Hay bastantes comunidades cristianas que hacen consistir la Hora Santa en el rezo litúrgico de las Vísperas, aunque aña- den siempre los acostumbrados actos de desagravio, consa- gración al Corazón de Jesús y otras preces apropiadas. Para los que acostumbran hacerlo así, ofrecemos el siguiente for- mulario.
1. O f r e c i m i e n t o (Uno de las páginas 12-14) 2. H i m n o (A dos coros)
Quédate con nosotros,
la tarde está cayendo. ¡Quédate!
¿Cómo te encontraremos al declinar el día
si tu camino no es nuestro camino? Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino. ¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde? Repártenos tu Cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre. Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente. Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu; y limpia en lo más hondo
del corazón del hombre
tu imagen empañada por la culpa.
3. S a l m o d i a (Alternando)
Antífona. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplan- do su templo.
El me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca.
Y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré, y tocaré para el Señor.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Antífonas.
- El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? - Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
Salmo 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: "Tú eres mi bien". Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.
Multiplican las estatuas de dioses extraños; no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instru- ye internamente. Tengo siempre presente a mi Señor, con Él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Antífonas.
- Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
- Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
C á n t i c o . Efesios 1, 3-10
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espiri- tuales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan gene- rosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en ala- banza suya.
Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el per- dón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Antífonas.
Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
4. Lectura breve
El que dirige escoge y lee un breve párrafo de la Biblia. O bien, se puede hacer alguna "Reflexión bíblica " del temario de la Hora Santa. Se reflexiona al final por unos momentos.
5. Cántico de María: el Magníficat (Lucas 1,46-55)
(Alternando en dos coros)
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la pequenez de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fíeles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de cora- zón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
6. Preces
CSe responde al que dirige)
Oramos a Jesucristo, que se ofreció como víctima, se nos dio en comida y bebida, y permanece con nosotros aquí en su Sagrario. Ahora le aclamamos gozosos con fe:
Cristo Jesús, creemos en ti y te amamos.
Cristo Jesús, Hijo de Dios vivo, que mandaste celebrar la cena eucarística en memoria tuya,
— enriquece a tu Iglesia con la constante celebración de tus mis-
terios.
Cristo Jesús, sacerdote único del Altísimo, que encomendaste a los sacerdotes ministros tuyos ofrecer tu Sacramento,
— haz que su vida sea reflejo de lo que celebran sacramental-
mente.
Cristo Jesús, maná del cielo, que haces que formemos un solo cuerpo todos los que comemos del mismo pan,
Cristo, médico celestial, que por medio de tu Pan nos das un remedio de inmortalidad y una prenda de resurrección,