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El sujeto de la educación ¿Emancipación o control?

Es acertado preguntarse si ¿existe un sujeto específico derivado del sistema educativo moderno? En esta línea ¿Es el tema de clases relevante en la organización social estructurada por el aparato socio político que tiene su manifestación en la Escuela? ¿Existe una educación del desarrollo y otra del subdesarrollo?

Una forma de entender la relación entre la educación y el modelo de desarrollo capitalista, es comprendiendo el componente ideológico que encierra esta relación y su vinculación con la división de clases. Althusser (1988) retomando a Marx planteó que a partir del pensador alemán se definió como ideología “el sistema de ideas, de representaciones, que domina el espíritu de un hombre o grupo social.” Este cuerpo de ideas se materializa en las acciones concretas que el sujeto o el grupo social desempeñan en la realidad histórica que les corresponde, se convierte en su manifestación vital. Como lo desarrolla Althusser:

“El individuo en cuestión se conduce de tal o cual manera, adopta tal o cual comportamiento práctico y, además, participa de ciertas prácticas reguladas, que son las del aparato ideológico del cual "dependen" las ideas que él ha elegido libremente, con toda conciencia, en su calidad de sujeto. Si cree en Dios, va a la iglesia para asistir a la misa, se arrodilla, reza. Se confiesa, hace penitencia (antes ésta era material en el sentido corriente del término) y naturalmente se arrepiente, y continúa, etc. Si cree en el deber tendrá los comportamientos correspondientes, inscritos en prácticas rituales "conformes a las buenas costumbres". Si cree en la justicia, se someterá sin discutir a las reglas del derecho, podrá incluso protestar cuando sean violadas, firmar petitorios, tomar parte en una manifestación,

76 etcétera. Comprobamos en todo este esquema que la representación ideológica de la ideología está obligada a reconocer que todo "sujeto" dotado de, una "conciencia" y que cree en las "ideas" que su "conciencia" le inspira y acepta libremente, debe "actuar según sus ideas", debe por lo tanto traducir en los actos de su práctica material sus propias ideas de sujeto libre. Si no lo hace, eso "no está bien". (Althusser, 1988, p.20)

En el marco de la lucha de clases15, cada sector social, el explotador y el explotado actúan según su construcción ideológica, se apropian de unas narrativas que materializan en sus prácticas; prácticas que a la vez reproducen sus roles en la estructura económica. Althusser (1988) evidencia que “la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación, sino, al mismo tiempo, la reproducción de las reglas del orden establecido.” A la par que para los agentes de la explotación también se hace valido una reproducción de “la capacidad de buen manejo de la ideología dominante.”

La propuesta que realiza Althusser de explicar los contenidos e intereses detrás de los aparatos ideológicos del estado se ejemplificaron con claridad para el caso colombiano en los planteamientos que la Regeneración realizó para convocar a la Iglesia Católica a retomar a fines del siglo XIX el control y desarrollo de la educación como institución y como sistema tal y como se verá en el capítulo que aborda la historia de la reforma educativa colombiana.

El sentido de orden y acatamiento a la tradición que se desprendía del mensaje católico decimonónico servía a los líderes políticos de la época para neutralizar a importantes sectores de la población que se encontraban en pie de lucha por intereses económicos o políticos, además de cerrar nuevas opciones a los saberes que potencialmente retarían al nuevo orden establecido. A fines del siglo XX, el presidente Álvaro Uribe Vélez buscó ganar adeptos en los sectores más tradicionales del país al rescatar la asignatura de religión para el currículo nacional, con la excusa que era indispensable para el rescate de las buenas tradiciones y de los valores necesarios para la construcción de una “buena sociedad”.

15 Clases sociales desde la óptica marxista. Harnecker & Poulantzas (p.32) definen que: “Las clases sociales

son grupos sociales antagónicos en que uno se apropia del trabajo del otro a causa del lugar diferente que ocupan en la estructura económica de un modo de producción determinado fundamentalmente por la forma específica en que se relaciona con los medios de producción.”

77 ¿En dónde el sujeto explotado y el sujeto explotador se nutren de su visión ideológica del mundo? En la Escuela16. Esta institución con sus prácticas instaura los roles

que permitirán la reproducción de la estructura socio económica imperante. En el capítulo referido a la historia de la reforma educativa colombiana, era evidente cómo los sectores campesinos y proletarios de fines del siglo XIX e inicios del XX fueron normalizados por la Iglesia y el propio Estado en la propuesta republicana de país que se institucionalizaba. Mientras tanto, las élites gozaban de un cuerpo de conocimientos que les garantizaba la prevalencia en la dirección y organización de la República.

Esta relación (la ideológica) también fue expuesta por Milliband (1985) quien planteaba, refiriéndose al caso británico, que la educación para las masas inculcaba “en quienes la recibían una sumisa aceptación al orden social del cual, con algunas excepciones sin duda, habrían de constituir la base” (p.231) Mientras esto se presenta para la base social, para la clase superior, la educación otorga algo más que aprendizajes, comprende la inserción al circuito de redes e influencias que garantizan a la vez el mantenimiento de su papel social y del sistema en sí mismo.

Dos elementos a considerar en este punto de la reflexión. En la Escuela Capitalista se han estructurado dos sistemas educativos paralelos. El de los explotadores y el de los explotados. En ellos la política pública es única, el currículo tiende a ser el mismo, el Estado normatiza un solo tipo de educación para los ciudadanos; pero la ideología que se crea, desarrolla y reproduce en cada realidad es diametralmente opuesta. El orden y el control social, el discurso moralista, la posibilidad de ascender socialmente por medio del mérito y el esfuerzo se convierten en certezas y promesas disciplinadoras para los

16 La Escuela como institución física en donde las nuevas generaciones se instruyen en lo creado y delegado

por los mayores es también un dispositivo de la modernidad. Como lo señalaron Durkheim (1922) y Foucault (2002) la escuela como espacio de encierro era necesaria para cumplir con el ejercicio de reproducir lo necesario para el sostenimiento de la organización social o para el control de los instintos naturales. Es en la Escuela en donde se genera la diferencia entre lo animal y lo humano, en donde el cuerpo es superado en pos del saber. La visión de Durkheim de la Escuela la entiende como espacio esencial para la transmisión de los saberes vitales de los grupos humanos; sin embargo, este espacio se complejiza dando paso a la construcción y diseño de unos contenidos mínimos que terminaran alimentando lo que hoy se denomina como currículo y que en la actualidad se han convertido en la savia que atraviesa esta institución. En Foucault se exponen las condiciones que comparten las instituciones de encierro (escuela, hospital, cárcel, batallón): la vigilancia jerarquizada, la sanción normalizadora y el examen.

78 explotados. Mientras tanto la profundidad en los saberes, el abanico de conocimientos estructurados a fines con el control político y económico, las habilidades de dirigencia, la apertura de mundos posibles alientan la escuela de los explotadores. Con la conjugación de estas realidades paralelas, la estructura dominante se consolida, se perpetúa y limita la opción de la emancipación. El discurso ilustrado kantiano previamente presentado se hunde en la realidad de la estructura económica imperante.

Adriana Puiggrós (1984) enfatizaba frente a lo anterior que no se puede caer en la simpleza de pensar que el sentido de la educación está determinado por la clase dominante, sino que “es producto del desarrollo desigual de múltiples contradicciones limitadas por las determinaciones históricas estructurales en el espacio de lucha por la hegemonía.” (1984, p.18) Esta hegemonía que en términos gramscianos corresponde al “conjunto de grupos de la sociedad, donde el dominante establece un liderazgo moral, político e intelectual sobre sectores subordinados, haciendo que sus intereses sean los intereses de la sociedad” (Gruppi, 1978) opera como resultado del triunfo social sobre los sectores que terminan adoptando la línea ideológica defendida por los ganadores en el conflicto social.

Hasta este punto vale la pena especificar algunos elementos centrales de la presente reflexión. El sujeto de la educación es el resultado de la lucha por la hegemonía social derivada de procesos históricos específicos y realidades materiales concretas. Este sujeto adopta un rol específico de acuerdo a su posición en la conflictividad social; o forma parte de los detentadores del poder, quienes imponen su modus vivendi al resto de la sociedad, o es parte de los sometidos al discurrso dominante. El sistema educativo nacional y la Escuela, como manifestación concreta del mismo, reproduce las directrices de la hegemonía social imperante, otorgando a unos la formación exigida para perpetuar la dominación y reproducirla en el grupo social, y a otros la necesaria para estar integrados como base en el sistema de explotación estructurado. El discurso pedagógico resultante en una organización social dividida, aunque se pretende único y convocante, es diferenciador y excluyente, pues en su naturaleza como seleccionador restringe las posibilidades de romper el molde diseñado desde la estructura económica y política del poder. El tránsito desde la base hasta otros estratos de la sociedad no se logra mediante el sistema educativo, a pesar de que éste discursivamente alienta esta esperanza.

79 El análisis realizado es restrictivo, en cuanto aborda un esquema ideal de clases sociales antagónicas y el interés de los sectores privilegiados en un espacio geográfico específico por defender su hegemonía a través del direccionamiento social, el cual es difundido y direccionado en la Escuela. Sin embargo, las relaciones sociales trascienden las fronteras, los sistemas económicos y políticos se han construido en la relación dialógica entre lo nacional y lo global, el sistema capitalista ha procurado en las últimas décadas globalizar al hombre y sus instituciones; frente a esto ¿qué podemos pensar cuando nos movemos más allá de la realidad nacional de un país específico, en nuestro caso, Colombia? . ¿Los elementos de reflexión previos se mantienen o varían en el contexto geopolítico internacional? ¿Si el mundo se configura en naciones desarrolladas y subdesarrolladas, se presenta un sujeto(un individuo) educado en el y para el subdesarrollo? Abordaremos en el siguiente apartado estos cuestionamientos.