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CAPÍTULO IV: EL ENMARQUE PRESENTE DE LA

4.2. El efecto de sus elecciones

4.2.2. El reloj biológico frente a la experiencia

Por otro lado, en el último fragmento es posible entrever una cuestión que incide en cómo se toman decisiones sobre la maternidad, dado que existe una limitante biológica o un “el límite” para poder tener “bien” hijas o hijos. Entonces, aun cuando estas mujeres no están en todo momento comunicando o transmitiendo su elección frente a la maternidad, si una de las condiciones con la cual debían contar para poder ser entrevistadas era ser mayor a treinta años, tener conocimiento de su edad y que no hayan sido madres, en muchas personas detona otras narrativas y nuevas formas de enmarcar su condición de no-madre, dado que advierten que han ingresado en el período46 del reloj biológico y, por ende, deben “hacer algo”:

Como que mis tías le dicen “ya tiene más de treinta años y no tiene niños ¿qué le pasa? Se le ‘va a ir el tren’” ¿no? Esas cosas. Pero, así como de decírmelo, no me lo han dicho. Pues, no mucho, en realidad (…) Como que…a mí, no sé… tampoco me genera

46 Si bien ninguna de ellas descarta la existencia de métodos de fertilización o la intervención quirúrgica, el reloj biológico refiere a la existencia de límites para atravesar una gestación sin riesgos que no son delineados social o culturalmente, sino por una biológicamente. La Guía para Pacientes de la Sociedad Norteamericana para la Medicina Reproductividad plantea que las mujeres tienen menor probabilidad “de quedar embarazadas y tienen más probabilidades de sufrir abortos espontáneos debido a que la calidad de los óvulos disminuye a medida que la cantidad de óvulos restantes disminuye. Estos cambios son más notables cuando la mujer alcanza la edad de 35 a 39 años” (2013: 5-6).

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resquemores. Lo que sí no me preocupa es… que se me pase la oportunidad de tener un embarazo. Porque, no se me antoja (Sr., 32 años).

Empero, en los testimonios que las entrevistadas puedan hacer de sí mismas, de su cuerpo y de su rol (al interior de la pareja y dentro de la sociedad) como mujeres profesionistas, al haber ingresado o estar cerca de una etapa en la cual comienza el decrecimiento de su fertilidad y no haber tenido hijos/as, puede convertirse en una experiencia interna que produce una ruptura con ciertos esquemas interpretativos previos que utilizan en su vida cotidiana.

A su vez, la gestación de este proceso puede darse por las presiones externas o como producto de la interacción. Donde, sumado a la interpretación que ellas tengan de dicho proceso biológico, cada una debe lidiar con las interpretaciones de otros/as individuos sobre la elección que tomen de y sobre sus cuerpos. Así, la crítica a su elección y que posiblemente no cumpla con su deber de ser madre, pueda interpretarse como un uso de un MRP desde el cual se produce la fabricación de un marco específico que lugar a una estigmatización de su elección.

Motivo por el cual, en esta interpretación de su elección, que se traduce en una presión por parte de quienes esperan que tomen la decisión de ser madre, no importa tanto el rol que tenga la emergencia de un cuestionamiento sobre su decisión, sino que dicho cuestionamiento intenta convertirse en un punto de inflexión o una experiencia originaria (Kosseleck, 1988; en Carassale Real y Martínez Pérez, 2016: 19) que lleve a modificar su condición de no-madres:

(…) por la edad… mi mamá me ha dicho algo por el estilo, pero ella lo ve “por el lado de los mitos”, no porque se me acabe el tiempo. Como por esa idea de que, si no tienes hijos, a lo mejor puedes desarrollar algún tipo de cáncer y eso. Pero, ya sí, ya no me dicen tanto. A lo mejor es un “oye, estate checando cómo vienes… no dejes de ir al ginecólogo”. Pero “eso que me dicen”, no es tanto como para… como por temor a que no llegue a tener hijos, sino por estar pendientes de mi salud (Sn., 38 años).

Así, si no han elegido convertirse en madre aun “rozando el límite” etario postulado por el reloj biológico, por más que estas entrevistadas no reparen en ello, sus aspiraciones personales se

149 imponen a un discurso médico que se embona con los patrones o valores culturales que refuerzan los “mitos” sobre las consecuencias biológicas que implica no tener hijos en el cuerpo femenino.

En este sentido, algunas argumentan que su postergación de la primera maternidad, se debe a una elección por no interrumpir una carrera profesional, la cual, a sus treinta y ocho años, dos de ellas consideran en desarrollo. Por lo tanto, en la interpretación que hacen de su situación en la vida, deja entrever que la experiencia que proyectan para su futuro, implica seguir progresando en el corto plazo como mujeres y como profesionistas:

Como que, la edad puede ser algo que pueda complicarme y complicarle la salud al bebé. Como que sé que es más riesgoso para la salud esperar tanto (…) tampoco hay tanta presión de mis padres. Por ahí, de parte de otras personas de la familia, como los tíos. Pero, como saben que pensamos tener hijos, como que… saben que estamos estudiando, que tenemos trabajo que hacer (…). Yo tengo treinta y tres, pero en mi círculo de aquí, hay amigas que los han tenido a los cuarenta años. Por eso no me preocupa tanto a mí. Porque sé que estas amigas los han tenido a esa edad y no les ha pasado nada. Pero siento que a ellos sí les preocupa, a mi familia (Ir., 33 años).

Entonces, si bien la interpretación de su elección puede tornarse una crítica o motivo de desorientación del enmarque de su situación por parte de otras personas, el hecho que una mujer mayor a treinta años no tenga hijas o hijos, no siempre se interpreta como una elección “egoísta” por parte de la mujer, sino que también da lugar a una preocupación por parte de sus allegados7as. Dado que, a sus treinta y ocho años, es muy posible que se le “vaya el tren” y no pueda tener hijos en las “condiciones ideales”

Sin embargo, esta preocupación que implica un intercambio de palabras, en ciertas ocasiones conlleva una vivencia en el orden de las emociones que, en su experiencia frente a sus madres u otros/as familiares, ellas interpreten que deben ceder o hacer un reajuste del marco en los términos que se lo propone su madre. Donde lo relevante no es lo inscripto o lo que subyace en la propuesta, sino que se torna una experiencia debido a quién es quien realiza esa propuesta:

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(…) hace poco me dijo “a tu edad no seas tan necia, guarda tus óvulos, yo pago. Pero no desperdicies esta oportunidad”. Me dio tanta risa, mi mamá quería pagar algo por lo que yo no quiero y, supuestamente, me iba a servir en un futuro ¿no? Pero sí, ahí como que, un poco por sacarme la duda y otro poco por “hacerle el paro” (…) con lo que me tienen que hacer en el cuerpo para “sacar eso”, me dije “ni madres, yo paso”. Porque, imagínate, también ese tratamiento incluía que guardaran embriones ¿para qué? Pero ese tipo de presión social, sí, “no mames, está cañona” (My., 37 años).

Por otro lado, estas preocupaciones o críticas sobre su condición de mujer no madre con más de treinta años, no sólo resulta o se interpreta como un problema para las otras o los otros, sino que también es algo que muchas de ellas interpretan como una problemática en su futuro. Por lo tanto, a pesar de su experiencia de vida y sus intereses, enmarcan en su situación la posibilidad de que, convertirse en madre avanzado el período del reloj biológico, es una proyección que condiciona las formas en que planifican cómo materia lizar su elección sobre la maternidad en un futuro no muy lejano:

Con dos amigas, nos pusimos el plazo de hasta finales de 2022. Pero yo, yo sola, sé que no quiero dejar pasar los treinta y cinco años (...) Por cuestiones biológicas. Capaz que hasta los treinta y seis, pero no podría llévalo más allá de esa edad. No tengo la urgencia de ser una mamá joven, solamente sé que no quiero estar frustrada al ser una mamá. Por eso siento que podría alargarlo (Dn., 30 años).

Porque hasta antes de que cumpliera los treinta, yo no quería tener hijos. Porque soy muy hiperactiva, y tener un hijo, lo veía como una limitante. Yo veía a gente con hijos y pensaba “que mal, no tiene ni tiempo para sí misma”. Y, ya. Es como que sabes que vas a estar de por vida teniendo que atender al “nuevo ser”. Pero, después de los treinta, me descubrí a mí misma mirando niños y pensando “qué bonito” (Cl., 38 años).

151 De este modo, si en los testimonios se pudo observar que existen otras entrevistadas que están postergando la maternidad o que eligieron no convertirse en madres y la posibilidad de no poder gestar un hijo o hija en condiciones poco riesgosas, no implicaría una situación problemática en su experiencia de vida, en cambio, para otras entrevistadas, el paso del tiempo y el ingreso al “ciclo” del reloj biológico se proyecta o se ha convertido en una experiencia interna que las ha llevado a reconfigurar la forma en que interpretan esta situación en la cual se encuentran.