2.b) La influencia de la prensa
C.) El rol del Parlamento
Con la reorganización de su gabinete en 1953, Vargas intentó componer fuerzas para contener la pérdida de poder. Junto con la incorporación de "viejos amigos" como Osvaldo Aranha, en Hacienda, y Vicente Rao en Relaciones Exteriores y "nuevos amigos" como Tancredo Neves, en Justicia y Jango Goulart en Trabajo, el gabinete quedó compuesto con muchos simpatizantes de la UDN.
La inclusión de Goulart no fue bien recibida por los militares, ni por la prensa ni por la UDN. Vargas lo nombró para evitar que el trabalhismo se distanciara del gobierno, pero no dudo en excluirlo meses despues.
Lacerda se fue transformando en uno de los líderes de la oposición. La discusión del ABC se transformó en su eje central, pues en abril se conoció el testimonio del ex canciller Joao Neves de Fontoura que llevó el escándalo a su máxima expresión. Este sostuvo que la idea de Perón era "reconstruir el virreinato".
Tal vez una buena síntesis de la posición varguista sea la que esbozó -en carta a Vargas, solicitando su confirmación- el nuevo embajador del Brasil en Buenos Aires, Orlando Laite Ribeiro: "aceptar la tesis peronista del principio de integración económica
continental, pero alejarla de cualquier intención politizante y retardar temporariamente su ejecucion practica"64.
La publicación del texto de la conferencia de Perón fue el desencadenante mediato de la tragedia: el inmediato, "la traición de Joao Neves". La UDN llevo la discusión al Congreso y en junio de 1954 intentó un impeachment. Fracasaron -136 votos en contra, 35 a favor- pero debilitó aún más a Vargas. Poco después, al demostrarse que la orden para un atentado contra Carlos Lacerda -en el que murió uno de sus guardaespaldaspartió del Palacio Catete, la situación del presidente se complicó.
Además de hacerlo en la prensa, el peronismo acumuló una considerable cantidad de detractores entre las principales personalidades del Brasil, tanto en el ámbito estrictamente político como en el militar e intelectual. Por ser el ámbito natural para las discusiones sobre temas políticos, el Parlamento brasileño fue el espejo del estado de la opinión en general: cuando de cuestiones vinculadas a la Argentina se trataba, la opinión de los legisladores coincidía casi unánimemente.
L
as causas de ese sentimiento antiargentino reinante en el Parlamento brasileño así como en la opinión pública en general - se debieron, de acuerdo con la evaluación efectuada por la Embajada Argentina, a una falta de conocimiento recíproco, desconfianza y enemistades entre círculos diplomáticos, económicos y militares, una herencia de rivalidades históricas, la competencia por ejercer el liderazgo regional y obtener el mayor acercamiento a Estados Unidos e, incluso, a diferencias de idiosincrasia y cultura.Ahora bien, las críticas parlamentarias desde Brasil contra la Argentina se suscribieron a que: la Argentina era una amenaza política y militar para el Brasil por su tendencia expansionista y armamentista: los convenios comerciales firmados entre ambos países eran desventajosos para el Brasil; la símpatia del presidente Vargas por la Argentina, fue calificado como " traición" y la inclinación de algunos diplomáticos brasileños a favor de la Argentina fue interpretado como descuido de los intereses de su pais. Tampoco quedaron fuera de los ataques brasileños cuestiones tales como problemas fronterizos, infiltración ideológica peronista dentro del Brasil y la política de uniones económicas calificada por Itamaraty como contraria al sistema de la OEA.
Sin duda el sentimiento antiargentino imperante en amplios sectores de la opinión pública y que se vio reflejado en el parlamento estuvo incentivado por la propaganda o difusión que el gobierno peronista llevo a delante en el ambito latinoamericano. Esta propaganda peronista se convirtió en una " obsesión brasileña ". Tal como lo informó el encargado de negocios de la Argentina, Fernando Insausti, "en forma sistemática cada cuatro o cinco dias, en las cámaras o en los diarios se alzo alguna voz para señalar el peligro que ella implicaba. Cualquier publicación sobre aspectos de la realidad Argentina que llegaba al país era considerada subversiva”65
Asimismo, toda referencia al supuesto expansionismo argentino fue, generalmente, acompañado de duras críticas a la política de Itamaraty. Muchos brasileños coincidieron con la opinion del diputado social-demócrata Vieira de Melo respecto de que las tendencias imperialistas del gobierno peronista y su deseo de reconstruir el virreinato contrastaban con la " inercia e incapacidad " de la Cancillería del Brasil que se limitaba a defender la tesis de interes de los Estados Unidos en Naciones Unidas.
Al contrario del Brasil, Argentina habia ampliado en los últimos años su zona de influencia en Bolivia, por ejemplo, Paraguay y Chile donde "con la sustitución de Gonzalez
64 Ver, Hirst Monica: "Vargas y Peron. Las retaciones argentino-brasilenas". Todo es Historia. Diciembre de 1985. N° 224. Pag. 28.
de Videla por lbañez en la presidencia ...., Perón consiguió un triunfo más en América del Sur, viendo instalarse en Santiago a un aliado suyo”66
La oposición de la cancillería brasileña a la política de la Argentina se presentó bajo dos aspectos: en unos casos se la ocultaba bajo apariencias de cordialidad y buena voluntad pero que no alcanzaban en absoluto a variar la médula de su política exterior. Otras veces, los funcionarios de Itamaraty hicieron que esas concepciones básicas influyeran incluso en sus conductas formales, convirtiéndose en públicos y decididos adversarios de la Argentina. Pero si la tradicional política desarrollada por Itamaraty se fundaba en la puja con Argentina por la supremacía en Sudámerica, era lógico que sus funcionarios mirasen con recelo cualquier tipo de acercamiento de la Argentina con otras naciones del continente, interpretando tales actos como dirigidos de algún modo en contra de los intereses del Brasil. Dentro de esta política, los países limítrofes de Argentina - especialmente Chile, Bolivia, Paraguay y Perú - jugaron un rol importante; pero el de los Estados Unidos fue fundamental: si Brasil trataba de cooperar completamente con ellos era tanto para continuar usufructuando su significación estratégica sobre el Atlántico.
Ni siquiera con un canciller moderado a su frente como fue Vicente Rao, Itamaraty varió sustancialmente su tradicional objetivo de colocar al Brasil en una posición directriz en América del Sur sobre el eje Rio de Janeiro-Washington. Según un informe elaborado por la Embajada Argentina sobre un cuestionario de la cancillería, en Julio de 1954, Itamaraty fue definido como un " superpoder " por encima del presidente e, incluso, de sus propios titulares. Por eso, aun cuando el Canciller Rao pudo ser considerado un "buen amigo" de la Argentina, las presiones ejercidas sobre él por sus colaboradores y funcionarios de cámara del Palacio, formados en la política de Rio Branco, fueron tan fuertes que impidieron todo acercamiento hacia Argentina.
Las tensiones en el Congreso se agravaron por la insistencia de Vargas en proseguir con su línea nacionalista. En su mensaje anual de 1954 en el Congreso criticó a los inversores extranjeros por su papel pernicioso, agravando la situación de la balanza de pagos. A partir de eso, la UDN pasó a liderar la oposición, con mucho más empeño de lo que lo venía haciendo. Un grupo de diputados entre los que se destacaban Alfonso Arinos de Mello Franco, Adauto Lúcio Cardoso, Aliomar Baleeiro y Bilac Pinto ocuparon un lugar en la tribuna desde donde Ilevaron adelante una campaña implacable y sistemática contra el gobierno.
Los debates en el Congreso sobre el desenvolvimiento de Vargas en el pacto no tardaron en llegar: la disputa por el liderazgo regional, apareció como un terra central. Las manifestaciones comenzaron con el pronunciamiento del diputado Flores da Cunha: "los antecedentes de Perón, su idea fija de hegemonía y predominio en el continente sudamericano..., la manera en que trata las libertades públicas e individuales en su tierra deja perfectamente visible el propósito que siempre lo animó, el de hacer prevalecer su propia voluntad extendiéndolo a los demas países sudamericanos"67
De acuerdo a lo señalado anteriormente, la unión Vargas-Perón representaba para Brasil el riesgo de transformarse en un país controlado por la Argentina, lo que era replicado por los partidarios de Getúlio: "el Presidente nunca precisó de la orientation del gobierno de Perón, ni de cualquier otro gobierno pare guiar los destinos de Brasil”68
La UDN concentró sus ataques en la figura de Vargas; eran esos sus pronunciamientos que agitaban a la Cámara por insistir siempre sobre el mismo punto: la política secreta de Vargas con referencia a las relaciones exteriores y el peligro de una tutela peronista desencadenado por la traición del presidente.
66
Ibidem. Pag. 30.
67 Ver, Gobbi Setti Reckziegel Ana Luiza: "O Pacto ABC". EDIUPF. 1996. Pag. 151. 68 Ibidem. Pag. 151
El Pacto ABC y la supuesta connivencia de Vargas, se transformaron de ese modo en un arma vital para la oposición en su campaña de desestructurar al gobierno, dificultando inclusive una posible tentativa de reelección pensaba en los círculos políticos varguistas. A partir de eso, la UDN paso a liderar la oposición a Vargas con mucho más empeño de lo que lo venía haciendo, con la idea de captar a los demás partidos.
De esta manera, el Congreso también se convirtió en un ámbito poco propicio para la integración del Brasil con la Argentina gobernada por Perón. La idea de integración fue superada por la competencia y el liderazgo regional.
Las acusaciones sobre la convivencia de Vargas con el Pacto ABC significaron un duro golpe sobre su mandato. A partir de allí, se intensificó el mutismo del presidente, cuya razón creo estaba relacionada con la intrincada estrategia adoptada para la obtención de la autonomía regional y que constaba en amenazar a los Estados Unidos con la posibilidad de adhesión un bloque semi-independiente, que parecía mucho más remoto de ser cumplido.
Mas, en todo caso funcionaría como un elemento de presión para que fuesen liberados los empréstitos norteamericanos a Brasil, cuyo desenvolvimiento interno era crucial para la conquista del liderazgo de Sudamérica.
Aliarse con el ABC peronista significaba para Vargas un factor de presión sobre los Estados Unidos, quienes eran absolutamente contrarios a la formación de bloques que pudiesen convertirse en elementos desestabilizadores de su dominio.
El análisis de lo acontecido me permite visualizar de acuerdo al modelo teórico de Hans Morgenthau los tipos de modelo de poder que desarrollaron los actores estatales durante ese período.
Teniendo en cuenta lo estudiado hasta el momento, se puede interpretar cómo factores de política interna se trasladaron a decisiones gubernamentales en el plano externo, que fueron más allá del voluntarismo político de los mandatarios y que tuvieron como corolario la imposibilidad de que el ABC se materialice.
A partir de allí, procuramos caracterizar las relaciones Argentina- Brasil por medio del estudio del pacto ABC, que a pesar de su fachada integracionista, evidenció la histórica disputa por el liderazgo del bloque sudamericano entre los paises.
Al abordar la cuestión, desde el punto de vista brasileño, se aprecia como este país llevó adelante el modelo de la competencia. Competir con la Argentina por el liderazgo en la región que le permitiese finalmente convertirse en el interlocutor preferencial de los Estados Unidos en Sudamérica.
Por el lado interno, el ABC pasó a constituirse en Brasil en un elemento clave de su proyecto de desarrollo; en tanto que por el lado de la política externa, se utilizó como un argumento de presión sobre el otorgamiento de cooperación económica norteamericana.
El Pacto ABC contrariaba la nocion de unidad continental defendida por los Estados Unidos que lo percibió como un elemento de desequilibrio en las relaciones sistema-subsistema.
Vemos que para la instrumentación de su proyecto Vargas se valió de exponentes de su gobierno: el embajador Lusardo adepto a la intensificación de las relaciones con la Argentina a través de los acuerdos de comercio y del ABC, que mostraron la supuesta predisposición de Vargas a favor de la integración; y el ministro de Relaciones Exteriores, Neves, defensor del alineamiento incondicional con los Estados Unidos, apunto de afirmar la fidelidad brasileña al principio de unidad continental, que según él era la mejor forma de viabilizar la cooperación económica.
El movimiento para la obtención de la autonomía regional estaba vinculado a una coyuntura propicia: las manifestaciones de autonomía de Perón frente al sistema hegemónico, configuradas en la propuesta del bloque ABC, y en la necesidad de Vargas de presionar a los Estados Unidos a fin de obtener los creditos necesarios para el desarrollo económico interno, que reforzaría las chances de obtener el liderazgo regional.
Entiendo que el Estado puede dirigir una serie de instrumentos políticos como respuesta a las demandas externas. Pero tal esquema, exige que consiga estructurar un adecuado sistema de conexiones entre los grupos internos. En relacion al ABC, ese mecanismo falló.
El fracaso de la estrategia en cuestión estuvo ligada a la división política interna. El enfrentamiento entre el grupo nacionalista, adepto de Vargas, con el grupo antinacionalista, defensor total del alineamiento con los Estados Unidos y contrario al vínculo con el país vecino en su proyecto de bloques autónomos, fue fatal para el esquema getuliano de liderazgo regional.
Cuando se inició la campaña de la oposición, desencadenada con la denuncia del ex ministro Neves sobre la vinculación de Vargas con el Pacto ABC . A partir de ahí se sumaron los movimientos golpistas de parte del ala antinacionalista del Ejército, las tentativas del impeachment en el Congreso y los ataques de los medios de prensa, llevaron a Vargas a una total inmovilidad.
Al pretender la integración vía ABC, y al mismo tiempo no romper con la nación dominante, Vargas tornó difícil la composición de la política externa con la política interna, provocando situaciones cada vez más complejas.
Esa confusión fue determinante para el desgaste de Vargas. Presionado, se vio obligado a renunciar. Más allá del debate acerca de que si tuvo o no la voluntad de impulsar la alianza estratégica con la Argentina, las condiciones objetivas que debió afrontar fueron tan dificultosas como las de Perón. Ante todo, dificultades objetivas para perdurar: ambos debieron irse antes de vencer sus mandatos. Por lo demás, ninguna de las dos sociedades pareció estar dispuesta a adoptar el tema de la integracion como eje central de debate político.
La alianza esencial entre el Brasil y la Argentina no pudo concretarse; Vargas careció de poder para imponerla, si es que esa era su voluntad. Washington se atuvo a sus prioridades ideológicas y de seguridad internacional, entre las cuales no entraba el apoyar un proyecto de regionalización sudamericana. No ayudó, pero tampoco impidió.
En cuanto a la Argentina, propuso a Latinoamérica un modelo político y un proyecto integracionista para superar los diversos problemas nacionales y los del conjunto de la región. Para que ese proyecto pudiese hacerse efectivo debía obtener el suficiente consenso y apoyo en cada uno de los países con los cuales se deseaba contar: primero Brasil y Chile, luego, los demás. Si existían en ellos gobiernos amigos, la tarea podía verse facilitada, pero era preciso, además, generar internamente un ambiente propicio que hiciese posible y diera sustento a la política integradora que se fomentaba y que debía ser liderada por Argentina.
Si bien el gobierno argentino fue eficaz en la difusión que hizo del justicialismo y sus planes de política exterior, considerando la trascendencia que ellos tuvieron en los países vecinos, esta no fue exitosa en cuánto al objetivo buscado. No sólo porque debió hacer frente a una campaña opositora promovida desde los Estados Unidos o por personas vinculadas a sus intereses, sino porque esencialmente debió luchar contra los antiguos recelos y las renovadas desconfianzas que desperto en otros países la posición Argentina.