CAPÍTULO I: EL RECONOCIMIENTO QUE SE ABRE AL RESPETO
1.3. EL RECONOCIMIENTO: MANIFESTACIONES
1.3.2. El reconocimiento mutuo de Hegel en el período de Jena
1.3.2.1. El reconocimiento en el Sistema de la eticidad
En El sistema de la eticidad escrito con bastante seguridad en 1802, Hegel expone su propio concepto de eticidad, examina el concepto contemporáneo de Estado, preparando el mucho más famoso Principios de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Política. El manuscrito se compone de tres partes: la primera, La Eticidad Absoluta según la Relación Fundamental, que se articula en torno a tres rúbricas: A) Primera potencia de la naturaleza, subsunción del concepto en la intuición; B) Segunda potencia o modo de la infinitud, idealidad en lo formal o en la relación fundamental; C) La
41 Cfr. Caminos del reconocimiento, pp. 181 – 183.
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potencia de la Indiferencia de A y B. La segunda parte se llama Lo negativo o la libertad, o el delito; la última recibe el nombre de Eticidad43. Ricoeur hará una lectura de este manuscrito desde el punto de vista del reconocimiento y se detendrá en las dos primeras partes.
En la rúbrica A de la primera parte del Sistema de la eticidad, La Eticidad Absoluta según la Relación Fundamental, la vida ética es interpretada desde las potencias naturales, prefiguras de la vida ética absoluta. Emplea el lenguaje de la Naturaleza, que en obras posteriores sustituirá por el del Espíritu. Nos sitúa frente a individuos que tienen una pulsión motivada por la vuelta al absoluto. Las relaciones pulsionales suscitan una jerarquía de potencias que nos hace encontrar la necesidad natural, el trabajo, la diferencia entre deseo y goce, la articulación del trabajo con la posesión, la aniquilación del estado de goce. En el amor, como potencia natural y como vínculo recíproco de la vida familiar, está el núcleo de un primer modelo de reconocimiento mutuo. Si bien la potencia se describe también en términos positivos, pero se proyectan fuerzas negativas bajo las figuras de necesidad, muerte, enfrentamiento de hombres entre sí y con la naturaleza.
En la rúbrica “B”, continúan las figuras de las potencias naturales, pero esta vez desde la perspectiva del derecho, que generará un negativo específico: el delito. Con el intercambio o contrato, se hablará del reconocimiento de la persona. Por eso, el reconocimiento del individuo es el reconocimiento del otro como “concepto absoluto”44.
En la rúbrica C), La potencia de la Indiferencia de A y B, la relación de intercambio y de reconocimiento de una posesión se convierte en totalidad, siempre dentro de la misma singularidad; la segunda relación se integra en la universalidad.45 La inquietante inestabilidad de este reconocimiento, en el plano especulativo, de la relación dominio- servidumbre, es recalcada por la expresión vivir desigual, de forma que estar asentado en la diferencia es ser siervo; ser libre con respecto a la diferencia es ser dueño. Hegel continúa su investigación con las figuras positivas del ser natural, retomadas bajo el signo de la universalidad que actúa. Así, llama a la familia “la totalidad más alta de la que es capaz la naturaleza”46. Afirmación que viene en virtud del niño, del que se dice que es “frente al fenómeno, lo absoluto, lo racional de la relación constitutiva y lo que es eterno y duradero”. Y más adelante “el poder y el entendimiento, la diferencia de los padres, son
43 Cfr. HEGEL, G.W.F., El Sistema de la Eticidad, Madrid, Ed. Nacional, s/a, p. 11. 44 Cfr. Íbid. p. 134.
45 Cfr. Ídem. 46 Íbid. p. 140.
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inversamente proporcionales a la juventud y al vigor del niño, y estos dos aspectos de la vida se rehúyen e suceden uno al otro y son exteriores entre sí”47.
La segunda parte, Lo negativo o la Libertad o el Delito, retoma lo negativo de la vida ética natural, es decir el delito. El delito niega la realidad de un viviente y a la vez suscita un contra-movimiento, la venganza, pero marcada por el derecho, deviniendo sucesivamente las figuras de la barbarie, la expoliación, la servidumbre. Ahora bien, el pueblo es el único portador de la ética absoluta, liberada de los poderes naturales –desde la pulsión, hasta la familia–. Es en el pueblo donde aparece esta idea de eticidad absoluta. El pueblo y la religión absorben la conceptualización en la intuición. Luego, el discurso sigue su curso hasta terminar en la gobernación. Atraviesa una serie de estamentos: valentía, rectitud, confianza en la anulación de la servidumbre. El reconocimiento se nombra en el acto de gobernar, en el momento intermedio situado entre dos gobiernos: el marcado por la necesidad y el exceso, y el marcado por la disciplina. Este intervalo es el del sistema de justicia; “el poder público, en tanto que pensante, gobierno en tanto que jurisdicción” 48. Solo en este marco las relaciones de propiedad devienen en relaciones mutuas.
A modo de balance, Ricoeur se pregunta si El Sistema de la Eticidad puede ser un antecedente de la lucha por el reconocimiento. En su respuesta, hace caer en cuenta que si bien la expresión reconocimiento se sitúa en dos momentos centrales en una jerarquía de potencias: el primero, vinculado a la formalidad del derecho, principalmente del intercambio; el segundo, vinculado a la gobernación del pueblo bajo el régimen de la justicia. Por otra parte, no obstante mostrar que a todo el ensayo se le puede asignar la centralidad del reconocimiento, evocado eso sí con su sombra negativa, el delito, El Sistema de la eticidad se aleja de constituir un verdadero antecedente de la teoría de la lucha por el reconocimiento. Pues constituye una referencia especulativa sin contrapartida empírica a la identidad y a la totalidad. Esta forma de ontoteología recorre todo el ensayo, desde el plano de la pulsión y del amor, hasta el de la confianza dentro de la totalidad del pueblo, impidiendo a la pluralidad humana constituirse en referente exclusivo de las relaciones de mutualidad, marcadas por la violencia49.
47 Ídem. 48 Íbid. p. 191.
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