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El universo del reloj humano: espíritus, humores y elementos

En la décima 122, Sor Juana pondera las cualidades de un reloj que regala "a Persona de autoridad y estimación":

Raro es del Arte portento en que su poder más luce, que a breve espacio reduce el celestial movimiento, imitando al Sol, atento mide su veloz carrera; con que, si se considera, pudiera mi obligación remitirte mayor don, mas no de mejor Esfera.130

(vv. 11-20)

En esta imagen exacta se cifra también el cuerpo humano en El sueño. Al apoderarse el letargo de todos los seres vivos, el alma, parcialmente separada del cuerpo, dispensa "los gajes del calor vegetativo" a los "lángidos miembros":

...el cuerpo siendo, en sosegada calma, un cadáver con alma,

muerto a la vida y a la muerte vivo, de lo segundo dando tardas señas el del reloj humano

vital volante que, si no con mano, con arterial concierto, unas pequeñas muestras, pulsando, manifiesta lento de su bien regulado movimiento...131

(vv. 201-209) 130 O.C., t. I, p. 255. 131 Id., p. 340.

El corazón, como "...miembro rey y centro vivo/ de espíritus vitales...", los recibe de la "...científica oficina..." del aparato digestivo, que procesa entre su "calor" y el "húmedo" radical al "...medianero/ piadoso...", es decir, el manjar. La descripción poética de la relojería humana es la misma que hace Fray Luis de Granada en su Introducción al símbolo de la fe y que encuentra su fuente en Galeno. El corazón "rey" y "calor de vida," el pulmón como un "fuelle" y la sutilización de los humores en espíritus, todo esto coincide exactamente con el capítulo XXVI de la obra en prosa de Fray Luis.132 El húmedo radical es la energía que se consume en nuestro cuerpo como el aceite de una lámpara al calor natural de éste. Para reponerlo, el alimento se distribuye por el cuerpo humano convertido en húmedos vapores claros de los cuatro humores - sangre, flema, cólera y melancolía, como nos dice Granada.133

La antigua creencia en los cuatro humores es otro motivo recurrente en el Renacimiento y en el Barroco. Ellos determinan, según su predominio, los cuatro temperamentos humanos. Se corresponden asimismo con los cuatro elementos de que está compuesto el universo -agua, aire tierra y fuego. Al final del capítulo XI de su De natura rerum, San Isidoro de Sevilla superpone tres esquemas cuaternarios: los elementos, las estaciones y los humores del hombre.134 Los humores, continúa Sor Juana siguiendo a Fray Luis, suben hasta el cerebro cada vez más sutilizados, hasta convertirse en espíritus "animales," o relativos al alma (ánima).135

En uno de sus sonetos amorosos, Sor Juana -haciendo un eco de aquel soneto de Garcilaso "De aquesta vista pura y ecelente..." -nos dice la suerte de los espíritus animales cuando salen de los ojos en busca del ser amado, como si fuesen ondas de energía:

...los visüales rayos, entretanto, como hallan en tu nieve resistencia,

132Ver notas de Méndez Plancarte a El sueño: O.C., t. I, p. 588. 133

Introducción del símbolo de la fe, I, 25, p. 415. 134

"L'image du monde ainsi définie est, par excellence, celle d'un cosmos, autrement dit d'un univers dont toutes les parties sont solidaires entre elles par la vertu unificatrice de l'Esprit. Et la notion de cosmos implique celle d'harmonie, au sens le plus large, puisque c'est par elle que les éléments d'un tout se fondent en une unité supérieure." Jacques Viret, "La quaternaire des éléments et l'harmonie cosmique selon Isidore de Seville," pp. 7-8. 135

Francisco Rico localiza el tema en Fernán Pérez de Oliva: "Y como veis el cielo ser en sí puro y penetrable de la lumbre, assí es en nosotros el leve espíritu animal, situado en el celebro y de allí a los sentidos derivado, por do se recibe lumbre y vista de las cosas de fuera (Diálogo de la dignidad del hombre)." Op. cit., p. 130-131.

lo que salió vapor, se vuelve llanto.136

Y en El sueño describe así Sor Juana la transformación de los humores en espíritus:

...ésta, pues, si no fragua de Vulcano, templada hoguera del calor humano, al cerebro envïaba

húmedos, mas tan claros los vapores de los atemperados cuatro humores, que con ellos no sólo no empañaba los simulacros que la estimativa dio a la imaginativa

y que ésta, por custodia más segura, en forma ya más pura

entregó a la memoria que, oficiosa, grabó tenaz y guarda cuidadosa, sino que daban a la fantasía lugar de que formase imágenes diversas...137

(vv. 252-266)

Durante la vigilia los espíritus animales, según se creía, permiten que los sentidos funcionen. Herrera hace acopio de diversas fuentes autorizadas de su tiempo y define así los espíritus en su comentario:

Es el espíritu... cuerpo compuesto de los elementos, aunque predomine el fuego, porque es más caliente que otra cosa, y aunque es muy diferente de la sangre, por la raridad y sutilidad de su naturaleza, es con todo de la misma naturaleza de la sangre. ...se hallan en nosotros tres maneras de espíritus: vitales, animales y naturales. Los vitales sin contradicción alguna nacen del corazón, y se esparcen por las arterias. Los naturales, según los filósofos, se esparcen por las venas, y nacen del corazón, aunque reciben la perfección en el hígado. Los animales nacen del corazón, y se perfeccionan en el cerebro, y se esparcen por los niervos.138

136 O.C., t. I, p. 294. 137 Ibid., pp. 341-342. 138 Op. cit., p. 335-336.

Sor Juana nos habla, como hemos visto, de los sentidos internos. Entre ellos, el de la fantasía es el que opera durante el sueño. El proceso tiene su correlato macrocósmico. Es decir, que tal como los espíritus operan en el cuerpo humano, los rayos de luz se transmiten entre los astros y planetas.139 En los tratados hipocráticos se estipulan las correspondencias entre hombre y universo. Los tres tipos de conductos humanos -los del aire, los de la sangre y los del alimento- ocupan las capas externa (pulmones y poros), media (corazón y venas) e interna (aparato digestivo) del cuerpo humano, y se identifican con las estrellas, el sol y la luna, respectivamente.140

Al final de El sueño y de su noche, la fantasía, que se valía de los espíritus para pintar "imágenes diversas" como una artista con paleta -como una "linterna mágica"- pierde su materia prima, pues se han terminado los vapores que resultaban del alimento alambicado. Se prepara el despertar:

...Y del cerebro, ya desocupado, las fantasmas huyeron,

y -como de vapor leve formadas- en fácil humo, en viento convertidas, su forma resolvieron.

Así linterna mágica, pintadas representa fingidas

en la blanca pared varias figuras, de la sombra no menos ayudadas que de la luz: que en trémulos reflejos los competentes lejos

guardando de la docta perspectiva, en su ciertas mensuras

139

Refiriéndose a Pérez de Oliva, Rico observa "...el propio Galeno equiparó tal proceso a la transmisión de los rayos de luz, en paralelo del macrocosmos y el microcosmos repetido a lo largo de muchos siglos con escasas variaciones (en la Introducción al símbolo de la fe, I, xxviii, por ejemplo, fray Luis de Granada lo exponía con palabras muy similares a las de nuestro Diálogo: Porque así como los cielos son causa de cuantos movimientos y alteraciones hay en este mundo inferior, mediante la luz del sol y de los planetas, así los sesos, que son la más alta parte de nuestro cuerpo y como el cielo deste mundo menor, son causa, mediante los rayos desta luz [los espíritus animales], de todos los movimientos y sentidos de nuestro cuerpo)." Op. cit., pp. 131-132.

140

Luis Gil, p. 422. Así, según los médicos hipocráticos, la visión, durante el sueño, del cielo, los astros, el sol y la luna "...puros y radiantes, cada uno en su aspecto ordinario, es buen síntoma. Pues con todos estos signos se indica la salud del cuerpo... Si sucediera algo contrario a esto, indica alguna enfermedad..." ...Tratados hipocráticos, III,

de varias experiencias aprobadas, la sombra fugitiva

que en el mismo esplendor se desvanece, cuerpo finge formado,

de todas dimensiones adornado, cuando aun ser superficie no merece...141

(vv. 868-886)

"Las fantasmas" cromáticas que formaron las imágenes alucinadas de El sueño desaparecen. El alma, recorriendo el universo por categorías con el fin ulterior de lograr la unión con la divinidad, ha fracasado en su intento. Desconcertada por su vertiginoso vuelo intuitivo y exhausta después de remontarse por la vía racional, vuelta ya el alma al cuerpo, se percata finalmente de que todo ha sido un simulacro. El día se aproxima y con él, el despertar. La conciencia del simulacro sigue al simulacro del sueño.

En la Loa en celebración de los años del Rey nuestro señor Don Carlos II, con el número 374 y que ya hemos mencionado, la monja nos teje un tapiz armónico con los cuatro elementos, que alternan uno a uno con el estribillo de la música. Los cuatro elementos aparecen trabados entre sí, tal como los cuatro humores se distribuyen y conciertan en el cuerpo humano. Los vemos siempre juntos, como en el romance 14 a la Marquesa de la Laguna:

...Y no se hartara el deseo, aun sin dejar mi ambición átomo olvidado al aire, al campo pequeña flor,

puntos a la tierra, al agua gotas, centella al ardor del fuego, influjos al Cielo, pequeños rayos al Sol...142

(vv. 25-32) 141 O.C., t. I, p. 357. 142 Id., t. I, pp. 43-44.

Siempre en lucha por el antagonismo inherente a su naturaleza, pero siempre formando un cuarteto, los elementos fueron la base de la antigua ciencia alquímica y figuraron profusamente en la literatura hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando la ilustración derrumbó la teoría de los elementos con la de los átomos. Hasta entonces, aludir a ellos era referirse al mundo en su estado primigenio.

Pero ¿qué índole de fuerza o magnetismo los mantiene unidos? ¿Qué ley los articula? ¿Bajo qué principio se ordena su concierto? Así como la vida -es decir, la presencia del alma- le da movimiento al cuerpo humano, la simpatía enlaza los elementos.143 Luis Gil explica el significado de este principio en la antigüedad:

En este principio de la integración como sustentáculo de las acciones simpáticas insistiría con mayor énfasis la concepción estoica y neoplatónica de la sympatheia tou pantos, sympatheia panton o simpatía universal. La noción de simpatía se transfiere del organismo humano, en su doble realidad psicosomática, al Universo. Esto supone, por un lado, concebir el mundo entero como una unidad, a la manera de un organismo vivo, en el que hay inherente una instancia coordinadora que da razón de la simpatía de todas sus partes.144

Si el hombre muere, los elementos que lo componen dejan de estar unidos. El autor del texto hipocráctico De natura hominis dice qué es lo que ocurre a los elementos con la muerte:

Finado el cuerpo del hombre, de nuevo cada uno de ellos regresa a su propia naturaleza: lo húmedo a lo húmedo, lo seco a lo seco, lo caliente a lo caliente y lo frío a lo frío. Tal es la naturaleza de los seres vivos y la de las demás cosas. Todo nace de un modo similar y todo muere de un modo similar.145

143

Brian Copenhaver cita la versión hermética de esta fuerza simpática viva en la visión del mundo popular y que se difundió teoréticamente en los círculos cultos a raíz de la traducción de Marsilio Ficino. Son unas palabras del Asclepio en las que Hermes alude tanto a la noción de concordancia entre los objetos de la naturaleza como a la idea neoplatónica de las "series": "Heaven, the sensible god, is the minister of all bodies... but heaven and soul itself and all things in the world are governed by the God who made them. From all these things I have mentioned... influence passes continuously through the world... But the world has been prepared by God as a receptacle for species of all forms, and Nature, using the four elements to make an image of the world through species, leads up to heaven all things made to be pleasing in the sight of God." Op. cit., 82.

144

Op. cit., pp. 171-172. 145

La antítesis de la disgregación es la cohesión: la vida. Los antiguos la concebían a la manera de un soplo: algo intangible pero con movimiento, con dirección y fuerza, con origen y destino y con capacidad de retroalimentarse. Esta fuerza magnética es la simpatía.

En la advertencia al romance 16 a la Marquesa de la Laguna, Sor Juana alude a un "secreto influjo" que ningún químico ha podido depurar en sus retortas:

...O el agradecimiento de favorecida y celebrada, o el conocimiento que tenía de las relevantes prendas que a la Señora Virreina dió el Cielo, o aquel secreto influjo (hasta hoy nadie lo ha podido apurar) de los humores o los Astros, que llaman simpatía o todo junto, causó en la Poetisa un amor a su Excelencia con ardor tan puro, como en el contexto de todo el libro irá viendo el lector.146

La fuerza de la simpatía es una explicación antiquísima del comportamiento de la naturaleza. Tan antigua, quizá como el hombre. ¿Qué hacía, si no, pensar a los pintores de cavernas en un secreto influjo entre la pintura en la cueva y el animal en la cacería? Sin embargo, en la sympatheia panton descansan tesis filosóficas del estoicismo y del neoplatonismo, y "...se entiende a la manera de una correlación de procesos en un sentido que anticipa el científico de ley de la naturaleza."147

El principio relativo de la homeopatía también tiene presencia en El sueño bajo la forma de la triaca -un tópico que se encuentra en Lope, en Calderón y en otros poetas del Siglo de Oro. En la antigua visión del mundo que reflejan nuestros poetas hay otros dos grandes principios rectores además de la simpatía: la homeopatía o atracción de lo semejante por lo semejante y la antipatía o repelencia de los contrarios.148 El alma, cegada por la luz intelectual, se desploma. Sus ojos no pueden ver si no es ayudados por una penumbra curativa. Extraña forma de es la de Luis Gil.

146

O.C., t. I, p. 48. 147

Ibid., p. 178. Brian Copenhaver observa a su vez: "There is a real, if imperfect, analogy among the function of love in Ficino's physics, the function of pneuma in Stoic physics, and the function of force in Newton's physics." Op. cit., p.88.

148

coadyuvar al bien y a la visión de esa sombra "funesta" del comienzo de El sueño. Si fue ominosa y fatal, como un veneno, ahora es útil, como un antídoto:

...y a la tiniebla misma, que antes era tenebroso a la vista impedimento, de los agravios de la luz apela, y una vez y otra con mano cela de los débiles ojos deslumbrados los rayos vacilante,

sirviendo ya -piadosa medianera- la sombra de instrumento

para que recobrados por grados se habiliten, porque después constantes su operación más firmes ejerciten -recurso natural, innata ciencia que confirmada ya de la experiencia, maestro quizá mudo,

retórico ejemplar, inducir pudo a uno y otro Galeno

para que del mortífero veneno, en bien proporcionadas cantidades escrupulosamente regulando las ocultas nocivas cualidades, ya por sobrado exceso

de cálidas o frías,

o ya por ignoradas simpatías o antipatías con que van obrando las causas naturales su progreso (a la admiración dando, suspendida, efecto cierto en causa no sabida, con prolijo desvelo y remirada empírica atención, examinada en la bruta experiencia, por menos peligrosa),

la confección hicieran provechosa, último afán de la Apolínea ciencia, de admirable trïaca,

¡que así del mal el bien tal vez se saca!149

(vv. 504-539)

149

En la décima 104 Defiende que amar por elección del arbitrio, es sólo digno de racional correspondencia. Para probarlo muy conceptualmente, Sor Juana aduce las razones para corresponder al que, sin "influjo celestial," decide amar, hallando, donde el "mal," la "medicina":

...si pende su libertad de un influjo superior, diremos que tiene amor, pero no que voluntad; pues si ajena potestad le constriñe a obedecer, no se debe agradecer, aunque de su pena muera, ni estimar el que la quiera quien no la quiere querer.

El que a las prendas se inclina sin influjo celestial,

es justo que, donde el mal, halle también medicina; mas a aquél que le destina influjo que le atropella, y no la estima por bella sino porque se inclinó, si su Estrella le empeñó vaya a cobrar de su Estrella...150

(vv. 41-60)

Los préstamos de la ciencia médica a la poesía -"triaca," "medicina"- aluden claramente a la calidad corpórea o somática de las emociones. La simpatía tiene un papel fundamental en el tópico del amor petrarquista y a la vez se refiere al influjo de los astros sobre los hombres. Un símbolo de la simpatía es el imán que atrae o es atraído por lo otro. La atracción entre el hierro y el imán sirvió a los experimentos paracientíficos de la Edad Media y el Renacimiento como un argumento incontestable de la teoría de la simpatía,151 atribuyéndosele al magneto incluso propiedades medicinales en brebajes preparados con su raspadura. Marsilio Ficino, en su Comentario sobre "El Banquete" de Platón, habla del poder mágico del amor, que es la

150

Ibid., p. 243. 151

atracción natural de las partes del mundo, vinculadas entre sí como las partes de nuestro cuerpo. Así, dice, el fuego es atraído hacia lo alto por lo cóncavo de la esfera lunar; el aire es atraído a su vez por lo cóncavo del fuego; la tierra es jalada a las profundidades por el centro del mundo, y el agua es asimismo atraída hacia su propio lugar. "Sic et magnes ferrum...," así sucede con el imán y el hierro, observa, y concluye que los actos de la magia son, por tanto, actos naturales.152 Una de las comparaciones predilectas en la poesía petrarquista es precisamente la de esta atracción que dice Ficino que sale por los ojos como un espíritu encendido por la belleza exterior.153 Las funestas consecuencias que puede tener la atracción magnética las vemos en el romance 19 a María Luisa, la Marquesa de la Laguna:

...Yo, pues, mi adorada Filis, que tu deidad reverencio, que tu desdén idolatro y que tu rigor venero:

bien, así, como la simple amante que, en tornos ciegos, es despojo de la llama por tocar el lucimiento;

como el niño que, inocente, aplica incauto los dedos a la cuchilla, engañado del resplandor del acero,

y herida la tierna mano, aún sin conocer el yerro, más que el dolor de la herida siente apartarse del reo;

cual la enamorada Clicie que, al rubio Amante siguiendo, siendo padre de las luces, quiere enseñarle ardimientos;

como a lo cóncavo el aire,

152

De amore. Comentario a "El Banquete" de Platón, p. 154. En De vita, Ficino asocia los poderes del imán con el firmamento, en concreto con la Osa Polar. (Ver Cophenhaver, p. 89).

153

como a la materia el fuego, como a su centro las peñas, como a su fin los intentos;

bien como todas las cosas naturales, que el deseo de conservarse, las une amante en lazos estrechos...154

(vv. 77-104)

El imán figura una y otra vez en la poesía de Sor Juana. Símbolo de la fuerza que integra el alma del mundo y las almas de los hombres, el magneto hace su aparición con tanta frecuencia