CAPÍTULO IV: EL ENMARQUE PRESENTE DE LA
4.1. La elección frente a la maternidad
4.1.2. Profesionistas que deciden postergar la maternidad
4.1.2.2 El proceso de elección
Si bien se propusieron algunos de los argumentos que estas mujeres otorgan al hecho de elegir postergar su maternidad, durante la entrevista, también fueron consultadas sobre la forma en que dicho proceso de experiencia generó tal producto (Williams, 1985). Porque, si bien en el capítulo segundo se indagó en la forma en que hoy interpretan la experiencia de su madre ejerciendo la maternidad, en el argumento su elección, incluyen distintas vivencias (entre las que se encuentran a aquellas propuestas en capítulo tercero) que fueron complejizando la relación frente al binomio mujer=madre e interpretan a su elección como parte de un proceso y no como un punto de inflexió n. Por lo tanto, en un primer momento, es posible distinguir que, algunas de las entrevistadas que se encuentran postergando la elección por ser madres, postulan que llegaron a experimentar de forma interna y externa diversas vivencias, hechos o situaciones a través de los cuales fueron enmarcando la maternidad como parte de su futuro:
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Creo que soy “niñera” no porque sepa qué tengo que hacer o qué no, sino porque me gusta, porque disfruto de la compañía de los niños. No me parece que “lo sufra”. Porque sé que hay mujeres a las que, el ver o cargar un niño, no les despierta nada. No les genera el mismo interés o sentimiento (…) en mi caso sí, me gusta. No sé. Porque por mucho tiempo me pasó lo mismo, de tener esa misma relación con los niños y no tener ganas de tener uno (…) pero que cerca de cumplir los treinta años, fue cuando lo pensé bien. Que sí quería (Ir., 33 años).
(…) creo que… que es algo que te surge a cierta edad. Por eso te digo que, después de los treinta, “me descubrí” observando niños de otra forma. Teniendo sentimientos de ternura con ellos que no tenía antes. Incluso, soportar verlos llorar o soportar “berrinches”. Porque ya pienso que está bien bonito ver crecer a alguien y tú hacer el esfuerzo de tener que darle lo mejor (…) Eso es algo que, a los veintes, yo no lo veía. (…) Tampoco de niña, fui, como le dicen aquí, yo no fui “niñera” (Cl., 38 años).
En el primer fragmento, se puede llegar a advertir que, a pesar de haber sido “niñera” toda su vida, ella no experimentó sentimiento alguno sobre la maternidad en una larga cantidad de años. Sin embargo, “cerca de cumplir los treinta”, tuvo una experiencia al interactuar frente a unos niños que “desbordó” (Goffman, 2006) sus esquemas interpretativos sobre la maternidad que dieron lugar a una reconfiguración de la base experiencia que la llevaron a “pensar bien” el enmarque de la maternidad, llegando a experimentar un sentimiento que antes no había tenido que dio lugar a elegir que sí querría convertirse en madre.
En el otro fragmento, en cambio, la entrevistada ha recorrido un trayecto distinto antes de tener una vivencia que la hiciese experimentar un sentimiento afectuoso hacia los niños y niñas. Donde, si hasta “los veintes” nunca había tenido “sentimientos de ternura” hacia las y los infantes ni se asumía como “niñera”, “después de los treinta”, se “descubrió” a ella misma pensando que sería “bien bonito” llegar a convertirse en madre.
123 En este sentido, aun cuando ninguna de las dos entrevistadas ha postulado a la maternidad o el querer tener niñas/os como producto de un instinto maternal innato que rija en las emociones o sentidos de toda mujer que la lleve a querer o desear ser madre desde pequeña, así como explicaba Elisabeth Badinter (1980), ello no quita que esta sensación, instinto o deseo hacia la maternidad pueda llegar a emerger y transformar un MRP o el uso del mismo como consecuencia de una “experiencia negativa” (Goffman, 2006).
Sin embargo, lo relevante de estos relatos es que dicho instinto no movilizó sentimie nto alguno que la lleve a querer ser madre sin importar las condiciones en las cuales llegaría a convertirse y ejercer la maternidad. A su vez, tal como comenta Ir., la forma en que relatan su experiencia con este sentimiento o pensamiento, da lugar a que discutir que esta implique una sumisión a la maternidad tradicional o que han cambiado de decisión por haber cedido ante un mecanismo estructural, sino que, el sólo hecho de postergar y elegir bajo qué circunstancias van a tomar la decisión de ser madres, implica gestar una relación con la maternidad que se aparta de lo dispuesto en su forma tradicional.
Por otro lado, una entrevistada propone que la maternidad se enmarca como una aspiración u objetivo que deviene de una forma “constante” de enmarcar a la maternidad en su experiencia de vida, dado que desde su niñez ha “sostenido” que, su elección frente a la maternidad, es ser y convertirse en madre:
(…) me di cuenta que quería crecer profesionalmente, viajar un montón, deshacer y hacerla… no sé. “Cagarla” con mi vida y volver a “cagarla” si es preciso (risas). Eso, quiero vivir otras cosas. Ya después veré si tengo o no hijos. Pero sí, ahora sé que siempre quise tener hijos, porque fue una constante en mi vida. Solamente lo he pospuesto. Siempre he sido muy “niñera”. Más bien, te diría que nunca llegué a plantearme no ser mamá (Dn., 38 años).
En este sentido, como puede vislumbrarse en este fragmento, aun cuando las experienc ias que tuvo a lo largo de vida no hayan cambiado su parecer, sí llegaron a complejizar o reconfigurar su esquema interpretativo de la maternidad tradicional, dando lugar a la necesidad de fabricar un
124 marco de referencia particular, a partir del cual llegaría a interpretar como forma posible de concretar la maternidad o su deseo de ser madre, dar lugar a ciertas experiencias en su vida.