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El método de auto-formación

In document La alquimia del amor (página 77-80)

Yenâbe Shaij poseía una fuerte influencia y gran capacidad para formar a las almas dispuestas. Uno de sus discípulos cuenta: “Un día Yenâbe Shaij y yo caminábamos junto al fallecido Aiatullah Muhammad ‘Alî Shahâbâdî86 en la plaza Tayrîsh (Teherán). Yenâbe

Shaij sentía un gran aprecio por el Aiatullah Shahâbadî. Una perso- na nos alcanzó y le preguntó al fallecido Shahâbadî: “¿Usted tiene la razón o este hombre (señalando a Yenâbe Shaij)?”.

Aiatullah Shahâbadî dijo: “¿A qué se refiere con quién tiene la razón? ¿Qué es lo que desea?”. Ese hombre dijo: “¿Cuál de voso- tros dos tiene la razón?”.

El Aiatullah Shahâbadî dijo: “Yo doy clases y la gente apren- de. ¡Él forma personas y las entrega a la sociedad!”.

Si bien estas palabras fueron expresadas de tal manera que in- dican la gran humildad y sencillez de ese gran sabio y completo místico, también dejan en claro el efecto de las palabras y el poder de formación y construcción de Yenâbe Shaij.

¡Por sesenta años fui por un camino errado!

El Dr. Hamîd Farzâm describe el efecto de las palabras y la atracción de Yenâbe Shaij de la siguiente manera: “El maestro Yalâluddîn Humâî, uno de los renombrados profesores de la Uni-

versidad de Teherán, fue uno de los prestigiosos de su tiempo en lo referente a ciencias y estudios islámicos, especialmente en literatu- ra persa, mística, y sufismo, y ocupa la posición de maestro sobre mí. A los sesenta años él fue a ver a Yenâbe Shaij.

Cuando a los diecisiete años yo conocí en persona al profesor Humâî, en esa misma época él había hecho correcciones al libro At-

Tafhîm li awâ’ili sanâ‘at At-Tanyîm escrito por Abû Raîhân Al-Birûnî

y al libro Misbâh al-Hidâiah wa Mafâtîh al Kifâiah escrito por ‘Izzuddîn Mahmûd Al-Kâshânî, y compuso libros como Gazâlîi

Nâmeh sobre la vida y obra del Imam Muhammad Al-Gazâlî con un

estilo muy académico. Su introducción detallada al libro Misbâh

Al-Hidâiah es por sí misma un tratado completo de mística teórica

y práctica.

Este hombre místico, a la edad de sesenta años era mi profesor en la Universidad. Un día que como de costumbre me presenté ante Yenâbe Shaij, éste me dijo:

“Tu profesor el señor Yalâluddîn Humâî vino a verme. Le dije unas cuantas palabras. Se perturbó fuertemente y con una intensa lamentación y arrepentimiento se puso la mano en la frente y hablándose a sí mismo dijo: ¡Increíble! ¡Por sesenta años fui por un camino errado!”.

Así es. La atracción de Yenâbe Shaij y el efecto de sus palabras llegaban a un grado tal que impresionaron al profesor Humâî, con toda su elevada posición académica y mística. Que Allah se apiade de ambos.

Cuando Yenâbe Shaij en algunas reuniones de súplicas y rue- gos quedaba absorto en sus letanías, decía:

“¡Amigos! ¡Estas palabras que os digo conforman las cla- ses más elevadas de mística!”.

Y realmente así era.

Otro de los discípulos de Yenâbe Shaij cuenta: “Las clases de Yenâbe Shaij convertían el cobre en oro”.

Así, el primer punto para explicar la auto-formación de Yenâbe Shaij, es descubrir el secreto de su influencia sobre los oyentes, explicar el método de educación y enseñanza y de auto-formación de este hombre de Dios.

La auto-formación mediante la acción

Desde el punto de vista de las narraciones islámicas, la más básica de las condiciones para que la educación y la enseñanza de los maestros de moral surtan efecto, es el hecho de que éstos obser- ven sus propias indicaciones en la práctica. Dijo el Imam ‘Amîr Al- Mu’minîn ‘Alî a este respecto:

“Quien se dispone a sí mismo como Imam de las gentes, debe empezar por educarse a sí mismo antes de educar a otro, y que su enseñanza sea mediante su proceder, antes de enseñar con su lengua”87.

El secreto fundamental de que la persona de Yenâbe Shaij y su poder de auto-formación surtieran efecto, se encuentra en haber aplicado el consejo de Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (P), y haber exhor- tado hacia Dios mediante la acción, antes de hacerlo mediante la palabra.

Si Yenâbe Shaij invitaba a los demás hacia el tawhîd o unici- dad divina, él mismo primero había destruido a los arbâb

mutafarriqûn (divinidades diversas)88, comenzando por el ídolo del

ego. Si exhortaba a los demás a ser sinceros en todas sus acciones, era porque ya todos sus movimientos y estados de quietud eran para Dios. Si en algún momento caía en el descuido, la gracia de Dios le asistía, de forma que decía:

“Cada aguja que incrusto en una tela sin que sea para Dios, se está incrustando en mi mano”.

Si invitaba a otros al amor a Dios, él mismo, tal como una mariposa alrededor de la flama, ya se había consumido en el amor a Dios. Si exhortaba a los demás a actos de beneficencia y sacrificios personales y a servir a la gente, él mismo estaba a la vanguardia. Si

denominaba a la vida mundanal “la anciana” y advertía a los demás respecto de apasionarse por la misma, era porque su vida austera y desapegada era ya un testimonio de que él no deseaba a esa “ancia- na”. Y finalmente, si invitaba a otros a combatir las pasiones del alma por la causa de Dios, él mismo ya se había dispuesto a la vanguardia en esta batalla, y tal como lo hizo José (P) salió con la frente alta de una gran prueba.

Los métodos de formación

El método de Yenâbe Shaij para la formación y enseñanza de sus discípulos, puede dividirse en dos partes: el método de forma- ción en reuniones colectivas, y el método de formación en encuen- tros individuales.

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