CAPITULO II EL ROL MILITAR
APRENDIZAJE • Capacidades
2.2. De lo militar y lo civil
2.2.1. El rol de la defensa: ¿de qué y para quiénes?
En una primera instancia, con la dependencia del modelo económico de la región en la exportación de materias primas, se observó el rol militar relacionado con la defensa del territorio y el mantenimiento del orden interno que para Fitch, iba desde “la supresión de la resistencia indígena contra la colonización de fronteras” (CORDES, 1988:285), hasta la represión de las semillas de grupos sindicales de las industrias en desarrollo.
39 Tiempo después, con la crisis de poder de la oligarquía, los militares toman el papel de defensa contra los intentos de reforma que encabezaban las clases ascendentes contra las élites imperantes. Es así, como las Fuerzas Armadas dejan de lado la defensa territorial para concentrarse en lo que, al momento, era una misión de orden interno (CORDES, 1988). La imagen apolítica del ámbito militar se descuida y su involucramiento en este campo empieza a confundirse con “los términos de una más alta lealtad de los militares hacia la
Patria o los „intereses nacionales’, que es una lealtad que invalida la lealtad al presidente y la obediencia al comandante en jefe, por lo menos en tiempos de crisis” (CORDES, 1988:287).
Como parte del desarrollo político de la región, los militares vieron su misión en la defensa y garantía de la constitución que en todo caso, los convertía en un cuerpo „deliberativo’ y árbitro de los intereses de cada Estado. La creciente autonomía política lograda por las Fuerzas Armadas, permitió de una u otra manera, reforzar las condiciones de la autonomía profesional militar por fuera de los espacios de control civil. (CORDES, 1988).
A pesar de que la especificación formal de la misión militar generalmente se mantuvo sin cambios, el concepto que los militares tenían de sus funciones enfatizaron una imagen de los militares como los depositarios de los valores nacionales y los esenciales protectores de los intereses nacionales en los tiempos de crisis. (CORDES,
1988:290).
Esta configuración del rol militar, llevó a que un mayor rango del ámbito civil intente influenciar a las Fuerzas Armadas en su función de arbitraje pues a diferencia del pasado, ya no era la oligarquía la única deficiente en el poder. Asimismo, la percepción militar bajo este esquema permitió que sus intervenciones en calidad de guardianes de lo nacional, sean en su mayoría, de corto plazo o interinas. (CORDES, 1988).
En el caso ecuatoriano, Samuel Fitch considera que emergió lo que él ha llamado como “el modelo deformado de política de masas” (CORDES, 1988:292), a través del cual, se abortó por completo la posibilidad de un gobierno reformista civil a través de los movimientos velasquistas y cefepistas. Esta situación permitió que se invirtieran por completo los roles políticos entre las Fuerzas Armadas y las mayorías populares del país: es el ámbito militar el que toma el control del Estado con la función de reformador socio-económico, en una posición paternalista frente a la población beneficiada (CORDES, 1988). Como
40 menciona Serra i Serra, ejercen la función de „policy makers’ en lugar de sólo hacer las de „policy implementers’. (SERRA I SERRA, 2003)
Los dos regímenes militares de características reformistas de largo plazo en el Ecuador durante 1963-1966 y 1972-1976, se justificaron según Fitch, a través de la figura de la obligación profesional de las Fuerzas Armadas respecto a la seguridad nacional. (CORDES, 1988). Se difundió ampliamente a partir de los años ’60 una doctrina, la Seguridad Nacional, vinculada con el desarrollo de los países de la región. Para el efecto, predominó la implementación del modelo de la CEPAL que permitiera el desarrollo del país que en su concepción, se encontraba amenazado por “la dependencia externa, por élites voraces y un liderazgo político incompetente”. (CORDES, 1988:292). Así, se
posicionó la idea acerca de la debilidad de los sistemas políticos y el déficit de los gobiernos que colocaron, de acuerdo a Bertha García, “a las Fuerzas Armadas como fuerzas políticas privilegiadas”. (ANDRADE TOBAR et. al., 1996:50)
De alguna manera, según Samuel Fitch, esta posición de los gobiernos militares ecuatorianos muestra una relativa debilidad en términos de reformas con respecto a otros similares de la región. Sin embargo, la tendencia progresista de estos regímenes no desestima la existencia de un papel invertido entre el ámbito político y el militar. En estas campañas, las Fuerzas Armadas encontraron el leit motiv de un proyecto radical de liderazgo, que no se sustenta con el ámbito militar real latinoamericano respecto a la defensa (CORDES, 1988). Así, cabe mencionar que la Organización de las Naciones Unidas, según cita Saint-Pierre, define a la defensa como “una cuestión específicamente política, donde lo militar es apenas uno de los elementos, ni siempre el más importante, y para cuyos lineamientos todos los sectores deben ser convocados para su discusión”. (SAINT-PIERRE, 2001:1)
La defensa tiene desde sus orígenes una vinculación directa con la seguridad. Es decir, la defensa es un requerimiento para la consecución de la seguridad de los Estados pero cabe aclarar que no todo es defensa “pues quien se ocupa de todo no es eficaz en nada” (CASTRO et.al., 2000:23). La defensa para Arroyo Borgen es en realidad una figura de bien público por ser deber del Estado con los ciudadanos y una „obligación indelegable’ y se convierte así en un servicio y no un fin en sí mismo (CASTRO et.al., 2000). Además menciona que “Las decisiones en cuanto a la defensa implican que la sociedad debe tratar de resolver los
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interrogantes básicos acerca de cuánto del gasto en defensa es suficiente, cuánto es necesario y cuánto es posible.” (CASTRO et.al., 2000:23).
GRÁFICO 11
ANÁLISIS DE LA DEFENSA
Fuente: Vela y Lazo en Castro, et.al., 2000:19 Elaborado por: Gabriela C. Ayala J.