• No se han encontrado resultados

EL RIESGO DE VOLVERNOS MAQUILAS CULTURALES

III. DIÁLOGO: NÉSTOR GARCÍA CANCLINI ERNESTO PIEDRAS

4. EL RIESGO DE VOLVERNOS MAQUILAS CULTURALES

NGC: Vale la pena, en este sentido, señalar que, pese a la importancia

que tienen las brechas entre los info-ricos y los info-pobres, hay ejem- plos de la enorme potencialidad que los sectores populares aprenden a aprovechar de este nuevo tipo de economía digital. Pienso en los migrantes comunicándose con sus familias a distancia a través de Internet en forma gratuita o casi gratuita. Esto ha replanteado la geo- política de las migraciones y la geocultura de los intercambios inter- nacionales. Tenemos una posibilidad de simultaneidad que hasta hace muy pocos años estaba restringida a los académicos, a los empre- sarios, a una élite conectada, y ahora vemos muy fácil el acceso de amplísimos sectores, aunque sea a un uso restringido de estos recur- sos de comunicación. Quizá su nivel educativo no los habilita para emplear en forma sofisticada los programas más complejos, pero pue- den intensificar la comunicación afectiva con familiares a distancia, enviar mensajes, dar avisos rápidos y oportunos de necesidades? EP: El mismo sentido de pertenencia, la sociedad, el arraigo aunque estés lejos físicamente, son elementos de bienestar no medidos.

NGC: La posibilidad de leer diarios, noticias, escuchar radio de otro país, ofrece oportunidades de continuidad cultural para los que

están lejos y de interculturalidad para los que quieren vincularse con otros modos de conocer otras músicas y otras experiencias.

EP: Sí, pero seguimos hablando de una agenda de investigación que

es muy grande para explorar y entender sus procesos de crecimiento y desarrollo. Pero me gustaría regresar al tema de hasta qué punto

puede ser motor de crecimiento y hasta qué punto puede ser tam- bién motor de desarrollo. Conviene recordar esos modelos de análi-

sis que hablaban de un sector económico que despega y jala al resto de la economía. Esa evidencia nunca ha existido en la historia de la

humanidad, en todo caso se trata de un conjunto de despegues de diferentes sectores. Todo esto para seguir afirmando que la cultura es

un motor de crecimiento y desarrollo, y eso está siendo demostrado, pero no es un motor de crecimiento y de desarrollo suficiente por sí solo para una nación; lo puede ser para una región, tal vez, pero no para el conjunto de regiones que integran una nación. Las mejores

experiencias en este sentido son las europeas, sociedades muy com-

plejas por la producción conjunta de sus sectores industrial, agrícola,

de servicios, y que a la vez poseen un fuerte sector turístico basado también en un sector cultural. Esos países tienen fuertes eslabona-

mientos entre los sectores, retroalimentándose entre ellos.

NGC: Y en parte lo logran gracias a políticas de Estado de largo tiem- po que han integrado todos esos eslabones.

EP: Políticas de Estado para cada sector y para el conjunto de los sec-

tores, por eso en Europa no es sorprendente que la cultura sea un

sector económico, ellos lo han sabido hace mucho tiempo. De

hecho, alguna desatención a este tipo de estudios, que hubo en años

recientes en Europa, fue porque lo daban por sentado, después caye-

ron en la cuenta de que necesitaban actualizar estas cuantificaciones.

NGC: Entre los otros factores que vuelven el potencial de las industrias culturales más aprovechable, más sustentable, hay que mencionar la calificación educativa, tanto de los que producen como de los que

consumen cultura. También son importantes el equipamiento de infraestructura, básicamente tecnológico, y el conjunto de incenti-

vos, de apoyos necesarios desde el Estado o desde una cierta articu-

lación entre Estado y empresa privada nacional para que crezca el desarrollo endógeno de las industrias culturales. Es preocupante la

tendencia de los últimos a ceder enteramente la producción de músi - ca, de cine y de otros bienes culturales, y aun la distribución, la exhi- bición y los puestos de venta a redes transnacionales. Las megaem- presas extranjeras no tienen interés, como sí tuvo México en el

pasado, de fomentar la diversidad cultural dentro de cada país. Más

bien obturan la capacidad de responder desde una historia nacional,

con cierto estilo propio, a los intercambios globales. No permiten

que nos posicionemos para exportar nuestros bienes culturales hacia los mercados internacionales. Para ponerlo en términos extremos,

diría que el riesgo es que nos vayamos convirtiendo en un país maquilador cultural. Ya está ocurriendo en México, en Argentina, en Brasil, en Colombia, en los países más potentes de la región, que

muchos de los mejores especialistas en producción cultural, no sólo

los escritores sino también los guionistas de cine y televisión, intér-

pretes musicales, las orquestas y las empresas productoras endógenas (las llamadas Indies) van siendo devoradas por algunas de las cinco

majors transnacionales que están produciendo desde California o

desde Miami, los grandes centros de emisión cultural.

EP: El conjunto de elementos que enlistaste hacen una política de sector. Dijiste infraestructura, equipamiento tecnológico o equipa- miento del tipo que convenga, no siempre tiene que ser tecnológico,

educación; mencionaste también la formación de capital humano, o

sea, esa inversión en el creador. Todo esto forma el lado de la oferta. Pero la parte educativa, la inversión en capital humano, es impor-

tante también por el lado de la demanda. Recientemente he estado en entrevistas con diferentes creadores y su queja sistemática es la falta de demanda por sus productos.

Hemos exaltado a la cultura como un sector económico, pero no debemos verlo como un sector espontáneo, y esa visión bohemia y

espontánea de la cultura puede drenar el insumo esencial, la creati- vidad. Retomo un vocablo que usaste, incentivos: los incentivos son

eso, son estas retribuciones, estos apoyos al desarrollo de actividades,

y podemos perderlos. Ésa debe ser la tendencia, un tratamiento ade- cuado a las características del mismo sector.

Pero entonces vuelvo a preguntar qué tan autónoma, qué tan autosuficiente, puede ser la cultura para el desarrollo económico

nacional. No debemos caer en la tentación de pensar que con la cul -

tura podemos desarrollarlo todo y hacer crecer toda la economía. Se puede y se debe complementar con los demás sectores, de la misma forma que tampoco son sectores autónomos o autosuficientes los del

petróleo o la maquiladora. La cultura necesita servicios financieros, transportes, infraestructura, hospedaje, restaurantes, necesita al con- junto de la economía, porque no es un ente aislado y autónomo que

va a jalar al resto de la economía. Lo que queda por investigar es cuánto puede contribuir un sector económico cultural a una región que no tenga nada más -normalmente va asociada con turismo- y

hasta qué punto puede aspirar al desarrollo, no nada más a la gene-

ración de recursos (que ya es bienvenida cuando estás en condicio -

nes precarias), pero ¿eso cómo se compara con un Estado o país que

tiene tantas operaciones de los demás sectores económicos? Yo creo que los efectos multiplicadores que podemos esperar son mucho

mayores en esos Estados más avanzados que tienen además elemen-

tos culturales fuertes.

NGC: Por ejemplo, ¿cuáles?

EP: Se me ocurre un caso muy interesante y complejo, el del estado de Puebla, que cuenta con industria muy avanzada, agricultura, un

sector educativo impresionante, además de un acervo patrimonial y

una generación de cultura importante. Sería muy interesante hacer una comparación entre estados como Puebla, con su abundancia y

equilibrio sectorial, y estados como Oaxaca, cuyos motores de creci- miento son el turismo en función de sus atractivos naturales, así

como su generación y acervos culturales. Se puede medir: si se invier- te un peso en uno y en otro estado, cuál tiene un mayor retorno eco- nómico. Eso sería interesante. Por otro lado, estados como

Chihuahua son muy interesantes en la franja fronteriza, así como

Tamaulipas, que recientemente se ha embarcado en temas de cultu-

ra en un estado que no se hubiera esperado que lo hiciera.