EL RECURSO AL MANDAMIENTO DIVINO
El recurso al mandamiento divino consiste en apoyarse sobre los mandamien- tos de una divinidad para determinar el bien y el mal en el plano moral. Así, lo que está bien es lo que recomienda la divinidad; lo que está mal, es lo que prohíbe la divinidad.
Antes de analizar ese punto de vista, precisemos, para empezar, dos cosas. Existe una falsa concepción respecto del fundamento de los juicios morales por mandamiento divino, concepción que el orden de los capítulos de este libro puede, por lo demás, fomentar. Se trata de la idea de que la moral ha estado esencialmente ligada, a lo largo de la historia, a la teoría del mandamiento di- vino, y que ésta, desde hace poco, digamos en los tres últimos siglos, ha sido atacada por análisis nuevosque apelan a lo que es natural y al bienestar común (véanse los capítulos VIyVII). Ahora bien, de hecho, recurrir a lo que es natu- ral también es algo antiguo: se remonta, al menos, a la Antigüedad griega. En cuanto al recurso al bienestar común, ciertamente es tan antiguo como el ante- rior, pues era defendido por la escuela del filósofo chino Mo-tseu, cinco siglos antes de comenzar la era cristiana.
Según otra concepción errónea, todo el que cree en una divinidad está, en cierto modo, obligado a reconocer que los juicios morales se basan pura y sim- plemente sobre los mandamientos divinos. Se pueden formular al menos dos objeciones contra esta posición. En primer lugar, si es verdad, como lo hemos subrayado en el capítulo I, que la mayor parte de las religiones incluyen los dos componentes ilustrados en la figura V.1, existen personas que creen en la exis-
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tencia de una divinidad pero que consideran que esta divinidad es incognosci- ble o, incluso, que no se le puede “hacer decir algo” concerniente a las cuestio- nes morales.
Esta concepción, que se llama deísmo,reconoce la existencia de una divini- dad, pero rechaza las religiones organizadas, tal como se las conoce.1 En el
deísmo, la moral difícilmente puede basarse en el mandamiento divino, pues la divinidad no ha transmitido un mensaje oral u escrito en que hubiese expre- sado sus deseos, y tampoco entra en contacto directo con los individuos para dictarles su conducta. En suma, el deísmo reconoce su fe en la existencia de una divinidad, pero refuta la fe en la existencia de “mandamientos divinos”.
Se puede, asimismo, objetar a esta falsa concepción que aun en las religio- nes tradicionales varía considerablemente la importancia que se atribuye a los escritos de origen divino. Cierto es que se encuentran grupos de creyentes fun- damentalistas, por ejemplo entre judíos, cristianos y musulmanes, que consi- deran que se deben leer y seguir al pie de la letra los textos sagrados. Por lo contrario, también existen grupos de creyentes que interpretan esos textos a la luz de su razón y de su reflexión moral,2o, incluso, que los completan con ayu-
da de elementos teóricos basados sobre otros análisis del fundamento de los juicios morales.3Para ellos, los juicios morales no son una simple aplicación de
mandamientos divinos. Reconocen la existencia de esos mandamientos, mas para ellos sólo son un componente entre otros muchos, que sirven de elemen- tos a la reflexión moral.
Una vez hechas estas puntualizaciones, podemos abordar el examen de la posición misma. Los mandamientos divinos suelen provenir de documentos escritos que relatan una comunicación divina, de un testimonio oral, de la idea de un representante de la divinidad o de una experiencia de comunicación perso- nal con la divinidad. Se puede representar esquemáticamente en la figura V.2la posición según la cual los juicios morales se basan en mandamientos divinos.
Los cuatro ejemplos de la figura V.3constituyen casos particulares de la aplicación de ese esquema general en tres religiones importantes.
1Se encuentra una presentación de una posición deísta en el primero de los textos de Thomas
Paine citados en la secciónTemas de reflexión del presente capítulo.
2Los miembros de los grupos “fundamentalistas” a menudo reprochan a los miembros de gru-
pos “reformistas” no ser verdaderos creyentes. En cambio, estos reprochan a aquéllos olvidar el “mensaje” fundamental, no adaptando a contextos modernos algunas de las prácticas tradiciona- les que ya no tienen razón de ser.
3Así, entre los católicos muy a menudo se recurre a fundamentos que se apoyan sobre la “ley
natural”, especialmente en los documentos del Vaticano, así como a fundamentos de tipo utilita- rista (como lo veremos en los capítulos siguientes).
Escrito Representante de la divinidad
Tradición oral Comunicaciónn personal
Lo bueno es lo que la
divinidad recomienda; La divinidad prohíbe
lo malo es lo que (o recomienda) algo
la divinidad prohíbe
Esta cosa es mala (o buena)
LAS CRÍTICAS
Ahora que sabemos en qué consiste recurrir al mandamiento divino, pasemos al examen de las críticas que se pueden hacer contra esta concepción del fun- damento de los juicios morales.
En primer lugar, se nota claramente que este análisis se basa por completo en la existencia de una divinidad. Si no se tienen buenas razones para creer en la existencia de un ser que posee propiedades absolutamente extraordinarias y que ha creado el universo, se desploma toda idea de mandamiento divino.4La
objeción es, sin duda, de importancia y, para muchos, lo bastante seria para que resulte inútil tratar de hacer notar otras debilidades de esta concepción. Sin embargo, llevaremos adelante nuestro análisis, pues ciertos filósofos han elaborado críticas al recurso al mandamiento divino que, en su opinión, debie- ran llevar incluso a los creyentesa conceder que esta concepción no se sostiene o que plantea grandes dificultades. Los creyentes tendrán, pues, la ocasión, si son partidarios de la teoría del mandamiento divino, de hacer sus objeciones a esas críticas. En cuanto a quienes consideren que la primera crítica basta para refutar esta posición, les será igualmente útil reflexionar sobre esas críticas adi- cionales, al menos por dos razones. Para empezar, permiten resumir todas las dificultades lógicas de esta posición, lo que constituye un buen ejercicio intelec- tual. Pero, ante todo, pueden ayudar a mostrar a un creyente fundamentalista la debilidad de su punto de vista. En efecto, más que atacar de frente su fe en la exis- tencia de una divinidad, se trata así, tan sólo, de mostrarle que su fe no lo obliga
+
4Desde luego, no podemos presentar aquí los argumentos tendientes a sostener o a criticar la
existencia de una divinidad.
FIGURA V.2.Prototipo de una argumentación que se basa en el recurso al mandamiento divino
Ejemploa) Ejemplob)
Para un judío Para un o un cristiano musulmán
Yahveh habló a Moisés, “No matéis a vuestros diciendo: “Si alguno causa hijos por temor a la po- una lesión a su prójimo, breza. Cuando se anuncia como él hizo así se le hará: a un incrédulo el naci- fractura por fractura, ojo miento de una hija, por ojo, diente por diente”. su rostro se ensombrece. (Biblia, Levítico 24, 19-20) […] ¿No es detestable
su juicio?” (Corán, sura VI)
La divinidad recomienda que se siga la regla Es moralmente inaceptable matar a las hijas “ojo por ojo, diente por diente” cuando alguien al nacer.
lesiona a otro.
Ejemploc) Ejemplod)
Para un cristiano Para un musulmán
“En cuanto a los casados, “Cortad las manos del les ordeno, no yo sino ladrón o de la ladrona” el Señor: que la mujer no (Corán, sura V) se separe del marido”
(Biblia, Corintios I, 7, 10)
Lo bueno en el plano moral es seguir la regla Lo bueno en el plano moral es cortar las manos
“Una mujer [cristiana] casada no debe de los ladrones.
separarse de su marido”.
La divinidad reco- mienda que se siga la regla “ojo por ojo, diente por diente” cuando alguien lesiona a otro. Lo bueno es lo que la divinidad recomienda; lo malo es lo que la divinidad prohíbe. La divinidad prohíbe que se mate a las hi- jas al nacer (como a menudo se practicó a lo largo de la historia). Lo bueno es lo que la divinidad recomienda; lo malo es lo que la divinidad prohíbe. + + Lo bueno es lo que la divinidad recomienda; lo malo es lo que la divinidad prohíbe. Lo bueno es lo que la divinidad recomienda; lo malo es lo que la divinidad prohíbe. La divinidad reco- mienda que se siga la regla “una mujer [cristiana] casada no debe separarse de su marido”.
La divinidad reco- mienda cortar las ma- nos de los ladrones.
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a adoptar la teoría del mandamiento divino, lo que probablemente sea más fácil. Esas críticas adicionales tienen tanta mayor importancia cuanto que el fundamen- talismo, así como la intransigencia y la intolerancia que se les suelen achacar, parecen mantenerse e incluso, en ciertos aspectos, progresar en nuestros días.
Presentaremos esas críticas apelando a un célebre diálogo del filósofo grie- go Platón (428 a.C.-348 a.C.), intitulado Eutifrón.Se encuentra allí una crítica no menos célebre de la teoría del mandamiento divino.
El diálogo comienza con un encuentro entre dos personajes: el filósofo Só- crates y un tal Eutifrón, cerca de un lugar en que se tratan asuntos jurídicos. Sócrates está preocupado por un proceso por impiedad incoado contra él. En cuanto a Eutifrón, ha lanzado una acusación de homicidio contra alguien. Al enterarse de que el acusado de homicidio por Eutifrón es su propio padre, Sócrates queda asombrado. Si Eutifrón acusa a su padre ello es, sin duda, dice Só- crates, porque éste ha matado a alguien muy cercano a Eutifrón, como otro miembro de su familia. Eutifrón le dice que la víctima no era miembro de su familia. Sócrates queda verdaderamente perplejo. Eutifrón hace notar a Sócra- tes que la piedad no se discute, que se debe ser imparcial, que la imparcialidad exige se hagan acusaciones cuando se cometan delitos y que no se deben tener en cuenta nuestros nexos familiares con las personas implicadas. Eutifrón pre- cisa entonces cómo se cometió el crimen.
La víctima era un obrero que trabajaba en una granja perteneciente a Euti- frón. Un día que estaba ebrio, se había lanzado contra un sirviente y le había cortado el cuello. Entonces, el padre de Eutifrón hizo atar de pies y manos al asesino, lo arrojó a un foso y mandó avisar al magistrado lo que había ocurri- do. El hombre abandonado en el foso murió de hambre y de frío antes de que nadie llegara con las órdenes del magistrado.
Eutifrón prosigue, diciendo que a algunos les ha parecido extraño que ha- ga una acusación contra su padre, dado que no había matado intencionalmen- te al trabajador; que éste era, a su vez, un asesino, y que acusar a su propio pa- dre era algo contrario a la piedad.5
La discusión pasa entonces al nivel teórico. Eutifrón dice que no se debe hacer distinción alguna entre las personas y que sólo se debe saber una cosa: si se ha matado justa o injustamente. Si una persona ha matado justamente, no
5Puede observarse que ese crimen de la época de Platón es bastante rico porque plantea varias
preguntas, en especial: “¿Se debe tratar en el mismo plano a una persona que causa directamente un daño a otro, y a una persona que omite acudir en ayuda de alguien o que lo coloca en una situa- ción en que va a sufrir un daño?”, y “¿se tiene el deber de denunciar a nuestros parientes —como lo haríamos si se tratara de desconocidos— o se tiene, antes bien, el deber de ocultar sus acciones?”
debe lanzarse acusación contra ella, mientras que si ha matado injustamente, hay que perseguirla. Además, añade, las personas consideran que Zeus es el mejor y el más justo de los dioses, aunque no ignoran que Zeus encadenó a su padre, Cronos, porque éste devoraba a sus hijos sin ninguna razón legítima, y porque el propio Cronos había mutilado a su padre por motivos análogos. Así, dice Eutifrón, quienes objetan lo que yo he hecho se contradicen, al admirar a Zeus y al reprocharme mi acción.
Sócrates pregunta entonces a Eutifrón si verdaderamente cree en esas his- torias de guerra, de conflictos y de combates entre los dioses. Eutifrón respon- de que sí. Sócrates prosigue, preguntándole qué hace que algo sea piadoso. Eu- tifrón responde enunciando la norma siguiente: lo que es caro a los dioses es pia- doso, lo que no, es impío(dando por sentado que lo que es piadoso es moralmen- te bueno). Por tanto, es en ese terreno donde se va a entablar el debate.
Sócrates ataca entonces el criterio propuesto por Eutifrón, de tres maneras diferentes.
• Si Eutifrón reconoce que los dioses no siempre están de acuerdo entre sí, debiera también admitir que sus desacuerdos seguramente no son por cuestiones fáciles de resolver, tales como “¿Es esto más grande que aque- llo?” o bien “¿Es esto más pesado que aquello?” Como en el caso de los seres humanos, los desacuerdos entre los dioses deben tratar, antes bien, sobre lo que es justo o injusto, sobre lo que está bien o mal, sobre lo que es bello o feo. Ahora bien, si los dioses están en desacuerdo en ese tipo de cuestiones, las mismas acciones podrían agradar a un dios y no agradar a otro. Según el criterio propuesto por Eutifrón, una misma acción podría ser, pues, a la vez piadosa y no piadosa, ser buena y no buena… lo que es inadmisible, y Eutifrón tendría que ofrecer una norma que permitiera distinguir esos tipos de acciones.
• Eutifrón se ve en aprietos, pero trata de salir del apuro diciendo que el problema inicial era el carácter injusto de un asesinato como el cometido por su padre, y que en esta cuestiónhay unanimidad entre los dioses. Por consiguiente, el acto debe ser malo. Entonces, Sócrates le pregunta cómo hacer para saber si los dioses están verdaderamente de acuerdo en esta cuestión y, por tanto, todos los dioses consideran justa su conducta. • Sócrates prosigue, planteando una pregunta embarazosa para Eutifrón.
Se refiere a la piedad, pero, para nuestros fines, puede ser planteada así: “Lo bueno ¿les gusta a los dioses porque es bueno, o es bueno porque les gusta a los dioses?” Eutifrón concede, sin saber muy bien en lo que se
mete, que lo bueno les gusta a los dioses porque es bueno, y no a la in- versa. Entonces, concluye Sócrates, no se puede decir que lo bueno y lo que les gusta a los dioses son una sola y misma cosa. Antes bien, parece que previamente tenemos una idea de lo bueno, y ello sin recurrir a la vo- luntad de los dioses.
Ante las críticas de Sócrates, Eutifrón, desconcertado, ya no sabe qué res- ponder. Exclama: “¡Todo lo que hemos propuesto gira en torno de nosotros y no se queda en paz!”
Sirviéndonos de esas críticas, generalizándolas y añadiendo otras conside- raciones, llegamos al conjunto de las críticas adicionales6siguientes, respecto
al fundamento, por orden divino, de los juicios morales.
Si retomamos el dilema al que se enfrentaba Eutifrón, los supuestos man- damientos divinos son, o bien: a)buenos porque la divinidad es buena y, por consiguiente, sus mandamientos son buenos, o bien b) buenos simplemente porque provienen de la divinidad.
El que adopte la posición a), no se sitúa realmente en el marco de la teoría del mandamiento divino, pues reconoce que unas consideraciones morales previas están en la base de nuestro reconocimiento del valor de los manda- mientos divinos. Se enfrenta entonces a la objeción de la moral previa. En pocas palabras, se pretende adoptar la posición presentada en la figura V.4, según la cual todos los juicios morales se derivan de mandamientos divinos.
Pero se concede, después de reflexionar, que los mandamientos divinos se deben seguir porqueson buenos o porqueson producto de un ser infinitamente bueno. Dicho de otra manera, se reconoce que unas consideraciones morales pre- vias nos sirven para justificar la adopción de esos mandamientos. No todos los juicios morales provienen, pues, de la observación de los mandamientos divinos (figuraV.5).
FIGURA V.4
Lo bueno es lo que la
divinidad recomienda; La divinidad prohíbe
lo malo es lo que (o recomienda) tal cosa.
la divinidad prohíbe.
Esta cosa es mala (o buena)
+
6Recordemos que la primera crítica era sobre la necesidad de recurrir a la existencia de una di-
Si, por lo contrario, se adopta la posición b),se tropieza con las objeciones siguientes:
• El hecho de admitir que los mandamientos divinos determinan lo que es- tá bien o mal, implica que se debiera admitir que no habría ya moral sos- tenible si no hubiese habido nunca una divinidad; ahora bien, esta con- secuencia parece inaceptable. En efecto, ¿se podría realmente sostener que, si no existiera divinidad, ya no sería posible calificar de inmorales todas las conductas que nos parecen condenables, por ejemplo las de las personas que presenciaron el asesinato de Catherine Genovese7sin pres-
tarle ayuda? Para muchas personas, el hecho de que una divinidad exis- ta o no exista no tiene nada que ver con el hecho de que esté mal no ha- cer nada por impedir que una persona sea asesinada, o por ayudar a una niña que está ahogándose. Según ellos, la fe en una divinidad no es ne- cesaria para la formulación de juicios morales. Y una teoría que preten- da que tal nexo es necesario les parece abiertamente inaceptable. A esta crítica se le puede llamar la objeción del carácter superfluo de la existencia de una divinidad.
• El hecho de admitir que los mandamientos divinos determinan lo que es- tá bien o lo que está mal entrañaría, en el caso de varias religiones, con- flictos con juicios morales que sin embargo parecen muy sólidos.
Pensemos, especialmente, en los ejemplos a, c yd, antes presentados (p. 136).8A esta oposición se le puede llamar la objeción del rechazo de juicios
morales considerados sólidos. Evidentemente, al partidario de una moral FIGURA V.5
Problema de esta posición: esos dos juicios morales
Los mandamientos divinos Esos mandamientos no están basados en
son los de un ser que es bueno. son buenos. mandamientos divinos.
Lo bueno es lo que la divinidad recomienda; La divinidad prohíbe
lo malo es lo que la divinidad prohíbe. (o recomienda) tal cosa.
Esta cosa es mala (o buena).
+
7Ese caso fue evocado al comienzo del capítulo anterior (p. 103).
8Véase también el ejemplo dado en el segundo de los textos de Thomas Paine citados en la sec-
fundada en el mandamiento divino podrá contestar siempre que esos jui- cios, aun si parecen sólidos, son erróneos, y que hay que abandonarlos.
Se debe señalar que una religión que no incluyera mandamientos di- vinos opuestos a los juicios morales generalmente considerados sólidos no sería alcanzada por esta objeción. Queda en pie el hecho de que tres