LA IMAGEN DE LA BRÚJULA
Se puede utilizar la imagen de una brújula para mostrar algunos elementos fundamentales de la reflexión ética. Desde luego, no se trata más que de una ima- gen, pero resulta útil porque permite sacar ciertas cosas a la luz. Nuestra brú- jula imaginaria tendría como función indicar lo que está bien y lo que está mal en el plano moral.
Imaginemos a una persona que no tiene conciencia moral, en el sentido dado en el capítulo I(pp. 25-28). Ésta no juzgaría nunca que algo esté bien o mal en el plano moral y no experimentaría los sentimientos morales que acompañan esos juicios, como la indignación o el resentimiento.1Podría decirse entonces
que tal persona no posee brújula, que no tiene ninguna sensibilidad moral. Imaginemos ahora a una persona que tenga una conciencia moral defec- tuosa, incoherente o incompleta. Esta persona haría juicios morales, pero éstos serían a veces, o incluso frecuentemente, poco sólidos. Podría decirse entonces que semejante persona posee una brújula, aunque descompuesta o mal arre- glada. En suma, sus juicios moralesestán mal fundados o se basan en un análi- sis o una teoría implícita defectuosa.
Imaginemos, por último, a una persona que tenga una conciencia moral (en el sentido dado en el capítulo I) bastante sólida, pero que atribuye poca importan- cia a las consideraciones morales en su vida. Se podría decir entonces que seme- jante persona posee una buena brújula, pero que no se guía —o se guía poco— por ella. En suma, sus juicios morales son válidos, pero propende a no dar gran lugar a la moral en su vida, no tiende a actuar conformea lo que le parece moral.
La imagen de la brújula permite poner en relieve tres deficiencias posibles, muy diferentes unas de otras: la insensibilidad moral, el fundamento trunco de los juicios morales y la negativa a actuar conforme al juicio moral. Mostremos la primera insuficiencia con ayuda de un caso trágico célebre.
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1Sobre el resentimiento como sentimiento moral, véase la sección Temas de reflexión del presen-
La historia de Catherine Genovese
En 1964, en Estados Unidos, a las 3:20 de la mañana, una mujer de 28 años vol- vía a su casa después del trabajo. Administraba un bar de la región. Ante su domicilio, en la acera, fue apuñalada por un hombre. Varios residentes de los edificios vecinos observaron la escena. Desde el balcón de un departamento, enfrente, un hombre gritó: “¡Déjela en paz!” El asaltante se alejó durante unos instantes, pero pronto volvió a apuñalarla, mientras que ella pedía socorro. Otras luces se encendieron en los inmuebles de enfrente, pues los gritos de la víctima habían despertado a otros vecinos. El atacante subió a su automóvil y se alejó. Catherine Genovese se arrastró hasta su casa y logró abrir la puerta ex- terior de su departamento. En ese momento, su atacante volvió sobre sus pa- sos y le dio el golpe fatal.
A las 3:50, la policía recibió un llamado de los vecinos. En dos minutos, los policías estuvieron en el lugar. De las 36 personas que habían presenciado el asesinato, sólo un hombre, una mujer de 70 años y una joven acudieron a hablar con los policías. El hombre explicó que al ver la agresión no había sabido qué hacer y había llamado a uno de sus amigos, un abogado. Después, atravesó la azotea de su inmueble para ir a decir a la señora de 70 años que telefoneara. Murmuró que no quería verse enredado en el asunto.
Seis días después fue detenido el homicida, un hombre de 29 años sin an- tecedentes penales. El hombre confesó haber cometido otros dos asesinatos.
Hoy, la gente de ese barrio, constituido principalmente por casas unifami- liares que valían de 35 000 a 69 000 dólares en 1964, no comprende bien por qué nadie llamó a la policía. Una madre de familia dijo vagamente que creía que se había tratado de un pleito de enamorados. Una pareja confesó: “Francamente, tuvimos miedo”. Una mujer dijo esto: “Nos acercamos a la ventana para ver lo que ocurría, pero se veía mal a causa del reflejo de la luz de nuestra habitación. Por ello mi marido fue a apagar la lámpara para que pudiésemos ver mejor”. Cuando se les preguntó por qué no habían llamado a la policía, respondieron que no lo sabían. Un hombre narró cómo Catherine Genovese fue apuñalada por segunda vez. Cuando se le preguntó por qué no había llamado a la policía, respondió sencillamente: “Estaba cansado, y me volví a dormir”.2
Algunos de los testigos impasibles de ese asesinato parecen haber sido víc- timas del primer tipo de deficiencia, pues se comportaron como si estuviesen
2Sobre este caso, véase Leo Katz, Bad Acts and Guilty Minds, University of Chicago Press,
desprovistos de sensibilidad moral o, en otros términos, como si no tuviesen brújula. Acaso pueda decirse lo mismo del lector que no se sintiera escandali- zado ni alarmado por el relato de ese caso patente de no prestar ayuda a una persona que estaba en peligro.3Evidentemente, no se trata de exigir a los testi-
gos que se precipiten sobre el agresor, a riesgo de su propia vida: en este caso, una simple llamada telefónica habría salvado la vida de la víctima.
Se puede mostrar el segundo tipo de deficiencia evocando a fanáticos religio- sos o políticos. Poseen una brújula y, además, siguen sus indicaciones, pero su brújula está descompuesta. También pueden mencionarse los principios que están en el origen de sanciones desproporcionadas. Pensemos, por ejemplo, en el pobre capitán Kimble, quien, en la época de las colonias de la Nueva Inglaterra, fue condenado a la picota por conducta lasciva, porque había besado a su es- posa en público, en el dintel de su casa, ¡a su regreso de un viaje de tres años!4
Por último, en lo tocante al tercer tipo de deficiencia, la de la negativa a actuar de acuerdo con el propio juicio moral, se puede poner el ejemplo de un testigo del asesinato de Catherine Genovese, quien diría algo como: “Sí, reco- nozco que está muy mal desde el punto de vista moral presenciar un asesina- to sin hacer nada, pero tenía sueño y fui a acostarme, y eso es todo”. Para mostrar un ejemplo más común, podríamos pensar en alguien que se dijera: “Sí, está muy mal no dar dinero para ayudar a los menesterosos cuando se tie- nen los medios. Yo tengo los medios y no doy nada, y, por consiguiente, reco- nozco hacer algo malo”. Citemos también el caso del jefe de personal de una gran empresa, que dijera: “Ya sé que es inmoral dar este empleo a mi cuñado, habiendo candidatos mucho mejor calificados que él, pero de todos modos voy a dárselo”.
LOS TIPOS DE JUICIOS
Hasta aquí nos hemos valido de la expresión “juicio moral” en un sentido ha- bitual, familiar. Vamos a distinguir ahora varios tipos de juicios para tratar de situar entre ellos al juicio moral.
Un juicio es un acto de pensamiento por el cual se afirma algo, es decir, por el cual se afirma o se niega algo. También es un enunciado o una parte de enun-
3Afirmando que la insensibilidad ante este drama indica una insensibilidad moral total, doy
por sentado que si una persona permanece insensible ante una situación semejante, no hay gran cosa que hacer para despertar su sensibilidad moral.
4Christopher Hibbert, The Roots of Evil. A Social History of Crime and Punishment,Boston, Little,
FIGURA IV.1
ciado, escrito u oral, que expresa el resultado de dicho acto de pensamiento.5
Se puede subrayar que algunos enunciados como “¿Qué hora es?” o “¡Vete!” no contienen juicios porque no afirman nada, y que un mismo enunciado pue- de contener un solo juicio o varios juicios.6
Se pueden distinguir tres tipos de juicios, que corresponden a tres tipos de operaciones mentales distintas (figura IV.1). Son:
• los juicios de hecho (también llamados juicios de observador), • los juicios de valor (también llamado juicios de evaluador),
• los juicios de recomendación (también llamados juicios de prescriptor). Losjuicios de hecho(también llamados “juicios de observador”) pretenden describirla realidad, ya se trate de cosas, acontecimientos, personas, estados o relaciones entre tales elementos. Un ejemplo típico es: “La pena de muerte es- tá prohibida en el país”. El ejemplo siguiente proviene de las ciencias: “Antes había dinosaurios sobre la tierra”. Observemos que los juicios de hecho pue- den tener un carácter hipotético, como “Se podría resolver el desempleo adop- tando políticas de formación de mano de obra similares a las que existen en Suecia” o “Si no se reparte mejor la riqueza del país la sociedad va a escindir- se”. Subrayemos, asimismo, que juicios falsos como “El desempleo de los jóve- nes disminuye constantemente en el país desde hace veinte años” o “La crimi- nalidad es mayor en Canadá que en los Estados Unidos” también deben ser considerados juicios de hecho porque pretenden describir la realidad.7 Ade-
5El contexto suele permitirnos discernir fácilmente el sentido en el cual se emplea el término
“juicio”. La distinción entre los dos sentidos se percibe sin dificultad cuando se establece el para- lelo con la palabra “decisión”, que también puede significar la actividad (“La decisión ha sido di- fícil”) o el resultado de la actividad (“La decisión ha sido favorable”).
6El enunciado “Peter Kropotkin ha muerto” contiene un solo juicio, mientras que el enuncia-
do siguiente contiene varios: “Peter Kropotkin, príncipe ruso, fue un científico y anarquista impor- tante del siglo XIX”.
7Se dirá entonces que se trata de juicios de hechos falsos o, para ser más explícitos, de juicios
falsos pero que tratan de hechos.
Juicios
Juicios de hecho Juicios de valor Juicios de recomendación
más, algunos de esos juicios de hecho son “privados”, como “Me duele la ca- beza”, “Me gustó la película El fantasma de la libertadde Buñuel” o “Trabajar ya no me dice nada”. Por último, hay que mencionar que los juicios pueden tratar delos valores morales o de evaluaciones morales, sin dejar por ello de ser jui- cios de hecho. Pensemos, por ejemplo, en “Natalia considera que llevar el velo islámico es algo bueno” o “La mayoría de los quebequenses consideran inmo- ral que se restablezca la pena de muerte”.8Una persona que hace tales juicios
pretende describir la realidad, sin más. No dice que juzgue los juicios de valor de Natalia o de la mayoría de los quebequenses.
Losjuicios de recomendación(también llamados “juicios de prescriptor”) son aquellos por los cuales se aconseja (o se desaconseja) hacer algo, se recomien- da hacer o no hacer algo. Así, “Debieras aprender dibujo, y no música” y “De- bieras ir a ver la película El asunto Norman William, en lugar de Los hijos de las normas”,son dos ejemplos. Cuando la recomendación se hace desde el punto de vista moral, como en “Debieras participar en el programa de reciclaje de los de- sechos domésticos”,el juicio de recomendación es entonces un juicio de reco- mendación moral. Este último se basa siempre en un juicio de valor moral.
Losjuicios de valor(también llamados “juicios de evaluador”) están en el meo- llo de nuestro propósito. Se pueden distinguir al menos tres tipos (figura IV.2):
Los juicios de valor epistémicos tratan del valor o el mérito de teorías o de hipótesis. Así, “Esta teoría es mejor que tal otra” o “Esta hipótesis es deficien- te” son juicios de valor epistémicos. Conviene notar que los juicios de valor epistémicos, cuando son positivos, entrañan la presunción de que “se debiera creer en ellos”. Así, decir que una teoría es la mejor permite suponer que se de- biera adoptarla.9
FIGURA IV.2
Juicios de valor
Juicios de valor Juicios de valor Juicios de valor
epistémicos estéticos morales
8Los juicios de hecho son aceptables, especialmente porque están de acuerdo con algunas de nues-
tras observaciones personales,porque se basan en el testimonio de alguien, porque derivan de las mejores teorías científicas pertinentes,porque se derivan de nuestra experiencia del comportamiento humanoo por- quese basan en un recurso a la autoridad. Para conocer las condiciones de validez de cada uno de esos tipos de justificación, véanse el capítulo IIy el capítulo VIde la segunda edición de nuestra Logique de l’argumentation (ERPI, 1994).
9Se encontrará un examen detallado de los juicios de valor epistémicos en los capítulos 7 y 8
Los juicios de valor estéticos se hacen sobre la belleza y la fealdad, sobre la apreciación artística. Así, “Los primeros discos de Génesis son mejores que los últimos”, “Bach es un compositor mejor que Vivaldi” o “La novela Volkswagen Bluesde Jacques Poulin es tan buena como la novela El Zen y el arte de mante- ner motocicletasde Robert Pirsig” son juicios de valor estético.
Los juicios de valor moral, como lo hemos dicho en el capítulo I, tratan del valor moral de acciones, intenciones, personas e instituciones políticas, econó- micas o jurídicas. Afirman o niegan que tal o cual cosa es justa o injusta, que es buena o mala desde el punto de vista moral. Los juicios de valor morales, cuan- do son positivos y tratan de acciones, incluyen la presunción de que “se debería hacerlas” o, por lo menos, “que se les debiera tener en cuenta cuando se toma una decisión”. Para retomar la imagen de la brújula, esto es suponer que debe- mos dejarnos guiar parcial o totalmente por nuestra brújula moral.
Debe observarse que los desacuerdos morales entre las personas tienen a menudo su origen en desacuerdos sobre juicios de hecho. Por ello es muy útil identificar bien la fuentede los desacuerdos para hacer avanzar una discusión sobre una cuestión moral. Al aclarar un desacuerdo y distinguir los problemas que surgen de los juicios de hecho de los que provienen los juicios morales, con frecuencia se logra aclarar un desacuerdo sobre una cuestión moral. El método descrito en la figura IV.3no necesariamente permite llegar a un acuerdo de to- dos los participantes en una discusión, pero sí nos asegura que esta discusión avanzará en lugar de girar sobre sí misma, como tan a menudo ocurre. Consis- te esencialmente en distinguir los juicios de hecho problemáticos de los otros juicios, y después, en tratar de entender su verdad. Se logra llegar a esto exa- minando las diversas estrategias utilizadas para justificar juicios de hecho, de- terminando si se han respetado las normas que hacen válidas esas estrategias. Se tiene entonces buen cuidado de hacer, para empezar, una lista de todos los puntos sobre los cuales se está de acuerdo, y luego otra de los puntos que que- dan todavía por considerar. Esta última lista comprende, especialmente, los puntos en desacuerdo que van a tratarse. Son los que “se han dejado congela- dos” porque se había decidido acordar la prioridad a una cuestión en particu- lar. También se trata de las investigaciones necesarias para determinar si es vá- lido tal o cual argumento. Repitamos que la aplicación de este método en las discusiones no asegura la obtención automática de un consenso. No obstante, permite hacer avanzar el debate pues, al término de una discusión que no pro- duce consenso, que termina por el agotamiento de los protagonistas o por un desacuerdo insuperable, los intercambios de opiniones a menudo han apor- tado aclaraciones, han precisado los puntos que iban a verificarse y los puntos
de entendimiento, y también han permitido precisar la fuente profunda del de- sacuerdo.
Vayamos un poco más lejos e intentemos precisar más lo que es un juicio de valor moral. Retomemos un pasaje de S. Scheffler, ya citado en el capítulo II:
Decir que una acción es “correcta” o que “se debiera seguir” un plan, no es tan sólo expresar un gusto o una preferencia, sino también sostener cierto punto. Es dar a entender que ese juicio se apoya en razones y que se está dispuesto a hablar sobre esas razones. Y, por último, es sugerir que esas razones demostrarán ser sólidas si se las examina desde un punto de vista imparcial y objetivo. Es decir, un punto de vista que tome en cuenta todos los intereses y todos los hechos pertinentes, y que juzgue el asunto de la manera más equitativa posible. Cuando se hace un juicio mo- ral, en principio, no sólo se limita uno a expresar sentimientos, dar órdenes o recurrir a la autoridad. Se reconoce, al menos en teoría, la validez del “punto de vista moral”, es decir, la idea de que la acción que se recomienda está justificada, y que esta justi- ficación puede quedar claramente establecida si se toma uno la molestia de examinar la situación de manera exhaustiva tomando en cuenta con empatía e imparcialidad los intereses en juego, y respetando a las personas afectadas.10
El filósofo finlandés Westermarck añade, por su parte:
Un juicio moral siempre tiene un carácter desinteresado. Cuando digo que una ac- ción es buena o mala, quiero decir que lo es independientemente de todo nexo que pudiera tener conmigo. Si una persona condena una acción que la perjudica, ¿có- mo puede justificar el valor moral de su juicio? Sólo podrá hacerlo indicando que su condena no va ligada al hecho de que es ella la perjudicada, que su juicio sería el mismo si algún otro, en circunstancias similares, hubiese sido la víctima; dicho de otro modo, que su juicio es desinteresado.11
Se puede decir, pues, de los juicios de valor morales:
• que no sólo indican una preferencia o un gusto personal del tipo de los que se tienen en mente cuando se dice: “En gustos se rompen géneros”; • que están sostenidos por razones y el que los formula abre la puerta a
una discusión sobre esas razones;
10Samuel Scheffler, Reason and Teaching,Hackett, Indianapolis, 1989, pp. 140-141. 11E. Westermarck, Ethical Relativity,Littlefield, Adams & Co., Paterson, NJ, 1960, p. 91.
FIGURA IV.3.Método para hacer avanzar una discusión
Identificar el(los) juicio(s) en el origen del desacuerdo
Plantear el diagnóstico ¿Solamente hay uno?
No Sí
Se elige uno para Determinar la naturaleza Tratar de aclararlo, examinarlo de ese juicio o al menos distinguir
sus diversos sentidos.
Tratar de resolver Juicio de hecho Juicio de valor moral No se sabe
el problema demasiado bien
¿Se basa ese juicio Se examina el valor de cada de hecho en… una de las argumentaciones. …una observación personal? Sí ¿Se trata de una
No observación confiable? …la observación personal Sí ¿Se trata de un de otro, es decir, testimonio confiable? en un testimonio?
No Se le discute
…nuestro conocimiento del Sí ¿Nos permite afirmar comportamiento humano? esto verdaderamente?
No
…un recurso a la autoridad? Sí ¿Ese recurso a la No autoridad es legítimo? …una teoría científica? Sí ¿Es sólida esa
teoría científica?
No se tienen elementos Hay acuerdo Hay desacuerdo suficientes para de los participantes. de los participantes. pronunciarse.
Se deben determinar los Se debe identificar el juicio elementos que necesitamos. que hay en el origen de ese
nuevo desacuerdo.
Lo que queda por hacer
• Otros juicios Se reconoce que las ¿Hay otra cosa Lista de los elementos