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CAPITULO II EL ROL MILITAR

APRENDIZAJE • Capacidades

2.2. De lo militar y lo civil

2.2.3. Relaciones cívico-militares

La expresión „relaciones cívico-militares’ tiene un carácter engañoso a partir de su origen en la traducción, más o menos literal, de uno de los conceptos de Samuel Huntington en su texto, The Soldier and the State del año 1957 (RIAL, 2002). Una de las primeras aseveraciones respecto a las relaciones entre las fuerzas armadas con la sociedad civil y la democracia, provienen del texto Democracy in America, de Alexis de Tocqueville, donde se señala que la existencia de fuerzas de tipo permanente presionan a los gobiernos hacia la posibilidad de una guerra con el afán de:

1,6 1,6 3,7 0,0 0,5 1,0 1,5 2,0 2,5 3,0 3,5 4,0

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desarrollo de la profesión en un sistema democrático que se obtiene mediante el mérito, la competencia y el ascenso, pero sólo se puede tener méritos si hay guerra, y solo puede haber ascensos si hay bajas. La combinación de ambición y escasez de oportunidades produce una mente militarista. Este peligro es más grave en periodos pacifistas, pues los militares están contenidos. (BENITEZ MANAUT, 2005:163)

Al respecto, se señala también que la serie de concepciones teóricas de la primera mitad del siglo XIX en Europa, son de utilidad para la lectura de las relaciones cívico-militares de la región que en sus procesos constitucionales iniciales otorgó poderes al ejecutivo y permitió que se desarrollara una lucha del control por el poder en los objetivos de los políticos y el de los militares (BENITEZ MANAUT, 2005).

Posteriormente, para el siglo XIX, los procesos históricos de América Latina, se empiezan a configurar en el pensamiento de Weber acerca del Estado como el único que puede, de forma legal y política, usar la fuerza en una sociedad (BENITEZ MANAUT, 2005). Así entonces, se llega a configurar

las condiciones que deben prevalecer para definir el “tipo ideal” de relaciones cívico-militares”

(BENITEZ MANAUT, 2005:166). Sin embargo, en los estados de la región, nace un esquema donde “además de las amenazas externas, los militares se dedican a cumplir misiones al interior de las fronteras, sea para apoyar el proceso de modernización, o para cubrir vacíos en la capacidad de gestión del Estado en otros ámbitos” (BENITEZ MANAUT, 2005:166). La presencia de fuerzas armadas que realizan acciones de tipo no militar da lugar “a los debates entre profesionalización, la relación civil-militar en el ámbito de las misiones a desarrollarse por las fuerzas armadas, y cómo ello beneficia o perjudica a la democracia” (BENITEZ MANAUT, 2005:166).

Al respecto, Samuel Fitch considera, que las relaciones cívico militares, como concepto simple hacen referencia a la configuración entre las instituciones o autoridades civiles y militares (CORDES, 1988). Sin embargo, aclara que es demasiado vaga y en su lugar, plantea que lo que “definen modelos específicos de relaciones cívico-militares, son las relaciones entre las fuerzas armadas y el estado y entre las fuerzas armadas y el resto de la sociedad.” (CORDES, 1988:282).

De acuerdo a las mismas aseveraciones de Fitch, respecto a la relación militar con el Estado: “La institución militar puede ser subordinada, autónoma o dominante en sus relaciones con los funcionarios del gobierno.” (CORDES, 1988:282). En su perspectiva, existe una pregunta crítica, que se repite tanto en la consideración en el campo profesional como en el político, respecto a la forma o mecanismos que puede utilizar el ámbito militar para tener una influencia sobre el

48 comportamiento de los funcionarios civiles o de manera inversa, la influencia civil en lo militar. Lo que queda claro a su parecer, es que más allá de las normas legales existentes para la reglamentación de esta relación, el centro de atención serían “los patrones de comportamiento y de autoridad efectiva en las situaciones diarias, así como en las de crisis” (CORDES, 1988:282).

En el segundo aspecto que menciona Fitch, que gira en torno a las relaciones de las fuerzas armadas y la sociedad, se establecen cuatro elementos a consideración (CORDES, 1988):

 La relación militar con las fuerzas sociales y su acoplamiento o autonomía respecto a las distintas clases de una sociedad.

 Las normas relacionadas con la interacción entre militares y los representantes o líderes de la sociedad civil.

 El grado de aislamiento o integración social de las fuerzas armadas con respecto al ámbito civil y la similitud o diferencia de sus valores primarios con los de la sociedad a la que pertenece.

 El enfrentamiento o coincidencia de la actitud o más bien, la autoimagen del militar, en su relación con la sociedad y el poder civil.

Luego de la revisión previa que se hizo de los procesos para el rol de la defensa o mejor llamados por Fitch, „modelos’ de la situación o interacciones militares en América Latina, se considera que “las relaciones de las fuerzas armadas con el estado y con la sociedad civil se hallan moldeadas por las relaciones políticas entre las fuerzas sociales y por la naturaleza del régimen político” (CORDES, 1988:298). Así, según el mismo autor, se han configurado, inclusive en regímenes democráticos de transición desde el militarismo, una variedad de patrones de las relaciones cívico-militares de la región. Es decir, no se puede hablar de un modelo específico de relaciones pero si un proceso común a considerar. Asimismo, la debilidad en valores, instituciones e ideología política, a lo largo y ancho de los países de la región desde sus orígenes ha dado lugar a un constante cambio político visto como inclusivo y amenazante. Los cambios constantes en las relaciones políticas de las fuerzas de la sociedad derivaron en regímenes de fácil caída y la desestabilización de los elementos de una relación civil-militar equilibrada (CORDES, 1988).

49 El error de la sociedad civil, en este contexto de inestabilidad ha sido, entre otras cosas, el de recurrir a las fuerzas armadas para alcanzar sus objetivos propios. Esta situación, desvió las relaciones cívico-militares hacia los intereses de grupos particulares y llevaron a los militares a inmiscuirse en la arena política, con tal de proteger sus intereses y privilegios como institución (CORDES, 1988). Asimismo, menciona el desarrollado desapego del ámbito civil en torno a la temática militar y de defensa que ha promocionado una autonomía profesional militar y colocado entredicho “la estabilidad de los modelos democráticos, dejando a las fuerzas armadas como un componente no integrado del estado”

(CORDES, 1988:299).