está inventado en ese momento, paranoia y enam ora miento funcionan como dos nociones recíprocamente inversas. Pero en la clínica, no quiere decir que un sujeto paranoico se va a curar porque se enamore, por lo contrario, se agravará su psi cosis, lo que se traducirá en una mayor persecución, o bien en una más intensa erotomanía, etc, según la forma específica de su paranoia. Lo que observamos en la clínica es que, en general, el encuentro con el otro sexo, o bien la vida en pareja, pueden fun cionar como desencadenantes de una psicosis. No solamente el momento de ser madre o de ser padre, también el m omento del encuentro con el otro sexo.
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El narcisism o com o organización perm anente
He mencionado en varias oportunidades que, aún antes de introducir oficial y sistemáticamente la teoría del narcisismo en la teoría psicoanalítica en 1914, en los párrafos que extraje del texto que forma parte del plan de lectura de las comisiones de historiales -e l capítulo 3 del historial de Schreber- ya allí, desde un comienzo, Freud insiste en que este estadio narcisista no debe entenderse solo como una etapa evolutiva sino como un estadio necesario y que permanece. Conviene que también nosotros in sistamos en esta cuestión. Autoerotismo, narcisismo, fase objetal, no deben entenderse como etapas cronológicas evolutivas. Esta