La primera pregunta que surge luego de plantear la cuestión del amor a Dios como “la alquimia de la auto-formación”, es que: si Dios es Misericordioso y es objeto de amor, y la pasión por Él con- forma el más eficaz elemento de perfeccionamiento, entonces ¿por qué en los textos islámicos se ha puesto tanto énfasis en el temor a Dios y subyugarse a Él? ¿Y por qué el Sagrado Corán considera que la característica más sobresaliente de los sabios es el temor a Dios? ¿Acaso es posible que haya conformidad entre el amor a Dios y el temor a Él?
La respuesta es: sí. Yenâbe Shaij tiene un muy buen ejemplo en relación con la correspondencia entre el temor y el amor, y esta sección está dedicada a aclarar este punto, pero ante todo, se debe analizar cuál es el sentido de “temor” a Dios.
Los significados de “temor a Dios”
El primer punto al explicar el temor divino es que el temor a Dios tiene el significado de “temor a los propios pecados y accio- nes inadecuadas”. Dice el Imam ‘Alî (P):
“No temas más que a tus pecados, y no tengas más espe- ranzas que en tu Señor”233
¡No tengas miedo de Dios!
Cierto día el Imam ‘Alî (P) se encontró con una persona cuyo aspecto se encontraba desencajado por el miedo, por lo que le pre- guntó:
-“¿Qué te sucede?”.
Ese hombre le respondió: - “¡Tengo miedo de Dios!”. El Imam dijo:
“¡Siervo de Dios! ¡Teme a tus propios pecados y a la Jus- ticia Divina al castigar las injusticias que realizaste a Sus
siervos! Obedece a Dios en aquello que te ha preceptuado, y no desobedezcas en aquello que te beneficie. Luego, no tengas miedo de Dios, puesto que él no es injusto con na- die, y no castiga más allá de aquello que alguien mere- ce”.234
¡Temor a la separación!
De acuerdo a esto, nadie debe tener miedo de Dios, sino que debemos tener miedo de nosotros mismos, por que no nos veamos circundados por nuestros propios actos execrables. Pero el temor de los awliâ’ o santos de Dios al castigo por un acto inadecuado, es diferente al de los demás. Quienes expulsaron de su corazón el amor a aquello fuera de Dios, y su obediencia a Dios no es por temor al infierno ni por anhelar el paraíso, temen las llamas de la separación, puesto que para ellos el castigo de estar separados de Dios es más doloroso que el Fuego del Infierno. Es por eso que el Imam de los
awlia’ de Dios, Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P), en sus letanías a Dios
dice:
“Si me tornaras hacia el Castigo junto a Tus enemigos, me reunieras con la gente de Tu Tribulación y me separa- ras de Tus amados y santos… Entonces supón, ¡oh mi Dios, mi Amo, mi Protector y mi Señor!, que yo pudiera tolerar Tu castigo… pero, ¿cómo podría tolerar Tu separa- ción?”235
Yenâbe Shaij explica la aleya que dice «Que invocan a su Se-
ñor por temor y anhelo»236, de la siguiente manera:
“¿Qué es ese temor y anhelo? Es el temor a la separación y el anhelo de la unión. Un indicio para ello son las pala- bras de Amîr Al-Mu’minîn (P) en la Súplica de Kumail que dicen: ‘Entonces supón, ¡oh mi Dios…! que yo pudie- ra tolerar Tu castigo… pero ¿cómo podría tolerar Tu se- paración?’. Y asimismo las palabras del Imam As-Sayyâd (P) que dicen: ‘La unión contigo es el anhelo de mi alma, y mi pasión es por Ti’”237.
El faqîh y místico de renombre, el fallecido Mulla Ahmad Narâqî también dice a este respecto:
Dijo el adalid de los santos, que mi alma sea sacrificada por él,
En la súplica: ¡Oh mi Señor! ¡Oh mi Amo! Supón que puedo tolerar Tu castigo…
¿Cómo podría tolerar estar separado de Ti? ¡Oh Señor! La educadora atemoriza a los niños con el Fuego Dice: ¡oh fulano! No juegues así puesto que sino… Quemaré tus manos y pies con fuego
Y quemaré con el mismo tu rostro y espalda,
Pero atemorizan con el sufrimiento de la separación a los hombres fuertes poseedores de mil grandezas.
El temor de que el Amado no acepte
Los santos de Dios, a pesar de que cumplen con sus deberes, tienen temor. Temen que el Amado no los considere adecuados y no los acepte:
«Aquellos que cuando dan lo que deben dar, lo hacen en- contrándose su corazón trémulo porque volverán a su Se- ñor»238.
En la misma medida que para los awliâ’ de Dios el dolor de la separación les resulta trágico e insoportable, la cuestión de ser acep- tados por el Amado, que conforma la perfección absoluta, presenta la misma importancia. Este asunto es tan trascendente que el Imam Jomeini -que la complacencia de Allah sea sobre él- en los últimos momentos de su bendita vida -de acuerdo a lo expresado por el disertante de la Oración del Viernes de Teherán- ¡le pedía a la gente que suplique porque Dios le acepte!
Ahora prestad atención a este asunto preciso y místico, cómo Yenâbe Shaij lo deja en claro con un ejemplo simple:
Uno de los discípulos de Yenâbe Shaij dice:
-Un día me dijo: “¡Fulano! ¿Para quién se acicala la novia?”. Dije: -Para el novio.
Dijo: -¿Entendiste?.
Me quedé en silencio. Expresó:
“En la noche de bodas, la familia de la novia se esfuerza por que ella se encuentre acicalada de la mejor manera, de forma que resulte de beneplácito para el novio, pero la novia en su interior, tiene otra preocupación que los de- más no perciben. Está preocupada si la noche de bodas le parecerá atractiva al novio o si acaso el novio sentirá re- pulsión, y qué haría en ese caso.
El siervo de Dios no sabe si sus acciones fueron objeto de aceptación por parte de Dios, Elevado Sea, o no. ¡¿Cómo puede no encontrarse temeroso y preocupado?! ¿Acaso tú te adornas para ti mismo, o para ser popular entre la gen- te?
Cuando la gente muere, dice:
«¡Señor mío, devuélveme! Quizás actúe correc- tamente»239
La acción correcta es aquella que Dios aprueba, no aque- lla que tu ego celebra”.
Por ello, Yenâbe Shaij siempre sentía temor y preocupación de encontrarse con el Creador y decía:
“Dios, por Sí mismo, no debe ser objeto de temor. «En cuanto a quien teme la comparecencia ante su Señor…»240
Si Él no nos aprueba y nuestras acciones no son objeto de Su aceptación, entonces ¿qué haremos?”.
El hijo de Yenâbe Shaij dice: Yenâbe Shaij decía:
“¡Dios mío! Nosotros también somos parte de la mercan- cía desechada -así como cuando una persona viene y dice: “Yo quiero comprar la mercancía desechada y estropea- da”-. ¡Dios mío! ¡También llévanos a nosotros y acépta- nos!”.